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Notaría 233

Paloma Merodio y el populismo

Por @Bvlxp:

El Presidente Peña Nieto, como su antecesor y el antecesor de su antecesor, la ha emprendido contra el populismo, esa tara de la democracia que seguirá amenazando a México por lo menos mientras Andrés Manuel López Obrador viva y, por lo tanto, aspire a la Presidencia de la República. La amenaza del populismo no es trivial. Ya sea de izquierda o de derecha, el populismo es una forma de ejercer el poder desde una visión patrimonialista y unipersonal: todo lo que hace el líder es con un propósito ulterior difícil de descifrar para el ojo común y por eso no debe cuestionársele ni ponérsele ataduras. Seguir leyendo

Por un feminismo igualitario

Por Oscar E. Gastélum:

“I never was really concerned with the idea of feminism. As a humanistic person, I’m interested in the human condition. I’m interested in men’s rights just as much as women’s rights…. I’ve never limited myself as an artist or as a human being to a genderized position.”

Patti Smith

“An enlightened feminism, animated by a courageous code of personal responsibility, can only be built upon a wary alliance of strong women and strong men.”

Camille Paglia

La semana pasada decidí utilizar este espacio para externar mi opinión sobre el famosísimo incidente que involucró a una egregia bloguera mexicana y a un pobre taxista deslenguado. Y lo hice perfectamente consciente de que, a pesar de que el texto dista mucho de ser incendiario o irrespetuoso, desataría la ira de la vociferante e intolerante secta que, a base de linchamientos virtuales y sainetes frívolos como el que nos ocupa, se ha transformado en el rostro más visible del feminismo contemporáneo. Debo confesar que antes de publicar el escrito de marras, decidí consultarlo con cuatro mujeres muy importantes para mí, todas brillantes, educadas y sofisticadas, viajadas y leídas: mi novia, mi hermana, mi madre y mi suegra (que además, aunque usted no lo crea, es una de mis mejores amigas). Las cuatro aprobaron con entusiasmo las ideas expresadas, pero mi novia me rogó que no lo publicara, pues no quería tener que soportar la ola de bilis y descalificaciones gratuitas que desataría. Y sí, a unas horas de su publicación, empezaron a llegar los vituperios, aunque no con la intensidad torrencial que esperábamos, pues el temido temporal resultó una tímida llovizna. Seguir leyendo

Grietas

Por Nerea Barón:

Sé que es una improbabilidad pero el asaltante y Matías se abrazaron aquel día del asalto. Era tarde y a Matías le conmovió mucho que el asaltante necesitara tanto el dinero. De un momento a otro pasó de ser el agredido al compañero, y el agresor, desconcertado, aflojó el cuerpo, bajó las defensas y se dejó envolver por ese gesto de humanidad.

Me gusta pensar que llegó a casa confundido. Me gusta pensar también que la confusión es una forma de esperanza. La confusión, ese punto de desanclaje en el que se interrumpe la secuencia infinita del saber y por un segundo dudas sobre lo que sigue, como el niño al que se le olvida la tabla de multiplicar y ve cómo se abre un vacío frente a él, en medio del salón, y en ese vacío –con suerte– piensa. Seguir leyendo

Adiós a la escuela

Por Alejandra Eme Vázquez:

Mars attacks

“¿Por qué no empezamos a hacer lo que queremos desde ahora?”, pregunta Mars Aguirre, una joven de 16 años que vive en Mexicali, en un video publicado el pasado 22 de marzo. La pregunta viene después de anunciar que ha abandonado la preparatoria porque no tolera el sistema educativo y que no espera que todos entiendan ni apoyen su decisión, sin imaginar que se convertiría en un fenómeno viral de esos que terminan dando mucha “fama” pero también muchas intromisiones y muchos juicios fáciles sobre la vida personal de sus protagonistas. De inmediato vinieron los censores. Se le criticó el vocabulario, la clase social, el aspecto físico, el tono de su discurso y todo eso sirvió como argumento hechizo para afirmar una y otra vez, con bastante furia, que ella no tenía derecho (¡no aún!) a tomar una decisión así, que estaba arruinando su futuro y que la educación, es decir la educación formal, es lo más importante en la vida de un ser humano. Seguir leyendo

Guapa

Por @Bvlxp:

Por principio, gritarle cosas a la gente en la calle está mal. Habitar nuestra ciudad y nuestro país es un asunto muy sufrido porque en ellos las reglas mínimas de convivencia son atropelladas constantemente: los habitantes de departamentos minúsculos hacen fiestas con bocinas y DJ como si tuvieran una casa con jardín o vivieran en el descampado; la gente es muy perezosa para poner la basura en su lugar; los automovilistas estacionan el coche donde les conviene y no donde va; los ciclistas invaden las banquetas del peatón cobijados por su autoasumida superioridad moral. Entiendo que gritarle obscenidades a una mujer en la calle le arrebata cosas que quienes les gritan ni siquiera pueden empezar a imaginarse: la paz, la seguridad, la confianza. He sido testigo de gritos humillantes y francamente asquerosos; de miradas que le arrebatarían a cualquiera la tranquilidad.

Sin embargo, de las interacciones no pedidas, el grito es la de intensidad más baja: una expresión que normalmente se queda en eso, siendo que existen otras formas más intrusivas de las cuales las mujeres son víctimas en la calle. Hay de interacciones no pedidas a interacciones no pedidas. Aprender a modular y a ponderar es una de las herramientas fundamentales del buen vivir. No es lo mismo, por ejemplo, gritar «guapa» que «sabrosa», como tampoco es lo mismo recibir un «guapa» que alguno de los piropos de vertiente más, digamos, albañilesca. Seguir leyendo

El piropo, la bloguera y el taxista…

Por Oscar E. Gastélum:

“My libertarian position is that, in a democracy, words must not be policed. Whatever good some people feel may be gained by restrictions on speech, it is enormously outweighed by the damage done to any society where expression is restricted. History shows that all attempts to limit words end by stiffling thought.”

Camille Paglia

Hace unos días en la cosmopolita Ciudad de México, un taxista fue detenido por la policía y tuvo que pasar la noche en los separos por gritarle “guapa” (en tono libidinoso) a una conocida bloguera, a la que yo, por cierto, no conocía. La aclaración es importante porque en nuestro país, cada vez que surge una polémica de esta naturaleza, los cuates de los protagonistas suelen ponerse automática y acríticamente de su lado y los enemigos en su contra, sin dejar espacio para el debate imparcial y civilizado. Por si esto no bastara para viciar la discusión pública, desde hace aproximadamente tres décadas, el feminismo occidental (y con algunos años de retraso también su sucursal mexicana) fue parcialmente secuestrado por una secta de fanáticos intolerantes que, cuando no están perdiendo el tiempo en polémicas doctrinales bizantinas o quemando herejes en la hoguera virtual, concentran sus energías en difundir y tratar de imponerle al mundo su tóxica ortodoxia, atacando y descalificando virulentamente a cualquiera que ose cuestionar sus dogmas. Desde el punto de vista de estos celosos inquisidores, ningún hombre tendría derecho a escribir una columna como esta, pues al hacerlo incurriría automáticamente en el pecado capital conocido como “mansplaining”. Y es que para este culto ideológico, el género de quien emite un argumento es muchísimo más importante que el contenido y la solidez del mismo. Pero como afortunadamente aún no habitamos en esa distopía estalinista que esta gente sueña con imponernos, quisiera tratar de expresar mi preocupación sincera ante las predecibles consecuencias de eventos como el protagonizado por el taxista y la bloguera.

Para empezar, tratar de criminalizar algo tan ambigüo y vaporoso como una “ofensa” verbal me parece peligrosísimo, sobre todo si se pretende equipararla con algo muchísimo más grave como el acoso. ¿Qué es una ofensa? ¿Un piropo es una ofensa? ¿La palabra “guapa” es una “ofensa”? ¿Quién tendría la autoridad para decidirlo? Para algunas mujeres probablemente sí lo sea pero para otras tantas no, y en algunos casos, como en el de la propia bloguera agraviada, todo depende de quién pronuncie el polémico vocablo: y es que no deja de ser misterioso que al venir del “Señor Covadonga” (otra celebridad a la que no tengo el gusto de conocer) la palabreja de marras sea interpretada como un cumplido, pero al ser proferida por un taxista, se transmute como por arte de magia en una “ofensa” punible. No se necesita ser demasiado perspicaz para detectar el tufo clasista que emanó de este grotesco sainete desde el primer instante, y al decir esto, incluyo la actitud sospechosamente obsequiosa de los policías que intervinieron y que incluso, según confesión de la propia bloguera, le ofrecieron generosamente escalar el incidente de “acoso” a “agresión sexual”. Es aterrador pensar que si a esta buena mujer se le hubiera ocurrido aprobar semejante arbitrariedad, el taxista podría haber terminado en el reclusorio, y sólo dios sabe durante cuánto tiempo.

Toda ley que se proponga legislar el lenguaje, castigando a quien “ofenda” a otros, lleva en su seno la semilla de la censura y el despotismo, e inevitablemente terminará prestándose a abusos y a interpretaciones maliciosas. Y es que la lista de potenciales “ofensas” y “ofendidos” es infinita. En los últimos años, por ejemplo, hemos aprendido que los musulmanes radicales se sienten tan ofendidos ante un dibujo del “profeta” que son capaces de ejecutar a caricaturistas indefensos, ya sea a través de atentados terroristas como el cometido en contra de Charlie Hebdo o de manera perfectamente legal, como sucede en algunas teocracias islámicas. Hoy quizá pueda parecernos una muy buena idea proteger a esas delicadas damiselas que se ofenden ante la majadería de taxistas lenguaraces, pero el día de mañana los mochos del “Frente Nacional por la Familia” pueden alegar que ver a dos personas del mismo sexo tomadas de la mano o besándose en la calle les ofende en lo más profundo de su ser, y exigir la prohibición de esos despliegues de afecto público. Si a estos riesgos le agregamos el bochornoso hecho de que en México la aplicación de la ley tiene un marcadísimo sesgo en contra de los más humildes, y que es precisamente en las clases populares donde está más arraigada la mala costumbre del piropo, es mucho más fácil entender por qué intentar criminalizar las interacciones verbales callejeras es un peligroso disparate.

Las grandes feministas de antaño, entre las que hay numerosas autoras a las que leo y admiro profundamente, lucharon, entre muchas otras cosas, en contra de la condescendencia machista y del estereotipo victoriano que presentaba a la mujer como un ser delicado, propenso al desmayo y que debía ser “protegido” a toda costa, y de preferencia bajo llave, de la inmoralidad y de otros aspectos desagradables de la existencia. La gran Camille Paglia cuenta que cuando estaba en la universidad en los años 60, veía con impotencia y rabia que los alumnos varones podían salir de sus dormitorios e ir y venir a la hora que quisieran, mientras que las mujeres eran encerradas bajo llave a partir de las 10 de la noche, por su propia “seguridad”. El sueño de esas mujeres, y la razón por la que lucharon en contra de un patriarcado obsoleto,  era poder salir al mundo y enfrentarse libre y responsablemente a los placeres y las oportunidades de la vida, pero también a sus peligros, riesgos y molestias, pues se sentían tan capaces de sortearlos como cualquier hombre. Pero algunas feministas actuales parecen empeñadas en revivir esa imagen de la mujer como víctima indefensa y frágil que necesita de la protección permanente de papá Estado y es incapaz de soportar que se le roce ni con el pétalo de un piropo.

Pero lo que más me preocupa y exaspera de la farsa protagonizada por la connotada bloguera y el pedestre pero indefenso taxista, es la banalización de un problema muy real y lacerante: la violencia en contra de las mujeres en este país tan proclive a la barbarie y en el que el feminicidio es epidémico y la violación, la violencia doméstica, el verdadero acoso y la esclavitud sexual, campean a sus anchas ante la indiferencia o la complicidad de autoridades zafias y corruptas. Y es que estos melodramas baratos (pienso también en el reciente linchamiento virtual de la escritora Valeria Luiselli), cargados de histeria e intolerancia cuasi religiosa, le restan credibilidad al feminismo, ahuyentan a quienes podrían ser aliados muy valiosos y le dan munición a sus verdaderos enemigos. No es casual que en los últimos años todas las encuestas arrojen el mismo deprimente resultado: la inmensa mayoría de las mujeres se niegan a identificarse a sí mismas como “feministas” pues ya asocian dicha etiqueta con sectarismo ideológico, victimismo ramplón y una hostilidad cerril y contraproducente en contra de todo lo que huela a hombre, por más inocente que sea. Y en un infierno como el mexicano, ayudar a desprestigiar al feminismo y trivializar la violencia en contra de las mujeres es una irresponsabilidad imperdonable.

Y que quede muy claro que esta no es una defensa del piropo callejero, un hábito que a mí en lo personal me parece bastante primitivo y vulgar. Aquí debo confesar con orgullo que nunca en mi vida le he gritado un cumplido, en el tono que sea, a una mujer desconocida en la calle, y ni siquiera he tenido que dominar ese impulso animal y supuestamente incontrolable, pues jamás lo he sentido. Además, mentiría si dijera que algún amigo o conocido mío ha piropeado a una extraña en mi presencia, y si alguna vez hubiera sucedido, sería un hecho tan insólito que lo recordaría perfectamente. No, el piropo no es parte esencial de la naturaleza masculina, ni una bonita tradición que hay que cultivar, ni un impulso irreprimible del hombre heterosexual. Es una mala costumbre que diariamente le amarga la existencia a millones de mujeres (la inmensa mayoría de las cuales son perfectamente capaces de lidiar con la situación sin llamar a la policía) y por lo mismo deberíamos tratar de desterrarlo, desprestigiándolo y ridiculizándolo, pero no legislando en su contra, pues nadie merece pasar ni un minuto en la cárcel por obstinarse en practicarlo, y las consecuencias negativas de criminalizar el lenguaje superan por mucho a las positivas. Es obvio que somos los hombres quienes tenemos el deber de erradicarlo y un buen comienzo sería dejar de tolerarlo en nuestros allegados y condenarlo enérgicamente cuando lo atestigüemos en la calle. No perderíamos nada valioso al estigmatizarlo y combatirlo, pero le haríamos la vida más llevadera a millones de mujeres, incluyendo a las que amamos.

Ohana significa mafia

Por Nerea Barón:

Para Gio

Si en la adolescencia hubiera podido divorciarme de mis padres, lo habría hecho sin duda alguna. Era algo con lo que fantaseaba frecuentemente: ¿Por qué si los novios cortan, las parejas se divorcian y los amigos se dejan de ver cuando las relaciones ya no son nutritivas, yo no podía hacer lo propio con mi vínculo más tormentoso?

Sobra decir que mi fantasioso divorcio nunca tuvo lugar y con el paso del tiempo, poco a poco, volví a encontrarle la gracia a tener dos padres que me querían, por más irritantes o encimosos que pudieran ser en ocasiones. Recuerdo un día en específico en el que la estaba pasando muy bien en una comida familiar y pensé “qué bueno que no pude divorciarme”. Seguir leyendo

Días sin cohetes espaciales

Por Deniss Villalobos:

You know, Hobbes, some days even my lucky rocketship underpants don’t help.”
Bill Watterson

Imagínate un día en el que ni siquiera tus calzoncillos de cohete espacial te ayudan a sentirte mejor. O vamos, cualquier cosa que sea el equivalente de los calzoncillos de cohete espacial de Calvin en tu vida. Pues así ha sido mi última semana. Nada especialmente grave sucedió y aún así, diario, ha pasado algo que me arruina el día: un conductor con una conversación que me incomoda, un taxi que llega tarde, una clase en la que todo sale mal, un día en el que planeaba ver una película y al final no pude, ensuciar mi camiseta favorita al empezar el día, que no me dé tiempo de tomar café en la mañana…

Tonterías, desde luego (ya sé que debería estar agradecida porque mi vida es muy fácil y mis “problemas” son ridículos y tengo privilegios, etc), pero eso no quita que a veces detalles insignificantes te arruinen los días y termines recostado con los ojos cerrados deseando poder dormir por un mes. Y está bien tener malos días, los cohetes también se averían y necesitan mantenimiento o reparación, así que habrá periodos en los que llevarlos bajo la ropa no sea suficiente razón para seguir moviéndonos, aunque hay otras cosas que pueden servir de combustible. Seguir leyendo

Nuevo modelo educativo nacional: una de cal

Por Frank Lozano:

El pasado lunes trece de marzo, el gobierno federal presentó el que será el nuevo modelo educativo nacional. En el papel, se trata de una medida acertada y sobre todo necesaria, que se había tardado en llegar.  En una encuesta realizada por Parametría, un 65 por ciento de los mexicanos se manifestó a favor de un cambio del modelo educativo.

El sistema que está por jubilarse y del cual, en una u otra medida, todos somos víctimas, goza de una pésima reputación. Fue un sistema concebido para embutir información, no para desarrollar el pensamiento. Es un modelo uniforme, que niega de facto las distintas posibilidad que tiene un individuo para desarrollar conocimientos o acceder a ellos. Se trata de un modelo heterogéneo que deja muy poco o nulo margen al reconocimiento de las singularidades y particularidades culturales, de las cientos de regiones e identidades que coexisten en el país. Seguir leyendo

La mexicanización de EEUU

Por Oscar E. Gastélum:

“One thinks one’s something unique and wonderful at the center of the universe, when in fact one’s just a slight interruption in the ongoing march of entropy.”

Aldous Huxley

“Nor public flame, nor private, dares to shine;
Nor human spark is left, nor glimpse divine!
Lo! thy dread empire, Chaos! is restored;
Light dies before thy uncreating word:
Thy hand, great Anarch! lets the curtain fall;
And universal darkness buries all.”

Alexander Pope

Para nadie es un secreto que vivimos tiempos canallas. Los peores seres humanos del planeta (los más corruptos, ignorantes e inescrupulosos) están siendo elevados al rango de líderes, y no en África, Latinoamérica o Medio Oriente, sino en países democráticos y avanzados. Sí, pareciera que un nuevo obscurantismo y el resurgimiento de antivalores que creíamos desterrados del mundo civilizado, conducirán a Occidente a una nueva era de barbarie. Es como si de pronto algunas de las democracias más antiguas y entrañables del mundo hubieran decidido “mexicanizarse”, y seguir la misma ruta de corrupción, prejuicio, mentira, ignorancia jactanciosa y fealdad opresiva, que ha condenado a nuestro país al atraso y la miseria. Seguir leyendo

Efemérides

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