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UNAM

Las pequeñas hazañas

Por Alejandra Eme Vázquez:

Aquí estamos el uno frente al otro, dándonoslas de orgullosos y mientras tanto, la vida sin preocuparse de nosotros… Por mi parte, cuando llevo mucho tiempo trabajando incansablemente, el pensamiento se me hace más ligero y me figuro que ya sé para qué existo. ¡Cuánta gente, sin embargo, hay que no sabe para qué existe! Bueno, es igual: para remontar el curso de la vida no hay que saberlo.

Antón Chéjov, El jardín de los cerezos

Por todos lados se oye que los humanos en general, y muy en particular los humanos mexicanos, no sabemos trabajar en equipo. Y es comprensible, pues soltar el control en el que parece moverse nuestra individualidad para ceder el espacio a otros resulta realmente complicado. Por eso es que cada vez que surge un esfuerzo exitoso por crear una comunidad de trabajo y pensamiento, es urgente celebrarlo, construirle una reserva natural y también registrar cómo le hace, qué necesita, cuáles son sus proyectos. Y por eso es que me fui a entrevistar al colectivo teatral Eutheria, cuyo trabajo es, como ellos mismos señalan, inspirador “en el sentido original de la palabra, de respirar y saber tomar paz con el mundo”, pero también en el sentido de devolvernos la confianza en establecer vínculos con los demás porque así como es conflictivo tratar de llegar a acuerdos, también es sumamente satisfactorio poder ver que los pasos en conjunto pesan distinto, más entrañablemente. Seguir leyendo

La Escuela Nacional de Jurisprudencia en 1950

El año de 1950 estuvo lleno de éxitos para la todavía entonces Escuela Nacional de Jurisprudencia, ubicada en San Ildefonso. Todavía faltaban dos años más para su traslado a la actual Ciudad Universitaria. El director era el doctor don José Castillo Larrañaga.

El maestro don Luis Garrido Díaz, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, describió el estado de la Escuela en el informe que rindió al Consejo Universitario durante ése mismo año.

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Primer ingreso

 

Por Alberto Sánchez.

 

Esta semana es muy especial para todos los que compartimos a la UNAM como Alma Mater. Esta semana conocen por primera vez la querida Facultad de Derecho los estudiantes de nuevo ingreso. El número de lugares ofertados por las principales universidades públicas volvieron a ser insuficientes ya que el noventa por ciento de aspirantes se quedó fuera de las listas de ingreso a la UNAM, IPN y UAM. Sin embargo, a pesar de lo deprimente de esta situación, he querido dedicarles una carta a los nuevos estudiantes de la facultad de El Águila. 

Muchacho:

Ponte de pie y acómodate esa corbata que no eres un maldito vago (no todavía). Estás parado en la mejor universidad de México y una de las mejores del mundo. Aunque parezca un cliché institucional, en estas aulas te toparás con maestros de clase mundial de los que muy pocos pueden pagar en una clase privada.

Secretarios de Estado, futuros presidentes, jueces, magistrados o reconocidos escritores son los mentores que te esperan en este festival de lágrimas, sangre y códigos que es la facultad. Tienes un sistema para escoger profesores, no te dejes guiar por los consejos de tus compañeros acerca de quién es más o menos fácil; investígalos, googlealos conoce su obra y toma clases con los maestros más talentosos, no importa qué tanto miedo den. Ojo: maestro talentoso no quiere decir famoso, porque vaya que hay muchos famosos que son pésimos inculcando ideas y maestros increíbles que pasan desapercibidos.

En el caso de la UNAM es muy complejo entrar y las personas que llegan a sus aulas son privilegiados con un lugar que quisieron 10 personas pero sólo una puede alcanzar a sentarse. Éste ha sido un problema patente a lo largo de los años de desarrollo de la educación superior pública. Desde adentro de la universidad, siendo estudiante, la sensación es la de formar un grupo de élite del cual muy pocas personas pueden pertenecer. Y lo es. Sólo que no debería ser así.

Pero más allá de sueños guajiros a corto plazo sobre la educación superior universal de calidad y ponys androides, la oportunidad que tienes en la UNAM son infinitas y por lo pronto no puedes hacer nada por todos los que no tienen tu lugar. La Universidad cuenta con una amplia gama de servicios, la mayoría gratuitos o con precios realmente simbólicos en comparación con los precios de mercado que pueden potencializar todas tus habilidades. Clases de inglés en uno de los colegios más reconocidos del país gratis o por 600 pesos mensuales en el CELE, semestre de gimnasio en 500 pesos, eventos culturales internacionales siempre a mitad de precio, cursos, talleres o diplomados gratuitos que muchos sólo reconocemos su valor al ver el precio que tienen ya fuera de las aulas.

El nuevo universitario tiene la oportunidad de hacer todo lo que le guste al alcance de su mano, sin ningún tipo de pretexto y más aún si tienen la fortuna de ser parte de esa gran comuna hippie mágico musical que es Ciudad Universitaria, un lugar que parece totalmente ajeno a toda la ciudad y sólo se necesita caminar un poco para llegar a la biblioteca central, a los talleres de derecho o filosofía, a la Alberca Olímpica, a los desayunos en Arquitectura, etc. Cualquier cosa está a pasos de distancia. No pretendo hacer un comercial tipo Grupo ICEL sobre Ciudad Universitaria porque no lo necesita. Además, descubrir todos sus secretos es una experiencia inolvidable.

Tú decides qué hacer con todo lo que la Universidad (y mis impuestos) te dan, entonces aprovéchalo.

Habrá momentos que no quieras seguir, que el café ya no te dé fuerzas, pero vale la maldita pena. Habrá también veces en que no soportes a tus compañeros, que no soportes sus opiniones, pero comprende que están en su derecho y es nuestra obligación defenderlo. Quizá seas popular; quizá, como yo, seas un maldito outsider que realmente nunca tuvo muchos amigos, pero de cualquier manera recuerda que tu prioridad es aprender, aprender de gente valiosa, gente que mientras vayas en el metro o en el autobús te hagan seguir pensando acerca de sus ideas, ya sean maestros o compañeros.

No dejes que aplasten tu mente con la superficialidad, no te dejes llevar por lo que todos aceptan, no te calles una duda sólo porque todos quieren salir temprano. Sé el que cae mal, el que molesta porque piensa distinto, sé el que no se deja llevar por el cinismo. Que tu meta no sea el querer ser mejor y demostrárselo a los demás, no. Dedícate a pensar por ti mismo. Porque abogados así, faltan.

 

 

Consideraciones sobre la práctica del Derecho, de Raúl Carrancá y Trujillo

El 26 de abril de 1962, el rector Ignacio Chávez presidió la ceremonia de entrega de insignias doctorales a la generación saliente de la Facultad en ese ciclo. Aquella ocasión, el doctor Raúl Carrancá y Trujillo pronunció un discurso, en el que destacó las características que distinguen a los estudiosos de la legalidad de quienes no lo son. De esa disertación, recuperamos los siguientes elementos:

1. El abogado tiene que ser un hombre dotado de probidad moral; pues siendo el intérprete del derecho, que es ciencia cultural, y teniendo por fin último de su actividad la justicia, que es valoración cultural también, maneja categorías que son la expresión del espíritu y de la conciencia de un pueblo, categorías que son de naturaleza moral. Por medio del derecho y de la ley se dirige la conducta de los hombres hacia la justicia, haciéndose así posible el pleno desenvolvimiento de la personalidad humana. Y todo ello dentro de un cuadro de valores morales; valores que sólo es capaz de manejar debidamente quien esté dotado, por su parte, de probidad moral, antes y por encima de otros atributos cualesquiera que sean, incluso el de la ilustración, incluso el de pericia; pues es la probidad moral la base y el sustento de cuanto signifique servicio a la justicia. Seguir leyendo

“Los postulados del abogado” de Carlos Arellano García

El inolvidable maestro don Carlos Arellano García, derivado de años de estudio, reflexión y práctica profesional, nos ofrece lo que a su saber, deben ser los principios rectores de la actividad del abogado.

Para tal propósito, Arellano García apunta que la idea principal y lo que lo inspiró a redactar una guía para el ejercicio profesional de la abogacía, fue que toda profesión requiere de teoría y práctica, que en la noble profesión del abogado se ha incurrido en el abandono de la enseñanza de lo pragmático jurídico y que detectó que existía la necesidad de libros que difundieran la lecciones que la vida real imparte al profesional, además de que, como él lo menciona, era su deseo el “coadyuvar a la atención de ese requerimiento”. Seguir leyendo

La vida en la UNAM: Librería Benito Juárez de la Facultad de Derecho

La Facultad de Derecho, además de distinguirse por su nivel académico de excelencia, se caracteriza por inculcar en todos sus miembros el hábito de la investigación y la lectura.

En auxilio de ese cometido, la librería Benito Juárez ha sobrevivido durante más de cuarenta años en las instalaciones de la Facultad; atendiendo las inquietudes jurídicas y literarias de los alumnos y maestros que han recorrido sus aulas. Seguir leyendo

“Decálogo para un maestro de derecho procesal” de Cipriano Gómez Lara

Don Cipriano Gómez Lara fue un jurista en toda la extensión de la palabra. Además de sus profundos conocimientos, sumados a la sencillez de su trato con los demás, era un real educador, preocupado por la superación de sus alumnos en un contexto de alto sentido ético y profesional. Su inesperada partida dejó un profundo vacío en quienes tuvimos la suerte de conocerlo y, mucho más, en todo el foro jurídico.

Resultado del trabajo de recopilación de sus ideas plasmadas en sus numerosos textos, su hija, la doctora Karina Gómez Fröde, y su discípulo Alberto Saíd; nace este decálogo del maestro, que refleja lo honesto y cabal de su pensar. Tenemos el honor de compartirlo, a saber: Seguir leyendo

La clausura de los Juegos Olímpicos de 1968

El 27 de octubre de 1968 llegaron a su fin los Juegos de la XIX Olimpiada celebrados en México. Esa tarde se retiraron del Estadio Olímpico de nuestra Ciudad Universitaria los obstáculos que habían servido para la prueba ecuestre del Premio de las Naciones. En la pista aparecieron seis representantes de cada nación participante, agrupados de diez en diez. El contingente mexicano apareció vestido de blanco en congruencia con el concepto medular de los Juegos, brindamos y deseamos la amistad de todos los pueblos de la Tierra. Seguir leyendo

Breve historia del STUNAM

En 1929, al decretarse la autonomía de la universidad, los trabadores de la misma perdieron el estatuto de empleados federales, por lo que se inició un movimiento para integrar una agrupación sindical dentro de nuestra casa de estudios. En ese mismo año se formó el Sindicato Único de Empleados de la Universidad Nacional, que trató de afiliar a los profesores y buscó el apoyo de los estudiantes, el sector más organizado de la comunidad en aquellos años. Esta organización, dirigida por Diódoro Antúnez, se limitó a demandar aumentos salariales.

A finales de 1930, el sindicato fue remplazado por la Unión de Empleados de la Universidad Nacional de México-Autónoma (UEUNA), dirigida por Manuel Vázquez Cadena. En febrero de 1932, se pactó la firma del que es considerado el primer contrato colectivo de trabajo en una universidad mexicana, aunque este instrumento legal tuvo vigencia por sólo dos meses, ya que los rectores de aquellos años evitaron poner en práctica la regulación de las relaciones laborales mediante un contrato colectivo.

La Unión fue suplida el 7 de noviembre de 1932 por el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional de México-Autónoma, y el 18 de octubre de 1933 se fundó el Sindicato de Empleados y Obreros de la Universidad Autónoma de México (SEOUAM), con José Meixueiro Bonola como secretario general, a quien correspondió enfrentar la Ley Orgánica de 1933 que otorgaba plena autonomía a la Universidad, le retiraba el subsidio oficial, reorganizaba al personal y reducía los salarios. En 1935, Daniel Chávez fue electo secretario general del SEOUAM. El 9 de octubre de 1945 se creó el Sindicato de Trabajadores de la UNAM, que se tuvo una vida efímera. Su lucha central consistió en demandar de las autoridades la firma del Estatuto del Personal Administrativo que regulara las relaciones laborales. Pasó el tiempo y sus aspiraciones fueron desechadas por los rectores de aquellos años y, más aún, en pleno gobierno de Miguel Alemán, se canceló el registro que en los años treinta había logrado el SEOUAM.

En 1965 surgió el Sindicato de Empleados y Obreros de la UNAM (SEOUNAM), con Martín Hernández Granados como secretario general. Esta organización tampoco obtuvo registro formal pero consiguió que el rector Ignacio Chávez se comprometiera a elaborar, junto con ellos, un estatuto para el personal administrativo, mismo que fue aprobado en 1966, aunque prohibía la existencia de agrupación alguna que ostentara el nombre de “sindicato”. Así, el 25 de abril de 1966 se constituyó la Asociación de Trabajadores Administrativos de la UNAM y se disolvió el SEOUNAM. La ATAUNAM tampoco obtuvo registro sindical, pero sí logró el reconocimiento de las autoridades universitarias. En 1970, la ATAUNAM organizó el primer encuentro de trabajadores universitarios y volvió a solicitar el registro legal de la organización, mismo que no consiguieron.

El 12 de noviembre de 1971 el STEUNAM se constituyó para lograr su reconocimiento como organización sindical y la firma con las autoridades de la UNAM de un contrato colectivo de trabajo. Con Evaristo Pérez Arreola como secretario general, el sindicato estalló la primera huelga de trabajadores administrativos en la historia de la institución, la cual duró 81 días, del 25 de octubre de 1972 al 15 de enero de 1973. Como resultado de esta lucha se pactó con las autoridades universitarias el primer convenio colectivo de trabajo, que recogió varias prestaciones significativas.

El 13 de julio de 1974 se formó el Sindicato del Personal Académico de la UNAM. Como respuesta, círculos del gobierno de la Republica y de las propias autoridades universitarias promovieron el surgimiento de una Federación de Asociaciones de Personal Académico, la que poco después se transformaría en la Asociación Autónoma del Personal Académico (AAPAUNAM).

El 27 de marzo de 1977, el STEUNAM y el SPAUNAM se fusionaron en el STUNAM. El 1 de abril se intentó negociar infructuosamente un contrato colectivo, que fue rechazado, por lo que el 20 de junio de ese año el sindicato comenzó una huelga, declarada ilegal por la Junta Local de Conciliación y Arbitraje. El 7 de julio la policía entró en la Ciudad Universitaria y desalojó a los huelguistas. Pese a todo, el 10 de julio las autoridades universitarias reconocieron al STUNAM, que de ese año a 1989 estuvo dirigido por Evaristo Pérez Arreola, quien fue sustituido por Nicolás Olivos Cuellar. En 2005 el dirigente era Agustín Rodríguez Fuentes, quien se mantuvo en su puesto hasta 2014. La dirección electrónica del Sindicato es la siguiente:

http://www.stunam.org.mx/

Efemérides

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