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Triunfalismo barato

 Por Frank Lozano:

Por supuesto que no se trató de una cortina de humo. Por supuesto que no tiene nada qué ver con el precio del dólar ni con todas las calamidades que nos ocurren. La detención de Archivaldo Guzmán Loera, alias el Chapo, sólo es el hecho que momentáneamente cierra uno de los episodios más vergonzosos en la historia nacional.

Desde su última fuga su detención se volvió una obligación. La huida del delincuente exhibió la fragilidad del sistema de seguridad mexicano. Hizo que el Presidente se tragara y se olvidara de aquellas palabras que le expresó a León Krauze durante una entrevista, en la que dijo que “sería un error imperdonable” una segunda fuga del Chapo.

La fuga ocurrió y el error imperdonable fue perdonado. La recaptura trajo consigo cosas que solo suceden en este país. La más grave, tiene que ver con la divulgación de la entrevista que le realizaron al criminal Sean Penn y Kate del Castillo. ¿Cómo es posible que estos personajes de la farándula hayan dado con el capo sinaloense en tan sólo tres meses y las autoridades de México y Estados Unidos en el doble de tiempo? La anécdota torna heroico a lo ridículo.

Pese a ello, la captura trae una andanada de triunfalismo en el entorno gubernamental y en la displicente y mediocre clase política mexicana. La frase “misión cumplida”, con que Peña Nieto anunció la detención, refleja la miopía y el corto alcance que su gobierno tiene respecto a la inacabada labor de brindar seguridad, orden, legalidad y paz a los mexicanos. No hay misión cumplida, se subsana un error imperdonable. Nada más, pero también, nada menos.

La detención de los cabecillas de los grupos criminales, ha demostrado su ineficacia para contener el cultivo y trasiego de drogas. Al contrario, ha provocado la fragmentación de los grupos y la disputa de territorios. Tampoco ha dado pie para que el consumo interno disminuya. No ha alejado a los jóvenes de la tentación de obtener dinero fácil. No ha logrado reparar el tejidos social dañado. No ha contribuido a bajar las extorsiones, los secuestros, los homicidios. No ha servido para mejorar la impartición de la justicia, ni ha ayudado a sanear a las corporaciones de seguridad en el país.

Convertir la obligación de la captura, en un instrumento de propaganda, irrita. Hacer de la corrección de un error imperdonable, una puesta teatral, ofende. Convertir en héroe a quien ha actuado como inepto es una burla.

La detención no suple los graves vacíos que existen en el sistema de seguridad nacional. Tampoco sustituye la ausencia de una visión avanzada, moderna e integral respecto al manejo de las drogas en el país. La detención no explica la red de complicidades que hicieron posible las fugas. No explica el por qué se mantienen intocados los aspectos financieros de este y de otros grupos criminales. La detención no aporta datos sobre las complicidades y la red de acuerdos entre criminales y políticos que un día sí y otro también, aparecen en el país.

Nada. Todo es show. La realidad vuelta entretenimiento. El cinismo y la falta de vergüenza como ritual del cumplimiento del deber. Y mientras lo grave continúa, a la par, un festín de tontos emerge; saciados por la anécdota del papel de Kate del Castillo, en una entrevista infumable, muchos ya olvidaron de qué se trata esta tragedia. Estúpidos.

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