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política

¿Cuál corrupción?

Por Frank Lozano:

México es el país líder en percepción de corrupción en América Latina, de acuerdo al informe realizado por Transparencia Internacional. En dicho documento, se afirma que el 51 por ciento de los mexicanos han pagado sobornos. A nivel global, nuestro país ocupa el lugar 123 de 176 países medidos.

La corrupción no es exclusiva del sector público, pero si eres un servidor público, por ejemplo, el Presidente de la República, no puedes acusar los ciudadanos de ser paranoicos por andar viendo corrupción en todos lados. Peña Nieto lo hizo. Y así como dice que su gobierno es el que más empeño ha puesto en combatir la corrupción, hay que decir también que su gobierno es el que más escándalos de corrupción acumula.

Comencemos por lo básico. Su esposa recibe una casa construida por una empresa que recibió contratos millonarios cuando Peña Nieto fue Gobernador del Estado de México; dicha empresa ha recibido también durante este sexenio contrarios multimillonarios de obras públicas. Esa misma empresa le otorgó a su hoy canciller Luis Videgaray otra casa. Peña y sus colaboradores se autoexoneran mediante una investigación patito encabezada por un incondicional: Virgilio Andrade. Seguir leyendo

Make Catalonia Great Again?

Por Oscar E. Gastélum:

“Every miserable fool who has nothing at all of which he can be proud, adopts as a last resource pride in the nation to which he belongs; he is ready and happy to defend all its faults and follies tooth and nail, thus reimbursing himself for his own inferiority.”

—Arthur Schopenhauer

 

Hay que decirlo con todas sus letras y sin contemplaciones: El independentismo catalán es el colmo de la banalidad política, un berrinche pueril escenificado por una facción minoritaria pero vociferante y enardecida de un pueblo que tiene la fortuna de habitar en una de las zonas más privilegiadas de la Unión Europea, esa burbuja de prosperidad y libertad sin paralelos. Un conflicto artificial e indignantemente trivial creado e inflado por la histeria narcisista de gente que no tiene problemas reales. Fanáticos que se han convencido a sí mismos de que son víctimas oprimidas de un régimen protofascista y no los ultraprivilegiados habitantes de una región ejemplarmente autónoma en el seno de una democracia, imperfecta como todas y hoy en día gobernada por un partido de derechas infumable, pero moderna e intachable. Baste recordar que España ocupó el lugar 17 en el Democracy Index 2016, un escalón abajo de Reino Unido y por encima de Japón, EEUU y Francia.

Pero el independentismo catalán es además la enésima manifestación de ese populismo chovinista que ha infectado al mundo moderno en los últimos años y que llevó a Gran Bretaña a divorciarse de la Unión Europea, infligiéndose una herida histórica y económica que tardará décadas en sanar, y que elevó a un energúmeno sociópata y fascista a la presidencia de EEUU con consecuencias desastrosas de las que quizá el mundo nunca logre recuperarse del todo. Así es, aunque a los progres que han apoyado irreflexivamente este disparate les duela reconocerlo, el independentismo catalán está ideológica y espiritualmente emparentado con Brexit y Trump. Es por eso que el tirano ruso Vladimir Putin decidió poner todo el poder de sus letrinas propagandísticas al servicio de otro movimiento provinciano y autodestructivo en el corazón de occidente, y le ordenó a sus obedientes y detestables peones, encabezados por Julian Assange y Edward Snowden, promover sin descanso propaganda independentista en las semanas previas al espurio referéndum que, gracias a la torpeza de Rajoy, terminó en un acto de represión injustificable. Y es que nada le conviene más al gran Führer ruso, líder del movimiento fascista y antimoderno global, que seguir debilitando a su aborrecida Europa, balcanizándola. Seguir leyendo

U2: el regreso a la inocencia

Por @Bvlxp:

The Joshua Tree apareció hace treinta años y está de cumpleaños. U2 ha emprendido una gira mundial para festejar la aparición de uno de los documentos más importantes de la historia del rock. The Joshua Tree es una carta de amor para “América”, la tierra prometida, la orilla al otro lado del mundo con la que soñaron y a la que llegaron tantos irlandeses expatriados antes de que Bono, The Edge, Larry y Adam se lanzaran a conquistarla. The Joshua Tree es la forma en la que U2 puso pie en las aguas de ese mítico paisaje, de esa idea, de ese estado mental que es Estados Unidos de América. El álbum canta al romanticismo de una entelequia y a la concreción de su paisaje amplio, de sus carreteras anchas, su desierto y sus ríos cargados de historia, de su música y de su iconografía: en The Joshua Tree, U2 homenajea a la tierra prometida que luego documentó ampliamente en Rattle and Hum, disco y película.

Cuando U2 compuso The Joshua Tree, Estados Unidos de América vivía los últimos años no sólo del reaganismo sino también de la Guerra Fría y se encontraba en los albores del reaganismo por otros medios que fue la administración de George H. W. Bush. Eran épocas en que, por un lado, la tensión y la ansiedad que producían el saberse constantemente amenazado por la aniquilación nuclear comenzaban a disminuir y era propicio hablar de un renacimiento de todo lo que no fue borrado de la faz de la Tierra; por otro lado, era la época en que se implantó un férreo conservadurismo social y político cuyos coletazos han tomado nuevos bríos transformándose en el monstruo del trumpismo. Por entonces, U2 dio el paso definitivo que los sacó de su provincialismo irlandés y los lanzó al mundo acunados en los brazos de América. Con los ojos nuevos, esos ojos con los que vemos las cosas por primera vez, U2 decidió cantarle a la promesa de América, a su mejor cara. En esta época en que el mundo se encontraba al borde de un cambio profundo, U2 se encontró por primera vez con ritmos, paisajes y con la prédica de ideas de las que se enamoró para siempre y quedaron plasmadas en The Joshua Tree, un álbum que canta a la esperanza y hace denuncia social desde una fuerte iconografía y lenguajes religiosos. Seguir leyendo

País enfermo

Por Frank Lozano:

El sismo del 19 de septiembre sirvió de pretexto para realizar un ajuste de cuentas con los partidos políticos y por ende, con la clase política nacional. El blanco de las demandas sociales es el financiamiento público de los partidos y el costo de las elecciones. En términos llanos, dicho ajuste de cuentas suena a más a una revancha que a una medida bien pensada.

El enojo se entiende, se explica y además, está plenamente sustentado. La friolera de recursos públicos que reciben los partidos para sostener sus burocracias y para financiar las campañas políticas es exorbitante; la corrupción de todos y en todos los niveles; el incumplimiento sistemático de compromisos y un largo etcétera. No obstante, dados los antecedentes de nuestro país, debemos formular una serie de preguntas obligadas: ¿retirar el financiamiento público revertirá la mala calidad democrática que tenemos, garantizará la creación de una nueva clase política, traerá procesos electorales limpios, dignificará la función pública, mejorará la representación social, fortalecerá la cultura política nacional o por el contrario, será una medida que debilitará la calidad democrática, privatizará a los partidos políticos, convertirá las campañas en casas de bolsa donde, el mejor postor invierta para, posteriormente, pasar a recuperar su inversión, la medida permite que agendas minoritarias prosperen? La respuesta no es sencilla. Seguir leyendo

El sismo: lo mejor y lo peor

Por @Bvlxp:

Siempre sucede que el mexicano está muy convencido de su propia excepcionalidad. Los mexicanos somos chingones, Mexico is the shit y demás. Los días posteriores al sismo han reafirmado esta autopercepción y no sin falta de razón: las muestras de solidaridad con los damnificados por el sismo del 19/S son abrumadoras y conmovedoras y han suscitado la admiración mundial. Son muy comunes las escenas de ayuda súbita y desinteresada cuando una catástrofe nos azota, protagonizadas por personas que corren inmediatamente al auxilio de su prójimo. Fuimos por primera vez muy conscientes de nuestro espíritu solidario en el terremoto de 1985, y la respuesta se replicó 32 años después. Soy un poco escéptico de que se trate de una característica consustancial del mexicano y no una respuesta profundamente humana ante la desgracia del prójimo. Siempre desconfío del patrioterismo y el nacionalismo como expresiones tan cursis como peligrosas y tiendo a alejarme lo más pronto que pueda de ellas. Como sea, esta nueva catástrofe ha probado los alcances de nuestra bondad.

Como toda tragedia, la solidaridad empieza por ser conmovedora y sincera, pero pronto comienza a mostrar sus grietas. Igual que en 1985, cuando la respuesta social al sismo fue cooptada por organizaciones clientelares que al día de hoy siguen medrando de la política, ejerciendo y aspirando a cargos de alta responsabilidad (René Bejarano, Dolores Padierna, Martí Batres, Claudia Sheinbaum et al.), la respuesta del 19/S puso de manifiesto lo mejor de nosotros, pero también lo peor. Es preciso deslavar el aura de santidad y las loas autocongratulatorias de la respuesta social para entenderla y no tomarla por algo que no es. Hubo mucho de solidaridad; hubo tanto de otras cosas también. Seguir leyendo

Marichuy

Por Frank Lozano:

Hasta hace unos días nadie la conocía. Su nombre es María de Jesús Patricio Martínez. A partir de ahora, será la vocera de millones de indígenas, a lo largo y ancho del país. ¿Por qué Marichuy es una luz en medio de la noche? Porque la noche que vivimos se vuelve cada vez más negra. Por que la luz es un símbolo, pero también es lo que nos permite ver.

En México, la desigualdad, la exclusión y la pobreza perviven ocultas; y ningún grupo social sufre más dichas condiciones que los grupos indígenas. En las calles se les mira de reojo; su existencia provoca incomodidad y comentarios racistas; se les castiga por posesión ilegal de identidad; se les criminaliza por su aspecto; se les segrega sistemáticamente; los despojan de sus territorios y de sus recursos; se les explota y a veces, se les exige ser lo que no son. Seguir leyendo

Nuevo modelo educativo nacional: una de cal

Por Frank Lozano:

El pasado lunes trece de marzo, el gobierno federal presentó el que será el nuevo modelo educativo nacional. En el papel, se trata de una medida acertada y sobre todo necesaria, que se había tardado en llegar.  En una encuesta realizada por Parametría, un 65 por ciento de los mexicanos se manifestó a favor de un cambio del modelo educativo.

El sistema que está por jubilarse y del cual, en una u otra medida, todos somos víctimas, goza de una pésima reputación. Fue un sistema concebido para embutir información, no para desarrollar el pensamiento. Es un modelo uniforme, que niega de facto las distintas posibilidad que tiene un individuo para desarrollar conocimientos o acceder a ellos. Se trata de un modelo heterogéneo que deja muy poco o nulo margen al reconocimiento de las singularidades y particularidades culturales, de las cientos de regiones e identidades que coexisten en el país. Seguir leyendo

Ahora ¿o nunca?

Por Frank Lozano:

Los motivos que inspiraron a un puñado de mexicanos para promover la iniciativa Ahora son intachables. Estamos cansados de la simulación. Los partidos están rebasados. Los ciudadanos nos enfrentamos al terrible dilema de elegir al menos malo. La representatividad política es insuficiente. La credibilidad del gobierno federal es nula. La corrupción, el enriquecimiento de los gobernadores presuntamente a costa del erario público es ofensivo. Los asesinatos, las fosas clandestinas, los feminicidios, los secuestros hacen de la vida cotidiana algo asfixiante. La clase política nos ha fallado.

Nombres como Javier Sicilia o Sergio Aguayo inspiran confianza. Se puede o no estar de acuerdo con ellos en algunos temas, pero nadie puede negar que sus trayectorias y banderas son bien intencionadas. Seguir leyendo

El valiente vive hasta que el cobarde quiere

Por: Juan Francisco Morán Bracamontes

“No permitas que ningún ser humano te haga caer tan bajo como para odiarle”.

–Martin Luther King.

No recuerdo un momento tan incierto para nuestro país –y para todo el mundo– como el que sucedió el 20 de enero de 2017 (cierto en cuanto a su fecha; incierto por lo que viene después). México ha quedado varado como un barco sobre un risco en pleno huracán, esperando que el capricho de la marea lo vuelva a mover mar adentro o contra las rocas.

Los hechos internos y externos suscitados desde hace tiempo –y sobre todo en el 2016– han colocado a nuestro país en la agenda de un misántropo de copete amarillo que busca a toda costa cumplir sus promesas de campaña, a pesar del desastre que puedan provocar. Donald Trump, el empresario que desafió a todos sin dejar de ser lo que es: un bravucón, altanero, misógino, megalómano, racista (al grado de motivar a algunos a crear un abecedario de apelativos en su entorno. Véase: Abecedario de Trump) y tan pobre de espíritu, que lo  único que tiene es dinero, y aun así ganó la presidencia de los Estados Unidos.

La falta de liderazgo en nuestro país nos ha colocado en una posición delicada. El sinfín de yerros y tropelías cometidos por el gobierno mexicano ha creado un ambiente de desconfianza e inseguridad frente al país vecino. No es lo mismo encarar una tormenta sabiendo que en el timón se encuentra una persona capaz, experimentada, íntegra y confiable, que otra incapaz, inexperta, corrupta y desconfiada que nos haga creer que puede ser el primero en abandonar la nave.

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Desertores

Por Deniss Villalobos:

El mundo, es este momento, podría deprimirme mucho si le pusiera más atención. No quiero decir que no sé lo que está pasando, que no me siento mal, enojada, indignada o triste, que no tengo idea de que todo parece negro y se pone cada vez peor. Lo que pasa es que, desde algún tiempo, decidí que pasarme el día poniendo toda mi energía en pensar/escribir/hablar sobre problemas que en este momento no parecen tener solución y sobre los que no puedo hacer mucho era mala idea.

No, tampoco quiero decir que todo el mundo debería hacer eso. De hecho, me tomo la libertad de cerrar los ojos y pensar en algo más justo porque sé que otras personas están haciendo cosas que yo no. Están hablando, están en la calle protestando por algo, están tratando de hacer que alguien con quien yo no tendría la paciencia de hablar entienda algo. Mi decisión es quizá egoísta más que inteligente, tal vez hasta irresponsable, pero ya acepté que, aunque me importe, no tengo lo que sea que se necesite para formar parte de lo que sea que deba hacerse para luchar contra todos los horrores del mundo. Seguir leyendo

Efemérides

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