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Tu helado favorito

Por Deniss Villalobos:

The only emperor is the emperor of ice-cream.
Wallace Stevens

En su autobiografía ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, Jeanette Winterson dice que aquellos quienes creen que la poesía no es importante, que es un lujo o solo para las minorías educadas de clase media o alta, creen eso porque han tenido una vida muy fácil, y asegura que una vida dura necesita un lenguaje igual de duro, y para ella eso es la poesía.

¿Y qué puedo decir yo sobre la poesía que no se haya dicho antes y que no sea un montón de cursilerías? Porque ya se dijo que la poesía eres tú y también que no eres tú y que la poesía es todo y que la poesía es nada. También se dijo ya cualquier cosa que pueda quedar en medio. Así que solo puedo hablar sobre qué es la poesía para mí y por qué me gusta. Qué siento cuando leo un poema que me mueve el mundo. Qué pienso cuando un poema no mueve nada.

A diferencia de Jeanette, yo no creo que la poesía sea dura o difícil. No creo que solo aquellas personas que han tenido una vida complicada puedan apreciarla, y tampoco que aquellos que no lo hacen tengan las cosas fáciles. Conozco ambos lados: no estar interesada en la poesía y amar algunos poemas. Conozco la indiferencia hacia autores famosos que hacen suspirar o llorar a muchos y conozco el sentir pájaros dentro del cuerpo al leer una sola línea. No amo “la poesía”, pero llevo varios versos con tinta invisible en el pecho.

Y es que para mí no es necesario dar muchas vueltas. No necesito mensajes ocultos entre un montón de ramas. No necesito un lenguaje rebuscado. Bastan un violín, una flor y un ave para erizarme la piel. No necesito que una antología completa sea fantástica si hay por lo menos cuatro palabras juntas que me dijeron algo. Eso es la poesía para mí: un sonido breve pero hermoso. Un sonido que quizá solo percibí yo. Que para todos será distinto. Un sonido que no dura ni un segundo pero que hace que mi cuerpo reaccione. Que caiga una lágrima, que surja una sonrisa o que un viejo recuerdo se reproduzca en la memoria.

Algunos poemas son llaves que nos dan acceso a partes de nosotros que no conocíamos. Otras nos abren puertas o baúles del pasado y a veces también del futuro. Algunos poemas, también, podrían servir para limpiarte la boca después de comer o para hacer barquitos de papel. Y es que leer poesía se parece mucho a comer helado. Hay tantos sabores que quizá vomites al probar uno de chile y pienses que nunca más volverás a intentarlo después de una nieve de limón que solo sabe a colorante, pero vas a ser la persona más feliz sobre la Tierra cuando encuentres el sabor que te haga pensar que podrías comer eso por siempre.

No importa qué tan dura o fácil sea una vida, no importa si has leído mucho o si solo lees las etiquetas del shampoo en el súper. No importa si la mayor parte del tiempo lloras o ríes. Lo que importa es encontrar tu sabor favorito, y cuando lo hagas, elegir la mejor banca de un parque y quedarte ahí a saborearlo.

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