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Caminar de vuelta a casa

Por Deniss Villalobos:

Había una vez dos hermanas
que no temían a la oscuridad
porque la oscuridad estaba llena de la voz de la otra
al otro lado de la habitación,
porque incluso cuando la noche era oscura
y sin estrellas
caminaban juntas de vuelta a casa desde el río
viendo quién aguantaba más tiempo
sin encender la linterna,
sin temor
porque a veces en la oscuridad de la noche
se tumbaban boca arriba
en medio del camino
y miraban hacia arriba hasta que aparecían las estrellas
y cuando lo hacían,
levantaban los brazos para tocarlas
y las tocaban.

Jandy Nelson

Lo que podría decir sobre mi hermana cambia todos los días. Un sábado por la tarde diría que es insoportable y que nunca más quiero volver a hablar con ella. Al día siguiente puedo decir que es mi mejor amiga y que si algo le pasara no sabría cómo estar en un mundo en el que ella no exista. Y ambas afirmaciones serían verdad. A veces no soporto a mi hermana, a veces me molestan el tono de su voz, las cosas que dice y las decisiones que toma, a veces quiero que le caiga un piano en la cabeza o siento ganas de morderla y arrancarle un pedazo.  El amor más violento que conozco, pero también el más incondicional, es el que existe entre nosotras.

Es difícil hablar sobre esa relación, la que existe entre personas que están unidas desde el primer día porque crecieron en el mismo útero y llevan la misma sangre. Conozco hermanos y hermanas que no saben cuándo es el cumpleaños del otro, cuál es su libro favorito o qué canción quieren que suene en su funeral. Hermanos que no se completan las frases, que no hablan todos los días, que no darían la vida sin pensarlo el uno por el otro. Esos hermanos me parecen alienígenas. Para mí, amar a mi hermana es como respirar. No imagino bajo qué circunstancias dejaría de hablar con ella por años o de interesarme por cosas tan mínimas como lo que comió ese día o la serie que está viendo. No necesita hacer nada para que la ame ni yo necesito hacer nada para que me ame de vuelta.

¿Es culpa de la sangre? ¿Hay realmente un lazo tan fuerte que une a las personas solo por tener los mismos padres? ¿Sentiría lo mismo si en lugar de haber crecido con ella lo hubiese hecho con una hermana adoptada o con una prima?

Los mejores recuerdos de mi infancia y los peores de la adolescencia los pasé con ella, sí, pero también todos los días de los que no recuerdo mucho. Los días en que íbamos juntas a la escuela y regresábamos para comer juntas, hacer la tarea juntas y esperar juntas a que llegara alguien a casa. Los días frente a la tele sin decir nada. Los días de hacer una casita con sábanas y jugar ahí, solo ella y yo, todo el día. Los días de preparar una “mochila de supervivencia” por las tardes y salir a explorar la casa cuando ya todos dormían. Los días de ver películas que nos daban miedo sin dejar de abrazarnos. Escuchar la misma música, emocionarnos con las mismas películas, y al empezar a cambiar, cuando encontramos  intereses que ya no compartíamos, seguir siendo testigo de la emoción de la otra. Estar juntas todo el día, todos los días, incluso si no estamos en el mismo espacio.

¿Las hermanas Brontë pelearían y se querrían con la misma intensidad que los personajes de sus libros? ¿Es igual la relación de los hermanos cuando son más de dos? ¿Entre las hermanastras de Cenicienta había amor y complicidad o solo las unía el ser tan desagradables? ¿Cuántas veces se ha repetido el mito de Cástor y Pólux? ¿Y cuántas veces alguien ha sido Caín o Abel?

Cuando tengo una discusión con mi hermana decimos las cosas más hirientes y terribles. Nos hemos lastimado muchas veces, más que nadie, porque cada una sabe qué decir para hacer llorar. Pero también sabemos qué decir para después de un rato volver a sonreír sin tener que pedir disculpas. Porque a veces, las más, no quiero estar con ninguna otra persona. A veces solo necesito estar con ella cantando y bailando como cuando teníamos cinco, y cuando teníamos ocho, y cuando teníamos trece y cuando teníamos veinte y cuando tengamos sesenta. A veces solo entiendo el mundo si mi hermana me presta sus ojos, y siempre, siempre, necesito ir a su lado para caminar de vuelta a casa.

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