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Pronunciar la rabia

Por Alejandra Eme Vázquez:

Columnistas, hay que contagiar la rabia.

Las palabras son una licencia ante la voracidad del tiempo: es cierto que lo contienen, que lo deslizan y que lo moldean. Es verdad que median su percepción y que poseen la gracia de ir un paso delante del reloj; pero sólo un paso. Cuando no se hace caso al cuerpo que pide pronunciarlas, cuando se duda, cuando se silencia o se censura, el destiempo se devora la fuerza avasallante de lo dicho en el aquí y el ahora.

¿Para qué hablar?, dicen algunos, sosteniendo la pregunta en el hecho innegable de que de la breve materialidad de una palabra no puede surgir más que un acuse de recibido, si acaso. El error está en creer que ahí acaba todo, cuando en realidad es apenas el punto medio. Para poder expresarse con palabras es necesario poner en orden el pensamiento, articularlo; y el pensamiento articulado es un espacio de excepción que nos permite aislarnos del tiempo y el espacio tangibles para construir discurso; y con el discurso, posición; y con la posición, propuesta. Para que esta propuesta llegue justo en tiempo, es necesario que las sociedades mantengan ejercitada la articulación de su pensamiento; de ahí que la academia, la comunidad intelectual, el arte, la crítica, las redes sociales y la identidad colectiva sean herramientas indispensables en toda sociedad civil, para que en las coyunturas de urgencia, como la que vivimos hoy en México, no nos gane el destiempo.

A propósito de los 43 normalistas guerrerenses y muchos otros miles de mexicanos que nos hacen falta, a propósito de la incapacidad de las autoridades para cumplir sus funciones y a propósito del hartazgo de una ciudadanía que ha dado muchas oportunidades en vano, han surgido primero voces aisladas y luego convocatorias colectivas para pronunciarse. De estas últimas hay que estar especialmente enterados, pues nos invitan a sumarnos. Una de ellas es el proyecto surgido el pasado 23 de octubre por parte de la comunidad teatral mexicana, que bajo el hashtag #HayQueContagiarLaRabia abrió una invitación a los escritores en general y gente dedicada al teatro para que escribieran textos en los que expresaran su posición ante el crimen de Estado cometido en Ayotzinapa desde septiembre pasado, y ante el clima de ingobernabilidad que tiene secuestrado a nuestro país desde hace tanto, que la memoria colectiva se rebasa a sí misma al intentar reconocer sus múltiples raíces.

La concurrida respuesta inmediata mostró que siempre son necesarios los cauces y los puntos de reunión, hasta que el paso lógico fue ampliar la convocatoria para que todos aquellos grupos sociales, profesionales y civiles pudieran sumarse a la voz conjunta y dirigirse a sus “agremiados”, desde una posición en la que se comparten más variables que la mera nacionalidad, de modo que el rompecabezas fuera armándose mejor.  Así se han ido reuniendo testimonios de estudiantes, actores, comunicadores, coreógrafos, cineastas, escritores y un largo etcétera; para organizarlos, se crearon tanto una página de Facebook: https://www.facebook.com/hayquecontagiarlarabia?ref=ts&fref=ts como un blog en Tumblr: http://hayquecontagiarlarabia.tumblr.com/, en los que se logra una verdadera colaboración en la construcción de un pensamiento articulado en voz alta, para empezar, entre quienes tenemos acceso a redes sociales y a información diversificada.

La idea de #HayQueContagiarLaRabia es compartir el texto propio en las redes sociales, convocando a la comunidad específica a la que cada voz pertenece, firmarlo y fecharlo al final añadiendo el hashtag (esta misma columna responde precisamente al formato que se ha acordado para unificar las colaboraciones); una vez publicado, enviarlo por correo a [email protected] y en lo posible, compartir los otros textos para viralizar el movimiento. Hasta ahora se han sumado unos 250 miembros de la comunidad artística y la sociedad civil, más los que faltan, lo que la convierte en una propuesta que hay que seguir de cerca.

Porque ya que tenemos la palabra, no debemos dudar de su capacidad para materializarse. Cuántas veces no lo ha hecho antes, en tantas épocas y latitudes. Se dice mucho que escribir, hablar o cualquier otra forma de expresión significa “sacar” lo que tienes dentro y quizá por eso puede creerse, erróneamente, que una vez afuera las palabras ya no están contigo. Nada menos cierto. No se escribe ni se habla para los otros; las palabras pronunciadas, recibidas por uno, por miles o por nadie, son un vínculo con lo que está más allá del yo. La voz, lejos de ser un mecanismo de desagüe, es una extensión del cuerpo. Por eso es que pronunciarse es apersonarse, tomar distancia de los sitios que repudiamos y acercarnos a los que amamos: materializarse a través de la palabra, que ocupa un espacio en ese afuera que es de todos. Más que darse a conocer, pronunciarse es conocerse hacia adentro. Y desde ahí moverse, suscribir, cuestionar: decidir.

Que no nos rebase el tiempo cuando tenemos la voz para fijarlo. Si el síntoma es la rabia, el compromiso, la esperanza, la reflexión o cualquiera de sus matices, que el vehículo de su propagación sea la palabra y que de la palabra, ya materia, se edifique la acción. Contagiemos pronunciando, pronunciándonos.

Alejandra Eme Vázquez

Noviembre de 2014

#HayQueContagiarLaRabia

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