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historia

Nuevo modelo educativo nacional: una de cal

Por Frank Lozano:

El pasado lunes trece de marzo, el gobierno federal presentó el que será el nuevo modelo educativo nacional. En el papel, se trata de una medida acertada y sobre todo necesaria, que se había tardado en llegar.  En una encuesta realizada por Parametría, un 65 por ciento de los mexicanos se manifestó a favor de un cambio del modelo educativo.

El sistema que está por jubilarse y del cual, en una u otra medida, todos somos víctimas, goza de una pésima reputación. Fue un sistema concebido para embutir información, no para desarrollar el pensamiento. Es un modelo uniforme, que niega de facto las distintas posibilidad que tiene un individuo para desarrollar conocimientos o acceder a ellos. Se trata de un modelo heterogéneo que deja muy poco o nulo margen al reconocimiento de las singularidades y particularidades culturales, de las cientos de regiones e identidades que coexisten en el país. Seguir leyendo

No, no eres depresivo

Por Nerea Barón:

“Caminando, caminando,

vamos caminando hacia el sol.

Caminando, caminando,

vamos caminando hacia la libertad”.

Caminando, Rising Appalachia

Siempre me ha preocupado la psiquiatría. A menudo llegan pacientes a consultorio con depresión o ansiedad; pacientes convencidos de que para estar bien deben de tomar de por vida un medicamento.

Ahora bien, ¿padecen esos males? En muchos casos sí. El problema no necesariamente es el diagnóstico, sino el enfoque. No soy psiquiatra y cuento entre mis amigos al menos a una persona a quien los medicamentos le han salvado la vida –literalmente–, según el cuadro clínico del que se trate, pero conozco a muchos otros para quienes la dependencia a los medicamentos se ha vuelto un síntoma más y, más aún, una resistencia a la cura:

¿Cómo puede dejar de estar deprimida una persona diagnosticada como depresiva; es decir, que considera a la depresión una condición inherente a ella y un rasgo de personalidad? ¿Cómo puede entender la importancia de generar recursos para hacerle frente a sus males cuando está convencida de que carece intrínsecamente de ellos, tanto así que un profesional ya le auguró una vida de dependencia a recursos externos? Seguir leyendo

Dejarías de ser ciudad

Por Alejandra Eme Vázquez:

Ningún cuerpo está preparado para lidiar con miembros fantasma: las pérdidas siempre toman por sorpresa y las tragedias no pasan sin llevarse algo consigo. El 19 de septiembre de 1985, el cuerpo de la ciudad de México tembló como nunca y se quedó derrumbado, lleno de escombros y vacíos donde antes había paisajes y vidas. Después de esa fecha ya nadie pudo decir nunca más que se hospedaría en el Hotel Regis; ahora vemos comercios saliendo del metro Pino Suárez en vez de sus otrora famosas torres; donde antes había casas, oficinas, escuelas, quedó sólo polvo; muchas familias se quedaron sin empleo, sin escuela, sin domicilio y lo que es peor: sin nombres que pronunciar. Seguir leyendo

La Doctrina Videgaray

Por Oscar E. Gastelum:

“An appeaser is one who feeds a crocodile, hoping it will eat him last.”

― Winston S. Churchill

Hace cuatro años, cuando en plena campaña presidencial comenzó a quedar muy claro que Enrique Peña Nieto era un hombre limitadísimo política e intelectualmente, los capos priistas del poderoso Grupo Atlacomulco y los altos mandos de Televisa, quienes lo encumbraron y promovieron sin descanso desde que tomaron la decisión de convertirlo en presidente, trataron de tranquilizar al resto de la preocupada oligarquía nacional asegurándole que, si bien el candidato Peña Nieto no era particularmente brillante o culto, no había nada por qué preocuparse pues estaba rodeado de un equipo de “jóvenes” y talentosos políticos entre los que descollaba el serio y brillante tecnócrata Luis Videgaray, su mano derecha. Seguir leyendo

Ireneo Paz en palabras de Daniel Cosío Villegas

Por Ángel Gilberto Adame:

Daniel Cosío Villeagas, prolífico historiador y hombre de letras, fue uno de los intelectuales mexicanos más destacados del siglo XX.

Su pasión por la narración histórica aunada a su talante literario le permitieron escribir con éxito su magna Historia Moderna de México,  obra que ofrece, desde un punto de vista vívido y contingente, la relatoría de uno de los periodos más caóticos de la vida nacional.

De temperamento combativo, Cosío Villegas no tenía reparos en responder a las críticas sin importar que fueran dirigidas a su trabajo o a su persona. En ese tenor, protagonizó algunas polémicas con Octavio Paz, aunque ninguna de ellas los enfrentó ideológicamente.

A pesar de la relación distante y hasta cordial que mantuvo con Paz,  Cosío Villegas fue un duro crítico del abuelo del Nobel, don Ireneo Paz, quien fuera director y editor de uno de los periódicos más importantes del porfiriato  y uno de los actores secundarios de la política decimonónica.

En su mayoría desfavorables, las opiniones de Cosío Villegas permiten poner en perspectiva la tradición liberal de la familia Paz en contraste con sus intereses a partir de la llegada al poder de Porfirio Díaz:

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Cosío Villegas expone que, iniciada la insurrección encabezada por Porfirio Díaz en 1876, el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada no la consideró de máximo peligro debido al poco virtuosismo de sus ideólogos:

Quizás la figura mejor fuera Vicente Riva Palacio, hombre de poco juicio y que no pasaba de ingenioso periodista, como lo eran tantos otros, digamos Ireneo Paz, uno de los más formidables “intelectuales”.

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En otro comentario, el historiador denuncia la tibieza de Ireneo Paz al referirse a Díaz y su actitud beligerante, en comparación con otros periódicos que lo avasallan con críticas y ponen en duda su moralidad:

Más significativas todavía son las rectificaciones procedentes de la prensa oficiosa y aun de la oficial propiamente. El periódico de Ireneo Paz, desde luego, a más de templar un tanto sus juicios sobre el gobierno caído, advierte el peligro de que la prensa sea demasiado despiadada con el de Porfirio Díaz, pues puede caer también ante embates injustos, que olvidan que se trata de una “administración que está en la infancia”.

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Otro aspecto que Cosío Villegas reprocha con dureza a Paz y a Vicente Riva Palacio fue la severidad con que juzgaron a Lerdo de Tejada, incluso antes de que tomara el poder, en su afán de generar opiniones en favor del nuevo régimen de Díaz:

Cuando se desciende de la parte de este desventurado libro escrito por Riva Palacio a la que sin duda es de la pluma de Ireneo Paz, las cosas llegan a ser grotescas o cínicas. Se afirma, por ejemplo, que Lerdo no debía haber sido presidente interino, pues como la revuelta de La Noria había declarado ilícita la elección de Juárez, “no era lógico que quien había usurpado la primera magistratura de la Nación tuviera un sucesor”.

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Una observación recurrente y enfática es a la corta o maliciosa memoria de Ireneo, pues Cosío Villegas le hace constantes precisiones acerca de la relevancia del porfirismo antes de la consumación del Plan de Tuxtepec y la rebelión a la que éste dio pauta:

Paz olvida, por supuesto, que el porfirismo no significaba nada en el momento de la accesión de Lerdo al poder: era una fracción vencida militar y políticamente.

Más adelante arremete contra el mencionado Plan y sus ejecutores, a quienes menosprecia:

Pero no sólo la inteligencia superior de Lerdo, sino la primitiva de Ireneo Paz, quien, además, presumía de ser coautor de él, y la de Porfirio Díaz, principal interesado en el asunto, coincidieron en el juicio condenatorio. Hasta allí, pues, Lerdo no juzgaba erróneamente las cosas; pero sí erró al creer que una revuelta así de desprestigiada no lo vencería. 

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De acuerdo con Cosío Villegas, si La Libertad y El Combate sugerían que el alzamiento tuxtepecano no tenía principios y por ende sólo estuvo motivado por la ocupación del poder, Ireneo defendía desde La Patria que el país debía someterse primero a una renovación moral antes que política:

Es curioso que tras afirmar que los tuxtepecanos quieren cambiar la sociedad mexicana “desde sus cimientos”, “quitar todo lo existente” y regenerar a la nación “en todos sentidos”, Paz acabe por hablar tan sólo de una regeneración “moral”, que se conseguirá con el buen ejemplo de los gobernantes.

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Ireneo Paz tuvo que solidarizarse con el sentido común: la causa tuxtepecana había quedado varada  en un mar de promesas incumplidas. Cosío Villegas aprovecha este episodio para exponer la torpeza de Ireneo, quien, orillado por las circunstancias, decidió lanzarse contra Díaz:

A un año del término de su primer periodo, no se podía ver más negro el panorama, y, en rigor, Ireneo Paz, pronostica una próxima revolución. En fin, al calibrar lo que al país le reserva 1880, año de las elecciones presidenciales, La Patria se desboca al llamar a Porfirio perjuro y prevaricador, ya que no ha sabido regenerar ni revolucionar.

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En lo relativo al oficio periodístico, Cosío Villegas alude a que periódicos como La Libertad, a pesar de tener redactores extraordinarios, distaban mucho de poseer un renombre, como sí lo tenían otras publicaciones, como El Monitor Republicano y La Patria, “con plumas tan toscas como la de Ireneo Paz, que tenían mayor arraigo en el público”.

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En afán de demostrar la debilidad de las convicciones políticas de Ireno Paz, Cosío villegas le recrimina que, siendo el personaje de mayor renombre entre los simpatizantes de Trinidad García de la Cadena en su búsqueda por suceder a Díaz en la presidencia, no lanza la candidatura a nombre de su periódico, hasta el 5 de febrero de 1880. Y tras de este retardo, viene una explicación extraña y nociva: “esperábamos de él, principalmente, la solemne promesa, el compromiso sagrado, contraído ante la faz de la Nación, de que la paz pública no sufriría alteración por causa suya, sino antes bien, que sería él su campeón más decidido”.

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Cosío Villegas relata que, cuando se aproximaban las elecciones de diputados y senadores para la XI legislatura,  que correría de 1882 a 1884, el gobierno incurrió en favoritismos burocráticos y honoríficos: “era claro que Ireneo Paz, usando su periódico, pide que se le tome en cuenta”.

Después de este breve recorrido, queda claro que Cosío Villegas concibió al dueño de La Patria como un personaje gris y temeroso, que por conveniencia o torpeza no logró ser más que un espectador de los acontecimientos que forjaron el México moderno.

Nota: Todas las opiniones citadas fueron tomadas del libro Historia Moderna de México. 

¿Qué es una droga?

Por Nerea Barón:

Cuentan que en la Rusia zarista el café era considerado una droga letal y su consumo era penado con tortura y mutilación de orejas. Cuentan también que cuando el ejército napoleónico llegó a Egipto prohibió el consumo de las semillas de cáñamo –ésas que se utilizan como alimento para pájaro– mientras que el ácido lisérgico era venerado en las ceremonias de Eleusis como componente fundamental de los misterios para los iniciados. Seguir leyendo

José Luis Soberanes Fernández

La superioridad de la ley se proyecta en el instrumento o vehículo de ésta; que es el juzgador.

Don José Luis Soberanes Fernández nació el 10 de enero de 1950 en Santiago de Querétaro, Querétaro.

Inició sus estudios profesionales en febrero de 1968 en la Facultad de Derecho y los concluyó en noviembre de 1971. Defendió la tesis El control de la constitucionalidad de las leyes en México, por la cual fue distinguido con Mención Honorífica. Más tarde, en 1974, obtuvo el grado de doctor por la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia con calificación sobresaliente y mención Cum Laude. Contrajo matrimonio con Mariely Díez.

En 1972 incursionó en la docencia en su alma mater como ayudante del maestro Héctor Fix-Zamudio en la materia de Garantías y amparo. El primero de marzo de 1974 obtuvo la titularidad del primer y segundo curso de Derecho romano e Historia del Derecho mexicano en la Facultad de Derecho; también es investigador por oposición en el Instituto de Investigaciones Jurídicas desde 1974. El 10 de junio de 1994 obtuvo, por oposición, la titularidad de la cátedra Historia del Derecho mexicano. Funge como tutor académico del doctorado en Derecho por Investigación del Instituto de Instituto de Investigaciones Jurídicas de nuestra Universidad, del cual fue director del 24 de julio de 1990 al 23 de agosto de 1998.

Asimismo, fungió como presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, del 16 de noviembre de 1999 al 16 de noviembre del 2009.

A la par de su labor como investigador en nuestra casa de estudios, el doctor Soberanes ha impartido cursos de posgrado, maestría y doctorado en diversas universidades de México y América Latina. Por ello, recibió el nombramiento de Profesor distinguido de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; fue profesor visitante de la Université des Sciences Sociales de Tolouse, Francia; y el 31 de enero del 2007 fue nombrado doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Tlaxcala.

Entre sus obras más importantes se encuentran: El pensamiento constitucional en la independencia; Sobre el origen de las declaraciones de Derechos Humanos; El ombudsman nacional en los medios: una magistratura de opinión; e Historia del Derecho mexicano.

Algunos de los reconocimientos más importantes que ha recibido son: la medalla Gran Cruz de la Orden de Honor Docente, por el Supremo Consejo Nacional y el Consejo Directivo Nacional del Instituto Mexicano de Cultura; el de Académico Honorario de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España; la presea Norma Corona Sapién por los Derechos Humanos, otorgada por la Asociación de Abogados Litigantes de la República Mexicana; y la Cruz de Honor de San Raimundo de Peñafort, reconocimiento que se otorga a las personas que se distinguen en la actividad jurídica por parte del Gobierno de España.

En el prólogo a su libro Sobre el orden de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, don Héctor Fix Zamudio comenta: “Resulta de gran utilidad el estudio que ha elaborado el investigador José Luis Soberanes Fernández, conocedor profundo y cuidadoso de nuestra historia jurídica, pues a él debemos la coordinación de un excelente volumen colectivo sobre la organización  judicial de la colonia…”.

Eduardo López Betancourt

En nombre del Derecho se aprueban leyes incoherentes, absurdas, ajenas a la exigencia de la angustiante realidad.

Don Raúl Eduardo López Betancourt nació el 7 de noviembre de 1944 en la ciudad de Iguala, estado de Guerrero.

Inició su educación en la Escuela Primaria Andrés Figueroa, posteriormente ingresó a la Escuela Secundaria Plan de Iguala, ambas ubicadas en su ciudad natal. Terminó el bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria. Cursó sus estudios profesionales en la Facultad de Derecho, mismos que concluyó con la defensa de la tesis Los tratados internacionales dentro del orden constitucional mexicano. Contrajo matrimonio con Elba Cruz y Cruz. Desde 1977, es maestro en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras, grado que obtuvo con la defensa de la tesis El antifederalismo de Carlos María de Bustamante. En 1983 recibió el grado de doctor en la disciplina anterior, con la tesis Carlos María de Bustamante: Legislador, 1822-1824. En el año 2000 se le nombró doctor en Derecho por la Universidad Autónoma de Nayarit, por la tesis Pedagogía jurídica.

Desde el 1 de abril de 1967 incursionó a la docencia en su alma mater, como profesor del primer curso de Derecho penal. Ha sido catedrático de la División de Estudios de Posgrado; de la Escuela Normal Oral; de la Superior de México; de la Facultad de Filosofía y Letras; de Psicología y de la Escuela para Extranjeros de la Universidad. Se ha desempeñado como jefe de clases de civismo en diversas escuelas secundarias de la capital. Don Juan Jorge Bautista Gómez afirma que es un “…Autor que siempre se ha distinguido por ser un gran analista jurídico, político, del mundo contemporáneo y del Estado mexicano”. Ha sido presidente del Comité de Tutorías de Derecho Penal y Procesal Penal de la División de Estudios de Posgrado; profesor distinguido con la categoría académica de Catedrático UNAM; miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología; consejero universitario, representante de los profesores de nuestra Escuela; y presidente del consejo consultivo de la Barra Nacional de Abogados. Asimismo, fue profesor de enseñanza secundaria. En el Colegio Madrid impartió la asignatura de Derecho positivo mexicano.

Fuera del ámbito académico ejerció, entre otros, los cargos de: abogado de atención de amparos en el Departamento de Asuntos Agrarios; subdirector general de Gobernación en el Distrito Federal; y procurador general de justicia del estado de Guerrero.

Ha asesorado múltiples tesis profesionales y ha sido llamado como colaborador permanente de diversos diarios de circulación nacional; además, ha dictado gran cantidad de conferencias. Entre sus obras más importantes se encuentran:  El derecho en México; La crisis; Ideario jurídico y social; Glosario jurídico penal; Manual de derecho positivo mexicano; Introducción al derecho penal;  Teoría del delito y de la ley penal; Imputabilidad y culpabilidad; El delito de fraude: reflexiones; Delitos en particular; No te conozco: hechos reales con visos de novela; Serpentario y cartas a los hombres del poder; Derecho constitucional; Drogas: su legalización; Drogas: entre el derecho y el drama; Derecho procesal penal; y Pensamientos, 1998. Entre las obras que ha escrito en coautoría, destacan Reglamentación de las jurisdicciones indígenas en México y La prueba indiciaria presuncional o circunstancial en el nuevo sistema penal acusatorio.

El maestro es un generador de debate, por lo que le han granjeado buenas y malas querencias, pero nunca indiferencias. Él mismo lo reconoce cuando en su página web puede leerse “…Es crítico asiduo de los malos sistemas políticos. Su valor civil ha sido motivo de persecuciones y descalificaciones”. En el portal Mis profesores hallé esta opinión sobre la calidad docente de don Eduardo: “…Me parece uno de los mejores maestros de la Facultad; realmente considero que quienes lo critican no tienen argumentos sólidos (…). Aunque es muy duro, realmente es un gran maestro (…) ya que el aprendizaje es responsabilidad del alumno”; o esta otra: “…Tiene una personalidad única y si critica a la autoridad es porque ha sufrido mucho a lo largo de su carrera por no callarse”; y esta última: “…Nadie se salva de los defectos, así que en mi opinión es un excelente profesor, le importa el progreso de sus alumnos y su formación”.

En su carrera profesional ha recibido diversos reconocimientos. Es doctor Honoris Causa por el Consejo Directivo Internacional del Consejo Iberoamericano en Honor a la Calidad Educativa, en Punta del Este, Uruguay. En 2010, fue merecedor del Premio Jus.

Durante la imposición de su nombre en un aula de la Universidad Autónoma de Guerrero, don Ricardo González Reyes se refirió a él con las siguientes palabras: “El homenaje que hoy rendimos a don Eduardo López Betancourt es solo la consecuencia indiscutible de toda su aportación a la unidad académica, y no solo a ella, sino, en general, a la formación de maestros y doctores en Derecho. En Guerrero se le considera uno de los más brillantes juristas del país y nos sentimos orgullosos de que él, como nosotros, sea un gran guerrerense”.

Los relámpagos de octubre

Por Ángel Gilberto Adame:

Cualquier propuesta que pretendiera darle un carácter científico a la historia se toparía con un muro imposible de expugnar: la realidad mexicana.

Nuestro devenir está plagado de tantas contradicciones, hechos increíbles e inexplicables, imitaciones absurdas, mezquindades y egoísmos, que es materialmente imposible marcar un camino cierto que explique con objetividad por qué somos y estamos así.

El maniqueísmo es la constante que nos identifica; siempre hay dos bandos bien definidos, el de los héroes y el de Seguir leyendo

El Otro Grito

Por Oscar E. Gastélum:

“Cada año, el 15 de septiembre a las once de la noche, en todas las plazas de México celebramos la Fiesta del Grito; y una multitud enardecida efectivamente grita por espacio de una hora, quizá para callar mejor el resto del año.”

Octavio Paz

Debo confesar que, en principio, no tengo nada en contra de las fiestas nacionales, eventos anuales e idealmente seculares en los que la ciudadanía de un país democrático celebra sus mitos fundacionales y despliega una dosis moderada de sano orgullo patrio. Los gringos, por ejemplo, cada cuatro de julio cantan The Star-Spangled Banner antes de los partidos de baseball, hacen carnes asadas familiares y por la noche contemplan espléndidos espectáculos pirotécnicos. Mientras que, diez días después, los franceses, paradójicamente más militaristas que sus aborrecidos liberadores norteamericanos, sacan sus misiles y aviones de combate a orear al tiempo que un desfile militar paraliza los Champs Elysées al ritmo de la Marsellesa. Seguir leyendo

Efemérides

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