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infancia

Miedo

Por Deniss Villalobos:

“Un hombre que huye de lo que teme a menudo comprueba
que sólo ha tomado un atajo para ir a su encuentro.”
J.R.R. Tolkien, Los hijos de Húrin

Recuerdo la primera vez que vi It, la adaptación de la novela de Stephen King que se hizo para televisión en los noventa. Creo que tenía ocho o nueve años, no estoy muy segura, pero estaba con mi hermana jugando en el cuarto de mis padres y, después de construir una “tienda de acampar” —juntábamos las sillas del comedor y les echábamos encima una cobija—, prendimos la televisión para ver algo. Supongo que era un fin de semana porque no había caricaturas en el canal cinco, sino más bien una película sobre un grupo de niños y un payaso. Era raro que nos quedáramos solas un fin de semana, porque mi papá no trabajaba esos días, pero quizá ese día había ido a algún lado… el caso es que vimos esa película. Y desde entonces no pude olvidarme de ella.

Le tengo miedo, como Raymond Carver, a muchas cosas. Miedo a las abejas, miedo a que la gente que amo se muera, miedo a ir al baño sola cuando las luces están apagadas, miedo a no crear nada valioso antes de morirme, miedo a morirme, miedo a las serpientes, miedo a los ataques de ansiedad, miedo a llorar frente a personas que puedan verme, miedo a la gente, miedo a las salas vacías de cine durante una película de miedo, miedo a las sombras que a veces veo de reojo, miedo a que un perro me muerda, miedo a que dejen de quererme, miedo a olvidar detalles que me hicieron sonreír, miedo a quedarme sola, miedo a asfixiarme mientras como palomitas y que no haya nadie cerca para ayudarme. Seguir leyendo

Lo que crece

Por Deniss Villalobos:

Florecerán los besos
sobre las almohadas.

Miguel Hernández

I

Cuando era niña pensaba que mi abuela era bruja. Primero porque Roald Dahl me dijo que debía sospechar de todas las mujeres a mi alrededor; hasta la dulce maestra Lupita, que me ayudaba a hacer bolitas de papel en el kinder, podía ser una. Y qué miedo aunque también qué emoción porque después, gracias a no sé qué película, me hice una idea menos terrorífica de las brujas: no eran criaturas aterradoras que querían comer niños, sino mujeres viviendo en los bosques, amigas de los animales y que llevaban sombreros adornados de hojas color otoño y moras. Mi abuela era una mezcla de esas dos versiones; la mujer cercana a mí, que parecía una persona normal, pero en realidad se dedicaba a curar y hacer crecer cosas en su cocina. Me quitaba la tos con un té de flores y el dolor en los dientes con la corteza de algún árbol; si me ardía la piel porque había pasado mucho tiempo bajo el sol, mi abuela salía a su jardín, cortaba un pedazo de sábila y santo remedio.

Pero, de entre toda la magia que mi abue sabe hacer, mi favorita de niña era el ver cómo las hojas o tallos que se convertían en plantas. A veces encontraba hojas o ramas que se habían caído de alguna maceta, y yo corría a dárselas a mi abuela para que ella las pusiera en un vaso. Creo que eso era todo lo que hacía, poner una hoja en un vaso con agua. Y todos los días me gustaba ver cómo la raíz iba creciendo y con el paso del tiempo a la hojita le salían más hojitas hasta convertirse en una planta como aquella de la que había caído. Seguir leyendo

Los aliens también leen

Por Deniss Villalobos:

Una lista para Brenda y Lía

Cuando supe que mi hermana estaba embarazada y le empezó a crecer la panza hacíamos muchas bromas sobre un alien que crecía dentro de ella. Mi mamá y mi abuela se enojaban porque ay, cómo dicen eso del bebé, pero a mi hermana y a mí nos daba mucha risa. Siendo honesta, los lols no eran la única razón por la que yo hacía esos comentarios sino que además se me hacía más fácil imaginar a un ser baboso y de otro planeta que saldría de mi hermanita menor que pensar en el niño regordete de mejillas rosadas que, supongo, la mayor parte de la gente se imagina cuando esperan a un bebé en la familia. Luego supimos que sería niña y la única diferencia fue que al alien le imaginaba un moñito rosa.

La RAE no acepta el anglicismo alien así que no aparece en nuestro diccionario pero su traducción como “ajeno” tiene sentido. Mi sobrina sigue siendo, a veces, un alien. Me parece muy extraña y lejana cuando la veo sentada riéndose mientras ve gatitos que se caen en youtube o cuando canta Let It Go sintiéndose Elsa. A veces todavía no me creo que esa niña tan increíble salió de mi hermana, que lleva mi sangre, y que además de todo se parece muchísimo a mí. Seguir leyendo

Close up

Por Alejandra Eme Vázquez:

No sé de dónde me vino la idea, más bien certeza consumada en aquel entonces, pero si me preguntaban a los nueve años yo respondía muy segura que de grande quería ser directora de cine. Me encantaba cómo sonaba, lo que intuía que había detrás, y de tanto repetirlo conseguí que mi tío José Antonio me regalara un montón de libros sobre el séptimo arte: Sociología del cine, Historia del cine, Cine e ideología… Eran unos diez títulos a los que no les entendí nada, excepto por aquél que se llamaba Trece directores del cine mexicano, en el que la periodista Beatriz Reyes entrevistaba a renombrados cineastas. En aquel librito, que andaba trayendo para todos lados como si de un cómic se tratara, fue que tuve la primera noticia de Buñuel, de Cazals, de Galindo, de Ripstein, y supe que Ismael Rodríguez no sólo había hecho películas con Pedro Infante. Seguir leyendo

Remember your song

Por Nerea Barón:

May you walk in beauty and remember your song.

Blessed we are, Peia.

Una mujer ante el cadáver de un niño es al mismo tiempo la mujer y el niño. Y cuando alguien cae de un edificio, no sólo se lacera la materia, se lacera también el tiempo y los ojos que lo miran y los miles de paisajes que le preceden. La fragilidad siempre es fronteriza, como la piel.

Cuando conecto con mi propio desconsuelo, siento en el fondo de mi pecho una agitación infantil, inoportuna. Entonces pienso: “Soy la mujer y soy el niño”. Aunque miento. Naturalmente miento. No tengo un niño muerto en los brazos y eso hay que tenerlo bien claro. Soy epidérmica –la fragilidad siempre es fronteriza– pero no soy todos, no soy todas, y aunque quisiera aliviar desde dentro un dolor ajeno, no dejo de estar afuera. Estoy fuera incluso de la niña que, dentro de mí, llora. Seguir leyendo

El escritor al final del camino

Por Deniss Villalobos:

“Grown-ups don’t look like grown-ups on the inside either. Outside, they’re big and thoughtless and they always know what they’re doing. Inside, they look just like they always have. Like they did when they were your age. Truth is, there aren’t any grown-ups. Not one, in the whole wide world.”
Neil Gaiman, The Ocean at the End of the Lane

Neil Gaiman es uno de mis escritores favoritos. Cuando necesito palabras que me hagan sonreír, pero que también me den escalofríos, siempre recurro a él porque sé que podré encontrar una historia que me haga llorar por lo triste y hermosa que es, pero también revisar con desconfianza en las esquinas y bajo mi cama para estar segura de que nadie está ahí, esperando. Quizá después de ser niños algunas historias dejan de asustar e impresionar a muchos, tal vez la adultez, además de tener trabajos y otras responsabilidades, también se trata de dejar de tener miedo. Y eso es algo que a mí no me ha pasado. Seguir leyendo

El coleccionista de sueños

Por Deniss Villalobos:

“Ella era un monstruo, pero era mía.”

Jeanette Winterson, ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?

“Cuando tienes miedo, pero de todos modos lo haces, eso es ser valiente.”

Neil Gaiman, Coraline

“Una fotografía es un secreto sobre un secreto, entre más te cuenta menos sabes.”

Diane Arbus

Cuando era niña tenía una pesadilla recurrente. En ella no había un monstruo bajo la cama ni un vampiro tratando de beber toda mi sangre; tampoco había brujas, duendes, demonios o un accidente en el que mis padres morían. Era, de hecho, un sueño bastante simple. Me veía a mí misma en la escuela y alguien, un chico mayor que yo, me observaba a lo lejos. Me observaba todo el tiempo. Su mirada me hacía sentir incómoda y su cara, a pesar de ser “normal”, me parecía monstruosa. Tenía un lunar enorme junto a la boca, como si llevara pegado al rostro una tarántula que, si me descuidaba, saltaría a mi cara en cualquier momento. Soñé con ese muchacho tantas veces que, con el tiempo, me di cuenta de que crecía en mi sueño. Si todo empezó cuando tenía cinco años, a los diez él también era cinco años mayor. Mi pesadilla envejecía conmigo. Seguir leyendo

Recuerdos del ayer

Por Deniss Villalobos:

Solo puedo notar que el pasado es hermoso porque uno nunca comprende una emoción en su momento. Se expande más tarde, y por lo tanto no tenemos emociones completas respecto del presente, solo respecto del pasado.
Virginia Woolf

Todos amamos las películas de Studio Ghibli. Bueno, exagero un poco, porque no todos han visto una película de Studio Ghibli, y quizá de aquellos quienes lo han hecho un pequeño porcentaje no quedó impresionado, pero en general creo que todos conocemos a alguien que puede ver El viaje de Chihiro o Mi vecino Totoro con una sonrisa en la cara  más de una vez. Varios de los personajes más famosos del estudio japonés son parte de nuestras vidas fuera de las películas; playeras, sudaderas, tazas, cuadernos, peluches, sábanas y un largo etcétera que, no sería raro, incluye algún objeto que los lectores de esta columna tienen en casa en este momento. Seguir leyendo

Caminar de vuelta a casa

Por Deniss Villalobos:

Había una vez dos hermanas
que no temían a la oscuridad
porque la oscuridad estaba llena de la voz de la otra
al otro lado de la habitación,
porque incluso cuando la noche era oscura
y sin estrellas
caminaban juntas de vuelta a casa desde el río
viendo quién aguantaba más tiempo
sin encender la linterna,
sin temor
porque a veces en la oscuridad de la noche
se tumbaban boca arriba
en medio del camino
y miraban hacia arriba hasta que aparecían las estrellas
y cuando lo hacían,
levantaban los brazos para tocarlas
y las tocaban.

Jandy Nelson

Lo que podría decir sobre mi hermana cambia todos los días. Un sábado por la tarde diría que es insoportable y que nunca más quiero volver a hablar con ella. Al día siguiente puedo decir que es mi mejor amiga y que si algo le pasara no sabría cómo estar en un mundo en el que ella no exista. Y ambas afirmaciones serían verdad. A veces no soporto a mi hermana, a veces me molestan el tono de su voz, las cosas que dice y las decisiones que toma, a veces quiero que le caiga un piano en la cabeza o siento ganas de morderla y arrancarle un pedazo.  El amor más violento que conozco, pero también el más incondicional, es el que existe entre nosotras. Seguir leyendo

Tiempo cocodrilo

 Por Nerea Barón:

“Peter Pan había visto muchas tragedias,

pero las había olvidado todas”

J.M. Barrie

Tic-tac, suena el reloj cada vez más cerca. El Capitán Garfio se yergue de un salto, abre bien los ojos y clava la mirada en las aguas en busca del peligro. Lo que distingue a Garfio de los niños de Nunca Jamás es que a él lo persigue el tiempo, un cocodrilo malvado de dientes afilados que se ha tragado un despertador. El cocodrilo-tiempo es el vaticinio de su muerte y el temor que Garfio le tiene es lo que le confiere su condición de adulto, ojeroso vigilante con temblor de piernas. El final es bien sabido: cuando al reloj se le acaba la pila, el reptil logra acercarse al capitán y zampárselo. Seguir leyendo

Efemérides

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