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literatura

Guadalupe-Reinas

Por Deniss Villalobos:

El año está por terminar y, entre listas de los mejores libros del año y retos de lectura para el siguiente, nació una propuesta que se llevará a cabo durante diciembre y los primeros días de enero, justo cuando ya todos estamos pensando en lo que haremos en 2018, olvidándonos de que aún tenemos un mes en el que, entre vacaciones y días festivos, tendremos bastante tiempo para leer. Guadalupe-Reinas es un maratón de lectura que comienza el 12 de diciembre y termina el 6 de enero, teniendo como meta 10 retos diferentes y como única regla que todos los libros sean escritos por mujeres.

El maratón es organizado por Libros B4 Tipos, un colectivo de chicas que se dedica a difundir la obra de diferentes autoras y analizarla desde el feminismo. No hay una lista oficial, cada quien escoge sus lecturas (según lo que ya tengas pendiente en tu librero o lo que te interese de las listas de toda la gente que ya se ha unido). Durante esos días habrá diferentes actividades y pueden seguir la cuenta de Twitter del colectivo o de sus diferentes integrantes para irse enterando de más noticias, checar los premios que habrá o solo para compartir sus lecturas.

Y como estoy muy emocionada por esta propuesta, quiero recomendar algunos títulos para cada uno de los retos:

Un libro de poesía

Cuaderno de campo, de María Sánchez
Poesía completa, de Idea Vilariño

Un libro infantil o juvenil

Las sirenas sueñan con trilobites, de Martha Riva Palacio
Lo que sucedió con la medusa, de Ali Benjamin

Un libro de una autora latinoamericana

Sangre en el ojo, de Lina Meruane
Tiene la noche un árbol, de Guadalupe Dueñas

Un libro leído en alguna lectura conjunta de LibrosB4Tipos

Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, de Elena Favilli y Francesca Cavallo
Vengadora, de Monica B. Brozon

Un libro de no ficción-ensayo

The Sea Around Us, de Rachel Carson
Cuaderno de faros, de Jazmina Barrera

Un cómic, novela gráfica o libro ilustrado

El fantasma de Anya, de Vera Brosgol
Esto que brilla en el aire, de Cecilia Pisos (ilustrado por Ana Pez)

Un libro de una autora galardonada

Do Not Say We Have Nothing, de Madeleine Thien
Distancia de rescate, de Samanta Schweblin

Un libro de ciencia ficción o fantasía

La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K. Le Guin
Nieve Negra, de Camila Valenzuela León

Un libro clásico

Middlemarch, de George Eliot
El cuento de la criada, de Margaret Atwood

Un libro de tu autora favorita (o de tus preferidas)

El libro del verano, de Tove Jansson
Upstream, de Mary Oliver
Cuentos reunidos, de Amparo Dávila

10 autoras para pensar lo doméstico (segunda parte)

Por Alejandra Eme Vázquez:

¿Son los asuntos domésticos asuntos “menores”? ¿Son los trabajos de cuidados “verdaderos” trabajos? A partir de la manera en que cada uno de nosotros se aproxime al planteamiento de estas preguntas e intente elaborar una respuesta, podría trazarse un trayecto en el que se viera claramente cómo a lo largo de la historia humana, la relación con los así llamados hogares y las actividades que se asumen ligadas a ellos han ido marginándose del debate público como producto de políticas y discursos que pueden contextualizarse, incluso datarse.

No es novedad decir que desde la escritura teórica y literaria se han configurado y reforzado arquetipos, muchas veces muy nocivos, pero también se han combatido y desmontado. De esto no ha escapado lo referente a las “tareas del hogar”, a los “instintos de cuidado” y en general, a lo que se supone que debe ser en estos ámbitos que generalmente se asocian con “lo femenino”. Por eso es que me pareció necesario enlistar a 10 escritoras que ayudan a pensar en lo doméstico y los cuidados de formas diversas, agudas, iluminadoras e importantes. Seguir leyendo

10 autoras para pensar lo doméstico (primera parte)

Por Alejandra Eme Vázquez:

El espacio doméstico y los trabajos de cuidados que ahí se realizan han sido confinados al ámbito de lo privado y fuera de él, no se habla mucho del asunto. Nos complace ver un plato de comida bien servido, una casa reluciente o un bebé fresquísimo y feliz, pero el enorme trabajo físico y emocional que está detrás de esos resultados se barre de inmediato debajo de la alfombra, donde las visitas no lo vean, porque todo tiene que lucir perfecto pero fácil, inmaculado pero natural. Y justamente estos mecanismos, estructuras y procesos que han sido invisibilizados en la esfera de lo público son los que deben recibir la mayor atención no sólo para poder entender lo humano de manera distinta, sino para crear puentes entre los que somos a puerta cerrada y los que somos hacia afuera, en lo individual y lo colectivo.

Afortunadamente, muchas autoras brillantes ya han dedicado buena parte de su obra a darnos líneas de identificación, discusión y pensamiento desde esta perspectiva. Aquí reunimos a 10 de ellas, en dos entregas, con la intención de que la discusión se nutra, se amplíe y se vigorice para llevarnos a otras formas de estar en el mundo. Seguir leyendo

Lejos de las luces

Por Deniss Villalobos:

Hace apenas unos días leí un libro famosísimo de Ernest Hemingway. Ni idea de por qué no lo había leído antes si llevaba años en mi librero (no me sorprendería, de hecho, haberlo leído y no recordar nada de la trama), pero el chiste es que lo leí y me gustó muchísimo pero también odié a todos los personajes excepto uno. The Sun Also Rises va sobre gente que hace unos años me habría parecido genial y ahora me dieron flojera. Personajes que se quejan de todo cuando no tienen ningún problema real, que viven de café en café, de bar en bar, de fiesta en fiesta, siempre pasándola bien, sin trabajar, pero por alguna razón siempre son miserables.

Creo que la razón por la que los personajes me parecieron tan odiosos es que, de alguna forma, y aunque lejos de París, he sido así de insoportable muchas veces. Me he quejado por tonterías pensando que es el fin del mundo y he pasado mucho tiempo pensando que tristear en un café te hace cool. También me he enamorado de personajes principales en libros donde, pensándolo bien, lo mejor estaba realmente en unas pocas páginas con personajes más pequeños. En esta novela, Hemingway nos dio a uno de esos personajes: Bill Gorton. Bill aparece en la mitad de la novela, pero es solo en dos capítulos que tiene algo de protagonismo. Al lado de Jake Barnes, Bill pasa unos días en Burguete, España, antes de que todos los personajes se dirijan a Pamplona para asistir a la famosa fiesta que durará siete días. Seguir leyendo

Tenemos que hablar de Lucia

Por Alejandra Eme Vázquez:

Hay autoras que cruzan el pantano y no sólo se manchan, sino que te atrapan, te llevan consigo para mancharte también y se vuelven ellas mismas un pantano, uno del que se sale hecho un desastre pero un desastre eufórico, porque aunque los lectores no sabemos a ciencia cierta para qué entramos cada vez a las anchas olas de la literatura, siempre se agradece (como en todo) cuando nos dan una buena revolcada.

El plumaje de Lucia Berlin es de ésos.

Berlin nació y murió bajo el signo de Sor Juana. Vivió exactamente 68 años, del 12 de noviembre de 1936 al 12 de noviembre de 2004, toda una Escorpio hasta para abandonar el mundo. Escribió, según se sabe, menos de una centena de cuentos que fueron publicados porque hubo quien le rogó que lo hiciera y no porque ella tuviera muchos afanes de ser leída, al menos en lo anecdótico. Porque, como siempre, la aproximación biográfica no alcanza a hacer honor a textos que se instalan en la médula sin concesiones de ninguna clase, como si estuviera también escrito que debíamos leerlos para no olvidarlos jamás, por más esfuerzos que hagamos. Seguir leyendo

La pálida luz de Ishiguro

Por Oscar E. Gastélum:

“And I saw a little girl, her eyes tightly closed, holding to her breast the old kind of world, one that she knew in her heart could not remain, and she was holding it and pleading, never to let her go”

“There is certainly a satisfaction and dignity to be gained in coming to terms with the mistakes one has made in the course of one’s life”

― Kazuo Ishiguro

El jueves pasado, la Academia sueca volvió a hacerme muy feliz al elegir al novelista británico Kazuo Ishiguro como ganador del Premio Nobel de Literatura 2017. Lo primero que recordé al leer la noticia fue que Ishiguro se transformó en escritor casi por accidente y tras fracasar rotundamente como músico. Sí, la Academia, seguramente sin proponérselo, premió a un trovador frustrado un año después de galardonar a Bob Dylan, un músico que produce poesía de alto octanaje casi sin querer (y de quien Ishiguro es un admirador confeso), en una decisión que provocó la ira de algunos puristas sinceros, aunque equivocados, y de muchos poseurs analfabetas que seguramente celebrarán que los suecos hayan recobrado la cordura premiando a un novelista, aunque no hayan leído ni una línea del flamante Nobel británico. De cualquier forma, es deliciosamente irónico que la música y los músicos atormentados abunden en la obra del primer premio Nobel post Dylan. Pienso sobre todo en el pianista de “The Unconsoled”, esa compleja y, para algunos, inaccesible obra maestra, y en los protagonistas de los cinco cuentos que componen “Nocturnes”, su colección de breves viñetas crepusculares. Seguir leyendo

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Por Deniss Villalobos:

As for me, I am tormented with an everlasting itch for things remote.
Herman Melville, Moby-Dick

 

Cuando terminé la secundaria, aunque no sé exactamente cuándo y dónde escuché por primera vez sobre esa escuela, me obsesioné con la idea de entrar a una preparatoria en la que, en lugar de estudiar matemáticas y química por horas, los alumnos bailaban, pintaban, hacían música y actuaban. Recuerdo la emoción que sentí al ir a formarme por una ficha para el examen de admisión, los nervios durante el examen médico y lo mucho que me esforcé para aprobar el examen de conocimientos generales y la semana de prueba a la que teníamos que asistir. Después de pasar por un proceso en el que fuimos quedando cada vez menos aspirantes, por fin formaba parte de los seleccionados. Y, aunque al principio pensé que había cumplido uno de mis más grandes sueños, casi de inmediato sentí —no por primera vez pero sí con mucha más intensidad—algo que experimentaría constantemente en el futuro: decepción.

James Joyce retrató ese sentimiento de forma maravillosa en Araby, una de las historias que forman parte de Dubliners. En ella, un chico se enamora de una chica, o eso cree, y después de mover cielo, mar y tierra para conseguir el regalo perfecto, se da cuenta de que en realidad ni la chica, ni el lugar al que fue a buscar algo para ella, y probablemente nada en la vida son tan buenos como parecen en nuestra imaginación. Seguir leyendo

Algunas cosas sobre el fuego

Por Deniss Villalobos:

Quiso apagar incendios con el fuego.
José Emilio Pacheco

And then I feel the sun itself
as it blazes over the hills,
like a million flowers on fire
Mary Oliver

En algunos pueblos el fuego debía apagarse cuando un rey agonizaba en su lecho de muerte y, en mi opinión, creo que aunque no seamos parte de la realeza deberíamos apagar al menos una vela cuando perdamos a alguien o algo importante, esperando que al final de nuestra vida también un fuego, del tamaño de una mecha o una estrella, se extinga por nosotros. En Siberia se piensa que el fuego acaba con el mal que cualquier objeto pueda poseer; las cosas arden no para destruirlas sino para liberarlas; al fuego se le habla y se le alimenta. El oro tiene que estar en el corazón de las llamas para ser purificado. El Ave Fénix se consume solo para renacer.

Cuenta una historia que en África un hombre llamado Motu se casó con una mujer de las nubes y así las personas que vivían en la tierra y en el cielo se unieron en paz. En la tierra las personas comían sus alimentos crudos hasta que las personas de las nubes les enseñaron a crear fuego, y así vivieron un tiempo hasta que la esposa de Motu llevó a casa una canasta y le pidió a su marido que nunca la abriera, pero él no aguantó la curiosidad y abrió la caja, que estaba vacía. Las personas de las nubes volvieron al cielo para nunca regresar, pero nos dejaron como regalo el fuego. Seguir leyendo

Los aliens también leen

Por Deniss Villalobos:

Una lista para Brenda y Lía

Cuando supe que mi hermana estaba embarazada y le empezó a crecer la panza hacíamos muchas bromas sobre un alien que crecía dentro de ella. Mi mamá y mi abuela se enojaban porque ay, cómo dicen eso del bebé, pero a mi hermana y a mí nos daba mucha risa. Siendo honesta, los lols no eran la única razón por la que yo hacía esos comentarios sino que además se me hacía más fácil imaginar a un ser baboso y de otro planeta que saldría de mi hermanita menor que pensar en el niño regordete de mejillas rosadas que, supongo, la mayor parte de la gente se imagina cuando esperan a un bebé en la familia. Luego supimos que sería niña y la única diferencia fue que al alien le imaginaba un moñito rosa.

La RAE no acepta el anglicismo alien así que no aparece en nuestro diccionario pero su traducción como “ajeno” tiene sentido. Mi sobrina sigue siendo, a veces, un alien. Me parece muy extraña y lejana cuando la veo sentada riéndose mientras ve gatitos que se caen en youtube o cuando canta Let It Go sintiéndose Elsa. A veces todavía no me creo que esa niña tan increíble salió de mi hermana, que lleva mi sangre, y que además de todo se parece muchísimo a mí. Seguir leyendo

Amigos imaginarios

Por Deniss Villalobos:

“What really knocks me out is a book that, when you’re all done reading it, you wish the author that wrote it was a terrific friend of yours and you could call him up on the phone whenever you felt like it. That doesn’t happen much, though.”
J.D. Salinger, The Catcher in the Rye

Bien lo dijo Holden: no pasa muy seguido eso de sentir, al terminar un libro, que ojalá el autor fuera un muy buen amigo tuyo y pudieras llamarlo por teléfono cuando se te pegue la gana. A veces lo pasas muy bien con una novela y quizá piensas que si conocieras al autor te gustaría platicar con él un rato mientras se toman una cerveza, otras veces solo le darías la mano y con otros, aunque el libro no haya estado mal, no sientes que su autor podría ser alguien a quien llamarías para preguntarle adónde van los patos cuando el lago se congela, ni siquiera alguien a quien saludarías si te lo encuentras en la calle.

Y no está mal, claro. Supongo que lo mismo nos pasa con todo el mundo; algunos, muy pocos, se vuelven nuestros amigos cercanos y el resto solo pasa ante nuestros ojos sin causar mayor impresión. La diferencia es que, aunque sientas que un autor podría ser tu mejor amigo, en la mayor parte de los casos esto es imposible. Casi todos los autores que me gustaría llamar por teléfono están muertos y los que están vivos viven lejísimos, no hablan el mismo idioma que yo y, siendo honesta, aunque tuviera sus números telefónicos nunca los llamaría por miedo a hacer el ridículo. Seguir leyendo

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