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Peña Nieto: Pifias, mentiras y plagio

Por Frank Lozano:

Voluntaria o involuntariamente, el Presidente Enrique Peña Nieto arrastra a su administración al desprestigio. Durante su campaña, aterrado e incapaz de hacerle frente a un grupo de jóvenes que lo cuestionaba, se encerró en un baño de la Universidad Iberoamericana.

En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, fue incapaz de responder coherentemente respecto a los tres libros que habían marcado su vida. En el primer caso se refugió, en el segundo demostró sus limitaciones.

Al inicio de su mandato, presumía a Javier Duarte, César Duarte y Roberto Borge como los rostros del nuevo PRI; años después, pierden las elecciones en sus estados por pésimas gestiones e incluso, uno de ellos, podría terminar en la cárcel. Y el Presidente calla. Ni se retracta, ni actúa en contra de ellos.

Durante la euforia de la aprobación del paquete de reformas que impulsó, grabó un spot de televisión en el que afirmó tajantemente que no habría más incremento al precio de la gasolina y el gas, y dos años después, los incrementos vuelven y golpean a la población.

Posteriormente se dio a conocer el famoso asunto de la Casa Blanca, construida y financiada por una empresa contratista del gobierno, misma que, cuando gobernó el Estado de México, también fue beneficiaria de contratos multimillonarios; meses después, tiene la gentil ocurrencia de iniciar una investigación interna a manos de un incondicional suyo que, misteriosamente, lo exonera.

No conforme con haber sido exonerado por un empleado suyo, meses después, se disculpó públicamente por el asunto de la Casa Blanca, diciendo que “fue un error”. A lo largo de su gestión, los mexicanos hemos asistido a escenas inverosímiles: el rechazo de su esposa durante una gira a España, su vergonzosa pronunciación del idioma inglés, las pifias con la banda de presidencial, las confusiones de municipios a los que llama estados, o estados que nombra erróneamente.

La mentira ha estado presente en todo este lapso. Su gobierno, especialmente en el área de seguridad, sostiene versiones que se caen a pedazos. La torpeza del manejo de la desaparición de los 43 estudiantes de la normal rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, o la mentira flagrante de la Secretaría Federal de Seguridad Pública, expuesta por la Comisión Nacional de Derechos humanos, que exhibió la ejecución de 22 personas en Tanhuato.

La suma de todo ello, se refleja en el 27 por ciento de aprobación con que llegará a su cuarto año de gobierno. Y en ese contexto, como puntilla, o, mejor dicho, como continuidad de una tendencia de mentiras, pifias, trampas y simulaciones, se da a conocer el asunto de su famoso plagio en su tesis.

No es de extrañarse que un Presidente que asume la corrupción como una “cuestión cultural”, vea en el plagio una falla simple. No es de extrañarse que el PRI, partido que inventó el carrusel electoral, el embarazo de urna, la figura del mapache, la compra de votos y el robo de urnas, le parezca un asunto anecdótico y hasta infantil que su figura más notable y emblemática, es decir, el Presidente de la República, haya tenido un descuido juvenil, o bien, se le hayan perdido las comillas durante la impresión del documento.

Quienes atacan la nota presentada por Carmen Aristegui, obvian, o deliberadamente olvidan las acciones que preceden al último de los episodios de este, nuestro Presidente de televisión.

Flaco favor le hacen al país.

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