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Remedios contra el bostezo

Remedios contra el bostezo

Por Alejandra Eme Vázquez:

“Lo mismo que de un caldero con agua hirviente escapan grandes cantidades de vapor, el aire acumulado en nuestros cuerpos es violentamente expulsado por la boca cuando su temperatura sube”. 

Hipócrates

Al ver el bostezo del perro, del caballo y del hombre, me hace sentir que todos los animales están construidos sobre una misma estructura”.

Charles Darwin

El bostezo es un acomodo natural del cuerpo, en el que se ajusta la respiración después de una ocasional falta de oxígeno debida a múltiples factores, entre cansancios corporales, desbalances del entorno próximo, escenarios climáticos o anticlimáticos. Un bostezo promedio no dura más de cinco segundos y existen investigaciones que afirman que bostezar de seis a 10 segundos es signo de un cerebro prominente; pero si los bostezos son particularmente largos, si no le permiten realizar sus múltiples actividades o si le generan imposibilidad para realizar los ejercicios más sencillos como poner en orden y fundamentar sus ideas, puede ser que lo que usted necesite sea cambiar su estilo de vida.

Bostezar no es de ninguna manera un acto negativo, no. Hay estudios que demuestran que ese lapso de auténtica inspiración cubre diversas necesidades, ninguna de ellas relacionada con el aburrimiento; por ejemplo, la necesidad de enfriar el cerebro, la de estar alerta, la de llamar la atención y hasta la excitación sexual (hay especies en las que el bostezo precede al acto de apareamiento). De modo que antes de tomar cualquier decisión apresurada, lo primero que tendría usted que evaluar con precisión es si aquello que según sus registros le produce largos bostezos no es porque en realidad lo encuentra demasiado estimulante en lugar de soso y aburrido, como suelen pensar los poco informados sobre el asunto.

Desde Hipócrates en su Tratado de los vientos hasta Darwin en su Origen de las especies, el bostezo ha sido objeto de estudios fascinantes. Robert Provine, Melanie Shoup-Knox, Andrew Gallup y Jorg Massen son algunos de los hombres y mujeres de ciencia que han dedicado su vida a documentar hechos como que no es posible bostezar si no existen las condiciones climáticas suficientes, que el acto supone más una puesta en alerta que un aletargamiento (por lo que quien bosteza está anunciando que se prepara para dar algo mejor de sí) y que los fetos bostezan en el vientre materno, muy probablemente porque de esta manera están ejercitando las mandíbulas y los pulmones para gritar con suficiente fuerza las consignas de las rebeliones que encabezarán en el futuro.

En los archivos del Record Guinness no existe aún el del bostezo más largo, pero un vistazo rápido a las redes confirma que existen videos en los que hombres y mujeres luchan por rebasar los 15 segundos y a veces lo logran; como es de esperarse, todos estos documentos advierten al espectador que se debe acceder a ellos con la debida prudencia, pues se sabe que el presenciar un bostezo ajeno motiva, si preexisten las condiciones adecuadas, a seguir su ejemplo. Esto ya se ha estudiado y es consecuencia de la acción de las neuronas espejo, es decir, que si hay un acto humano que provoque la empatía, la fraternidad y la sororidad, ése es el bostezo.

No obstante, si pese a todo lo dicho anteriormente halla usted frustración en los largos bostezos, no caiga de ninguna manera en culpar a cualquier factor del medio, porque eso no resolverá nada y por el contrario, quizá sólo le traiga infelicidad y resentimiento; se sabe que adjudicar a los demás responsabilidades propias es una práctica humana ancestral, así que lo más fácil es decir que los largos y terribles bostezos son culpa de tal o cual persona, tal o cual práctica, tal o cual felicidad. Pero la causa de ese tipo de bostezo es siempre interna. La única manera de evitarlo, en el triste caso de que usted haya perdido el placer de abrir desmesuradamente la boca e inhalar con fuerza mientras todo su ser se retrae en espera de ser oxigenado, es encontrar momentos de respiración.

Porque si el bostezo le produce angustia o enojo en lugar de bienestar, la razón es que no está usted respirando lo suficiente y está produciéndose una mala imitación del libre bostezar. Esto puede darse por un entorno difícil o por abusar de los órganos relacionados con las aspiraciones e inspiraciones. Cambie de entorno, pues, o pruebe a moderar los momentos en los que su boca esté abierta para evitar que entre demasiado aire; pregúntese, por ejemplo, qué palabras son realmente necesarias de decir y ahórrese las que no. Respire, libérese: verá cómo pronto vuelve usted a hallar contento en lugar de ese grito desesperado que atribuyó usted a la primera cosa que vio pasar y que se le quedó atorado en la garganta por tanto tiempo, que lo confundió usted con un pobre, indefenso y vivificante bostezo.

Libros primavera

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Por Deniss Villalobos:

¿De qué árbol en flor?

No sé,

¡pero qué perfume!

Matsuo Bashō

Siempre digo que el invierno es mi primavera. Prefiero los días fríos, los suéteres, las tazas de café o té y las mantas por encima de los vestidos, las flores, el sol y los  helados. Lo segundo no me desagrada, y si estoy de buen humor incluso lo disfruto y puedo caminar por un parque sonriendo mientras tomo nieve de limón y el sol me acaricia la piel, pero en general el calor de esos meses, extendiéndose al verano, no son mi época favorita del año.

Aún así, me gustan los libros que me hacen sentir como un buen día de primavera. Los que me emocionan tanto que hacen florecer los cerezos dentro de mí, libros que tienen pájaros y abejas entre sus páginas, que al anochecer, como dice Margaret Atwood, huelen a tierra, libros amarillos que de pronto brillan como un rayo de sol.

Así que, cuando termino un libro invierno, me gusta comenzar otro que sea flor y me haga sonreír y sonría conmigo. Los libros primavera se pueden leer en cualquier época del año, claro, y es que una de las virtudes de un librero es que contiene en él todas las estaciones, pero quizá, para quienes disfrutan de esta estación en el mundo real mucho más que yo, estos libros sean especialmente encantadores durante esta época. Dejo, entonces, cuatro recomendaciones que contienen insectos, hojas verdes y calidez a raudales.

La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa

Terminé este libro hace muy poco y, en algún lado, no sé si la introducción, la contraportada o una reseña, leí que alguien lo describió como un haiku hecho novela. Es exactamente eso lo que pensé al leerlo, e imagino que si Bashō viviese en estos días habría estado de acuerdo. Esta novela de Yoko Ogawa va sobre un niño de diez años apodado Root, su madre y un profesor de matemáticas al que la memoria le dura solo ochenta minutos. Tres elementos tan sencillos forman una historia que avanza como un tranquilo riachuelo en el que los pájaros se dan un baño, llena de números, tarjetas de béisbol y sobre todo una dulce amistad.

Girl Meets Boy, de Ali Smith

Girl Meets Boy es una novela rara. Las primeras páginas me costaron trabajo y estuve a punto de abandonarlo, pues el estilo de Ali Smith se torna algo confuso cuando no estás acostumbrado a ella. Pero algunas frases se paseaban entre esa primera parte, como ardillas brincando de un árbol a otro, que me atraparon y motivaron para seguir leyendo. Fue así como me encontré con una de las historias más tiernas que he tenido el placer de leer. Basada en uno de los mitos que Ovidio incluye en sus Metamorfosis, Ali Smith nos cuenta la historia de Anthea y Midge, una historia en la que una chica conoce a un chico que también es una chica, una historia de amor y transformación, pero también es una historia sobre ríos que ríen y cómo a una persona no solo la puede transformar el amor, sino también el agua.

El océano al final del camino, de Neil Gaiman

Sobre esta novela ya escribí algo aquí, aunque es tan primaveral que no puedo dejarla fuera. Neil Gaiman es uno de mis escritores favoritos, pero esta historia se fue directo al primer lugar de mi top. En ella hay monstruos y peligros, porque la primavera no está libre de tragedias, y a pesar de ello hay tanta magia que es justo en esta estación cuando se puede disfrutar más; entre árboles que susurran secretos y bajo un cielo brillante que, a pesar del azul y los rayos del sol, promete oscurecerse.

La niña invisible y otros cuentos, de Tove Jansson

De los nueve cuentos que forman parte de esta colección, no hay uno solo que no me fascine. Las ilustraciones son hermosas y cada historia tiene, como a Snufkin le gusta en sus canciones, un poco de alegría y melancolía al mismo tiempo. Se nota que es de los últimos libros en la serie de los Moomin porque las historias son cada vez más profundas, ya no son solo Snorkita y Mumin jugando entre las flores o Little My haciendo travesuras, aquí hay pérdida, tristeza, mentiras, soledad, añoranza y un mar negro en el que hay que navegar para saber que lo único que necesitas es volver a casa. Un libro para leer una tarde de marzo sentado, como papá Mumin, es una hamaca.

Y dejo aquí un pequeño extra:

Virginia Wolf, de Kyo Maclear

Con hermosas ilustraciones de Isabelle Arsenault, esta historia nos cuenta cómo la pequeña Virginia despertó un día sintiéndose triste, y también cómo la primavera la hizo sentir mejor. Una buena forma de explicar a un niño pequeño de qué se trata la depresión (si no lo hace de forma muy acertada, funciona como introducción).

Construir un mundo sin bostezos

luiselli

Por @Bvlxp:

Se afirma que el tiempo es cíclico. Se entiende que los que vamos corriendo en círculos somos los humanos y que el tiempo sigue su curso indiferente a lo que nosotros pensemos de él. Decimos que el tiempo es cíclico porque somos nosotros los que cada tanto volvemos a toparnos con la proverbial piedra que nos hace pensar que le hemos dado una vuelta entera al tiempo. Lo que sucede es que el hombre es un ser que muerde su propia cola y le echa la culpa al tiempo.

Corría el mes de septiembre de 2014 cuando el periodista Alejandro Sánchez Camacho escribió el reportaje “El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia)”, publicado en la revista Emeequis. La pieza narraba el encuentro de dos jóvenes cachondones que terminó en un horrible asesinato en Tlatelolco. La pieza de Sánchez Camacho desató la furia biempensante que exigió, entre otras tonterías, que el reportaje fuera reescrito en términos que dejara tranquilas a sus conciencias. Seguir leyendo

No, no eres depresivo

LOCOS low

Por Nerea Barón:

“Caminando, caminando,

vamos caminando hacia el sol.

Caminando, caminando,

vamos caminando hacia la libertad”.

Caminando, Rising Appalachia

Siempre me ha preocupado la psiquiatría. A menudo llegan pacientes a consultorio con depresión o ansiedad; pacientes convencidos de que para estar bien deben de tomar de por vida un medicamento.

Ahora bien, ¿padecen esos males? En muchos casos sí. El problema no necesariamente es el diagnóstico, sino el enfoque. No soy psiquiatra y cuento entre mis amigos al menos a una persona a quien los medicamentos le han salvado la vida –literalmente–, según el cuadro clínico del que se trate, pero conozco a muchos otros para quienes la dependencia a los medicamentos se ha vuelto un síntoma más y, más aún, una resistencia a la cura:

¿Cómo puede dejar de estar deprimida una persona diagnosticada como depresiva; es decir, que considera a la depresión una condición inherente a ella y un rasgo de personalidad? ¿Cómo puede entender la importancia de generar recursos para hacerle frente a sus males cuando está convencida de que carece intrínsecamente de ellos, tanto así que un profesional ya le auguró una vida de dependencia a recursos externos? Seguir leyendo

Octavio Paz en la memoria de otros: Huberto Batis

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Mi relación con Octavio Paz fue de cordialidad y cooperación, pero también de enojos mutuos. El primer trato que tuvimos fue por correspondencia. Fueron ocho cartas en las que me dio su opinión sobre la poesía contemporánea. Él estaba en desacuerdo con algunas ideas que yo había expuesto sobre el valor de la obra de Jorge Cuesta como poeta. Entonces le escribí a la India, donde era embajador y me respondió con cartas muy extensas explicándome sus argumentos.

La correspondencia que tuvimos fue muy larga. De cuatro o cinco páginas cada carta, a mano. No sé si como embajador tenía todo el tiempo del mundo para responder tanta correspondencia. A mí me regañó por mi adoración por Jorge Cuesta. Me decía ¿qué tanto le ven ustedes, jovenzuelos ignorantes, a ese señor que ni es poeta?

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Historias que salen bien

Me sale bien estar triste

Por Alejandra Eme  Vázquez:

Hace poco concluía que por mucho que se vuelva a contar una historia, cada vez tiene algo de extraordinaria. No sólo cuando narras lo mismo a mucha gente, por turnos, o cuando primero anticipas la anécdota en un mensaje de whatsapp y luego das detalles ya en vivo, sino en aquellas experiencias que a simple vista parecerían repetitivas. “Otra vez me peleé con Fulanito”, “llegué tarde, como siempre”, “tropecé de nuevo y con la misma piedra”; pero esa pelea, esa tardanza y ese tropiezo no son exactamente los mismos. Cada vez hay nuevos componentes entre gestos, detalles que se recuerdan o se olvidan, matices y movimientos, porque nunca hablamos desde el mismo lugar aunque parezcamos monotemáticos.

Escribir es extender a la vista de todos, como en tianguis, el inventario de pequeñas y grandes obsesiones, a veces haciendo como que se habla a un gran público desde una cátedra imaginaria y a veces, como que se crea una atmósfera íntima con quienes nos conocen desde siempre y nos saben las costuras. Por eso hoy, que voy a repetir una historia, imagino a alguien que me leyó la semana pasada y al adivinar mis actuales intenciones, me increpa: “Alejandra, el 13 de febrero, justo hace una semana, ya hablaste de amor y ya recomendaste la misma obra que quieres reseñar ahora”. Y sí, es un poco cierto, pero quiero solicitar el recurso de amparo por distinción: el de la semana pasada no era el mismo amor del que voy a hablar hoy y tampoco la semana pasada estaba hablando de la misma experiencia escénica. Seguir leyendo

Comerte una cara

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Por Deniss Villalobos:

“Oh, please don’t go—we’ll eat you up—we love you so!”
Maurice Sendak, Where the Wild Things Are

Dice Orhan Pamuk en Me llamo rojo que los perros hablan, pero solo con aquellos que saben escuchar. Entiendo por qué este tipo de frases sobre la relaciones entre humanos y animales se refieren casi siempre a los perros, pues más de una vez he comprobado cuán nobles y amorosos estos llegan a ser, pero esa clase de relación mágica con una mascota solo la he conocido con mi gata, y es que si he mantenido una conversación con algún animal ha sido con ella.

A Giulietta la encontró mi hermana, y aunque el plan era quedársela, al gato que ya vivía en su departamento no le agradó la idea y tuvo que buscar un nuevo hogar para la gatita tricolor de ojos verdes que ahora mismo duerme en mis piernas. Cuando mi mamá y yo decidimos adoptarla y la recogimos en casa de mi hermana, la gata no dejó de maullar y querer escapar del auto durante todo el camino. Desde el primer momento me dejó rasguños en los brazos y nos dejó claro que no iba a ser una compañera dócil o tranquila, pero su cara graciosa y sus patitas blancas nos robaron el corazón de inmediato. Seguir leyendo

Primero proyecto, luego unidad

2018

Por Frank Lozano:

De seguir así la tendencia, el Presidente Enrique Peña Nieto terminará su gobierno con una aprobación de un dígito. A estas alturas, ya nadie puede ayudarlo. Los partidos de oposición huelen la descomposición y, cual aves carroñeras, sobrevuelan los pinos a la espera del momento idóneo para ir a desmenuzar el cadáver.

El problema son los meses que aún nos separan de ese momento. Será un periodo complicado en el que, entre el oportunismo y la debilidad del gobierno, se creará un vacío de poder que terminará por dañar aún más al país.

La inminencia del proceso electoral va a enturbiar aun más las cosas. Si existe un momento, por paradójico o inverosímil que resulte, en que el país no importa, son las elecciones. El proceso electoral terminará por evaporar la escasa credibilidad que tiene la Presidencia. Seguir leyendo

Mala Vibra

vibra

Por Oscar E. Gastélum:

“Never let a good crisis go to waste”

Winston Churchill

El domingo pasado atestiguamos el estrepitoso fracaso de “Vibra México”, una marcha supuestamente organizada para exhibir la unidad de los mexicanos frente a Trump. Y aunque la convocatoria fue lanzada por algunos sectores respetables de la sociedad civil, resultó irremediablemente contaminada por la intervención de instituciones e individuos de muy dudosa reputación, empezando por Televisa y sus intelectuales. Sí, Trump representa una amenaza inédita y muy real en contra de millones de mexicanos en ambos lados de la frontera,  por ello es una lástima que se haya desperdiciado una buena oportunidad para mandarle un mensaje contundente a él y a la sociedad norteamericana, que sigue estando mayoritariamente en su contra. Pero el hecho de que una manifestación tan publicitada y promovida en los medios masivos y emplazada en contra de un ser tan universalmente despreciado como Trump haya fracasado tan contundentemente, sirvió para exhibir la impotencia de la otrora todopoderosa Televisa y para demostrar que buena parte de la ciudadanía detesta a la clase política nacional y a nuestra oligarquía parasitaria con la misma intensidad con la que desprecia al propio payaso anaranjado. Seguir leyendo

Mentiras habitables

significado

Por Nerea Barón:

¿Cuándo una mujer se vuelve mujer? ¿Cuándo si no acaricia la cabeza de un niño a la orilla de un río, si no se trenza el pelo, si no espera a su amado en una estación de tren mientras el viento la despeina? Un mujer es una mujer aunque su risa no borbotee, una mujer es una mujer que es como decir que una mujer no es nada. Podemos traer a la imaginación la sangre manchándole los muslos y sus lágrimas que son oxígeno purificando al mundo. Pero aún sin sangre y sin lágrimas hay una mujer, en alguna parte, escapándose de todo lo mujer. No hay forma de nombrarla y sin embargo ahí está, inimaginable, inclementemente mujer.

¿Quién traicionó entonces primero a quién, el mundo o la palabra? ¿De dónde surgió la primera mentira, de una boca titubeante o de una cosa —una flor, quizá— que amaneció un día sin ganas de parecerse a sí misma? Nombrar es mentir, es obviar al tiempo, como quien se guarda en el bolsillo un papel que dice, tal vez, “es de noche” o quizá “descubro que te quiero” y siente que con ello captura la luz de la luna o la redención de aquella mirada aunque al rato, el sol se asome a lo lejos y a él, a ella, no se le encuentre por ninguna parte. Seguir leyendo

Efemérides

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