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No son las mismas

Por Gerardo Pacheco:

Nosotros, los opinólogos, encontramos en las redes sociales un edén para el vago de licorería que llevamos dentro. Sin ayuda de nadie más, podemos crear el escenario perfecto para problematizar cualquier asunto actual, debatir contra nadie y, de pronto, ganar la discusión nosotros solitos, sin ayuda de mamá.

Hace unos días vi en una de esas cuentas muy famosas en Twitter (que abren una Fanpage en Facebook y publican ahí los screenshots de sus tuits —yo tampoco entiendo nada—) algo así: «Lloran porque matan a un gorila en un zoológico y se cagan de risa porque lanzan un tlacuache como proyectil», y clarito sentí cómo me venía el derrame y se me paralizaba toda la parte izquierda del cuerpo. Quería decirle: «Amigo: esos dos tipos de personas de las que hablas en una sola línea no son las mismas. Seguro escuchaste una cosa en el metro y la otra en tu casa».

Pensé en dos posibilidades: O en serio cree que los dos sujetos colectivos de los que habla son los mismos, o ya se vive polemizar a la mosca y a la quesadilla.

El primer caso es triste, porque debe existir alguna patología que aterrice este asunto de escuchar muchas voces y creer que son la misma. Pasar afuera del Marie Stopes y escuchar a una señora gritar: «¡Asesinos! El derecho al aborto es sólo una licencia para matar»; luego llegar a tu casa y comer caldito de pollo hecho por tu santísima madre, y después formular, sin ningún pudor, una idea que te picará en la cabeza hasta que la verbalices, y al articularla quedará más o menos así: «Se quejan del aborto porque es una licencia para matar, pero apoyan el maltrato animal y esta cultura de vivir a partir de la muerte de otros seres vivos».

El segundo caso es una vileza: Entender que estamos en una época en la que los opinólogos tenemos la tendencia de polemizar hasta los pedos y convertirlos en violencia de género (No es una broma —What a time to be alive!—) y hacer un tuit, un post o un vblog, meterlo en nuestro portafolio virtual (como el del jefe Gorgory) y, eventualmente, conseguir clicks o chambitas.

Resulta entonces, en cualquiera de los dos casos, ser muy fácil convertirte en campeón: Tomar dos ideas (o acciones) de gente distinta, contraponerlas y luego sentenciar la contradicción con un dejo de «Sólo en México» o «Doble moral» que vende bien en el copy. So many engagement.

En todo caso, y en favor de abonar al debate (que es bueno cuando todos estamos de acuerdo y es malo cuando no nos repartieron la misma bibliografía), hay que decir que todas esas voces que hay en tu cabeza, que lees en las pintas, que topas en los subtítulos de las series de Netflix, que oyes cuando te regaña tu mamá por no visitarla y que escuchas en las conversaciones ajenas en la combi, no son las mismas voces, no pertenecen a la misma persona, no hay contradicción.

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