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Colisión

Por Nerea Barón:

A Javi

“Si dos personas piensan igual en todo,

puedo asegurar que una de ellas

piensa por las dos.”

Sigmund Freud.

Imagino en cámara lenta el choque entre dos objetos y se me eriza la piel: el efecto de culata que produce el impacto; las esquirlas estallando en todas direcciones, esquirlas de metal, de vidrio o –si los objetos tuvieran ego– de ego herido. Cuando dos objetos chocan ninguno de los dos vuelve a ser el mismo, algo cambia, ocurre un intercambio. La primera ley de la termodinámica, ésa que afirma que cuando dos objetos entran en contacto intercambian energía invariablemente hasta encontrar un equilibrio, no es sino una enunciación más de la tendencia ineludible a la colisión de la materia.

¿Colisión o fusión? Entre uno y otro hay sólo una diferencia de aproximación. ¿Se gana o se pierde en los encuentros? La homeostasis a la que tiende cualquier sistema contiene simultáneamente ambos polos: la resistencia sutil de cada una de las fuerzas y al mismo tiempo la renuncia a sí mismas, la aceptación a formar parte del sistema, a dar de su energía al todo y a ser cada vez menos ellas para así poder ser cada vez más ellas en la totalidad que las abraza.

Una imagen: un platillo sostenido precariamente de una pértiga cuyo equilibrio depende del movimiento, un platillo que en cada una de sus orillas contiene un contrapeso: más vale que cada uno se mantenga en su sitio para que el equilibrio sutil no se rompa y el artefacto pueda seguir dando vueltas en la mano del malabarista.

El espíritu nosótrico guarda en su corazón un oxímoron. Lo saben las familias, las comunidades, los equipos de trabajo. Todo nosotros depende de cada uno de sus yos, de su aportación única e irreductible, pero al mismo tiempo, esos yos han de disolverse parcialmente en el nosotros, dejar de pronunciarse como tales y poner su centro fuera para ser más que sí mismos.

Imagino en cámara lenta el choque entre dos objetos y se me eriza la piel. Un dolor agudo me invade el pecho. Me resisto a la idea de que en toda dialéctica el impacto sea necesario para llegar a la resolución, a la armonía. Me resisto y al mismo tiempo bajo humildemente el rostro. Yo, como todos, quiero pertenecer. Quiero querer y quiero. Yo, como todos, colisiono con los míos. Esquirlas de ego herido saltando en todas direcciones. Pero entonces recuerdo la ley de la termodinámica: que fluya la energía, que se trascienda el falso antagonismo. ¿No es compartir finalmente negociar entre la colisión y la fusión? Que el Todo sea más grande que las partes, que las fuerzas opuestas hagan de su oposición una fuerza mayor, una fuerza en la nazca un nuevo universo. Somos un platillo girando en medio de las nubes.

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