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¿Y el Estado y la Sociedad?

Por Frank Lozano:

Desde el evento de Ayotzinapa a la fecha, da la impresión de que el gobierno federal está rebasado y desfondado. Son muchos los frentes que se abren y, al parecer, muy reducida la capacidad del presidente y su equipo para hacerles frente.

Aunque disminuido, el movimiento por los 43 estudiantes se mantiene activo y visible. Este movimiento seguirá a Peña Nieto de por vida. Sin duda, se trata de la herida nacional más dolorosa después del 68.

Hay crisis en un sector del magisterio. La estrategia planteada en Oaxaca tiene sentido; al quitarles el manejo del presupuesto a los líderes de la sección 22 de la CNTE los dejan sin combustible para mantener a sus bases. Lo que no se explica es que no se ejerzan las órdenes de aprensión contra los líderes sindicales, sino que, aparentemente, se utilicen como un elemento de chantaje. Ese margen es riesgoso y sobre todo, burdo. El mensaje que el Estado da, es que puede o no ejercer la ley a su criterio. A fin de cuentas, se trata de un juego de poder, pero es también un juego que abre la puerta a que la violencia se desate.

La economía hace agua. El poder adquisitivo se ha desplomado. Los precios del crudo se mantendrán bajos por el resto del año. El crecimiento sigue sin llegar. Fracasó la primera ronda de subastas petroleras, evidenciando dos cosas; por una parte, la desconfianza de los inversionistas hacia el país, y por la otra, el contexto global de los energéticos que han paralizado las inversiones. De la mano de esto, está el recorte al gasto público, con lo que se afectará de manera significativa la influencia del gobierno en la dinamización de la economía nacional.

Hay focos rojos en materia de derechos humanos. Comenzando por Tlatlaya, pasando por Ayotzinapa, Tanhuato, Apatzingán, Aquila y Ostula, el factor común es la muerte de civiles y la presunta intervención de fuerzas federales.

La gota que derrama el vaso, por su dramatismo, fue la muerte de dos menores en la comunidad indígena de Ostula, en el estado de Michoacán. Las fuerzas armadas no necesitan apologistas, necesitan retirarse de las calles y regresar a sus cuarteles.

La credibilidad ganada tras años se está yendo al traste. Hoy la percepción de la población hacia las fuerzas armadas, tiene más que ver con ser el brazo represor del gobierno que la institución que ayuda a la población en casos de desastre. El ejército y la marina están dejando de ser heroicos para convertirse en tiranos. Están permitiendo que su Comandante en Jefe los lleve al descrédito.

Finalmente, para completar el cuadro, tenemos a un Presidente débil y sin credibilidad. Objeto de burlas. Exhibido en su vida personal. Manoseado por el tema de su salud. Portador y emblema del concepto corrupción. Abanderado de la ineptitud. Este Presidente, otrora concitador, hoy luce solo, o mejor dicho, falsamente acompañado.

Ante este escenario nacional, terrible y temible, bien vale la pena preguntar por el Estado y la Sociedad, con mayúsculas. En estos momentos, los poderes de la república deben actuar como tales, ejercer los contrapesos e interactuar.

Medios, organizaciones, partidos, sindicatos, iglesias deben reaccionar. El barco que se hunde se llama México y no podemos permitir que una sola persona, que ha demostrado su incapacidad, siga desarrollando su peculiar destreza por empeorar las cosas. Peña Nieto es nuestro tiro al blanco y es bueno en eso, pero México necesita menos tiradores y más acciones.

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