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Un simple giro del destino

Por Deniss Villalobos:

I still believe she was my twin, but I lost the ring.
Bob Dylan

Una de mis canciones favoritas de Bob Dylan es parte del «Blood on the Tracks», un disco que me rompe el corazón cada vez que lo escucho y que al final, de alguna manera, siempre logra que esos pedazos vuelvan a unirse para hacerme sentir un poco más fuerte. Simple Twist of Fate habla acerca de un amor perdido, de cómo una cosa tan simple, como un mal entendido, el que tu vida no vaya al mismo ritmo o dirección que el otro o hasta perder un objeto, pueden hacer que te despidas para siempre de tu alma gemela.

Claro que al final, si lo piensas bien y eres honesto contigo mismo, puede que muchas veces esa relación que creías mágica terminase por algo más que una simpleza, pero reconforta un poco pensar en una razón específica. Culpar al universo en lugar de a nosotros mismos o al otro. Pensar que sabemos exactamente cuándo y por qué algo dejó de funcionar para no torturarnos recordando cada detalle que desgastó con el tiempo aquello que creíamos que duraría por siempre.

Hace unos días noté que un separador en forma de cascanueces que conservaba desde hace algunos años no estaba en el último libro que leí. Pensé que quizá se había quedado en mi bolsa, pero luego de revisar caí en cuenta de que lo había perdido. Mi primera reacción fue enojarme: casi cinco años me las arreglé para no perder un pedazo de papel que regalaban en una librería. Tenía un significado especial para mí, y a pesar de que pierdo casi todo el cascanueces estuvo en varios libros sin romperse o doblarse. Así que pasé a sentirme triste. Perdí una de las pocas cosas que me quedaban para recordar buenos momentos con alguien que ya no está en mi vida, tiempos que, sin duda, me hicieron pensar que tenía un alma gemela.

Por otro lado, la siguiente fase me tomó por sorpresa: sentí alivio. Después del enojo y la tristeza, cuando lo peor pasó, me sentí tranquila. No es que quiera olvidarme de las cosas que me han hecho feliz, pero aferrarse a los objetos (a los viejos recuerdos, a los sentimientos que ya no tienen adónde ir) es desgastante. Desde hace tiempo ver ese separador me causaba una sensación amarga, y aunque tengo otras cosas que me recuerdan a esa persona, el separador era lo único que veía con regularidad y me hacía recordar más cosas tristes que alegres.

Quizá todos nacimos tarde para alguien o algo que nació en primavera, y quizá sí nos encontramos en algún momento con un gemelo nuestro, pero también puede llegar un momento en el que perder el anillo (el separador, el libro, el collar, la bufanda…) se convierta en un gran respiro que nos permita continuar nuestro camino y pensar que todo fue un simple giro del destino.

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