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Cabañuelas 2017

Por Alejandra Eme Vázquez:

Al despertar el primero de enero de aquel lejanísimo 2012, tuve una ocurrencia que disfracé de revelación: ya que sentía que había aprendido muchísimo en esa vuelta de calendario, replicaría aquella idea preciosa, llena de tradición y sabiduría, de que el clima de los primeros doce días del nuevo año corresponde a cómo se comportará cada mes, respectivamente. Así que en un arranque inclasificable, ese año electoral comenzó para mí con la invención de un género: la cabañuela escrita, que a diferencia de la agrícola va en retrospectiva y se trata de recuperar doce (una por mes vivido) afirmaciones, dudas o aprendizajes que haya dejado el ciclo que se nos fue.

Durante unos pocos años repetí este ritual, hasta que tuve un espacio (éste) en el que podía ir dando cuenta semanalmente de los intereses, aprendizajes y productos que consideraba urgentes de poner en la discusión. Entonces las cabañuelas escritas dejaron de ser una necesidad personal, hasta ahora. En este casi final de 2017 y en el umbral de un nuevo año electoral, comparto aquí mi ritual de las cabañuelas apalabradas para ponerlo a disposición de quien quiera tomarlo, porque si crearnos rituales propios para cerrar círculos es también una forma de libertad y ética, colectivizarlos puede ser una herramienta realmente poderosa.

CABAÑUELA UNO. NO SIEMPRE SE PUEDE

Se intenta, por supuesto, porque la primera condición para que algo salga mal es tener fe en que va a salir bien. No se trata de conformarse, soportar o asumir en contra de la propia voluntad, sino de elegir cuándo eso que no salió como esperábamos puede quedarse así, en la galería de fracasos que, muy a su modo, nos funcionan.

CABAÑUELA DOS. “FEALDAD INTERIOR”

Alguna vez llegué a la conclusión de que lo que me parece insoportable en los discursos de superación personal es que dan por hecho que todos queremos ser “buenas personas”, a todas horas, con toda la gente. Y no es así. Cierto es que en el mejor de los casos, tenemos el privilegio de elegir los contextos en los que queremos y podemos mostrar lo mejor de nosotros, pero esto conlleva también hacernos cargo de que a veces no lo mostraremos y está bien. Que a veces vamos a ser los malos del cuento y está bien. Que también somos eso, y no pasa nada.

CABAÑUELA TRES. ¿ES PECADO EMOCIONARSE?

Cuando sentimos una intensa emoción, nuestra cara y nuestro cuerpo sufren una metamorfosis hacia afuera y hacia adentro. Perdemos control y estamos acostumbrados a que eso nos asuste; sin embargo, si algo ha demostrado la historización de la humanidad es que invisibilizar las emociones es lo menos humano que existe. En ellas descansa nuestra posibilidad de hacer sociedad, para comenzar, y por eso es que al menos mi año se trató ya no de hacer las paces, sino de poner en primer lugar lo afectivo y lo emocional, con una torpeza inicial que también emociona porque significa que hay mucho por hacer para superarla.

CABAÑUELA CUATRO. FEMINISMO(S)(O)(S)

Lo increíble de una praxis tan generosa como la feminista es que mientras una va encontrando formas de acomodarse e incomodarse en ella, van apareciendo ideas muy claras que modifican o afirman el rumbo, porque el asunto es que lo que estamos buscando no existe sino que hay que construirlo. Para mí este año me vino a reafirmar que ser feminista sí es en este momento mi modo más honesto de estar y aprender, pero también me trajo una enorme certeza de ida y vuelta: de ida, que no todas mis cuentas las paga el feminismo, es decir, que no puedo escudar todo lo que hago y digo en un “es que soy feminista”, porque es volver a caer en esencialismos que estamos peleando por derribar; y de vuelta, que en este mismo sentido mi feminismo no paga las cuentas de los demás. Si hay personas que quieren instalarse en la comodidad de culpar ociosa y sistemáticamente a las feministas por todo, si hay quienes se pronuncian “a favor” o “en contra” sólo para buscar un efecto (sea positivo o negativo) y no como exploración genuina, nosotras no tenemos por qué observar, registrar ni legitimar en absoluto esas prácticas. Espero que 2018 nos traiga la tranquilidad de elegir quiénes sí y quiénes no son nuestros interlocutores en el reposicionamiento de la mirada desde fuera de lo patriarcal, y de actuar en consecuencia.

CABAÑUELA CINCO. ACOMPÁÑAME, PORQUE PUEDE SUCEDER

De las relaciones con los demás aprendemos sobre horizontalidad, un concepto aparentemente inasible hasta que de pronto sentimos que estamos en la misma frecuencia con alguien, que no hay jerarquías ni se escatima en afecto e información. Entonces la perspectiva cambia, y en lugar de buscar protección, codependencia, utilitarismo y paternalismo, aparece el acompañamiento como manera de ser con los otros. Aprender a recibir y a dar este acompañamiento es un viaje que no parece acabarse nunca, porque además una vez que sabemos lo que es la horizontalidad, lo que sigue es buscar estructuras que no nos den ni nos permitan dar menos que eso.

CABAÑUELA SEIS. NO-SE-TRATA-DE-MÍ

Por un lado, no hay manera de que nuestra vida siempre se trate del yo, de la perspectiva propia y de filtros que elegimos en individual. El truco es que esto no se convierta en una imposición para las vidas y los asuntos ajenos. No porque yo deba aprender a vivir conmigo todo el tiempo, no porque aprecie muchísimo lo que pienso y hago, no porque me parezca a mí misma una persona valiosa quiere decir que tengo que aparecer en todas las sopas. ¿Cómo podríamos comenzar a revisar realmente nuestros privilegios y nuestras prácticas opresivas si nos ofende la sola idea de guardar silencio para escuchar, pero de veras escuchar, a las otredades?

CABAÑUELA SIETE. SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Una de las cosas más bonitas que me dejó este 2017, pero muy especialmente el séptimo mes de nombre cabalístico, es la certeza de que si bien es importante identificar qué vínculos con otras personas ya no nos aportan nada, esto tiene que acompañarse por el reconocimiento de a quiénes sí queremos invitar a que ocupen un lugar fundamental en nuestra vida, qué voces sí van a tener toda nuestra escucha y qué cuerpos sí queremos tener muy cerquita. Y si esto significa reconsiderar, cambiar de opinión o replantear el propio lugar en el universo, vale la pena darse a sí mismo otra oportunidad. Permitirme la alegría, el asombro y el agradecimiento por las presencias que han aceptado estar o volver a estar conmigo es una sensación que una vez descubierta, ya no quiero abandonar nunca más.

CABAÑUELA OCHO. RECOMENZAR

Parece una frase hecha aquello de que cuando una puerta se cierra, se abren miles de ventanas, sobre todo si es una quien se cierra esa puerta con pleno conocimiento de causa. Pero es verdad, y quizá lo es porque al estar acostumbrados a un contexto que ya conocemos, se entiende que no tengamos tiempo ni medios para ver lo que hay fuera de él; es decir, las miles de ventanas ya estaban abiertas desde antes, pero no las veíamos. No es necesario abandonar las circunstancias que consideramos “vivibles” para verlas, pero sí es un alivio saber que el hecho de que se nos cierre o nos cerremos una puerta no significa empezar desde cero porque después de todo, nuestra valía no está depositada en dónde trabajamos, junto a quién estamos o qué poseemos, sino en nuestra agencia para crearnos un contexto tan seguro y hospitalario como esté en nuestras manos. Y ésa no se va.

CABAÑUELA NUEVE. CUIDADOS COLECTIVOS

El sismo del 19 de septiembre en la ciudad de México nos hizo, casi diría que nos obligó, a pensar la vida de formas nuevas y a retomar temas que parecen destinados a estar en el tintero de lo que nunca es suficientemente importante. Cuidar de los demás se convirtió en un mandato interior, una manera más que aceptable de resolver, un pequeño heroísmo cuya sola ejecución nos reconciliaba. Pese a que esas intensivas semanas han ido diluyendo su fuerza en el espacio muy público, no podemos dejar que el asunto de los cuidados colectivos vuelva al limbo: se trata de comenzar a desenredar en qué términos estamos hablando de cuidados, de participación, de comunidades; se trata de dejar de repetir discursos victimizantes y tramposos; se trata de dejar de caricaturizar a todos los otros, porque el único primer paso posible para colectivizar es no resistirse a que el mundo nos atraviese, nos cimbre y nos cambie la visión, sin que tenga que mediar en ello un desastre natural.

CABAÑUELA DIEZ. PENSAR LO DOMÉSTICO

Entre los discursos que reproducimos, el equivaler empoderamiento con la salida del espacio doméstico es quizá uno de los primeros que debemos poner en crisis, porque al repetirlo (y hasta adornarlo) estamos abonando a la precarización e invisibilización de los sistemas que operan a puerta cerrada y los trabajos de cuidado, que son fundamentales para entender las estructuras. No se trata de regañar o evangelizar, justamente porque es algo que no solemos ver; sólo es comenzar a hablar en otros términos de estos asuntos, y en ese movimiento transformar la mirada y legitimar el conocimiento para estar en condiciones de revolucionarlo todo. Después de renunciar a mi trabajo asalariado de muchísimos años, a mediados de 2017 descubrí en el trabajo de cuidados remunerado una forma hermosa, aguda y subversiva de estar en el mundo, y ya de entrada ese hecho me cambió el esquema completamente. Que no es cosa pequeña.

CABAÑUELA ONCE. PERMISO DE NECESITAR

Acostumbrarse a resolver la adversidad completamente a solas podría verse como un signo de autonomía, valentía o fuerza, pero creo que es urgente decir muy claro que nadie debería no tener más opción que la carencia de compañía. Crear redes y confiar en ellas significa justamente ir en contra del discurso aprendido de que entre menos recurras a los demás para resolverte, es mejor; y aunque es extraño deconstruir algo que a ojos del sistema competitivo parecería una virtud, también es extraordinario saber que se puede desaprender la antisocialización y a cambio, autoeducarse en pedir ayuda, decir sí, dejar de esperar siempre lo peor “porque así ya nada nos sorprende”, querer sin reservas, mostrar la propia vulnerabilidad: necesitar a los demás, pues, y ya no volver a cargar el mundo en solitario.

CABAÑUELA DOCE. RETIRARSE CON GRACIA

En el continuum de las rutinas, las inercias y las búsquedas de algún tipo de estabilidad, todo cierre es un artificio que revela también las costuras artificiales de lo que consideramos abierto o echado a andar. Eso no quiere decir que no sea necesario despedirse, moverse, construir alternativas o desactivar ciertas realidades, pero sí quiere decir que a fin de cuentas, reconocer la agencia que tenemos sobre las circunstancias en las que estamos significa también la posibilidad de hacer algo al respecto una vez que sabemos cuándo una página nos invita ya a que le demos vuelta. Cuándo este abrazo es el de no volver. Cuándo este espacio está listo para ser memoria. Cuándo estas palabras son las últimas palabras.

Guadalupe-Reinas

Por Deniss Villalobos:

El año está por terminar y, entre listas de los mejores libros del año y retos de lectura para el siguiente, nació una propuesta que se llevará a cabo durante diciembre y los primeros días de enero, justo cuando ya todos estamos pensando en lo que haremos en 2018, olvidándonos de que aún tenemos un mes en el que, entre vacaciones y días festivos, tendremos bastante tiempo para leer. Guadalupe-Reinas es un maratón de lectura que comienza el 12 de diciembre y termina el 6 de enero, teniendo como meta 10 retos diferentes y como única regla que todos los libros sean escritos por mujeres.

El maratón es organizado por Libros B4 Tipos, un colectivo de chicas que se dedica a difundir la obra de diferentes autoras y analizarla desde el feminismo. No hay una lista oficial, cada quien escoge sus lecturas (según lo que ya tengas pendiente en tu librero o lo que te interese de las listas de toda la gente que ya se ha unido). Durante esos días habrá diferentes actividades y pueden seguir la cuenta de Twitter del colectivo o de sus diferentes integrantes para irse enterando de más noticias, checar los premios que habrá o solo para compartir sus lecturas.

Y como estoy muy emocionada por esta propuesta, quiero recomendar algunos títulos para cada uno de los retos:

Un libro de poesía

Cuaderno de campo, de María Sánchez
Poesía completa, de Idea Vilariño

Un libro infantil o juvenil

Las sirenas sueñan con trilobites, de Martha Riva Palacio
Lo que sucedió con la medusa, de Ali Benjamin

Un libro de una autora latinoamericana

Sangre en el ojo, de Lina Meruane
Tiene la noche un árbol, de Guadalupe Dueñas

Un libro leído en alguna lectura conjunta de LibrosB4Tipos

Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, de Elena Favilli y Francesca Cavallo
Vengadora, de Monica B. Brozon

Un libro de no ficción-ensayo

The Sea Around Us, de Rachel Carson
Cuaderno de faros, de Jazmina Barrera

Un cómic, novela gráfica o libro ilustrado

El fantasma de Anya, de Vera Brosgol
Esto que brilla en el aire, de Cecilia Pisos (ilustrado por Ana Pez)

Un libro de una autora galardonada

Do Not Say We Have Nothing, de Madeleine Thien
Distancia de rescate, de Samanta Schweblin

Un libro de ciencia ficción o fantasía

La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K. Le Guin
Nieve Negra, de Camila Valenzuela León

Un libro clásico

Middlemarch, de George Eliot
El cuento de la criada, de Margaret Atwood

Un libro de tu autora favorita (o de tus preferidas)

El libro del verano, de Tove Jansson
Upstream, de Mary Oliver
Cuentos reunidos, de Amparo Dávila

La inobjetabilidad de lo bueno

Por @Bvlxp:

Qué bonito es el mundo cuando se ajusta a nuestros caprichos. Qué frustrante es cuando la ley y los otros impiden mi cruzada por ser bueno, por levantarme por encima del pantano de todas las cosas horribles que veo a mi alrededor y gritar que yo soy mejor que los demás, que soy 70% empatía y 30% de lo demás que haga falta. El infierno son los otros; si no existieran sería yo y el mundo a mi entera imagen y semejanza.

Sucede que Cinépolis Campeche colocó un aviso informando al respetable  público que no vendería boletos a personas acompañadas por niños menores de tres años. Como si se hubiera prohibido la entrada también a personas menores de tres años mentales, la cascada de lágrimas buenitas en Internet no se hizo esperar. Y es que en el universo de los traumaditos, pocas cosas existen tan inobjetables como los niños; los niños tienen derecho a todo y las necesidades de las personas con hijos (especialmente si son de las llamadas madres solteras) están por encima de cualquier consideración y el que se atreva a afirmar lo contario es un monstruo.

Como siempre sucede, para cada indignación hay una respuesta lógica a las que por supuesto las bondadosas almas del Internet son refractarias. El Artículo 67 del Reglamento de Espectáculos Públicos del Municipio de Campeche es el que prohíbe la entrada a menores de tres años a espectáculos teatrales y cinematográficos, y no es cosa de que Cinépolis sea un canalla come-niños. Las razones detrás de la prohibición legal obedecen a la obligación del Estado de cuidar a los niños de sus propios padres irresponsables. El nivel de los decibeles alcanzados en estos espectáculos puede dañar el oído de los infantes. Entonces, uno ya no sabe si los niños en los cines lloran porque el volumen les resulta insoportable o porque la suerte les haya repartido a semejantes padres.

Pero más allá de la prohibición legal (de paso, uno se pregunta por qué esta prohibición no está ampliamente extendida en el país), vale la pena una vez más adentrarse a las procelosas aguas de lo políticamente correcto, emprender un safari por la mente de quienes están plantados en el espectro ideológico sustentado por una falsa idea de la inclusión, partiendo de la cual buscan cimentar sus argumentos en la inobjetabilidad de lo aparentemente bueno y empático. Al final de cuentas, un niño es un niño, y no tiene la culpa de nada; en efecto, los niños sujetos de esta prohibición legal viven en la nebulosa de la pre-conciencia. No hay modo de que uno los culpe de nada. Los infantes en esa etapa de desarrollo están a merced de sus padres y de la sociedad en la que viven. Entendiblemente, son sujetos de empatía, consideración y de protección especial por el sistema jurídico, y por ello no deberíamos permitir que sean botín político en las guerras culturales.

La fauna enardecida del buenismo usa el argumento de la inclusión y la idea de la comunidad como panaceas, buscando que sus entelequias sean aceptadas por todos a rajatabla en aras del ideal, no de la convivencia, sino de lo bueno, enarbolando la idea de “comunidad” como un argumento indebatible. Su universo mental es estilo Montessori y en él todos debemos ser amigos y los intereses de todos no necesitan ser normados para propiciar la convivencia entre seres con intereses y necesidades distintos.

Pero resulta que, digan lo que digan las almas puras, vivir en comunidad no es soportar la mierda de los demás. Vivo en comunidad, entonces debo soportar que mi vecino haga fiestas todos los días y si no me gusta debo cambiarme de edificio; vivo en comunidad, entonces debo soportar que la gente lleve sus perros al restaurante y si no me gusta pues debo quedarme en casa a comer. Vivir en comunidad es todo lo contrario; vivir en comunidad te obliga a ejercer la empatía, la tolerancia y la paciencia, sí, pero entendiendo que los otros no tienen por qué pagar el costo de mis necesidades y que cuando pretendo hacer valer mis necesidades por encima de las de los demás, es cuando interviene el Estado para regular la convivencia social y evitar que, en el peor de los casos, se desborde la violencia. Vivir en comunidad es entender que, aunque yo me sienta moralmente superior por tener hijos, la gente no tiene por qué soportar un niño llorando en un espacio que no es propicio para niños; que puedo tener muchas ganas de festejar mi cumpleaños, pero que no se vale llevar a La Arrolladora Banda El Limón a mi departamento para animar mi fiesta; que mis perros pueden no ser agradables en un restaurante incluso para la gente que ama a los perros; que el ruido del escape de mi moto puede encantarme, pero que los demás no tienen por qué pagar el costo de la virilidad que compenso con el escándalo.

El problema del buenismo es que enarbola preceptos morales ad hominem, pretendiendo que sean irrebatibles, dictums que funcionan de ida pero no de vuelta y que, bien vistos, llevarían a extremos absurdos y a todas luces indeseables como que las películas no deberían ser clasificadas, o que debería eliminarse la prohibición de vender alcohol y cigarros a los menores de edad, o eliminar la edad mínima para contraer matrimonio, o eliminar los parques y espectáculos a los que sólo se puede entrar acompañado de un infante. ¿Pues no que somos una comunidad y que todo el mundo es para todos? ¿En qué quedamos entonces?

Vidas paralelas

Por Oscar E. Gastélum:

“The day may dawn when fair play, love for one’s fellow-men, respect for justice and freedom, will enable tormented generations to march forth serene and triumphant from the hideous epoch in which we have to dwell. Meanwhile, never flinch, never weary, never despair.”

—Winston Churchill

“The real division is not between conservatives and revolutionaries, but between authoritarians and libertarians.”

—George Orwell

Tenía pensado utilizar esta entrega para hacer una brevísima reseña de mis libros favoritos del año, pero el viernes pasado mi novia me obsequió “Churchill and Orwell” de Thomas E. Ricks como regalo de aniversario y tuve que cambiar de planes y dedicarle esta columna al urgente y poderoso mensaje contenido en la obra de Ricks. Sí, era muy obvio que devoraría en un fin de semana un libro dedicado a dos de mis más grandes ídolos, y sobre todo uno tan sabroso y bien escrito como este. Pero la importancia del libro va más allá de lo obvio, pues aunque la comparación dista mucho de ser original, recordemos que el gran Simon Schama ya había jugado a Plutarco dedicando todo un capítulo de su “History of Britain” (atinadamente titulado “Endurance”) a desentrañar los paralelismos entre estos dos colosos del siglo XX, hoy en día, ante la profunda crisis que atraviesa el mundo moderno, no podría ser más oportuna. Seguir leyendo

Entre mi verdad y la tuya

Por Nerea Barón:

La convivencia con las otras personas es, entre otras cosas, un espacio de negociación de verdades: se entretejen percepciones, se defienden puntos de vista y, en el mejor de los casos, se llega a ciertos consensos para, más tarde, llamar realidad a esa construcción conjunta.

Si no hay un otro que constate o reconozca de alguna forma nuestra verdad, sostenerla se vuelve sumamente angustiante y es fácil comenzar a dudar de ella. ¿No son los locos, en última instancia, personas con una verdad inaccesible para el resto? La película Twelve monkeys (1995) retrata bien ese problema cuando Cole (Bruce Willis), viajero del tiempo, empieza a creer que su misión es una alucinación, pues es una verdad que no es compatible con la verdad de las personas que le rodean, al ser éstas personas del pasado para quienes los viajes en el tiempo no existen.

Esto da lugar a problemas de tipo político, pues si la construcción de verdad es de orden social, importa quién lleva la voz preponderante. La normalización de ciertas dinámicas de poder a menudo ha sido confundida por verdad (que como tal es “obvia” e irrefutable), haciendo que las voces disidentes suenen delirantes y sea más difícil escucharlas o darles validez.

De igual manera, en nuestra vida personal pasa algo semejante. De acuerdo con el budismo, hay tres tipos de enajenación que te arrancan del presente: volcar la atención sobre el futuro, sobre el pasado, o sobre la mente de los demás. Los tres tienen un común denominador: a ninguno de ellos tenemos acceso real. El pasado sólo se puede atender a partir de sus consecuencias –que pertenecen al presente–, el futuro sólo se puede atender cuidando el presente que le dará luz, y la mente de los demás sólo puede tener un lugar cuando éstos deciden pronunciarse, no antes ni después.

Sin embargo, maleducados en el arte del presente como estamos, vivimos dándole realidad a eso que, de suyo, no la tiene. Y en particular, cuando se trata de la percepción ajena, inferida desde la especulación solitaria o cachada al aire en donde no hay un diálogo abierto, no hace sino debilitarnos y descuidar la pregunta de fondo: ¿cuál es la verdad que nosotros suscribimos y por qué?

Con esto no pretendo defender verdades asociales, como si pudiéramos construirnos una visión del mundo sin nutrirnos del afuera, ni mucho menos fomentar una postura tiránica en la que se le niegue la escucha al otro, pero retomando la dimensión política de la construcción de verdad, sí creo que volcar toda la atención en la verdad del otro es una forma de dejar de escucharnos a nosotros mismos. Intuyo, además, que es un asunto de género: a las mujeres en particular se nos ha educado para supeditar nuestra verdad a la verdad del otro.

Conecto con la angustia del loco, insistente en marcar un punto que nadie más valida. A veces hace falta soportar esa soledad perceptual y actuar en consecuencia, aunque nadie más entienda por qué. Al final, quién dijo que el mundo era sólo uno o que las encrucijadas tenían una sola salida posible.

10 autoras para pensar lo doméstico (segunda parte)

Por Alejandra Eme Vázquez:

¿Son los asuntos domésticos asuntos “menores”? ¿Son los trabajos de cuidados “verdaderos” trabajos? A partir de la manera en que cada uno de nosotros se aproxime al planteamiento de estas preguntas e intente elaborar una respuesta, podría trazarse un trayecto en el que se viera claramente cómo a lo largo de la historia humana, la relación con los así llamados hogares y las actividades que se asumen ligadas a ellos han ido marginándose del debate público como producto de políticas y discursos que pueden contextualizarse, incluso datarse.

No es novedad decir que desde la escritura teórica y literaria se han configurado y reforzado arquetipos, muchas veces muy nocivos, pero también se han combatido y desmontado. De esto no ha escapado lo referente a las “tareas del hogar”, a los “instintos de cuidado” y en general, a lo que se supone que debe ser en estos ámbitos que generalmente se asocian con “lo femenino”. Por eso es que me pareció necesario enlistar a 10 escritoras que ayudan a pensar en lo doméstico y los cuidados de formas diversas, agudas, iluminadoras e importantes. Seguir leyendo

El corazón sonriente

Por Deniss Villalobos:

there are ways out.
there is a light somewhere.
it may not be much light but
it beats the darkness.
Charles Bukowski

Uno de los primeros poemas que me gustaron, y que hasta ahora sigue siendo de mis favoritos, es The Laughing Heart de Charles Bukowski. El corazón que ríe habla sobre luz y oscuridad. Sobre salir al mundo porque aunque a veces lo pases muy mal y muchas cosas apesten, éste es hermoso y tiene muchas cosas que ofrecerte. Sobre vivir, que no es lo mismo que respirar. Sobre dejar que tu corazón ría para que haya luz, aunque sea poca porque eso es suficiente para derrotar a la oscuridad. Y aunque amo el título, aunque me encanta imaginar un corazón que de tan ligero se carcajea, no creo que mi corazón sea uno que ríe.

He seguido el consejo de Hank y salgo con más frecuencia al mundo, pero mi corazón se cansa fácil, anda siempre despacio y sin hacer mucho ruido. Necesita ver gente, escuchar niños, acariciar perros, subirse al metro, leer en un autobús, comer en un restaurante, y con eso tiene a veces para cerrarle la puerta en la cara a la tristeza o la ansiedad. Otras veces eso no basta, pero hay malos días que ni con una estrella explotando se arreglarían. A veces, incluso, mi corazón se atreve a hacer un poquito más. No porque le dé miedo, que sí, pero en realidad porque no lo necesita muy seguido. Si va a una reunión con música y mucha gente dos veces al año, tiene suficiente y no necesita más por meses. No odia a la gente, no es frío, no es que nada le interese. Es que tiene con poquito y está bien. Seguir leyendo

La cargada en marcha

Por Frank Lozano:

Más sabe el diablo por viejo que por diablo. Ese es el PRI, el diablo viejo de la política mexicana. Desde el año dos mil y posteriormente en el dos mil seis, la mala hierba no murió. En los umbrales de la elección presidencial del 2018, todo parece indicar que la estrategia de retención de la presidencia de la República, finalmente tiene un nombre y un rostro: José Antonio Meade.

Dicha estrategia, plenamente identificada por tiros y troyanos, pasa por la fragmentación del voto, el debilitamiento del Frente (no) Ciudadano, para buscar que la elección se polarice entre los tricolores y Morena. Hasta el momento, al diablo le están saliendo perfectamente las cosas.

El gran tonto (Enrique Peña Nieto), está resultando una revelación para la estrategia política. El golpeteo a los promotores del frente ha logrado empañar más la imagen de por sí desdibujada, que representa la unión forzada entre PAN, PRD y Movimiento Ciudadano.

Anaya, Barrales y Mancera, un día sí y otro también, ocupan una buena parte de su tiempo en defenderse; al mismo tiempo, tienen que lidiar con las presiones internas de sus militancias, quienes exigen definiciones claras para lo que viene. Seguir leyendo

El formidable Doctor Meade

Por Oscar E. Gastélum:

“Quiero que me hagan suyo, me tengan cerca y me acompañen en esta aventura para hacer de México una potencia”.

— José Antonio Meade ante la CTM

Desde esta humilde tribuna quisiera celebrar y sumarme al luminoso tsunami de esperanza, regocijo y energía positiva que, gracias a la bienaventurada nominación del DOCTOR José Antonio Meade como candidato presidencial del PRI, ha recorrido hasta el último rincón del vasto territorio nacional. Desde los cinturones de miseria del Estado de México, hasta la más recóndita de las fosas masivas clandestinas en la sierra de Guerrero, y desde los manglares desecados de la península de Yucatán (hoy transformados en magníficos estacionamientos), hasta los áridos territorios fronterizos controlados por el narcotráfico. Y es que no creo que sea exagerado afirmar que el hábil dedo de nuestro querido y admirado redentor, Licenciado Enrique Peña Nieto, puso a todo el país en éxtasis cuasi clitórico con su atinada designación. Hace mucho frío al otro lado de la ventana mientras escribo estas emocionadas palabras, pero en mi corazón brilla el Sol. Y lo mismo sucede en el pecho de todos los mexicanos de bien, desde el más humilde hasta el más bendecido por la vida. Desde el plutócrata que evade impuestos en alguna hermosa isla del Caribe, hasta el feminicida que sueña con morir impune, desde el retoño de un líder sindical que recorre el malecón de Miami en su Ferrari, hasta el modesto huachicolero. Seguir leyendo

Efemérides

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