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Ser madre

Por Nerea Barón:

Para Angélica

Oh, my Mama

she gave me these feathered breaths

Oh, my Mama

she told me “use your voice,

my little bird”.

Oh, my Mama, Alela Diane

No me pregunten si quiero ser mamá, que es una pregunta complicada. Tal vez incluso es una falsa pregunta: me gusta creer que cuando estás alineado con la vida, la vida se va desdoblando con naturalidad y las grandes decisiones más que decisiones se vuelven meras constataciones, transformaciones justas que nacen sin prisa ni enfado como consecuencia natural de la escucha activa de la vida misma, acomodándose.

Decía Ciorán que los iluminados son aquellos que no quisieron traicionar a la Nada con la Vida, nada ella también pero más jugosa. Pienso en esa cita y pienso invariablemente en la maternidad, la más grande traición a la Nada en nombre de la Vida. Quizá es el paso de los años, pero cada vez me cuesta más confiar en quienes, desde su trinchera ideológica, soberbia, nunca osan traicionar a la Nada y prefieren llenarse de Mente. La verdadera iluminación tiene colores, tormenta, lodo y pies cansados, me parece.

Sea como fuere, por algún motivo siempre trabajo mi maternidad en la profundidad del ensueño de la medicina maestra. «En esta casa la alegría tiene esta cara» le digo a mis hijos sin tiempo y, recostada, dejo que bailen las formas de mi alegría en esa vida paralela. No hay nada más importante qué transmitir que la fe encarnada, cotidiana, de que la vida merece ser vivida. Luego me despido de ellos cuando crecen, honrando la nueva cara de la alegría que han elegido. ¿Qué es el hogar sino eso?

«Su único deber es florecer», les digo y mientras se los digo rezo y crezco y me peleo conmigo misma, porque en su infinita otredad mis hijos florecen de las formas más insospechadas y muchas veces me fallan no porque fallen sino porque mi panorama todavía no está lo suficientemente abierto y me da miedo.

El amor es esa fuerza que rompe las ideas preconcebidas de las cosas e invita a reconocer al otro en tanto otro y buscar acompañarlo de la mejor manera, aunque las formas en las que se exprese su ser no siempre nos complazcan. En ese sentido ya soy madre desde ahora, en mi compromiso vital de pulir la piedra de mi amor y acompañar a los míos como quien canta a lo lejos.

Los padres insertan un orden en el caótico mundo interior del niño y eso es lo que los siembra en el mundo. Benditos sean por su empecinada tarea de delimitar y conducir, de representar el afuera con todas sus reglas y prohibiciones, pero no olvidemos que el mundo también es un constructo que se amolda a cada sensibilidad y la cara que muestra es muchas veces la cara de nuestros propios miedos o anhelos, lo que nos arroja la pregunta: ¿Qué noción de mundo tenemos interiorizada? ¿Qué noción de comunidad? ¿Estamos acaso dispuestos a replicarla e imprimarla en otras sensibilidades?

El mundo se suaviza y acrisola lentamente y desde adentro. Con o sin hijos somos padres, en tanto replicadores del mundo. Después del ordenamiento primigenio –el lenguaje, la agridulce culturalización de los nuevos integrantes– viene el desorden igualmente necesario, similar a lo que ocurre con la música: aprendemos las canciones para saber cómo se sienten en la boca y en el cuerpo y, desde ahí, desaprenderlas e improvisarlas, renovadas; aprendemos el ritmo para saber cuándo salirnos de él y así, irnos expandiendo en ese suave vaivén entre lo construido y lo inédito, en donde nada está prohibido.

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  • YOLANDA PEDROZA

    Mi niña linda. Para mi la maternidad llegó a mi, sin pensar y creo que lo sabes bien. Yo me casé y mis hermanas ya tenían bebés Mi instinto materno surgió inmediatamente. A propósito dejé de tomar las píldoras y de repente. Oh sorpresa. y aunque tú sabes que las condiciones no eran las adecuadas, este alumbramiento como los otros 2 se convirtieron en grandes bendiciones. Solo cuando tienes a tu bebé en los brazos puedes entender esta magia.. Si me preguntas cuales son los momentos mas hermosos de tu vida, sin duda te respondo que fue amamantar a mis hijos. Fue una conexión directa de almas. Mientras lo hacía, los acariciaba,, me veían y yo a ellos. Un enamoramiento inmediato que sabes que será eterno. Yo no pensé en todo lo que mencionas y así como educar, conducir, prohibir, delimitar. Simplemente se fue haciendo y todo ha sido maravilloso.
    Si así lo decidieras, se de antemano que serías una buena madre y muchas cosas cambiarían para ti.
    Te quiero mucho, mi linda guru… jajajaja

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