Las criaturas del África

Las nubes largas, delgadas, kilométricas de África. Al clarecer, el cielo de un naranja tan intenso que parece rojo y el azul tan fiero que parece morado en las porciones que todavía duermen. Todo es intenso en África. Amanece de golpe con todos los colores al mismo tiempo. Debajo del avión los animales aún duermen mecidos por las estrellas, cobijados por la noche, listos a pegar el brinco y comenzar de nuevo a estar alertas para poder sobrevivir en cuanto la luz por fin despunte el día. La tierra empieza a cantar para que despierten los elefantes y los leones. Otro día de sangre y fuego en la sabana africana, como desde el principio de los tiempos. A veces es increíble creer que hasta acá haya llegado esa tierra tan primigenia, tan virgen a su modo, tan salvaje.

Me pregunto especialmente por los elefantes: seres con la paciencia de mil años, con la sabiduría de quienes han visto mil horrores y algunas pocas alegrías. Me pregunto cómo tramitan la inmensidad y el miedo de la sabana, qué sueñan, cómo cobijan a los suyos, cómo hacen para que su gran tamaño parezca tan inofensivo y discreto.

Dicen que los elefantes no olvidan. Pobres criaturas. No por nada tienen esa mezcla de tristeza y esperanza que les nubla la mirada. Nadie que haya visto un elefante de cerca puede permanecer indiferente al peso de los años que cargan consigo; nadie que haya tocado su piel de piedra y sus pelos puede dejar de comprender que estos animales nos superan en tiempo y sabiduría, en el arte de la espera. Sobre todo, hay que aprender de ellos la ternura, la tierna manera en que ven los años, y a leer en su mirada el modo en que nos ven: como una plaga que terminará por devorarse a sí misma.

De esta tierra venimos todos los hombres y alguna vez habremos de volver a ella. Por eso viajar a África es más que un viaje, es un retorno, es volver a la tierra que llevamos dentro; es un cofre de tesoros donde guardamos todos nuestros mapas, la casa de los últimos animales, la llave de nuestros misterios. ¿Qué nos pasará cuando África deje de ser una tierra de verdor y furia, cuando el progreso termine de asentarse con su ansiedad y su prisa, cuando no quede espacio ya para que deambulen en su tierra nuestros ancestrales compañeros?

Todos somos sus criaturas, el mundo entero es el corazón de África.