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Primero proyecto, luego unidad

Por Frank Lozano:

De seguir así la tendencia, el Presidente Enrique Peña Nieto terminará su gobierno con una aprobación de un dígito. A estas alturas, ya nadie puede ayudarlo. Los partidos de oposición huelen la descomposición y, cual aves carroñeras, sobrevuelan los pinos a la espera del momento idóneo para ir a desmenuzar el cadáver.

El problema son los meses que aún nos separan de ese momento. Será un periodo complicado en el que, entre el oportunismo y la debilidad del gobierno, se creará un vacío de poder que terminará por dañar aún más al país.

La inminencia del proceso electoral va a enturbiar aun más las cosas. Si existe un momento, por paradójico o inverosímil que resulte, en que el país no importa, son las elecciones. El proceso electoral terminará por evaporar la escasa credibilidad que tiene la Presidencia.

La pregunta obligada es ¿qué se puede hacer para evitar una catástrofe? Una pista sería revisar el proyecto de nación en un momento de confusión mundial. Sería una suerte de terapia de espejo en la que el país se observe a través del reflejo global, se redefina y se reconozca ante la evidente transformación social, económica, ambiental, tecnológica, y geopolítica que se agitan en el globo.

¿Qué país debemos ser y por qué? ¿qué valores debemos revisar, cuáles ajustar, de cuáles olvidarnos? ¿qué significa ser mexicano en un contexto de repliegue de las naciones, en un momento en que la xenofobia, el racismo, la migración, la sobrexplotación de los recursos naturales y la sobrepoblación presentan desafíos éticos, políticos y de derechos humanos?

Y por otra parte, revisarnos internamente, materia por materia, área por área, preguntarnos ¿en qué reside hoy nuestra identidad? ¿qué modelo educativo debemos seguir y por qué? ¿qué desafíos tenemos en salud, en alimentación? ¿qué tendríamos que hacer para ser un país que produzca tecnología, no solo que la consuma del exterior? ¿cómo recuperar nuestros ríos y montañas y establecer un modelo de desarrollo urbano equilibrado y justo?

En síntesis, construir una agenda nacional de largo aliento. El problema de pensar en sexenios es la incapacidad de medir resultados y consolidar políticas. Bajo esa lógica vamos a las elecciones y elegimos a quien ha de coartar nuestras posibilidades.

La necesidad de replantearnos ante una coyuntura de debilidad institucional y ante una inocultable división social, es precisamente, blindarnos ante quienes ofrecen paraísos sexenales. La lógica que debería regir a la sociedad es esa, primero el proyecto, luego quiénes deben encabezarlo.

En ese sentido, incluso los partidos políticos actuales juegan un papel fundamental. Dejando de lado los matices propios de cada partido, sería deseable la construcción de una agenda común, construida a partir de elementos innegables, de evidencias fundamentadas en datos, priorizadas por los ciudadanos y grupos, que posteriormente, recojan y reflejen los partidos políticos en sus plataformas.

De ese modo tendríamos asegurado un piso común, una agenda mínima, consensado y aprobada por los ciudadanos. Aún quedan alrededor de 20 meses antes de que tome posesión el próximo Presidente.

Si Peña Nieto quiere unidad y quiere el apoyo nacional, quizá su última esperanza sea convertirse por primera vez en un estadista y convocar al país al diseño de su nuevo modelo. De hacerlo, no toda su presidencia estaría perdida. Habría aprovechado el último tramo de su mandato para contribuir a que su sucesor impulse una agenda ciudadana. Habría dejado un país más fuerte, más claro y ahora sí, unido para enfrentar los retos que tenemos adentro y afuera de nuestras fronteras.

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