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Usted tiene que irse

Por @Bvlxp:

Como somos muy malos en los deportes, los mexicanos tenemos que inventarnos nuestros propios deportes para sobresalir y ganar. Por ejemplo, hicimos de la corrupción un deporte de alto rendimiento. También hicimos de la falta de civilidad y respeto por la ley un maratón que llevamos unos doscientos años corriendo. Últimamente andamos jugando mucho al quisquilloso juego de que la gente se vaya, que renuncie, que lo corran, que se esfume. Este deporte lo juega gente que no le gusta ni la autocrítica ni resolver los problemas de fondo; gente que ante un nudo demasiado decide cortarlo o romper la bolsa.

Cada que viene una nueva frustración futbolera (y vaya que vienen seguido), el clamor crece exigiendo que alguien se vaya. Como se dice: no buscan quién la hizo sino quién la pague. Habitualmente, los muchísimos problemas del futbol mexicano son encarnados por el seleccionador nacional y ante una nueva derrota o una actuación irregular, el respetable y el no tan respetable concluye que es tiempo que el entrenador nacional renuncie. Sin importar los números, la actuación del equipo, la talla del rival, la trayectoria y las proyecciones, si el equipo que diriges fue incapaz de ganarle a Alemania, al campeón del mundo, evidentemente es hora de que te vayas.

Es curioso que la ira popular y la comentocrática nunca achaquen la derrota a los jugadores, que nunca señalen, digamos, las recurrentes fallas de Javier Hernández ante el arco, que nadie piense que los once millonarios que vemos en la cancha son los primeros responsables de la marcha del equipo, que gente como Vela o  Guardado o Moreno viven de jugar fútbol y cobran bien por ello, que nuestra suerte es colectiva, que dependemos los unos de los otros para avanzar, que no existe un ser tan perverso que pueda manchar nuestros talentos ni uno tan excelso que supla nuestras taras.

Estábamos en que Juan Carlos Osorio debe irse y punto. ¿Por qué? Porque nos cae mal, porque mueve mucho a los jugadores de posición, porque rota al cuadro constantemente, porque es extranjero, porque nos revienta el asunto de su libretita en la que quién sabe qué tanto escribe. Nunca pensamos en que Osorio pueda estar tan frustrado como nosotros, que por más que ponga sus muchos o pocos talentos, el futbol mexicano tiene un nivel y que su atraso responde a muchísimas variables que lo rebasan. Juan Carlos Osorio bien puede ser como ese padre que le dio lo que pudo a sus hijos, que les ofreció su mejor esfuerzo y sacrificio pero que nomás no los pudo ver avanzar ni superar sus limitaciones. Nunca pensamos que al combinado mexicano lo ha dirigido los mejores directores técnicos del mundo y nuestro nivel competitivo es prácticamente el mismo desde hace décadas, que correr a otro entrenador no nos va a salvar de una nueva frustración. El siempre culpar a un solo hombre pone de relieve nuestra falta de sensación colectiva y nuestra falta de principio de realidad.

El timonel mexicano es sólo el más reciente blanco de nuestra ira colectiva, nuestra frustración y nuestra falta de autocrítica. En México, todo desastre se arregla corriendo a alguien, haciendo que alguien la pague porque esa es la mejor forma de no ponerse a trabajar. El ansia justiciera y la huevonería mental se satisfacen cuando alguien es arrojado a la hoguera. En cuanto alguien es sacrificado, nos olvidamos del asunto hasta que venga el nuevo fracaso, el nuevo desaguisado, la más reciente tragedia, el último desastre nacional. Cuando llegue la calamidad, y las calamidades siempre llegan, habrá un nuevo incauto al que culpar mientras los verdaderos problemas y los partícipes del desastre siguen tan campantes como nuestros once millonarios que perdieron en la cancha y no dejan de cobrar.

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