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Remedios contra la accesibilidad

Por Alejandra Eme Vázquez:

Verá usted, no importa lo que le hayan dicho antes: ser accesible no es necesariamente un sinónimo de ser generoso, ni transparente, ni de que no tiene usted nada que esconder. Porque en estos tiempos que han puesto todo al alcance de todos y se privilegia saber todo de todos, como si definirnos ante los demás en lo real o lo virtual fuera siempre un acto de amor, ser accesibles puede significar también acomodarnos con cuidado en las fauces del lobo para facilitarle devorarnos. También dejar las llaves pegadas en la puerta de nuestra casa o darle a nuestros acosadores una copia de nuestra agenda es ser accesibles; se trata, entonces, de decidir a qué accesibilidad queremos jugar.

Seguro que todos, y especialmente quienes usamos internet y redes sociales, hemos visto la cara funesta de la accesibilidad. Pero de tan sumergidos en esta dinámica, no atinamos más que a encogernos de hombros y apechugar, seguros como estamos de que estos gajes de ser demasiado accesibles valen la pena por las ventajas de conocer a muchas personas (algunas de ellas potencialmente agradables, con suerte), de tener como nunca información a nuestra disposición y tantas otras lindezas. Por eso es que hoy, este su espacio de confianza se dio a la tarea de reunir cinco sencillas estrategias que le pueden ayudar a lidiar con los momentos en que estar tan disponible le abruma, le sobrepasa, le duele. Helas aquí:

  1. Meditación selectiva. Como en las crisis de accesibilidad no es conveniente relacionarse con otras personas, se sugiere tomar de la meditación los principios básicos y llevarla a cabo en un lugar libre de pantallas y espejos. El objetivo será que todo ese yo disperso entre la constante edición de una imagen pública vuelva por un momento a su centro aunque sea sólo para tomarse un descanso, porque tampoco son deseables las altas concentraciones de ego sin válvulas de escape. Entre las imágenes que se pueden elegir para focalizar la atención en tal objetivo están: un agujero a mitad del desierto, una repisa altísima repleta de comida, una celda con veinte candados o gifs de gatitos, que siempre funcionan cuando todo lo demás nos ha abandonado.
  1. Apreciación de arte inerte. Una escultura, un cuadro abstracto, incluso un libro son objetos que le permiten entrar a otros niveles de realidad cuando quiere apartarse un poco del mundanal ruido. Sólo tenga cuidado con que no le emocionen mucho porque de otro modo, querrá compartir con todos el mejor ángulo, la mejor frase o peor aún, la selfie con el artefacto en cuestión. Tampoco se recomienda, para estos fines, cualquier forma de arte que implique contacto con personas ni ser parte de un público, pues hay un alto riesgo de que al final del día se tenga un contacto más en WhatsApp o se siga una nueva página en Facebook.
  1. Ejercicios de digitación. Si el problema de accesibilidad se enfoca principalmente a redes sociales y plataformas de mensajería instantánea, es posible que con mucho esfuerzo se logre apartar la mente de tales menesteres, pero queda un obstáculo en el que casi nadie piensa: la inercia de los dedos. Porque los dedos también tienen memoria, y si ya los ha acostumbrado usted al tecleo constante, es seguro que ellos también extrañarán ese movimiento y son tan poderosos, que se adelantan a la convicción de no acercarse a los dispositivos de accesibilidad; cuando menos uno lo espera, ya está escribiendo un mensaje o un tuit. De modo que mantenga ocupados sus dedos: asigne a cada cual un número del uno al cinco y pruebe distintas combinaciones en distintos ritmos, use pistas de sus canciones favoritas (de preferencia sin letra, no sea que le recuerden a alguien) y déjese llevar; quizá, además de descansar de los teclados, aumente su potencial de pianista o guitarrista.
  1. Misantropía moderada. Son los tiempos del millón de amigos y nunca jamás va a poder usted ni conocerlos a todos ni agradarles a todos. Dejar un poco de mala leche regada no es nada condenable y antes bien, resulta refrescante encontrarnos a nosotros mismos caras que pocas veces dejamos salir. Odie un poquito, permítase esos impulsos de mandar al diablo a todo y a todos, bloquee, deje en visto, desacuerde en público; sólo así podrá conocer esa energía interior a la que podrá recurrir cuando sea necesario y, ¿quién sabe?, tal vez hasta pueda darse unas buenas vacaciones de ser accesible, sin culpas.
  1. Stalkear hormigas. Si su crisis tiene que ver con la revisión compulsiva de la accesibilidad ajena, también conocida como stalkeo, es muy recomendable hacer lo siguiente: vaya al parque más cercano, busque un hormiguero y observe a las hormigas hasta que comience a distinguir en ellas rasgos que las separan de las demás; llevar una lupa le facilitará el trabajo. Elija una o dos y póngales nombre, asegúrese de tenerlas identificadas y vaya a casa. Al día siguiente repita la operación, de preferencia a la misma hora, intente reconocer a sus hormigas bautizadas y deles seguimiento; este método no sólo ayuda a pensar en lo sagrado de la distancia, sino que ha inspirado una que otra fábula. Recuerde que en caso de que las hormigas espiadas lo ataquen, morderse la lengua evitará que le muerdan a usted… como en el stalkeo mismo.

Finalmente, hay que decir que la accesibilidad es, quizá, la búsqueda más preciada e irrenunciable en ésta, nuestra ficción humana. Así que los citados remedios sirven únicamente para aumentar sus alternativas en esos momentos en que el instinto le grita que huya de los sitios donde le conocen demasiado, donde quiere comprenderlo todo o donde el entorno le estimula a mostrarse de más, pero de ninguna manera son una garantía de que el impulso irrefrenable por compartirse y acceder a otros desaparecerá; quienes hemos sido tocados por el hada de lo accesible volvemos siempre por más, tarde o temprano. Vivimos en una época de puertas muy atractivas cuya apertura hacia afuera pide a cambio una apertura hacia adentro, y tampoco está mal: se trata sólo de ubicar las salidas de emergencia en caso de cansancio, riesgo o simulacro.

Pruebe estos métodos y cuéntenos sus resultados. Comente, pregunte, comparta: detrás de la línea amarilla, este espacio es todo suyo.

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