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Por qué y para quién

Por Deniss Villalobos:

“Literature does not occur in a vacuum. It cannot be a monologue. It has to be a conversation, and new people, new readers, need to be brought into the conversation too. I hope that, somewhere in here, I will talk about a creator or their work—a book, perhaps, or even a film or a piece of music—that will intrigue you.”
Neil Gaiman

Son las cinco de la mañana de un jueves y no puedo dormir. Estaba pensando en cosas importantes y otras no tanto. Importante: la madoqua, un antílope originario de África, tiene los ojos más bellos que he visto en un animal. Y una nariz con forma de corazón. No tan importante: escuela, trabajo, hambre. Después de un rato de pensar en el dicdic de Kirk (así se le llama a aquellos antílopes por el sonido que hacen cuando están asustados), después de dar vueltas en la cama y escuchar música a la que realmente no le presto atención, decidí que lo único que podía hacer era escribir. Algo. Cualquier cosa. Esto.

Y es que para qué me engaño, para qué hago como que una noche de insomnio la voy a pasar viendo solo el techo si, al final, voy a querer escribir sobre la forma que le vi a una mancha de humedad y la película o libro a la que esa imagen me recordó. Escribir es lo que siempre termino haciendo aunque después ni siquiera yo vuelva a leerlo. ¿Por qué? ¿Por qué lo que tengo que decir necesita palabras y no puede ser música o un dibujo o mi cuerpo moviéndose como el viento o como las olas? ¿Por qué necesito de las palabras aunque a veces mi intención sea que nos tomemos un tiempo?

Creo que mi duda tiene varias respuestas. Algunas, de hecho, me llegaron en los últimos días. Curious Cat es una red social sencilla: alguien te hace una pregunta o confesión de forma anónima y tú respondes. Así fue como me llegaron varios mensajes en los que una o varias personas (no sé, capaz es mi mamá) me dijeron algunas cosas que, si quizá para ellas no fue más que un párrafo escrito en menos de un minuto, para mí significó mucho. Hay gente que me lee. No solo aquí, en una columna que llevo desde hace más de un año y en la que algunas veces, confieso, publico pensando que quizá nadie lo leerá. Hay gente que pone atención a cada cosa que digo en cualquier lado. Hay gente a la que le interesa lo que escribo.

Tal vez suena muy tonto, o peor: arrogante, pero la verdad es que lo único que siento es muchísima emoción. Que alguien me agradezca por las recomendaciones literarias que hago (que yo no llamaría recomendaciones, pues son apenas algunos comentarios sobre lo que siento cuando leo algo) me hace sonreír y querer hablar aún más de libros o de cualquier cosa que descubro y me interesa. ¿Escribo para mí? Sí. Pero siendo honesta, escribo al mismo tiempo para que alguien me lea. Cada vez que agacho la cabeza pensando que cualquier cosa que escribo no llegará a los ojos de nadie, o que si llega, no será importante, al mismo tiempo deseo que no sea así. Y, afortunadamente, no lo es.

No importa cuánta gente me lea. Lo que me importa es que quienes lo hacen, parece, lo disfrutan y algo de lo que digo se queda con ellos. Una frase mía queda flotando en la mente de alguien más, algo de eso se vuelve semilla y alguien la riega para convertirla en flor. Viéndolo así, además de ser mi propio jardín, también soy parte de otros en los que un girasol o un tal vez un raro insecto llevan, si no mi nombre, el nombre de algo que me pareció valioso y compartí, directa o indirectamente, con alguien más. Así descubro que una de las cualidades que más aprecio de la escritura es que le da voz a los jardines, bosques o panzas de ballena en la que cada quien habita y nos pone a conversar. Las palabras no necesitan de nuestra voz para que podamos enviar un mensaje y un texto en internet puede ser una botella a la orilla del mar.

No creo que el reconocimiento sea indispensable para saber que escribir es una de las cosas que más amas hacer, pero sí que ayuda cuando pasas por una época en la que dan ganas de aventar el lápiz y el papel a la basura para unirte al circo. (Cosa que no estaría mal, pues al final, si realmente amas escribir, volverás con historias de trapecistas enamoradas de mimos y elefantes que preferían la nutella antes que la mantequilla de maní).

Neil Gaiman dijo en un discurso que, en algún momento, pensó que aunque agradece aquellos comentarios, no escribía para que las personas superaran un evento traumático o se sintieran menos solas: escribía para él, para darle de comer a su familia y para poner en papel las historias que se le ocurrían. Pero luego de un tiempo se dio cuenta de que aquello que no creyó que fuera una razón era en realidad el principal motor: escribimos para los otros.

Escribo para las estudiantes de letras que seguro saben más de literatura que yo pero sonríen cuando hablo de troles escandinavos y su creadora.

Escribo para quienes dibujan las cosas que yo no puedo crear ni cuando duermo.

Escribo para un contador que me lee a la hora del lunch en Bogotá.

Escribo para una viajera en forma de pájaro.

Escribo para mi sobrina de dos años, porque un día aprenderá el abecedario.

Escribo para los alumnos que aún no tengo y para los que ya tuve y extraño.

Escribo para que alguien suspire cuando va apretadísimo en el metro.

Escribo para una bailarina que no fue a su ensayo porque se torció el pie mientras practicaba para El lago de los cisnes.

Escribo para alguien sentado en la banca de un parque que observa a las palomas.

Escribo para que las palomas en los parques entreguen notas importantes: “la trilogía de los colores”, “los conejitos marinos”, “al final, se suicida”.

Escribo para que un padre le compre a su hijo un libro lleno de aullidos.

Escribo para las hadas que van en busca de aventuras para no dejarnos sin cuentos.

Escribo para usar un giratiempo y ser un detective que lo busca al mismo tiempo.

Escribo para que alguien llore frente a una pantalla y las lágrimas hagan crecer un árbol de naranjas.

Escribo, también, para la niña que se sentaba en una librería pequeñísima en la que se enamoró de los libros.

Escribo para los mundos que contengo, pero también para todas las galaxias que están afuera.

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Feedback

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  • Jair

    Hola muchas gracias por compartir tan hermosas palabras, la verdad te confieso que yo no quería escribir pero después de leer la publicación de hoy me animaste para hacerlo, cierto es que muchas veces , si no es que siempre, no queremos plasmar nuestras palabras por el miedo al que diran, la critica, la burla etc, y lo trágico de ello es que hay muy buenos escritores que no lo saben por temor a esas críticas sin embargo hay que animarnos a hacerlo, yo estoy comenzando por este hermoso camino de la escritura y el mundo literario, aunque no es facil, al menos para mí, es extremadamente gratificante al punto casi terapéutico para desahogar todas las penas o frustraciones que vivimos día a día, en fin te agradezco nuevamente por compartirnos tu sentir y motivarnos a seguir escribiendo

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