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historia

Modernos, premodernos y posmodernos

Por Oscar E. Gastélum:

“The progress of human knowledge will be rapid, and discoveries made of which we have at present no conception. I begin to be almost sorry I was born so soon, since I cannot have the happiness of knowing what will be known 100 years hence.”

— Benjamin Franklin, 1783

 

La semana pasada escribí sobre la revolución rusa y el fracaso del marxismo (en una columna que usted puede leer aquí), y al final toqué brevemente el tema de sus herederos, los actuales enemigos de la modernidad. Pero quisiera utilizar esta y mi próxima columna para extenderme un poco más en ese tema. Para empezar, habría que recordar que el orden liberal moderno desciende directamente de la Ilustración, ese movimiento político, cultural e intelectual nacido en las milagrosas islas británicas en el siglo XVIII y comprometido con la razón, la ciencia, la libertad, los valores y derechos universales, la democracia, el cosmopolitismo, el humanismo y la economía de mercado. La adopción de esta nueva visión del mundo hizo que nuestra especie (sí, todo comenzó en Occidente pero poco a poco tanto las ideas como sus frutos han ido  expandiéndose por el mundo) diera un salto cuántico civilizatorio sin precedentes en tan solo tres siglos, un auténtico suspiro histórico. Seguir leyendo

Desde Rusia con terror

Por Oscar E. Gastélum:

 

“Putin placed his bet on the basest instincts and won. Even if he disappeared tomorrow, we would remain as we are.”

– Svetlana Alexievich

Las últimas tres semanas del verano de 1999 fueron un auténtico suplicio para el pueblo ruso. Y es que una ola de atentados terroristas, atribuidos por las autoridades y por la sabiduría popular a separatistas chechenos, sumieron al país entero en un estado de paranoia y rabia colectiva que desembocó, unos meses más tarde, en la renuncia de Boris Yeltsin a la presidencia y en el ascenso al poder de Vladimir Putin. Es decir, en la muerte prematura de la incipiente democracia rusa. Pero todo comenzó el 31 de agosto, cuando una bomba estalló en un concurrido centro comercial matando, milagrosamente, a solo una persona. En retrospectiva pareciera que ese primer atentado fue un ensayo, un intento fallido que motivó a los terroristas a esforzarse más en sus afanes homicidas.

Y vaya que lo hicieron, pues tan solo cinco días después, en la sureña ciudad de Buynaksk, a unos kilómetros de Chechenia, una fuerte explosión destruyó un edificio residencial habitado principalmente por oficiales del ejército, matando a 64 personas, entre las que se encontraban 23 niños. Dos días después, el ocho de septiembre, la suerte, o más bien la muerte, volvió a sonreírle a los despiadados terroristas cuando otra de sus bombas destruyó completamente otra unidad habitacional en Moscú, cegando la vida de 100 de sus habitantes. Y cinco días más tarde, de nueva cuenta en la capital, los autores de aquellas matanzas consiguieron su mayor victoria hasta ese momento al volar otro edificio departamental provocando la muerte de 124 seres humanos inermes. En esta ocasión, la bomba estaba programada para estallar a las cinco de la mañana en punto, garantizando que la inmensa mayoría de los inquilinos estuvieran profundamente dormidos en sus departamentos a la hora del estallido. Seguir leyendo

(No) (se) (olvida)

Por Alejandra Eme Vázquez:

 

Nací un viernes de 1980, en el hospital “Darío Fernández” de Barranca del Muerto. Una vez que al fin vi la luz del mundo y lloré, como lloramos todos porque desde ese momento cualquier tiempo pasado ya es mejor, el médico le dijo a mi mamá con dicharachero acento norteño: “¡Es una vieja, y por poquito le sale revoltosa!”. Se refería a que por cincuenta minutos, “me salvé” de nacer en 2 de octubre. Por poquito me toca que algún humorista negro me preguntara a cada vuelta al sol que si el “no se olvida” era por mi cumpleaños y por poquito adorno mi pastel con los versos de Vallejo: yo nací un día que Dios estuvo enfermo, grave.

Como sea, crecí celebrando el día después, en el aniversario de barrer los cuerpos y encabezar los periódicos con un “aquí no ha pasado nada”. Supongo que también crecí, como muchos de mi generación nacidos otros días y otros meses, sabiendo que era necesario pasar la estafeta de esa memoria heredada a los más jóvenes y quizá por ello, mientras di clases de español en secundaria no había manera de que octubre no comenzara con la lectura de Rosario Castellanos, de Juan Villoro, de Elena Poniatowska, porque sólo tenemos acceso a la experiencia ajena y con eso nos tenemos que construir conciencia. “Para no estar condenados a repetirlo”, dicen, y de pronto nuestra frágil y engañosa memoria adquiere una responsabilidad que la rebasa: ¿cómo se transmite un recuerdo que es más bien un vacío, una mutilación? Seguir leyendo

Algunas cosas sobre el fuego

Por Deniss Villalobos:

Quiso apagar incendios con el fuego.
José Emilio Pacheco

And then I feel the sun itself
as it blazes over the hills,
like a million flowers on fire
Mary Oliver

En algunos pueblos el fuego debía apagarse cuando un rey agonizaba en su lecho de muerte y, en mi opinión, creo que aunque no seamos parte de la realeza deberíamos apagar al menos una vela cuando perdamos a alguien o algo importante, esperando que al final de nuestra vida también un fuego, del tamaño de una mecha o una estrella, se extinga por nosotros. En Siberia se piensa que el fuego acaba con el mal que cualquier objeto pueda poseer; las cosas arden no para destruirlas sino para liberarlas; al fuego se le habla y se le alimenta. El oro tiene que estar en el corazón de las llamas para ser purificado. El Ave Fénix se consume solo para renacer.

Cuenta una historia que en África un hombre llamado Motu se casó con una mujer de las nubes y así las personas que vivían en la tierra y en el cielo se unieron en paz. En la tierra las personas comían sus alimentos crudos hasta que las personas de las nubes les enseñaron a crear fuego, y así vivieron un tiempo hasta que la esposa de Motu llevó a casa una canasta y le pidió a su marido que nunca la abriera, pero él no aguantó la curiosidad y abrió la caja, que estaba vacía. Las personas de las nubes volvieron al cielo para nunca regresar, pero nos dejaron como regalo el fuego. Seguir leyendo

Discurso pronunciado en la presentación oficial de “De armas tomar” en el Palacio de Bellas Artes

Por Ángel Gilberto Adame:

En recuerdo de

Teodoro González de León

y Rafael Tovar y de Teresa

Leer el flujo de la historia es una tarea apasionante que nos convierte en observadores del caudal del tiempo; una perplejidad que pone de relieve ante nosotros episodios que han sido consignados al olvido por el arbitrio de la memoria.

El azar, caprichoso en ocasiones, nos permite atisbar leves fragmentos de épocas consumadas, los cuales son epifanías invaluables para el historiador o el biógrafo, pues le permiten poner a prueba su paciencia inquisitiva y su curiosidad crítica.

En mi caso, fueron las hemerotecas y los archivos los que me marcaron las pautas a seguir para esbozar, con la mayor veracidad posible, las biografías de las doce mujeres que aparecen en el libro que hoy nos reúne. Seguir leyendo

Nuevo modelo educativo nacional: una de cal

Por Frank Lozano:

El pasado lunes trece de marzo, el gobierno federal presentó el que será el nuevo modelo educativo nacional. En el papel, se trata de una medida acertada y sobre todo necesaria, que se había tardado en llegar.  En una encuesta realizada por Parametría, un 65 por ciento de los mexicanos se manifestó a favor de un cambio del modelo educativo.

El sistema que está por jubilarse y del cual, en una u otra medida, todos somos víctimas, goza de una pésima reputación. Fue un sistema concebido para embutir información, no para desarrollar el pensamiento. Es un modelo uniforme, que niega de facto las distintas posibilidad que tiene un individuo para desarrollar conocimientos o acceder a ellos. Se trata de un modelo heterogéneo que deja muy poco o nulo margen al reconocimiento de las singularidades y particularidades culturales, de las cientos de regiones e identidades que coexisten en el país. Seguir leyendo

No, no eres depresivo

Por Nerea Barón:

“Caminando, caminando,

vamos caminando hacia el sol.

Caminando, caminando,

vamos caminando hacia la libertad”.

Caminando, Rising Appalachia

Siempre me ha preocupado la psiquiatría. A menudo llegan pacientes a consultorio con depresión o ansiedad; pacientes convencidos de que para estar bien deben de tomar de por vida un medicamento.

Ahora bien, ¿padecen esos males? En muchos casos sí. El problema no necesariamente es el diagnóstico, sino el enfoque. No soy psiquiatra y cuento entre mis amigos al menos a una persona a quien los medicamentos le han salvado la vida –literalmente–, según el cuadro clínico del que se trate, pero conozco a muchos otros para quienes la dependencia a los medicamentos se ha vuelto un síntoma más y, más aún, una resistencia a la cura:

¿Cómo puede dejar de estar deprimida una persona diagnosticada como depresiva; es decir, que considera a la depresión una condición inherente a ella y un rasgo de personalidad? ¿Cómo puede entender la importancia de generar recursos para hacerle frente a sus males cuando está convencida de que carece intrínsecamente de ellos, tanto así que un profesional ya le auguró una vida de dependencia a recursos externos? Seguir leyendo

Dejarías de ser ciudad

Por Alejandra Eme Vázquez:

Ningún cuerpo está preparado para lidiar con miembros fantasma: las pérdidas siempre toman por sorpresa y las tragedias no pasan sin llevarse algo consigo. El 19 de septiembre de 1985, el cuerpo de la ciudad de México tembló como nunca y se quedó derrumbado, lleno de escombros y vacíos donde antes había paisajes y vidas. Después de esa fecha ya nadie pudo decir nunca más que se hospedaría en el Hotel Regis; ahora vemos comercios saliendo del metro Pino Suárez en vez de sus otrora famosas torres; donde antes había casas, oficinas, escuelas, quedó sólo polvo; muchas familias se quedaron sin empleo, sin escuela, sin domicilio y lo que es peor: sin nombres que pronunciar. Seguir leyendo

La Doctrina Videgaray

Por Oscar E. Gastelum:

“An appeaser is one who feeds a crocodile, hoping it will eat him last.”

― Winston S. Churchill

Hace cuatro años, cuando en plena campaña presidencial comenzó a quedar muy claro que Enrique Peña Nieto era un hombre limitadísimo política e intelectualmente, los capos priistas del poderoso Grupo Atlacomulco y los altos mandos de Televisa, quienes lo encumbraron y promovieron sin descanso desde que tomaron la decisión de convertirlo en presidente, trataron de tranquilizar al resto de la preocupada oligarquía nacional asegurándole que, si bien el candidato Peña Nieto no era particularmente brillante o culto, no había nada por qué preocuparse pues estaba rodeado de un equipo de “jóvenes” y talentosos políticos entre los que descollaba el serio y brillante tecnócrata Luis Videgaray, su mano derecha. Seguir leyendo

Ireneo Paz en palabras de Daniel Cosío Villegas

Por Ángel Gilberto Adame:

Daniel Cosío Villeagas, prolífico historiador y hombre de letras, fue uno de los intelectuales mexicanos más destacados del siglo XX.

Su pasión por la narración histórica aunada a su talante literario le permitieron escribir con éxito su magna Historia Moderna de México,  obra que ofrece, desde un punto de vista vívido y contingente, la relatoría de uno de los periodos más caóticos de la vida nacional.

De temperamento combativo, Cosío Villegas no tenía reparos en responder a las críticas sin importar que fueran dirigidas a su trabajo o a su persona. En ese tenor, protagonizó algunas polémicas con Octavio Paz, aunque ninguna de ellas los enfrentó ideológicamente.

A pesar de la relación distante y hasta cordial que mantuvo con Paz,  Cosío Villegas fue un duro crítico del abuelo del Nobel, don Ireneo Paz, quien fuera director y editor de uno de los periódicos más importantes del porfiriato  y uno de los actores secundarios de la política decimonónica.

En su mayoría desfavorables, las opiniones de Cosío Villegas permiten poner en perspectiva la tradición liberal de la familia Paz en contraste con sus intereses a partir de la llegada al poder de Porfirio Díaz:

1

Cosío Villegas expone que, iniciada la insurrección encabezada por Porfirio Díaz en 1876, el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada no la consideró de máximo peligro debido al poco virtuosismo de sus ideólogos:

Quizás la figura mejor fuera Vicente Riva Palacio, hombre de poco juicio y que no pasaba de ingenioso periodista, como lo eran tantos otros, digamos Ireneo Paz, uno de los más formidables “intelectuales”.

2

En otro comentario, el historiador denuncia la tibieza de Ireneo Paz al referirse a Díaz y su actitud beligerante, en comparación con otros periódicos que lo avasallan con críticas y ponen en duda su moralidad:

Más significativas todavía son las rectificaciones procedentes de la prensa oficiosa y aun de la oficial propiamente. El periódico de Ireneo Paz, desde luego, a más de templar un tanto sus juicios sobre el gobierno caído, advierte el peligro de que la prensa sea demasiado despiadada con el de Porfirio Díaz, pues puede caer también ante embates injustos, que olvidan que se trata de una “administración que está en la infancia”.

3

Otro aspecto que Cosío Villegas reprocha con dureza a Paz y a Vicente Riva Palacio fue la severidad con que juzgaron a Lerdo de Tejada, incluso antes de que tomara el poder, en su afán de generar opiniones en favor del nuevo régimen de Díaz:

Cuando se desciende de la parte de este desventurado libro escrito por Riva Palacio a la que sin duda es de la pluma de Ireneo Paz, las cosas llegan a ser grotescas o cínicas. Se afirma, por ejemplo, que Lerdo no debía haber sido presidente interino, pues como la revuelta de La Noria había declarado ilícita la elección de Juárez, “no era lógico que quien había usurpado la primera magistratura de la Nación tuviera un sucesor”.

4

Una observación recurrente y enfática es a la corta o maliciosa memoria de Ireneo, pues Cosío Villegas le hace constantes precisiones acerca de la relevancia del porfirismo antes de la consumación del Plan de Tuxtepec y la rebelión a la que éste dio pauta:

Paz olvida, por supuesto, que el porfirismo no significaba nada en el momento de la accesión de Lerdo al poder: era una fracción vencida militar y políticamente.

Más adelante arremete contra el mencionado Plan y sus ejecutores, a quienes menosprecia:

Pero no sólo la inteligencia superior de Lerdo, sino la primitiva de Ireneo Paz, quien, además, presumía de ser coautor de él, y la de Porfirio Díaz, principal interesado en el asunto, coincidieron en el juicio condenatorio. Hasta allí, pues, Lerdo no juzgaba erróneamente las cosas; pero sí erró al creer que una revuelta así de desprestigiada no lo vencería. 

5

De acuerdo con Cosío Villegas, si La Libertad y El Combate sugerían que el alzamiento tuxtepecano no tenía principios y por ende sólo estuvo motivado por la ocupación del poder, Ireneo defendía desde La Patria que el país debía someterse primero a una renovación moral antes que política:

Es curioso que tras afirmar que los tuxtepecanos quieren cambiar la sociedad mexicana “desde sus cimientos”, “quitar todo lo existente” y regenerar a la nación “en todos sentidos”, Paz acabe por hablar tan sólo de una regeneración “moral”, que se conseguirá con el buen ejemplo de los gobernantes.

6

Ireneo Paz tuvo que solidarizarse con el sentido común: la causa tuxtepecana había quedado varada  en un mar de promesas incumplidas. Cosío Villegas aprovecha este episodio para exponer la torpeza de Ireneo, quien, orillado por las circunstancias, decidió lanzarse contra Díaz:

A un año del término de su primer periodo, no se podía ver más negro el panorama, y, en rigor, Ireneo Paz, pronostica una próxima revolución. En fin, al calibrar lo que al país le reserva 1880, año de las elecciones presidenciales, La Patria se desboca al llamar a Porfirio perjuro y prevaricador, ya que no ha sabido regenerar ni revolucionar.

7

En lo relativo al oficio periodístico, Cosío Villegas alude a que periódicos como La Libertad, a pesar de tener redactores extraordinarios, distaban mucho de poseer un renombre, como sí lo tenían otras publicaciones, como El Monitor Republicano y La Patria, “con plumas tan toscas como la de Ireneo Paz, que tenían mayor arraigo en el público”.

8

En afán de demostrar la debilidad de las convicciones políticas de Ireno Paz, Cosío villegas le recrimina que, siendo el personaje de mayor renombre entre los simpatizantes de Trinidad García de la Cadena en su búsqueda por suceder a Díaz en la presidencia, no lanza la candidatura a nombre de su periódico, hasta el 5 de febrero de 1880. Y tras de este retardo, viene una explicación extraña y nociva: “esperábamos de él, principalmente, la solemne promesa, el compromiso sagrado, contraído ante la faz de la Nación, de que la paz pública no sufriría alteración por causa suya, sino antes bien, que sería él su campeón más decidido”.

9

Cosío Villegas relata que, cuando se aproximaban las elecciones de diputados y senadores para la XI legislatura,  que correría de 1882 a 1884, el gobierno incurrió en favoritismos burocráticos y honoríficos: “era claro que Ireneo Paz, usando su periódico, pide que se le tome en cuenta”.

Después de este breve recorrido, queda claro que Cosío Villegas concibió al dueño de La Patria como un personaje gris y temeroso, que por conveniencia o torpeza no logró ser más que un espectador de los acontecimientos que forjaron el México moderno.

Nota: Todas las opiniones citadas fueron tomadas del libro Historia Moderna de México. 

Efemérides

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