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Todo lo contrario

Por Nerea Barón:

En otros momentos de la vida he sido partidista. ¿Que si orden o desorden? Desorden, naturalmente. ¿Que si liberales o conservadores? Liberales, si hasta la pregunta ofende. Vamos, he llegado al punto de defender hasta al té sobre el café, a la mañana sobre la noche y a los perros sobre los gatos.

De la profunda convicción de que nuestras elecciones, opiniones y formas de vida son las mejores, se desprende la creencia de que, en el fondo, el mundo sería mejor si todos fueran como nosotros. Afortunadamente la realidad es mucho más autónoma y plural, y por mucho esfuerzo que le pongan los activistas más radicales o los reaccionarios más restrictivos, la diferencia siempre termina por emerger, para descontento de todos.

Qué alivio saber que nos está vedada la posibilidad de homogeneizar el mundo. Cuando pienso, por ejemplo, en todos esos perros guardianes de los límites que desde su trinchera ideológica se dedican a denunciar los abusos sistémicos y a rabiar ante las injusticias, siento una gratitud enorme. No envidio su irritación, ni creo que deba imitarla; no me siento irresponsable ni comodina por no seguir sus pasos, pero considero necesaria su función, como necesaria es la mía, con todo y mi lectura de mundo más amable, más ingenua tal vez.

De la tensión entre los polos surge un movimiento acompasado y por incómodo que nos resulte aquel espejo contrincante que nos muestra la contracara de nuestras motivaciones, sin éste nos iríamos de bruces.

Recientemente leía cómo existen dos “personalidades” o tendencias de comportamiento predominantes en los animales: los atrevidos y los huidizos. Los atrevidos tienden a ser más progresistas, más arriesgados, mientras que los huidizos son más precavidos, más conservadores. Lo interesante es que la supervivencia de la especie depende de ambos: a veces el arrojo de los primeros resulta fundamental para que el grupo vaya más lejos en busca de comida, se enfrente a sus depredadores o innove en su estrategia de caza; a veces la precaución de los segundos resultará clave para no morir envenenados o en una redada de otro grupo de animales.

Qué delicia poder transitar entre los opuestos, honrando la fuerza magnética de ambos. Momentos para tomar postura habrá muchos, y bien necesarios, pero tener la parsimonia para comprender la armonía en la madeja de contradicciones antes de deshacerla de tajo con discursos sectarios, me parece crucial para que nuestras propias motivaciones puedan calibrarse y respirar.

Finalmente, tan importante es tener reglas como saber romperlas, tan importante es amar como saber despedirse y tan importante es abrir espacio para lo nuevo como defender, a capa y espada, lo que merece ser conservado.

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