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Simulacro

Por Ángel Gilberto Adame:

 

Hace poco, un buen amigo me invitó a Zacatecas, pues iba a recibir un homenaje por su trayectoria literaria. Acepté de inmediato y no di mayor importancia a los pormenores. Supuse que, como suele ocurrir, sólo habría que tomar un avión, llegar a la cita, hospedarme por uno o dos días y volver a mis tareas habituales.

Por mi profesión, ausentarme de la oficina implica mover varios engranajes. Así, le encargué a mi asistente que dispusiera lo conducente para ir en el mismo vuelo que el homenajeado, les advertí a los responsables que dejaran con anticipación todo lo que debía revisar y, al enterarme de que el viaje sería alrededor de las siete de la mañana, pedí que algunos colaboradores madrugaran conmigo para no dejar ningún pendiente.

Cumplida la fecha, como no había ocurrido hasta ahora, todo sucedió como lo solicité. En mi escritorio aguardaban los papeles que debía autorizar y la gente que cité acudió puntual. No obstante, no medí la cantidad de trabajo a realizar y, con el tiempo encima, salí de prisa hacia el aeropuerto.

Preocupado de perder el vuelo, durante todo el trayecto presioné al conductor. Al llegar a la Terminal 2, salí corriendo a enfrentarme a una de esas infernales e impersonales máquinas para documentar por mí mismo, y en las que siempre termino pidiendo ayuda.

Con el pase de abordar en la mano, y con la calma de no tener que subir equipaje, compré una revista para disimular el sueño que tenía y me alisté a pasar por el área de revisión.

Una pequeña fila se interponía entre mi persona y el vigilante correspondiente. Yo no dejaba de pensar en que iría dormido en el trayecto. De repente escuché: —¿Me permite su pase de abordar y una identificación?— Procedí en consecuencia y me topé con esta réplica: —Todo está muy bien, salvo que su avión parte mañana a la misma hora.

No di crédito a lo que me señaló, pero sí, después de revisar hasta el Antiguo Calendario Galván, entendí que me había adelantado un día.

Regresé al despacho, mandé llamar a todos los que participaron en esta aventura, quienes entre cansancio y modorra esperaban escuchar alguna letanía para los cómplices de mi desvarío.

Los observé, y convencido de que la motivación es la base de un grupo eficiente, simplemente les dije:

—Los felicito muchachos. El simulacro resultó exitoso. Nos vemos mañana a la misma hora.

3 de julio de 1955 la mujer mexicana emite su voto por primera vez

Más de 20 mil mujeres congregadas en el Parque 18 de Marzo de la Ciudad de México el 6 de abril de 1952, demandaban el compromiso al candidato presidencial Adolfo Ruiz Cortines para que cumpliera con su promesa de plasmar en la Constitución el derecho de las mexicanas a votar y ser electas.

Ruiz Cortines repitió su compromiso y la algarabía femenina se apoderó del lugar, y un año después de ese histórico mitin, el 17 de octubre de 1953, Ruiz Cortines –ya como presidente– cumplió su palabra y promulgó las reformas constitucionales que otorgaron el voto a las mujeres en el ámbito federal.

La lucha femenina por ejercer sus derechos de votación y decisión en México da sus primeras manifestaciones importantes durante los años 1884 y 1887, cuando por primera vez una publicación, la revista femenina Violetas del Anáhuac, fundada y dirigida por Laureana Wright González y escrita solamente por mujeres, demandó el sufragio femenino.

Hacia 1910, diversas asociaciones se unen a Madero, entre ellas el club femenil antireeleccionista: “Las Hijas de Cuauhtémoc”. Poco tiempo después, las integrantes del club protestan por el fraude en las elecciones y demandan la participación política de las mujeres mexicanas.

Posteriormente, en 1916, se realizó el primer Congreso Feminista, específicamente el 13 de enero. Este fue impulsado por el general Salvador Alvarado como Gobernador de Yucatán y varias organizadoras. Uno de los principales acuerdos a los que se llegó en este Primer Congreso feminista fue demandar que se otorgara el voto ciudadano a las mujeres. La promulgación de la Constitución Política de 1917, donde no se negaba la ciudadanía a las mujeres, ni mucho menos su oportunidad de votar, tampoco se otorgó expresamente ese derecho.

En abril del mismo año, se expidió la Ley de Relaciones Familiares, según la cual los hombres y las mujeres tienen derecho a considerarse iguales en el seno del hogar.

Del 20 al 30 de mayo de 1923, la Sección Mexicana de la Liga Panamericana de Mujeres convocó al Primer Congreso Nacional Feminista, que se reunió en la Ciudad de México, con la asistencia de 100 delegadas. Sus principales demandas en lo político fueron la igualdad civil para que la mujer pudiera ser elegible en los cargos administrativos y el decreto de la igualdad política y la representación parlamentaria por parte de agrupaciones sociales.

Como consecuencia del Congreso Nacional Feminista, el 13 de julio de ese mismo año, el gobernador de San Luis Potosí, Aurelio Manrique, expidió un decreto en el que se concedía a las mujeres potosinas el derecho a votar y a ser elegidas en elecciones municipales.

En Yucatán, Elvia Carrillo Puerto resultó la primera mexicana electa diputada al Congreso Local por el V Distrito, el 18 de noviembre de 1923. Sin embargo, después de desempeñar su cargo por dos años renunció, debido a las amenazas de muerte que había recibido. Más tarde cambió su residencia a San Luis Potosí, y fue electa al obtener la mayoría de votos, pero el Colegio Electoral no reconoció su triunfo.

Hacia 1935, por primera vez, las mujeres participaron en las votaciones internas del Partido Nacional Revolucionario (PNR), creado seis años antes y entre 1935 y 1936, mujeres del partido oficial conforman el Frente Único Pro Derechos de la Mujer (FUPDN), junto con militantes o cercanas al Partido Comunista. Ellas encaminaron sus demandas de clase y reivindicaciones de género.

Posteriormente, el frente profundizó en ciertas áreas del trabajo popular como la creación del Departamento Autónomo de la Mujer en la Confederación Campesina Mexicana (CCM); luchó por el cumplimiento de la Ley Federal del Trabajo y la sindicalización de las obreras y empleadas gubernamentales, así como por la instalación de salas de asistencia infantil anexas a los mercados.

La lucha que implicaba profundizar y afinar las alianzas con sectores y grupos dominantes en el ámbito nacional repercutió en detrimento de la organización amplia del movimiento de mujeres, sin embargo lo anterior se compensó con la actividad febril que desencadenó la demanda del voto.

En 1937 el presidente Lázaro Cárdenas envió a la Cámara de Senadores la iniciativa para reformar el Artículo 34 constitucional, como primer paso para que las mujeres obtuvieran la ciudadanía. En 1938 la Reforma se aprobó y ese mismo año lo fue en la mayoría de los Estados.

El 24 de diciembre de 1946, la Cámara de Diputados aprobó la iniciativa enviada por el presidente Miguel Alemán, en la que se adicionó el Artículo 115 Constitucional, que entró en vigor el 12 de febrero del siguiente año. Ahí, se establecía que en las elecciones municipales participarían las mujeres en igualdad de condiciones que los varones, con el derecho a votar y ser elegidas.

Siendo candidato a la presidencia de la República, en 1952, Adolfo Ruiz Cortines prometió, ante 20 mil mujeres asistentes a un mitin de campaña, la ciudadanía sin restricciones para las mujeres.

El 17 de octubre de 1953 se publicó en el Diario Oficial el nuevo texto del Artículo 34 Constitucional: “Son ciudadanos de la República los varones y las mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos: haber cumplido 18 años, siendo casados, o 21 si no lo son, y tener un modo honesto de vivir”.

En 1953 se reconoce el derecho al sufragio femenino gracias a la organización y participación de las mujeres en los foros feministas demandando derechos ciudadanos, sólo que ese avance no se materializó sino hasta por lo menos dos décadas después, debido a que en la mayoría de los casos seguían siendo los hombres quienes decidían lo que sus esposas, hijas o hermanas debían hacer.

En las elecciones del 3 de julio de 1955 las mujeres acuden por primera vez a las urnas a emitir su voto. En esa ocasión se elegía a diputados federales para la XLIII Legislatura. Pese a la importancia que tenía ese primer ejercicio de libertad de decisión, la verdadera democratización de la ciudadanía tardó mucho más en gestarse, sobre todo porque la tradición imperaba sobre la razón.

 

Fuente: SEP.

De Mordor y Modems

Por: Alberto Sánchez @Durden.

 

Se acercaban tiempos obscuros, eso lo sabíamos desde el primero de diciembre de 2012. Las huestes negras de Mordor se fortalecían con el propósito de que el señor obscuro recuperara todo su poder, sin embargo, lejos, muy lejos de toda esa agitación y preocupaciones se encontraba La Comarca. La Comarca del Internet.

Ese extenso prado de libertad de expresión, contenidos frescos y fotos de gatos que ha sido durante mucho tiempo el último estandarte de la libertad y la incomprensión: ¿Sientes que no valoran tu gran idea millonaria en la vida real? Haz un kickstarter o una web. ¿Nadie valora tu música? Súbela a Bandcamp, Spotify, Soundcloud, etcétera.

¿Tienes un programa que nadie quiere pasar? Súbelo a Youtube (El Pulso de la República, guiño, guiño).

Cualquier tipo incomprendido de la vida real encontraba su escaparate en esta enorme comunidad virtual que es La Red. A algunos raros les va a gustar tu música, tus vídeos o tu idea millonaria de ponerles cámaras a los gatos para saber a dónde van. No importa qué tan loca sea la idea, el Internet tiene personas que simpatizan con ella.

Sin embargo, en los últimos días la votación de las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones le ha quitado el sueño a más de uno. ¿Las razones? Querer regular el Internet. ¿Por qué querer arreglar algo que no estaba roto?, ¿por qué atentar contra la privacidad de la mayoría de las personas que se sienten cómodas en el anonimato de su IP sin ningún candado legal decente?, ¿por qué se meten con mis macetas?

Porque aunque ya no contemple tarifas diferenciadas, se le deja un hueco para que el IFETEL pueda regular servicios Premium que proporcione mayores velocidades a los que pagan más y los soñadores que mencioné al principio, que tienen sus sitios web o sus aplicaciones “indies” van a tener que conformarse con el cascajo de la velocidad del internet. Y toda la sana competencia que hasta la fecha genera gran cantidad de servicios que mejoran día a día para no rezagarse en este universo lleno de innovación se verá relegada a la fila turística si no lo pueden pagar; mientras que los miembros del club platino centurión de acceso a internet podrán sustituir su falta de ideas con el viejo caballero de siempre: Don Dinero.

La FCC (Federal Comunnications Comision) estadounidense todavía no ha fallado definitivamente respecto de la neutralidad de la red del otro lado del Río Bravo, pero tal parece que nosotros estamos apuradísimos por ser pioneros en hacer aún más ineficientes y mediocres los servicios con los que los mexicanos contamos. Espero con todas mis fuerzas que el Congreso y sobre todo el IFETEL actúe en consecuencia a los ideales que la Reforma Constitucional en Telecomunicaciones. Y si no, los invito a dar click en el siguiente banner para que por un módico precio puedan ver mi columna EN SUPER FULL HD 3D IMAX.

 

Carpe diem. Sowy, not sowy.

Una épica narrativa de la derrota

Por: @Bvlxp

 

Si cada vez que ocurre no pareciera tan definitiva, no sería tan poética y tan heróica la derrota. Pocas son las derrotas que no se fraguan poco a poco con el tiempo; cada uno de nosotros lleva dentro de sí la simiente de todas sus derrotas; cada una de nuestras victorias es una derrota que no fue. Necesitamos empezar a pensar en la derrota como una narrativa, como la culminación de un proceso; hacer de nuestras derrotas una narrativa épica.

Así que la Selección Mexicana perdió en octavos de final en el Mundial Brasil 2014. A simple vista, la derrota de la Selección es una más y es idéntica a todas sus derrotas en los últmos cinco Mundiales: todas en la fase de octavos de final, todas contra equipos de mucho más abolengo que el nuestro; la mayoría de ellas entregadas al rival en el último momento, como cuando vamos de frente a ese accidente que sabemos que va a suceder y no hay nada que podamos hacer para evitarlo.

Lo nuevo en esta derrota es que la Selección Mexicana poco a poco fue construyendo una narrativa que valiera la pena a partir de una desastrosa fase eliminatoria jugada sin alma, sin talento, sin que el equipo mexicano fuera capaz de imaginar una derrota digna. Es decir, el equipo mexicano parecía destinado a perder sin imaginar ni ser dueño de su propia derrota, al punto de que el motivo de su participación parecía ser la derrota misma. Sin embargo, algo cambio: la entrada de Miguel Herrera a la dirección técnica le dio al equipo nacional algo que se parecía mucho a tener alma. De súbito, el equipo mexicano estaba destinado a tomar el control de su historia, a no ser un perdedor cualquiera.

La épica de esta derrota mexicana fue extraordinaria. A segundos de quedarnos fuera del Mundial, un gol del archienemigo en el subconsciente nacional, los Estados Unidos, nos dio la posibilidad de ir a rescatar un boleto al Mundial hasta Nueva Zelanda y de ahí regresamos victoriosos pero a la vez humillados por haber tenido que ir a mendigar una entrada gratis hasta el fin del mundo. Al Mundial llegamos con una idea muy pobre de la derrota: aquella que se construye exclusivamente de escepticismo, de la certeza de no merecer nuestra propia historia.

Sin embargo, la derrota del equipo mexicano supo diferente esta vez y quizá por eso mismo fue tan devastadora. Como pocas veces ha sucedido con una derrota mexicana, acudimos a jugárnosla impetuosamente dueños de nuestra esperanza y como pocas veces la hemos sufrido porque nada duele como quedarse con las manos llenas de esperanza y no hallar dónde acomodarla. Sin importar que el equipo de Miguel Herrera acabara perdiendo como siempre, culpando a otros, maldiciendo a las fuerzas conspiracionistas del destino cruel que siempre parece ensañarse con los mexicanos, es decir, sin hacerse cargo de la derrota que él mismo fue construyendo paso a paso hasta llegar al partido perdido frente Holanda, hay algo profundamente diferente esta vez: el equipo mexicano fue capaz de imaginar para sí mismo una extraordinaria narrativa de la derrota.

¿Representantes de la nación?

Por: Alejandro Rosas, @arr1910.

Desde antes que México viera consumada su independencia, la Constitución de Apatzingán (1814), en su artículo 52, contemplaba las virtudes imprescindibles para el ejercicio del poder, sobre todo, de los representantes de la nación quienes debían gozar de «Buena reputación, patriotismo acreditado con servicios positivos, y tener luces no vulgares para desempeñar las augustas funciones de este empleo». Otro de sus artículos, (adelantado para su época pero derogado en las constituciones posteriores) ponía límites a los excesos del poder al considerar delito de Estado la dilapidación de los caudales públicos. Seguir leyendo

Reformas en el estatuto del GDF

Este viernes 27 de junio, la Secretaría de Gobernación publicó en el Diario Oficial de la Federación las reformas al estatuto del Gobierno del Distrito Federal, las cuales incluyen la introducción de la figura de candidaturas independientes en todos los cargos de elección popular en los comicios locales.

 

Asimismo, se incorpora la reelección de diputados a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal hasta por cuatro periodos consecutivos y de jefes delegacionales hasta por dos periodos adicionales consecutivos de tres años cada uno.

 

La reelección de diputados y jefes delegacionales será aplicable a los elegidos en el proceso electoral de 2018.

 

En el decreto, la Segob informa que la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal contará con una fiscalía especializada en delitos electorales. Además se reconoce al Instituto Electoral del Distrito Federal como el organismo público local encargado de la organización de las elecciones locales.

 


 

 

Internet: mi lugar en la esquina del salón

Por: Alberto Sánchez @Durden.

 

«Uno solo debe hablar de lo que conoce… o de lo que cree que conoce», uno de los más grandes consejos que me haya dado un maestro en mi alma mater, la Facultad de Derecho de la UNAM. Mi facultad llena de maestros comprometidos porque sus alumnos dignifiquen la profesión del advocati mexicano o, por lo menos, no lleguen crudos a sus clases.

Y yo vengo a escribir aquí de lo que sé, o creo que sé: el Internet. Tanto de lo que involucra como concepto, como de lo que me entero a través de él; como un nuevo medio de comunicación que ha hecho más dinámicas y, a su vez, más caóticas las relaciones entre las personas. O las personas y sus Estados. Porque nunca antes en la historia, un ciudadano podía estar tan seguro de tener contacto con un funcionario público e incluso con su propio presidente que ahora.

Actualmente, para bien o para mal, puedes manifestar tu sentir a una autoridad a través de Twitter o Facebook, formular denuncias virtuales y muchísimas otras cosas sin llenar un solo formato, pagar línea de captura o hacer una fila para que, de dos a tres semanas, te respondan. No, las cosas cambiaron.

El internet se ha vuelto un hermoso país cuya analogía más cercana (que le pude poner a mi maestra de Derecho romano) son las aguas internacionales donde hay apuestas de monos que pelean con cuchillos. Y como siempre lo he sostenido, el Internet es mi país, es el lugar en donde las teorías más absurdas de la libertad y regulación están siendo puestas a prueba en tiempo real; donde miles de voces se amontonan una sobre otra, intentando destacar; pero donde, sobre todo, cualquier persona tiene el mismo potencial de hacerse oír.

Y le echo tantas porras al Internet porque, verán, nunca me sentí cómodo en el ambiente de los abogados: la parsimonia y las formalidades nunca fueron mi fuerte y me acarrearon más de una expulsión de mis clases para ir a contemplar el águila de la explanada.

Por supuesto, también tiene que ver la actitud de muchos de mis colegas que, cuando portan un traje, se ostentan más invulnerables que Iron Man a pesar de apenas ser, pues, unos estudiantes.Pero eso ya es cosa mía; quizá la actitud cínica y soberbia que esta de moda en el abogado moderno nunca fueron mi hit.

Así que el Internet fue mi oasis, mi paraíso nerd, mi lugar en la esquina del salón. Desde 2009 tengo una cuenta de Twitter, y antes que Twitter fue Myspace, y antes que Myspace fueron los foros de icq o napster; lugares en los cuales te encuentras con algo extraordinario para un joven que sólo esta acostumbrado a clases magistrales: la libertad de discutir ideas.

Porque así es el internet: se mueve a una velocidad que la mayoría de nosotros apenas acaba de entender y que nuestras propias leyes intentan alcanzar montadas en un Datsun 72 desvielado.

Y es que después de un camino arduo por responder preguntas como: ¿Son las reglas jurídicas expresión de auténticos deberes o simples exigencias provistas de obligatoriedad?, ¿deriva su validez de la voluntad del legislador o es independiente? Surgen otras más nuevas como: ¿alguna vez la Suprema Corte entenderá como funciona un Torrent?, ¿entenderá la transmisión de la propiedad de los espacios virtuales?, ¿dejarán de decir que la gente manda twitters? Obviamente no tengo estas respuestas, pero espero contribuir a refrescarlas con lo que he aprendido en mi experiencia. Como conclusión solo puedo decir: quería salvar al mundo siendo abogado, cuando en realidad entendí que no necesita ser salvado: necesita ser escuchado. Muchas gracias a JuristasUNAM por el espacio y perdón por todo lo que está por venir.

Carpe diem, sowy, not sowy.

El incendio de las palabras

Por @Bvlxp.

Por donde se le vea, el fútbol es un asunto público. El gobierno lo regula o interviene en su acontecer de varias maneras: desde el punto de vista de la protección civil por las implicaciones de tener a decenas de miles de ciudadanos semana con semana asistiendo a los estadios, hasta la forma en que varios Presidentes dan cabida al fútbol en su agenda y en sus prioridades: ya sea escribiendo un tuit, recibiendo al equipo vencedor de la liga mexicana, o abanderando a la Selección que parte a representar a nuestro país en un Mundial. A quererlo o no, el deporte forma parte fundamental de una nación y es un reflejo de sus valores y de su idiosincrasia.

Después de muchos años de silencio, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) decidió atender el asunto del grito de “Puto” que la afición mexicana dispensa al portero del equipo rival cada vez que despeja el balón. Entrar a la discusión de la calidad moral de la FIFA para buscar sancionar esta práctica es ocioso. Atender a la calidad moral de la FIFA antes que al planteamiento de fondo pareciera ser un síntoma del crónico problema del mexicano ante la autoridad.

La respuesta descreída y arrogante de la afición mexicana ante la amenaza de sanción de la FIFA es bochornosa, a la vez que entendible, si se observa desde la reacción de las propias autoridades futbolísticas y el silencio de las autoridades nacionales. ¿Por qué el asunto no ha merecido un tuit del Presidente exhortando a sus gobernados a asumir una actitud más deportiva?, ¿por qué la Federación Mexicana de Fútbol (FEMEXFUT) no ha hecho un pronunciamiento categórico al respecto?, ¿por qué el líder moral del equipo, el director técnico Miguel Herrera, no hace un pronunciamiento claro y una petición frontal a la afición? Todos los que ocupan un puesto de responsabilidad pública se han movido entre el silencio y la ambigüedad. El Presidente, como Jefe del Estado Mexicano, parece no estar muy preocupado por la percepción que se tenga del país en el extranjero más allá de ser un paraíso de la inversión; la FEMEXFUT opta por un silencio cómplice, el seleccionador nacional excusa el grito diciendo que a él no le parece que sea ofensivo y da la discusión por concluida. Liderazgo que no se ejerce es un liderazgo que se pierde.

Una cuestión es que la FIFA finalmente haya decidido no sancionar, desde el punto de vista jurídico, el bochornoso grito y otra que demos la discusión por archivada o por validada la práctica. El grito dice mucho de la sociedad mexicana: de cuál es su idea de la victoria y de la derrota; de cuál es su idea de hombría y valentía; de cuál es su idea, si alguna, del honor deportivo y de la caballerosidad. A estas alturas no importa si el grito de “puto” se cambia por “Fruto” o por “Pluto” o por lo que sea. La concepción del grito es una que sin duda se asocia a una visión machista de la homosexualidad: la debilidad y la minusvalía. ¿Por qué no, digamos, en el origen de la práctica se escogió el grito de “Bruto” en vez del de “Puto”, por ejemplo? Aunque hoy se cambiara el grito por cualquier otro que sonara similar, la palabra “Puto” se habrá transfigurado: todos sabemos cuál sería el mensaje que realmente buscan transmitir los aficionados. Las palabras siempre delatan una intención y tienen la propensión a esparcirse rápidamente a territorios no imaginados. ¿Los mismos padres que gustosos y chacoteros gritan “Puto” semana con semana en el estadio, aceptarían con la misma chacota que de pronto los padres de familia del equipo rival le griten “puto” a su hijo en la liga sabatina de fútbol infantil?

El último minuto también tiene 60 segundos

Por Alejandro Rosas @arr1910.

Sólo frente al portero o las grandes pifias de nuestra historia

«El último minuto también tiene 60 segundos» —solía comentar Fernando Marcos, aquel extraordinario cronista deportivo, que hizo de la crónica futbolista casi una filosofía de vida. Su máxima era una sentencia que el deporte se había encargado de confirmar: en unos segundos la victoria podía esfumarse, desaparecer para dar paso a la derrota. Seguir leyendo

Efemérides

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