Looking for Something?
Menu

Zarpar en caso de emergencia

Por Deniss Villalobos:

En casi todos los sitios públicos podemos encontrar una caja roja con el frente de cristal que lleva la frase “rómpase en caso de emergencia”. Los que yo he visto son en caso de incendio y llevan dentro un extinguidor y alguna otra cosa que, en caso de ser necesario, podría salvar alguna vida. Nunca me he encontrado en una situación en la que deba romper ese cristal, pero ahora mismo estoy en una que, si me preguntan, también necesita una caja roja que contenga objetos que podrían salvarme.

Cuando tengo un mal día, sin sentirme desesperadamente deprimida pero sí lo suficientemente aletargada como para no poder hacer casi nada, intento pensar en cosas que podrían hacerme sentir mejor. Quizá no voy a sentirme feliz de un momento a otro, quizá la tristeza no es, a veces, tan mala compañera, pero sí hay que intentar tener a la mano los recursos necesarios para correrla de nuestro cuarto en cuanto empiece a ponerse pesada.

Estoy hablando, por supuesto, de esos días y esa tristeza de cuando extrañas a alguien que volverá en unos pocos días o cuando te va mal en un examen, de esas no tan frecuentes mañanas en las que despiertas y, a pesar de haber dormido ocho horas, te sientes cansado y desanimado. Esos días que podrían arreglarse con unos pequeños detalles y no casos en los que algo realmente grave está pasando, pues es mucho más difícil, e incluso ingenuo pensar que es posible, intentar curar la depresión sin ayuda profesional.

Para esos días, los de la tristeza que no ahoga pero igual te molesta mientras nadas, deberíamos tener nuestra propia caja roja con cristal y romperla en caso de emergencia. Tener ahí nuestro disco favorito, una barra de chocolate que podamos disfrutar lentamente, la foto de alguien a quienes amamos, quizá un billete que podamos salir a usar para comprar cualquier tontería que nos haga sonreír. Son ejemplos básicos, cada quien tendría que armar su propia caja con aquellas cosas que los hagan sentir mejor. Un disco con canciones que te hagan bailar o uno con una ópera que te haga llorar solo porque es hermosa. Cada quien decide qué lo puede salvar.

Mi caja tendría un disco de Bob Dylan que me saca algunas lágrimas pero me devuelve la esperanza y una película de Woody Allen que me hace reír como loca. Guardaría también un libro de cuentos de hadas, un pulparindo y un mazapán. Si no me lo gasto en un buen día, tendría también un billete que usaría para salir a tomar un café y comer una crepa en el cine más cercano. Podría ahí un labial que casi nunca uso pero que, cuando lo hago, me hace sentir un poco más bonita. Haría una lista con palabras que quizá para alguien más no tendría sentido, pero que serían un claro mensaje para mí: pájaro, mar, yogurt, papás, medusas, árboles, Elena, Jerry, magia, San Juan, cabras, verde, bosque, Japón. Necesitaría, también, tener ahí un caracol marino que me permita hablar con sirenas y ballenas para que me cuenten cómo va su día. Vería la foto de mi abuela en la que tiene mi edad.

Y es que precisamente hoy he tenido un mal día, así que decidí escribir sobre las cosas que me hacen sentir mejor y tuve que detenerme para que el párrafo anterior no se volviera una novela. Hay muchas cosas en el mundo que me hacen sonreír, y para los días tristes imaginaré que todo y todos van en un barco camino a una isla en la que tendremos una fiesta, comeremos mangos y bailaremos al ritmo de las olas. Porque todo lo que vale la pena para mí no cabe en una cajita (igual tendré a la mano música, libros y dulces para cuando la tristeza se junte con alguna tormenta Marina y tenga que quedarme en mi cuarto) y solo tengo que recordar qué cosas y personas irían en mi barco para, finalmente, zarpar en caso de emergencia.

Puede interesarte

Había una vez…
La mariposa y la polilla
Apología del 16
Todo lo contrario

Deja un comentario

Efemérides

uncached

Twitter