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Tras la genealogía de Paz: Carlos Paz Solórzano

Por Ángel Gilberto Adame:

Nombres: en una pausa

                                                                                 desaparecen, entre dos palabras.

                                                                                                                     Octavio Paz

En una entrevista con Napoleón Rodríguez del 25 de marzo de 1982, Octavio Paz comentó: “[Ireneo] procreó con su esposa seis hijos, tres hombres y tres mujeres […]. De los hijos varones, el primero fue Carlos, […] le siguió Arturo y después Octavio, mi padre, licenciado en derecho”. Un cotejo en los registros civiles y parroquiales me llevó a descubrir que la afirmación de Paz es inexacta. Sus abuelos paternos procrearon siete hijos y el primer varón no fue Carlos, sino Arturo.

Carlos Emilio Ireneo Joaquín Paz Solórzano fue en realidad del quinto hijo de Ireneo Paz y Rosa Solórzano. Nació el 26 de mayo de 1870* en la capital del país y fue bautizado el 14 de agosto en la parroquia de Asunción Sagrario Metropolitano.

Escribir una semblanza de su vida es más complicado que la del resto de sus hermanos, ya que a diferencia de ellos, parece que llevaba una vida más solitaria y misteriosa. Sus primeros años transcurrieron en ausencia de su padre. De hecho, pasaría algún tiempo para que pudieran conocerse ya que durante ese periodo Ireneo Paz estuvo inmerso en las disputas políticas y bélicas que mantenían Porfirio Díaz y Benito Juárez.

Ajeno a los hechos de su familia, Ireneo editaba La Nueva Era en San Luis Potosí, periódico “cuyo programa es sostener la bandera que se ha levantado en aquella ciudad”. El diario atacaba a Juárez con desplegados que incitaban a la rebelión al grito de ¡Abajo el tirano! Casi un mes después del nacimiento de Carlos, El Monitor Republicano dio a conocer un parte de guerra:

Derrota.- Aprehensión importante.- El ministro de  guerra ha recibido el telegrama que insertamos al pie de estas líneas. Pedro Martinez ha sido derrotado por el general Treviño, y D. Ireneo Paz ha quedado prisionero en manos del vencedor.

Paz se pronunció en Mazatlán, en unión de Toledo y García Granados en el año de 1868. Fue como aquellos, juzgado y condenado a muerte; el Presidente le conmutó la pena en juicio en esta capital; aquí conspiró en unión de García Granados y Toledo; el gobierno le puso en libertad y pagó este proceder generoso, pronunciándose en San Luis Potosí y siguiendo a Pedro Martinez hasta el momento de ser aprendido.

Ireneo Paz es reincidente y desleal.

El militar jalisciense se halló muy cerca de perder la vida, circunstancia que le era conocida a causa de su vocación contestataria. Los comentarios editoriales se dividieron. La Orquídea apuntó que era “un hombre que había conquistado durante su carrera pública timbres muy honoríficos, sus servicios a la patria en tiempo de la intervención fueron muy notables”. En cambio, Opinión Nacional exigía el máximo castigo bajo el argumento de que era “la nación quien pide la muerte de Ireneo Paz”. El gobierno expresó que sería juzgado conforme a las leyes. En su libro Porfirio Díaz, Ireneo recordaría que se le mantuvo en “una casa particular que se llenó de guardias para cuidar a 60 oficiales prisioneros” y que se le dictó “sentencia de muerte […] definitiva ordenada por el ministro de la guerra”.

El 30 de julio de 1870, el Diario Oficial  dio cuenta  de “la fuga de don Ireneo Paz. […] [Ésta] se dio durante la noche del 15 de julio cuando después de pasar lista a las veintiún horas aproximadamente salió al solar y se presume que de esa salida pudo colgarse a la noria de la casa vecina, fue a las veintidós horas con treinta minutos que el gobernador se enteró y tomó las medidas necesarias para buscarlo”.

En Algunas Campañas reveló lo que ocurrió después: “en julio me había escapado de la prisión de Monterrey, en agosto había llegado a Laredo y estábamos en el mes de octubre sin saber qué hacer y sin expectativa de ninguna clase, viviendo de nuestro propio crédito y acaso en vísperas ya de recurrir a un trabajo más material para mantenernos, cuando recibí un mensaje de mi familia dándome la noticia de haberse aprobado en el congreso una ley de amnistía general”. Tras lo ocurrido, pudo conocer a Carlos, su hijo, hasta cumplido un año de su nacimiento.

Al igual que sus hermanos, Carlos Paz debió cursar la primaria en la capital pero, sin que medie explicación, a diferencia de Arturo y Octavio, nunca presentó solicitud de ingreso a la Escuela Nacional Preparatoria. Entre las pocas menciones a su adolescencia destacan las que aparecen en la correspondencia familiar que mantuvieron Rosa y Arturo. En una carta de 28 de enero de 1885, Rosa destacó: “Carlos anda muy entusiasmado con una muchacha de la Villa y no se quiere venir, dice que un día de estos te escribe”. Al mes siguiente volvieron a tocar el tema, sin entrar en detalle de las actividades del joven de apenas 15 años: “Carlos estuvo con un cachete muy hinchado y se vino unos días para que lo curáramos, pero todos los días molía con que quería irse porque el mocoso ridículo dice que tiene una novia allá”.

Napoleón Rodríguez, sin citar su fuente, señala que “se independizó” e hizo “estudios de economía en Estados Unidos en el año de 1886”. La única mención a estos hechos apareció en La Patria el 11 de noviembre de ese año, en una breve nota dedicada “al joven Carlos Paz, hijo de nuestro director, que se encuentra actualmente haciendo sus estudios en los Estados Unidos”.

Rodríguez afirma que a su vuelta a México “abrió una imprenta con el nombre de Tipografía Moderna en la segunda calle del Factor número 7 (actualmente calle de Allende). Allí se llevaron a cabo multitud de trabajos para despachos económicos-contables, y papelería del ramo de contaduría”. Es cierto que incursionó en un mercado similar al de su padre, sin embargo, su empresa utilizaba varias razones sociales, tales como “Imprenta Carlos Paz” o “Imprenta Moderna de Carlos Paz”. Se dedicó principalmente a la elaboración de formas y machotes para el Ayuntamiento de la Ciudad de México entre 1888 —año en que realizó donaciones a nombre de la compañía para los damnificados por inundaciones en el Bajío— y 1891. Así lo hace constar la documentación disponible en el Archivo Histórico del Distrito Federal: “PAGOS/ 1890 / ABRIL/ LETRA DE CAMBIO PÁGUESE A CARLOS PAZ SOLORZANO/MONTO $10/ PAGARÁ GOBERNADOR CARLOS PACHECO VILLALOBOS”.

Aunque delimitó su área de especialización, en 1889 se imprimió en sus talleres el volumen La invasión norteamericana en 1846. Ensayo de historia Patria-Militar, de Eduardo Paz. Al año siguiente publicó Mi patria: compendio histórico, político, científico, literario, industrial, comercial, social y religioso de México, obra de Romulo O’ Farrill, quien comentó: “Existen en la capital otros establecimientos tipográficos que pudiéramos llamar de una categoría secundaria, pero en los cuales dentro de la posibilidad relativa, los trabajos son habitualmente ejecutados llenando el artista a conciencia su cometido. Enumerarse debe entre dichos establecimientos la imprenta Moderna, propiedad del progresista joven D. Carlos Paz”.

Es un hecho que para 1894 no tenía una ocupación estable. El 18 de mayo, Arturo Paz le solicitó a su amigo José Yves Limantour, el poderoso secretario de hacienda, que le diera trabajo a Carlos en dicha dependencia, recibiendo respuesta el 11 de enero de 1895: “He tenido el gusto de haber conocido a tu hermano […] y de manifestarle que haré lo posible por utilizar sus servicios en el ramo de Hacienda. Puedes creer que si no lo hago pronto, no será por falta de buena voluntad”. A pesar de que su familia era  de las más connotadas por la prensa de sociales, no se incluye su nombre entre los asistentes a las fiestas y bailes de esos años. Tampoco existen documentos que certifiquen si contrajo matrimonio o tuvo hijos.

La Patria publicó el 8 de junio de 1895 un anuncio sobre el folletín “La mujer casera”, del que Carlos estaría a cargo.  Vale la pena apuntar que, en años anteriores, el diario había incluido en sus páginas la sección “Recetas de la mujer casera”, por lo que es probable que él la escribiera desde entonces. Gil Blas se refirió a estas páginas como un cuaderno que “trae intercaladas en el texto de los avisos, escogidas y curiosas recetas, tanto de cocina y de tocador como de artes y oficios, traducidas del francés y muy propias para las familias a quienes está dedicado”.

Entre 1896 y 1901 la familia llevó a cabo largos viajes por Estados Unidos y Europa. Ya que nada se sabe de su vida en ese lapso, pareciera que tomó parte en ellos.

El 8 de marzo de 1905, se publicó  una extensa nota que narraba: “se encontraban los señores Ruperto Saleta y Carlos Paz en el rancho Cieneguillas, en el municipio de Mezquititlán, estado de Hidalgo, donde sufrieron un asalto por varios individuos con el rostro cubierto, quienes exigían una suma de dinero a los viajeros impidiéndoles el paso si no accedían a tal orden, por lo que finalmente accedieron a dar lo solicitado evitando que las cosas pasaran a mayores”.

Murió el 14 de septiembre de 1906 en Distrito Federal, cuando apenas tenía 36 años. La Patria publicó lacónicamente al día siguiente: “Ayer a las 9:30 a.m. y después de una larga y penosa enfermedad, falleció en Mixcoac, el joven Carlos Paz, hijo de nuestro Director”.

El misterio que acompaña la vida de Carlos Paz lo sigue hasta la hora de su muerte. En el acta de defunción puede leerse como causa de la misma una “parálisis general”. En estricto sentido, dicha condición es consecuencia de otra que se omitió en el diagnóstico general. Luego, ¿cuál fue esa larga y penosa enfermedad? ¿La habría padecido desde su nacimiento? ¿Fue ésta el motivo de la oscuridad que pesó sobre él?

Muchos años más tarde, Octavio Paz reveló que “[la muerte de Carlos] fue una tragedia que ensombreció la personalidad de mi abuelo”.


* Esta fecha es la que aparece en su fe de bautismo. En el registro civil de la Ciudad de México se reporta que no aparece registrado, lo cual no es de extrañar por la época en que nació. Por último, los datos sobre su nacimiento que aparecen en el documento citado se contradicen con una nota que publicó La Patria un 4 de noviembre, en la que lo felicita por su cumpleaños.

NOTA: Una primera versión de este texto se publicó en Letras Libres

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