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¿Un nuevo constituyente?

Por Frank Lozano:

La crisis social, política y económica que vive nuestro país está provocando una movilidad política y social como hace muchas décadas no se veía. Ésta, pasa por el alejamiento y desconfianza de la gente hacia la clase política y gobernante. Se refleja en el acartonamiento y sumisión de los distintos liderazgos de los organismos intermedios. Se puede medir por la ola creciente de resistencia, de los llamados a la desobediencia civil y las protestas en las calles. Se palpa en el servilismo de los medios de comunicación contra el bullicio de las redes sociales.

También ha dado pie a planteamientos como el que promueve la agrupación Constituyente Ciudadana, que propone la creación de un nuevo constituyente. En eso, muchos vamos a coincidir. Invocar el artículo 39 de la Constitución es el mayor acto de amor que hoy en día puede hacer un mexicano por su patria.

Plantear un nuevo constituyente es darnos la oportunidad de refundarnos como nación, de redefinir las instituciones, de modificar el contrato social, de crear un nuevo marco legal, político y administrativo que corrija de raíz de lo que ya está podrido.

No obstante, no es conveniente hacerlo dando por sentadas las premisas de un solo grupo. No se puede convocar a un constituyente negando la enorme diversidad ni la pluralidad de la nación, ni mucho menos la realidad global. Hacerlo de esa forma, irónicamente, termina por volverse un ejercicio antidemocrático digno de la época del Soviet.

Supongamos que alguien se quiere sumar a la iniciativa promovida por la agrupación Constituyente Ciudadana y al leer la exposición de motivos no comparte lo que para esta agrupación resulta esencial e intocable: asistiríamos a la exclusión tácita.

La construcción social no puede surgir del dogma. Tampoco puede ser un proceso nostálgico que nos haga retroceder en el tiempo, para intentar encajar el pasado, ya no en el presente, sino en el futuro que se pretende construir. Debe partir del gobierno nacional, trascendiéndolo, afirmar ensanchando. Intentar obviar las dinámicas de globalización y mundialización es una fórmula para el fracaso. La construcción social tampoco puede darse desde las fobias, ni desde la demonización del otro, sino desde la comprensión de la diferencia.

Hoy en nuestro país existen los mismos elementos que le dieron forma al constituyente de 1917, hay desigualdad, hay violencia, hay movilidad social y política; también, hay una masa crítica creciente, liderazgos no tradicionales que ganan espacios y tribunas. Pero también hoy existen riesgos similares que pueden obstaculizar el ejercicio o peor aún, pervertirlo.

La manera de zanjar estos riesgos, comienza con anteponer a la definición ideológica, la construcción de la plataforma de participación. Constituyente Ciudadana está comenzando a la inversa, se ha definido ideológicamente y ha emprendido su odisea, sin los otros.

Si por el contrario, pensamos en la construcción de una plataforma con métodos deliberativos, con nuevas tecnologías y demás herramientas que permitan una gran definición, podríamos soñar con que a corto plazo se haga realidad el sueño de muchos: reinventar a México. 

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