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Un an après…

Por Oscar E.Gastélum:

“Un creyente puede blasfemar en la medida en que blasfemar tiene un significado para él. Un no creyente, pese a todos sus esfuerzos, no puede blasfemar. Dios no es sagrado más que para quien cree en él. Para insultar o agraviar a Dios, hay que estar convencido de que existe.”

“Es hora de acabar con este paternalismo asqueroso del intelectual burgués blanco «de izquierda» que trata de existir ante «pobres desgraciados subeducados». Yo, que soy educado, obviamente, entiendo que Charlie Hebdo hace humor, ya que, por un lado, soy muy inteligente y, por otro, es mi cultura. Pero, por respeto hacia ustedes, que no han descubierto todavía la ironía, fustigaré solidariamente esos dibujos islamofóbicos que simularé no entender. Me pondré a su nivel para mostrarles que los quiero… Estos demagogos ridículos tienen solamente una enorme necesidad de llamar la atención  y una formidable fantasía de dominación que satisfacer.”

Charb

El próximo jueves se cumplirá un año del ataque terrorista en contra del semanario satírico francés Charlie Hebdo y del asesinato a sangre fría de once seres humanos, entre caricaturistas, trabajadores del edificio donde estaban las oficinas de la revista y agentes del orden encargados de proteger a los primeros. Lo que motivó semejante salvajada fue la publicación de un puñado de caricaturas (no hay que olvidar que entre las 523 portadas publicadas por el semanario en los diez años que precedieron al ataque sólo 7, es decir el 1.33%, tuvieron como blanco al islam) en las que se ridiculizaba y criticaba al islamismo o se representaba a su profeta.

A esta endeble y demencial “justificación” hay que agregar el hecho de que, un par de días después, la misma célula terrorista atacó un mercado kosher y asesinó a otras cuatro personas que nunca habían cometido el imperdonable pecado de dibujar al profeta, pero que hirieron la sensibilidad de los fanáticos siendo judíos. Y nadie debería olvidar que el antisemitismo islámico hunde sus raíces en los textos sagrados del islam y precede en siglos la existencia del Estado de Israel, el chivo expiatorio favorito de la izquierda reaccionaria occidental para justificar la barbarie de los fundamentalistas.

Y ya que hablamos de la izquierda reaccionaria, valdría la pena recordar que el ataque en contra de Charlie Hebdo volvió a exhibirla en todo su cretinismo ético e intelectual. Pues desde el primer momento, tanto sus representantes más destacados en los medios de comunicación como las hordas que pululan en las redes sociales, hicieron todo lo posible por culpar a las víctimas y justificar a los verdugos, acusando a Charlie Hebdo, una publicación de izquierda que se cuenta entre los enemigos más recalcitrantes de la poderosa ultraderecha francesa, de racismo, xenofobia y, predeciblemente, de “islamofobia”.

El nauseabundo mantra: “Claro que condeno la violencia y valoro la libertad de expresión, PERO…”, se volvió el grito de batalla de los apologistas del islamofascismo, quienes tocaron fondo unos meses después, cuando PEN America, la prestigiosa organización abocada a defender y promover la libertad de expresión alrededor del mundo decidió honrar póstumamente a los caricaturistas asesinados y se topó con la indignación y el intento de boicot de un grupúsculo de connotados escritores que, para su eterna deshonra, volvieron a repetir las mismas vilezas y calumnias en contra del masacrado staff de Charlie Hebdo.

Unos meses después de ese fallido boicot y tras la explosión de la crisis de los refugiados sirios y la publicación de la foto del cuerpo sin vida de Aylan Kurdi, un niño de cinco años que trataba de llegar a Europa en compañía de su familia y pereció ahogado en el intento, Charlie Hebdo publicó una caricatura brutal en la que Jesucristo se burlaba del pequeño sirio diciendo que sólo los cristianos caminan sobre el agua mientras que los niños musulmanes se hunden. El blanco de la caricatura era la derecha cristiana europea y la vileza hipócrita con la que unos días antes había exigido que solo se permitiera la entrada al continente a refugiados cristianos.

Pero la izquierda reaccionaria no se tomó la molestia de investigar el contexto del dibujo y, en uno de esos arranques de pereza y deshonestidad intelectual que la caracterizan, cargó nuevamente en contra de Charlie Hebdo acusando a una revista probadamente progresista y promigrantes, nada más y nada menos que de “burlarse” del pequeño Aylan. En el colmo de la confusión hubo quienes arguyeron que, incluso comprendiendo el contexto de la misma, la caricatura resultaba inmoral pues no era graciosa, como si la principal responsabilidad de un caricaturista político fuera provocar carcajadas y no incomodar, perturbar y sacudir la conciencia de sus lectores.

Pero la retórica masoquista y relativista de la izquierda nihilista va perdiendo influencia entre un público cada más consciente, harto e indignado ante un enemigo sanguinario que se empeña en desmentir a sus apologistas con cada nuevo acto de barbarie. Es importante recordar que si bien hubo millones de imbéciles que trataron de justificar lo injustificable, fueron muchísimos más quienes alrededor del mundo declararon al unísono “Je suis Charlie”, solidarizándose con los caricaturistas masacrados y comprendiendo la gravedad de la amenaza en contra de ese invaluable derecho fundamental que es la libertad de expresión.

La izquierda reaccionaria puede seguir escupiendo mentiras sobre el esencial pacifismo del islam o culpando a EEUU y a Israel de todo el mal que acontece en el mundo, pero cada vez habla frente a un público más reducido e irrelevante. Los ciudadanos del mundo han empezado a comprender que el islamismo es el nuevo fascismo, una ideología totalitaria, intolerante, militarista, imperialista, ultraconservadora y profundamente religiosa, a la que hay que combatir por todos los medios posibles.

En las últimas semanas de 2015 fueron publicados dos documentos fundamentales para comprender este tristísimo y sangriento capítulo de la guerra entre la civilización humanista y universalista y la barbarie islamofascista. Ambos son panfletos redactados por miembros de Charlie Hebdo en los que se hace una conmovedora defensa de la libertad de expresión y del derecho a la blasfemia, y al mismo tiempo se enjuicia con dureza la mendacidad imbécil de la izquierda reaccionaria.

El primero es un conmovedor e irreverente manifiesto póstumo que Charb, el valiente editor de la revista, terminó de redactar dos días antes de ser asesinado. El segundo un recuento apasionado del enfrentamiento entre la revista y el extremismo islámico y sus apologistas, escrito por Caroline Fourest, una brillante periodista y activista feminista que colaboró en la revista durante la década pasada y siempre se mantuvo cerca de sus causas y batallas. Todo aquel que pretenda acercarse al tema con curiosidad intelectual y buenas intenciones haría bien en leer ambos textos para enriquecer su perspectiva.

No, no es casual que en 2015 Francia, cuna de la Declaración de los Derechos del Hombre y la nación europea más comprometida con el laicismo, haya sido el principal escenario del choque entre el islamofascismo y los valores universales de la ilustración, pues si el año empezó con la masacre de Charlie Hebdo, podemos decir que finalizó el 13 de noviembre con los espeluznantes e indignantes atentados en contra de civiles indefensos en París. Pero entre esos dos espectaculares y mediáticos eventos, miles de personas perdieron la vida en atentados terroristas ejecutados por extremistas islámicos alrededor del mundo.

Habría que parafrasear a Niemöller y decir: Primero vinieron por las mujeres, los homosexuales, los judíos y los apóstatas y no hice nada porque pensé que su “cultura” merecía más respeto que los seres humanos de carne y hueso a los que sojuzga y que solo un imperialista eurocéntrico y racista se atrevería a intervenir. Pero luego vinieron por los cineastas y los caricaturistas, por los aficionados al futbol y los jóvenes que aman el rock, por las parejas y los amigos que salen a cenar o a tomar un trago un viernes por la noche, y finalmente por el resto de los “infieles”. Y es que para esta gentuza miserable, no hay que olvidarlo nunca, TODOS somos infieles…

Vive Charb !

Vive Cabu !

Vive Elsa Cayat !

Vive Honoré !

Vive Bernard Maris !

Vive Tignous !

Vive Wolinski !

Vive Charlie !

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