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Moral

Doble moral

Por Nerea Barón:

Hace unos meses traduje un best-seller sobre éxito empresarial de un autor estadounidense. En algún punto entre consejo y consejo, mencionaba que había cosas que, en último término, había que confiar a Dios. Me llamó la atención la disonancia. ¿Cómo podía meter a Dios mientras hablaba de competencia predatoria, acumulación de recursos e individualismo? ¿Cómo podía meter a Dios en medio del dinero? Seguir leyendo

La decencia y el desacuerdo

Por Gerardo Pacheco:

Todo el mundo piensa algo, todos enunciamos lo que creemos y lo cuidamos hasta donde es posible. La palabra propia es lo que somos. Abrimos la boca para dejarnos salir de nosotros, esperando quizás, ser en otro sitio.

Es ocioso decir que las redes sociales amplificaron nuestras voces; que basta una computadora, una plataforma y suficiencia de docente para decir lo que yo, Fulano de Tal, creo acerca del mundo. Ya no es necesario ser un académico probo, un experto en tal o cual cosa. Basta, si acaso, hablar con cierta claridad de un tema actual, cacharlo al vuelo, para encontrar eco y espectadores. Este texto es un claro ejemplo de eso. Hace 30 años yo, con mi currículo tachoneado y mi bravuconería, no habría podido tener acceso a la página doce de un diario local; ese espacio estaba reservado para el maestro del Centro Universitario de la Guayaba o para el político retirado de la ciudad que, por cierto, fue diputado por el distrito seis cuando apenas tenía 34 años; Sin embargo estoy aquí, con mi ligero bagaje, escribiendo, diciendo, opinando. Y así somos casi todos. Seguir leyendo

El Feminismo Regresivo

Por Bvlxp:

Durante las últimas semanas hemos escuchado acerca de unos mequetrefes que se hacen llamar Los Porkys, un grupo de jóvenes veracruzanos que abusaron sexualmente de una amiga suya en una violación tumultuaria. Cuando uno escucha el nombre Los Porkys, a la mente viene una imagen de seres sucios, gordos, dueños de la calle en un barrio marginal, mataperros bebedores de cerveza en la banqueta y cobravenganzas. Pues bien, estos badulaques en apariencia son todo lo contrario: hijos de la élite empresarial veracruzana, juniors con camisas ajustadas de miles de pesos y el pelo engominado, mirrreyes cobijados bajo el Mirreynato: ese arreglo de impunidad entre gobernantes corruptos y los dueños del dinero.

Durante estas mismas semanas hemos escuchado indignación de todos los sectores sociales: desde la opinión escrita hasta la opinión de a pie y la opinión pedestre de las redes sociales; todos hemos sentido el mismo asco, la misma rabia y hemos exigido justicia para la víctima. El repudio ha sido unánime contra estos tipejos. A nadie le ha parecido normal y aceptable lo sucedido, el crimen cometido. Ninguna opinión que haya yo escuchado o leído ha dicho que este es un caso “normal” o pasable en lo más mínimo. La indignación ha sido generalizada y ha servido como acicate para que la Fiscalía General del Estado de Veracruz actúe y el crimen no quede impune (a la fecha de elaboración de este texto, la Fiscalía obtuvo órdenes de aprehensión contra tres presuntos responsables).

Sin embargo, un sector del feminismo radical ha usado el caso como ejemplo de la “normalización” (adjetivo progre muy socorrido en estos tiempos) de la violencia contra las mujeres, en especial la violencia sexual. El recurso es fácil: se busca avanzar una agenda feminista comparando a quien sea con Los Porkys: todos los hombres son Porkys en potencia, Los Porkys son un resumen de la sociedad entera. Se extrapola el crimen cometido por Los Porkys, se toma un calzador, y se le compara con cualquier cosa.

Este discurso de la rabia tiene el único resultado de alienar a quien lo escucha: se pueden decir cosas atendibles y dignas de reflexión pero la facilidad del epíteto ahuyenta hasta el mejor intencionado, olvidando que para que el género prospere es fundamental sumar a los hombres a la causa de la decencia.

Sin duda vivimos en una sociedad de tintes machistas, pero también en una sociedad en la que el discurso que poco a poco se va normalizando es el de los derechos humanos. En esta ola debería montarse el feminismo si quiere progresar, en vez de polarizar y antagonizar a los que quiere hacer escuchar.

En los tiempos de asfixiante corrección política que padecemos, el feminismo radical es el un autoritarismo que más probabilidad tiene de asentarse entre nosotros. Debemos seguir condenando la violencia real contra las mujeres y la violencia en general en toda la sociedad. Todos, pero sobre todo el feminismo, debemos entender que al tiempo que condenamos crímenes como el de Veracruz, no debemos de perder la brújula permitiendo que el discurso autoritario se instale entre nosotros. Con discursos polarizantes a cambio de Likes, el feminismo corre el riesgo de empezar a ser regresivo y ridiculizado, cada vez más marginal, en perjuicio de la causa legítima de las mujeres.

Nunca debemos olvidar que sin importar que hoy seamos los buenos, si nos guiamos por la moral del momento y no por las leyes, un día podemos estar del otro lado del pelotón de fusilamiento. Un día cualquiera pueden venir por ti los buenos cuando ya no te cuenten entre ellos.

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Sobre la reciprocidad

Por Nerea Barón:

Cuan diferente habría sido la historia de la humanidad si el hombre primitivo hubiera tenido un refrigerador: apenas volviera con un jabalí sobre los hombros después de un gran día de caza, lo cortaría en rebanadas (una para el lunes, otra para el martes, otra para el miércoles) y se sentaría afuera de su refrigerador a hacer guardia con una piedra en la mano para garantizar que nadie le robara su comida de los días siguientes. Seguir leyendo

El Otoño de los Cuchillos Largos

Por Oscar E. Gastélum:

“No basta con estar oprimido, también hay que tener razón. Y la mayoría de los oprimidos están equivocados hasta la estupidez.”

Orhan Pamuk

 

Todo empieza como una inofensiva escena de la vida cotidiana en Jerusalén.* Los autos circulan normalmente sobre lo que parece una calle medianamente concurrida mientras algunos peatones esperan en una parada de autobús y otros caminan desprevenidos por la acera. De pronto, de la nada, aparece un automóvil que, a una velocidad endemoniada, avanza unos metros en sentido contrario, Seguir leyendo

Los intelectuales y el derecho (sobre la impunidad), Javier Marías

[…] El carácter más sombrío de esta novela […] tiene que ver con otra cuestión, la impunidad que cada día más impera en el mundo, o esa es la sensación que muchos tenemos y que crece en nosotros a diario. No sé citar de memoria, pero en Los enamoramientos uno de los personajes dice algo parecido a esto: “El número de crímenes desconocidos supera con creces el de los registrados, y el de los que quedan impunes es infinitamente mayor que el de los que son castigados”.

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Sobre la indiferencia. Un apunte sobre el suicidio de Szmul Zygielbojm

Por Oscar E. Gastélum:

The opposite of love is not hate, it’s indifference. The opposite of art is not ugliness, it’s indifference. And the opposite of life is not death, it’s indifference.”

― Elie Wiesel

 

Londres es una ciudad tapizada por placas conmemorativas que señalan el lugar en el que nacieron, vivieron o murieron egregios representantes de las más diversas ramas del arte y la ciencia, así como personajes históricos de distintas épocas y procedencias. Pero en la esquina de Porchester Road y Porchester Square hay una modesta placa azul que me conmueve como ninguna otra, pues conmemora la trágica muerte de Szmul Zygielbojm.

Zygielbojm fue un político polaco de origen judío que lideró el Bund, el partido socialista de los trabajadores, y fue miembro del gobierno polaco en el exilio durante la Segunda Guerra Mundial. En 1939, durante la invasión nazi, Zygielbojm participó en la modesta pero valiente resistencia polaca en Varsovia e incluso se ofreció como rehén cuando el poderoso ejército alemán la aplastó y propuso una ocupación pacífica a cambio de un puñado de prisioneros.

Como era fácil de prever, Zygielbojm fue elegido miembro del “Judenrat”, el consejo judío establecido por los nazis, y recibió la orden de crear el gueto de Varsovia y confinar a todos los judíos de la ciudad dentro de sus muros.

Zygielbojm se rebeló ante tan ominoso edicto y sus camaradas socialistas del Bund, temiendo por su vida, decidieron sacarlo de Polonia y encomendarle la tarea de ser el vocero del pueblo polaco ante la opinión pública internacional, y muy especialmente la de denunciar los crímenes nazis en contra de los judíos.

Fue entonces cuando el largo vía crucis de Szmul Zygielbojm comenzó. En Bélgica, primer país al que arribó tras lograr escapar de Polonia, habló fervientemente ante una asamblea de la Internacional Socialista, pero sus palabras cayeron rápidamente en el olvido. Cuando Bélgica fue invadida por los nazis, Zygielbojm huyó a Francia, donde continuó su importante pero estéril misión con los mismos desalentadores resultados. La siguiente escala de esta infausto peregrinaje fue EEUU, a donde Zygielbojm llegó en 1940. Durante casi dos años Szmul viajó por varias ciudades norteamericanas exponiendo con vehemencia el calvario de los judíos de Polonia pero lo único que cosechó fue indiferencia y silencio.

En 1942, Zygielbojm finalmente arribó a Londres y, tras participar a lo largo de varios meses como orador en numerosos eventos públicos, se reunió con el gran Jan Karski, espía que fungía como mensajero entre la resistencia polaca y su gobierno en el exilio y que había logrado ingresar de incógnito al gueto de Varsovia y al campo de traslado de Izbica, atestiguando la dimensión inconcebible de los crímenes nazis durante las primeras etapas de la “Solución Final”. Ante las tétricas revelaciones de Karski, Zygielbojm, desesperado, expuso ante el pueblo británico, desde los micrófonos de la venerable y ubicua BBC, el exterminio al que estaban siendo sometidos los judíos de Europa.

Finalmente, en abril de 1943, los gobiernos de las fuerzas aliadas se reunieron en las Islas  Bermudas para discutir, entre otros asuntos, el destino de los judíos europeos. En una de esas sincronías macabras de las que está plagada la historia, el inicio de esa conferencia, 19 de abril de 1943, coincidió exactamente con el comienzo de la liquidación del gueto de Varsovia; pero esa cruel maniobra nazi se topó con una insurrección inesperada e inédita por parte de los habitantes del gueto, quienes se batieron con tal gallardía que a sus todopoderosos opresores les tomó más de un mes doblegarlos. Pero, mientras los habitantes del gueto luchaban por sus vidas, los líderes del mundo libre reunidos en Bermudas decidían hacer absolutamente nada para ayudarlos.

El 11 de mayo de 1943, ante el bochornoso y consumado fracaso de la conferencia de Bermudas y la terrible noticia de que la insurrección del gueto de Varsovia había sido aplastada de la manera más brutal y que todos sus camaradas, incluyendo a su esposa y su hijo adolescente, habían sido masacrados por los nazis, Szmul Zygielbojm decidió suicidarse. Pero no sin antes escribir una amarga y lúcida carta que debería vivir en la memoria colectiva de la especie hasta el fin de los tiempos. Un documento desolador que contenía estas indelebles palabras:

“No puedo callar y no puedo vivir mientras mueren asesinados los vestigios del pueblo judío del que soy representante. Mis compañeros en el gueto de Varsovia cayeron con las armas en las manos, en el último gesto heroico. No pude compartir su destino — morir con ellos, como ellos— pero soy parte de ellos, pertenezco a su tumba colectiva.”

Al enterarse de su muerte, Jan Karski, aquel valiente espía polaco que le reveló a Zygielbojm y al mundo la magnitud del Holcausto, escribió:

“De todas las muertes acaecidas en esta guerra, la de Zygielbojm es, ciertamente, una de las más aterradoras, la revelación más cruda de hasta qué punto el mundo se ha vuelto frío y hostil, y las naciones y los individuos se encuentran separados por inmensos abismos de indiferencia, egoísmo y crueldad.”

Al término de la guerra, y ante las imágenes dantescas emanadas de los campos de exterminio, la humanidad se convenció a sí misma de que nada pudo hacer para evitar el Holocausto pues nada sabía de aquel crimen atroz. Pero esa no es más que una mentira cobarde, pues hombres como Karski y Zygielbojm denunciaron el exterminio del pueblo judío cuando este apenas comenzaba, y el mundo pudo haber salvado a millones de hombres, mujeres y niños de las garras de Hitler y sus esbirros. Pero, por desgracia, la comunidad internacional decidió permanecer pasiva ante el más grande crimen jamás cometido. He ahí la terrible e irrefutable realidad.

La trágica historia de Szmul Zygielbojm expone la repugnante hipocresía de la opinión pública mundial ante el destino del pueblo judío. Pues cada vez que el Estado de Israel se defiende de sus nuevos enemigos, exterminadores confesos aunque por fortuna aún impotentes, los nietos de esa misma comunidad internacional que no movió un dedo para impedir el Holocausto, lanzan alaridos histéricos y comparan los errores del ejército israelí, nada más y nada menos, que con los crímenes de los nazis.

Así pues, la existencia del Estado de Israel, esa patria en la que los judíos finalmente viven seguros y no son una minoría oprimida, está moral y sólidamente justificada no solamente por las atrocidades que el mundo cometió en contra del pueblo judío durante milenios y que desembocaron en ese crimen de crímenes que fue el Holocausto. Sino también por su imperdonable pasividad durante los tenebrosos años de la “solución final” y su actual, escandalosa, hipocresía.

Efemérides

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