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Una reina de belleza en la sopa

En Una mosca en la sopa, Charles Simic habla sobre la ciudad en la que vivía y cómo fue bombardeada en diversas ocasiones, menciona también que haber sobrevivido fue solo cuestión de suerte, y entre esas memorias relacionadas a la guerra cuenta cómo jugaba sobre los escombros después de los bombardeos en Belgrado:

Era completamente feliz. Mis amigos y yo teníamos muchas cosas que hacer durante el día y tiempo de sobra para hacerlas. No había colegio y nuestros padres estaban ocupados o sencillamente no estaban. Vagábamos por el barrio, trepábamos a las ruinas y supervisábamos el trabajo de los rusos y de nuestros partisanos. Todavía quedaba algún francotirador alemán aquí y allá.

Pienso ahora en Inela Nogić y cuánto tiene en común con unos chicos jugando entre edificios destruidos. En 1993, en el marco de la guerra de Bosnia, Inela, de 17 años, ganó un concurso de belleza organizado en un sótano de Sarajevo. Gracias a un documental esta historia llegó a oídos de Bono, quien compuso Miss Sarajevo y la interpretó al lado de Brian Eno y Luciano Pavarotti. Un tema en honor a esa chica y a la belleza, en contra de la guerra y a favor de la vida; una canción sobre levantarse e intentar hacer más bello el mundo, en especial cuando en un abrir y cerrar de ojos puedes dejar de existir.

Simic escribió "era completamente feliz". Cuando leí por primera vez esa declaración me costaba mucho entenderla. ¿Cómo se puede ser feliz en medio de tanta destrucción? ¿Cómo podía jugar sobre su vecindario hecho añicos? Pero, pensándolo bien, ¿no estamos todos, de alguna manera, en las mismas condiciones? ¿No estamos expuestos a desaparecer en cualquier momento? ¿No somos testigos de terribles desastres, grandes y pequeños, cerca y lejos de nosotros, que nos hacen llorar todos los días? Quizá la respuesta es que la única forma de ganar la guerra de estar vivo es sonreír. Vivir a pesar de que haya bombas cayendo sobre ti y armas apuntado directo a tu cabeza, literal o metafóricamente; vivir sin dejar de apreciar la belleza del mundo.

Darle mucha importancia a la belleza exterior es considerado como algo frívolo o vacío, pero esa idea me parece equivocada en muchos casos, porque puede que solo se trate de una forma de no dejarse vencer por la guerra; aquella que se da afuera, en el mundo, y la que luchamos todos, día a día, dentro de nosotros. Salir a la calle con nuestro mejor rostro, aunque lo estemos pasando mal, no es una forma de mentirle al mundo o a nosotros mismos: es sobrevivir.

Don't let them kill us, podía leerse en un letrero que llevaban en el escenario las participantes de aquel concurso. No debemos permitir que el mundo nos mate. No hay que dejar morir la belleza en nosotros para no dejar morir la belleza que queda en medio de todo el horror que hay a nuestro alrededor. Juguemos entre nuestras propias ruinas y mostremos al mundo una sonrisa de concurso. La rebeldía de Miss Sarajevo estuvo en el hecho de ser hermosa cuando podía haber estado muerta. La belleza puede usarse como un arma.

Así que no es necesario llevar un arma en la mano para ganar una guerra, no es necesario acabar con una vida para salvar otra y no es necesario odiar: solo necesitamos dejar algo bello en el mundo y sonreír cuando todo indica que debemos llorar.

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