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Recetas [in]útiles para estar bien

Por Nerea Barón:

No sé nada sobre estar bien pero sé:

Preparar té chai

Para hacerlo necesitas:

10 vainas de cardamomo /5 astillas de canela /1 cucharadita de canela en polvo /2 cucharaditas de jengibre en polvo /12 clavos de olor / 5 estrellas de anís /1 cucharadita de pimienta negra / ½ cucharadita de nuez moscada rayada.

Luego necesitas olvidar las cantidades, porque luego no es tan fácil calcularlas o no consigues todos los ingredientes. Al diablo con la receta. Improvísala. Puedes agregarle también algo de cacao.

Ahora prepárate tu té, ponlo en un termo y sal a trabajar. Anda, que a nadie le interesa que estés teniendo una mala temporada.

[Advertencia: puede ocurrir en el proceso que pases toda la tarde buscando desesperadamente tu moledora. Si resulta que tu Ex se la llevó (en realidad siempre fue suya), ve a la tienda departamental más cercana y compra una moledora propia. No lo necesitas. Faltaba más.]

No saber tocar la armónica

Así es: sé no saber tocar la armónica y lo considero una enormísima virtud. También sé no saber andar en monociclo. La armónica me la regaló Javier recientemente; el monociclo, lo conseguí con Fernando hace unos años.

¡Semejantes moretones me hice en las espinillas intentando montar ese artefacto inestable! Practicaba en la casa de mis padres, hasta que decidí que nunca iba a aprender; entonces hice mis maletas y me mudé.

Mentira: no dejé de practicar ahí. Me lo llevé también a mi oficina. Editábamos libros y en nuestros ratos libres nos trepábamos en el monociclo. Fortuna que nunca aprendimos realmente: la torpeza era nuestro punto de unión.

Ahora imagínenme con la armónica. Soplando orgullosísima y escupiendo. A veces toco mientras manejo y me asomo discretamente a los otros coches a ver si me están viendo. Me parece divertidísimo ser una de esas personas que tocan la armónica mientras manejan. Eso sí, con las ventanas cerradas, para que no se enteren de mi impericia.

Así que ve a comprarte un armónica o un Javier que te regale una. Si es un Javier, de preferencia que sea uno alto, flaco, quijotesco. Si es una armónica, te doy un tip: puedes sustituirla con cualquier otro instrumento, como con ese pedazo de tronco que llevas por cuerpo.

El secreto está en seguir queriendo aunque no sepas, aunque no puedas. Anda, haz el ridículo y siéntete hermoso.

Tomarme selfies mientras lloro

No negaré mi pasión por lo histriónico. Me gusta presenciar los momentos dramáticos, y cuando por un azar inexplicable yo encarno uno de esos momentos, no tengo más remedio que correr por una cámara: soy bastante comprometida con eso de la documentación.

Entonces me vuelvo un mero objeto de estudio, una imagen plana. Y si me veo bonita, mejor. A veces saco mi maquillaje de payasita triste, para completar la escena. Les digo que mi compromiso es real: me parece importante representar dignamente mis afectos.

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