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Epicentros

Por Alejandra Eme Vázquez:

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La emergencia es un estado, leo. Un estado con ríos, cordilleras y sitios turísticos, con capital y ayuntamientos, supongo. Estar en emergencia es saber que pasa algo que mayormente no ves, intentar armar en la cabeza y hasta en un croquis los pedazos de vida dislocada que nos ofrece la inmediatez. A veces la emergencia también es caminar por la calle y que nada parezca fuera de lo normal, pero recordar que es sólo una ilusión, que a pocos kilómetros hay una familia que lo ha perdido todo y que más allá están rescatando a alguien con vida de lo que antes era un condominio. Y hay momentos también en los que una ya está muy relajada, haciendo planes e inventarios, cuando llega Emergencia a tocarte el hombro: tú la traes.

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Tembló. El mismo puto año de hace cien putos años, Kevin dixit, tembló. Ahí vamos contándonos las historias de cómo cada quien ha vivido estos días caóticos en los que la noción de tiempo es surreal y también vamos encontrando cómo restituir nuestro sitio en la tierra, que nos fue arrancado y que encontramos por allá tirado, a veces roto, a veces intacto, pero frágil. Tembló y vimos bandadas de pájaros cruzar el cielo imposiblemente azul, y supimos que justo en ese momento algo estaba derrumbándose, y nos sentimos culpables por desear que no fuera nada querido. Tembló y no pudimos comunicarnos, en la era de la sobrecomunicación. Tembló y todos fuimos niños de cinco años, otra vez, como aquel jueves. Seguir leyendo

Un gran abrazo

Por Deniss Villalobos:

Mi mamá me ha contado muchas veces esa historia y confieso que a veces la encontraba emocionante, como si fuera un cuento y no una historia real. Me gustaba imaginar a mi mamá, cuando aún no era mi mamá sino una muchacha de quince años camino a la escuela, sobreviviendo en la Ciudad de México durante el terremoto del 85. Sé cuánta gente murió, he visto imágenes espeluznantes, y aun así me costaba mucho trabajo pensar en aquel día como algo que pasó realmente; en mi mente era la película sobre el fin del mundo que alguien me contó porque sucedió antes de que yo existiera.

Hoy escribo esto con el corazón apachurrado y un nudo en la garganta, después de pasar horas entre llanto, sollozos, ansiedad y terror. Hace dos días estaba sentada en la sala de mi casa junto a mi mamá, treinta y dos años después del día en que pudo haber muerto, cuando todo empezó a sacudirse. Salimos corriendo, yo sin zapatos, ella en pijama porque era su día de descanso, para ver cómo nuestra casa se movía de un lado a otro sin entender lo que pasaba. Todos los vecinos observábamos con terror nuestras casas esperando que cayeran.

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El país posible

Por Frank Lozano:

Nuevamente ocurrió un 19 de septiembre, luego de 32 años. Las escenas de angustia, el dolor compartido, las imágenes yendo y viniendo, montadas a todo color en el código predilecto de la era; las redes explotando: mensajes, videos, fotografías y textos documentando en tiempo real la tragedia; la cascada de reproducciones y la mirada atónita del espectador detrás de la pantalla, perdida en el loop de un edificio contorsionándose o de otro cayendo. Gritos, llanto, gente inundando las calles. Más noticias, ahora de Puebla y de Morelos. Las mismas imágenes, el mismo sentimiento: impotencia. El país entero entrando en shock, este país al que aún le duele el horrendo asesinato de Mara, que aún no se reponía de la tragedia en curso en Oaxaca y Chiapas. El país que nuevamente estaba por despertar.

A los pocos minutos de terminado el sismo comenzó la acción. Las víctimas se fueron transformando en héroes. Del miedo pasaron a la solidaridad. De pensar en sí mismos, comenzaron a pensar en otros. Los rostros aterrados adquirieron un gesto valiente. La prisa de salir de un edificio se convirtió en la urgencia de ayudar a otros. Como si los mexicanos tuviéramos un gen secreto, de manera espontánea se comenzaron a formar cadenas humanas. Seguir leyendo

¡Hoy sí que viva México!

Por Oscar E. Gastélum:

“El miedo, el terror por lo acontecido a los seres queridos y las propiedades, la pérdida de familias y amigos, los rumores, la desinformación y los sentimientos de impotencia, todo –al parecer de manera súbita– da paso a la mentalidad que hace creíble (compartible) una idea hasta ese momento distante o desconocida: la sociedad civil, que encabeza, convoca, distribuye la solidaridad.”

– Carlos Monsiváis

Recuerdo la distante mañana del 19 de septiembre de 1985 como si hubiera sido hace seis meses. Más o menos a las 7:15 a.m. me senté a desayunar antes de partir al kínder cuando las ventanas del departamento donde crecí, ubicado en el undécimo piso de un edificio en Polanco, comenzaron a vibrar. Mi madre, que tenía seis meses de embarazo, salió de la cocina tratando de mantener la calma y cuando le pregunté qué sucedía me dijo que nada, que terminara de comer pues el camión escolar estaba a punto de llegar por mí. Pero unos cuantos segundos después la frenética intensidad del terremoto me reveló lo que estaba sucediendo e hizo imposible que mi madre siguiera fingiendo. Entonces me levantó de la mesa, me llevó hasta el marco de la puerta de la cocina, me abrazó muy fuerte y empezó a rezar. Parados en el marco de la puerta contemplamos aterrados, a través de la ventana, cómo el edificio al otro lado de la calle se bamboleaba de un lado a otro doblándose levemente como si fuera de hule. Casi un minuto después de iniciado el temblor, mi padre salió de su recámara con mi pequeña hermana en brazos y se nos unió debajo del marco de la puerta, pero aún no había transcurrido ni la mitad de la tortura. Dicen que duró un poco más de dos minutos pero todos sentimos como si hubieran pasado horas.

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Danza de siembra

Por Nerea Barón:

El maestro nunca sabe de cierto si sus enseñanzas germinarán en el estudiante que, entre bostezos, asiste a sus clases. Puede ser que las olvide –es lo más común– y que ese año de estar hablando como merolico frente a un grupo haya sido infértil. Pero puede ser que no. Puede ser que en el fondo de la conciencia de uno que otro alumno haya quedado algo, algo mínimo, algo ya sin forma y sin autoría pero que en algún momento hará eco y les ayudará a tomar una decisión, a humanizarse, a crecer. El maestro sigue enseñando porque tiene fe de que, germinen o no germinen las semillas del saber, sembrarlas tiene sentido.

Algo similar le ocurre al activista que sale a las calles con carteles de denuncia, al columnista, al psicoanalista y a la madre. Para no desistir deben de creer en su canto y cantar y seguir cantando aunque a veces parezca que cantan para nadie. Los bienes que de su gesto cantor emanan no son suyos y difícilmente podrán constatarlos, mucho menos llevarse crédito. Están al servicio de su fe, de aquello que han suscrito como su misión; el resto le pertenece a la vida. Seguir leyendo

En la boca de la tormenta había un payaso

Por Alejandra Eme Vázquez:

Se llama coulrofobia y al parecer existe desde que el mundo (occidental) es mundo. Me gustaría darles más detalles técnicos sobre el padecimiento, pero la investigación me resulta infructuosa cuando cada artículo en línea al respecto es ilustrado con imágenes, precisamente, de payasos horribles que no quiero ni imaginar. Lo que sí puedo es dar testimonio de mi propia coulrofobia, que data de mi más tierna infancia: en mi segunda fiesta de cumpleaños de la vida, mis papás contrataron a dos payasos amigos suyos para entretener a los asistentes y me tomaron tres fotos con ellos en las que salgo aterrada aunque a nadie parezca importarle. Ésta es la que me parece más perturbadora: Seguir leyendo

Miedo

Por Deniss Villalobos:

“Un hombre que huye de lo que teme a menudo comprueba
que sólo ha tomado un atajo para ir a su encuentro.”
J.R.R. Tolkien, Los hijos de Húrin

Recuerdo la primera vez que vi It, la adaptación de la novela de Stephen King que se hizo para televisión en los noventa. Creo que tenía ocho o nueve años, no estoy muy segura, pero estaba con mi hermana jugando en el cuarto de mis padres y, después de construir una “tienda de acampar” —juntábamos las sillas del comedor y les echábamos encima una cobija—, prendimos la televisión para ver algo. Supongo que era un fin de semana porque no había caricaturas en el canal cinco, sino más bien una película sobre un grupo de niños y un payaso. Era raro que nos quedáramos solas un fin de semana, porque mi papá no trabajaba esos días, pero quizá ese día había ido a algún lado… el caso es que vimos esa película. Y desde entonces no pude olvidarme de ella.

Le tengo miedo, como Raymond Carver, a muchas cosas. Miedo a las abejas, miedo a que la gente que amo se muera, miedo a ir al baño sola cuando las luces están apagadas, miedo a no crear nada valioso antes de morirme, miedo a morirme, miedo a las serpientes, miedo a los ataques de ansiedad, miedo a llorar frente a personas que puedan verme, miedo a la gente, miedo a las salas vacías de cine durante una película de miedo, miedo a las sombras que a veces veo de reojo, miedo a que un perro me muerda, miedo a que dejen de quererme, miedo a olvidar detalles que me hicieron sonreír, miedo a quedarme sola, miedo a asfixiarme mientras como palomitas y que no haya nadie cerca para ayudarme. Seguir leyendo

El basurero de la esperanza

Por @Bvlxp:

Una de las lecciones más perdurables de nuestras madres era asegurarse que no anduviéramos en malos pasos ni con malas compañías. Digamos que buscarnos el mejor futuro era su responsabilidad primordial. Ellas entienden que es importante forjar nuestra personalidad, formar la persona que seremos y que nuestro círculo de personas cercanas lo refleje y lo potencie. Los padres tienen un gran sentido de la importancia de la reputación.

Si esto es cierto para el común de los mortales, lo es más para las personas que buscan liderar al común de esos mortales. Todas las personas dependen de la percepción que de ellas se tenga, pero para los líderes políticos la reputación es primordial para lograr convencer a las personas de que los sigan, de que pongan el futuro del bienestar común en sus manos y de que les confíen el manejo de la hacienda pública.

Ningún político, ningún líder está solo, nadie llega al poder por sí mismo ni lo ejerce en solitario; ningún hombre por ególatra que sea puede convencernos que su sola aura basta para que todo lo que caiga bajo su manto se purifique. La tarea de gobernar implica interminables horas de trabajo y más energía de la que cualquier humano tiene. El ejercicio de gobierno es cosa de muchas personas que trabajan siguiendo las instrucciones de un líder y, si tenemos suerte, en beneficio de todos. Hasta en los regímenes más autocráticos, gobernar es asunto colectivo. Las parábolas que hablan de una voluntad todopoderosa pertenecen al ámbito de lo sagrado. No hay de eso en el reino de los hombres y de la democracia. Seguir leyendo

Blue Velvet Rose

Por Oscar E. Gastélum:

“Don’t fight the darkness. Don’t even worry about the darkness. Turn on the light and the darkness goes. Turn up that light of pure consciousness: Negativity goes.”

David Lynch

Es prácticamente imposible describir la alegría que sentí cuando, a finales de 2014, la cadena Showtime anunció el ansiado regreso de Twin Peaks, ese entrañable y obscuro universo creado por David Lynch y Mark Frost a principios de los años 90 del siglo pasado y que cambió la televisión para siempre, engendrando el insólito concepto de la serie de autor, y plantando una semilla que germinaría unos años después con la aparición de The Sopranos y continuaría dando exquisitos y jugosos frutos durante las primeras dos décadas del siglo XXI. Mad Men, The Wire, Breaking Bad, The Leftovers y otras obras maestras del género serían impensables sin el invaluable precedente que sentó Twin Peaks y sin su ineludible influencia.

Pero a pesar de la emoción que me produjo el anuncio, jamás podría haber imaginado lo oportuno que terminaría siendo el regreso de Twin Peaks y la descomunal influencia que, sin duda alguna, terminará ejerciendo, una vez más, sobre la cultura popular. Y es que en 2017 la humanidad habita un mundo muy diferente al de hace apenas tres años, cuando se anunció el regreso de la serie. Para empezar, la era dorada de la televisión parece haber llegado a su fin, asfixiada por el fenómeno que John Landgraf bautizó como “Peak TV”, un punto de saturación extrema caracterizado por el descenso generalizado en la calidad de los contenidos. Pero la principal diferencia entre nuestro desencantado mundo y la inocencia de 2014, es que hoy la civilización occidental está al borde del abismo, asediada por un movimiento bárbaro y rabiosamente antimoderno, personificado inmejorablemente por Donald Trump. Seguir leyendo

Colisión

Por Nerea Barón:

A Javi

“Si dos personas piensan igual en todo,

puedo asegurar que una de ellas

piensa por las dos.”

Sigmund Freud.

Imagino en cámara lenta el choque entre dos objetos y se me eriza la piel: el efecto de culata que produce el impacto; las esquirlas estallando en todas direcciones, esquirlas de metal, de vidrio o –si los objetos tuvieran ego– de ego herido. Cuando dos objetos chocan ninguno de los dos vuelve a ser el mismo, algo cambia, ocurre un intercambio. La primera ley de la termodinámica, ésa que afirma que cuando dos objetos entran en contacto intercambian energía invariablemente hasta encontrar un equilibrio, no es sino una enunciación más de la tendencia ineludible a la colisión de la materia.

¿Colisión o fusión? Entre uno y otro hay sólo una diferencia de aproximación. ¿Se gana o se pierde en los encuentros? La homeostasis a la que tiende cualquier sistema contiene simultáneamente ambos polos: la resistencia sutil de cada una de las fuerzas y al mismo tiempo la renuncia a sí mismas, la aceptación a formar parte del sistema, a dar de su energía al todo y a ser cada vez menos ellas para así poder ser cada vez más ellas en la totalidad que las abraza. Seguir leyendo

Efemérides

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