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Paz en Morelos

Por Ángel Gilberto Adame:

En nuestro sistema legal, la desaparición de poderes es una medida excepcional en la que, dada la continua violación a la ley o la imposibilidad de que las dirigencias locales la apliquen, la federación invade la soberanía de la entidad afectada con el fin de restablecer el orden. Aunque es una decisión sumamente grave, desde la vigencia de la Constitución de 1917 se ha recurrido a ella en 47 ocasiones.

Como consecuencia de la Revolución, no existía autoridad legítima en Morelos. Luego del asesinato de Emiliano Zapata el 10 de abril de 1919, se abrió una oportunidad para instaurar un gobierno apegado a los principios de la legislación fundamental. El presidente Carranza fracasó en ese intento, pues el recuerdo del caudillo seguía vivo entre sus seguidores, quienes se comprometieron a “consumar  la obra del reformador, vengar la sangre del mártir y seguir el ejemplo del héroe”. Su bandera era “el principio salvador de la repartición de tierras” y el desprecio a la “afrentosa dictadura de Carranza”.

La elección de Gildardo Magaña como comandante en jefe del Ejército del Sur despejó el camino hacia la institucionalidad, ya que se distinguía entre los altos mandos por su prudencia y capacidad de negociación. Así, su adhesión al Plan de Agua Prieta generó un régimen de amnistías y la prerrogativa de dirigir el gobierno de Morelos. Uno de los beneficiarios fue el emisario zapatista Octavio Paz Solórzano, quien había vivido en Estados Unidos por cuatro años. A su regreso fue electo diputado para la XXIX legislatura (1920-1922), en su carácter de cofundador del Partido Nacional Agrarista.

A pesar de lo anterior, las convulsiones políticas que trajo consigo la segunda década de la lucha revolucionaria dieron lugar al surgimiento de nuevos liderazgos y programas ideológicos. En ese periodo de reorganización, se dio la polémica transformación nominal del zapatismo en agrarismo, misma que provocó confrontaciones que fueron dividiendo al otrora sólido bloque en diferentes facciones que lucharon para hacerse con el dominio del territorio morelense.

En ese escenario, el partido agrarista logró colocar a José G. Parres a la cabeza. Su mandato se desarrolló de 1920 a 1923 y, aunque desempeñó sus funciones con cierta estabilidad, fue destituido por Álvaro Obregón acusado de haber integrado a su gabinete a funcionarios cercanos al defenestrado Adolfo de la Huerta. A la caída de Parres se sucedieron varios interinatos de mínima duración.

Al tiempo que la inestabilidad se apoderaba de Morelos, Paz Solórzano pretendía reelegirse en el Congreso. Su intento no fructificó, por lo que se unió a los trabajos de la Confederación Nacional Agraria, un frente unido que apoyó a Obregón y a Calles durante la rebelión delahuertista. Hacia enero de 1924 se le designó jefe del Departamento de Acción Militar de la mencionada organización con residencia en Cuernavaca. Fue en ese periodo que entró en contacto con la política local.

El 12 de septiembre el Senado declaró desiertos los poderes y se nombró como gobernador provisional a otro agrarista, Ismael Velasco Quevedo, con la responsabilidad de organizar elecciones democráticas. Para lograr ese propósito debió enfrentar diferentes obstáculos, como la falta de apoyo económico de Obregón y la existencia de leyes anacrónicas que no se ajustaban a la Constitución.

La hostilidad campesina resurgió cuando Velasco inició un programa de recaudaciones fiscales a fin de obtener ingresos para los comicios, lo que detonó la exigencia de su destitución. Con el propósito de agilizar la transición y apaciguar la rabia popular, el secretario de Gobernación envió asesores para homologar los distintos ordenamientos jurídicos. En consecuencia, el primero de junio de 1925 Velasco designó al licenciado Paz secretario general de gobierno, con el fin de apoyarse en su experiencia como redactor de manuales electorales.

Los diarios nacionales dieron cuenta de la proximidad de las elecciones; El Demócrata de 23 de junio publicó: “Como es sabido, Morelos es la única entidad que aún permanece substraída al régimen constitucional, pues desde hace varios años está regida por gobernadores provisionales que ha designado la Cámara de Senadores. […] Antes hay necesidad de hacer un estudio sobre la forma en que se confeccionará la Ley Electoral, para que con sujeción a ella se lleve a cabo la votación”. Pronto surgió un rumor que atribuía a Velasco y Paz la decisión de convocar a elecciones en octubre, para conocer al ganador los primeros días de noviembre.

Entre los actos en los que el secretario Paz tomó parte estuvo la promulgación del decreto por el cual Morelos adoptó la Ley de Relaciones Familiares que, entre otras novedades, estableció el divorcio.

También participó en la expropiación de la Compañía de Luz ocurrida el 31 de julio. El reporte que envió a la capital sobre lo ocurrido le ganó duras críticas por la prensa local. El 9 de agosto, El Heraldo publicó: “naturalmente que el boletín oficial que el secretario de gobierno, Lic. Octavio Paz, entregó para publicarse en un colega metropolitano, produjo al conocerse aquí un efecto contrario al que de seguro se propuso el autor; pues dada la inexactitud notoria de todas sus afirmaciones y la forma incisiva y tendenciosa que mal encubre el deseo de agredir a la Compañía, ha hecho que el público de esta Capital lo recibiera con desagrado, pues cuando la autoridad hace afirmaciones distintas de la verdad, pierde ésta su principal carácter de ecuánime y veraz y por ende su respetabilidad”.

El suceso de mayor gravedad que lo involucró ocurrió también en agosto, a raíz de que Velasco desconoció a las autoridades del municipio de Tetecala aun cuando, según informantes de inteligencia, eran legítimas. Estos hechos desataron una balacera en la que fallecieron varios integrantes del cabildo. A pesar de la relatoría del secretario Paz, los pobladores hicieron responsable del crimen a la cúpula del Nacional Agrarista.

Las pasiones se desataron. Algunos señalaban que Velasco era “un funcionario probo, […]  que había beneficiado grandemente a los proletarios”;  otros decían que era “un militar a quien poco le importan las habladurías. Lo mismo se coloca un ‘trueno’ en cantina céntrica […] que se hecha entre pecho y espalda una parranda en alguno de los pintorescos lugares cercanos a la capital”. Al final, el Senado lo cesó el 9 de septiembre y el 11 nombró a Joaquín Rojas Hidalgo para ocupar su lugar a fin de evitar un vacío de poder.

La información periodística revela que Rojas Hidalgo tardó unas semanas en arribar, por lo que Velasco, con auxilio de Paz, continuó dirigiendo el estado al menos hasta el 3 de octubre. Algunos historiadores interpretaron que, en el lapso comprendido entre la salida de uno y la llegada del otro, la administración recayó en Paz, por lo que le incluyeron en la extensa lista de mandatarios temporales. Su propio hijo abonó a crear esta confusión cuando en 1986 le informó a Felipe Gálvez que su padre “fue por un tiempo encargado del despacho, pues el gobernador Velasco dejó el cargo”.

No debe olvidarse que, para esas fechas, Morelos estaba sujeto al régimen excepcional de la desaparición de poderes y que las atribuciones de Velasco se  encontraban restringidas a celebrar elecciones. Al ser destituido por su incumplimiento, continuó Morelos en dicha condición legal y nadie que no fuera nombrado por el poder federal estaba autorizado a ejercer el cargo de gobernador. El hecho que Paz siguiera despachando en el palacio de gobierno no le concedió el carácter de mandatario que, desde la página oficial de la entidad, se le pretende atribuir y que hasta ahora no ha sido refutado.

Al tomar posesión los nuevos funcionarios, la prensa destacó que “por todas las oficinas no hallaron una hoja de papel. Y salió un senador a comprar papel, porque en toda la casona no hubo un criado a quien mandar. Ya con el papel en la mano, se quiso escribir; y no hubo una sola máquina. Y determinaron hacer el acta a mano como en los buenos tiempos de las plumas de ave. Pero no se encontró una gota de tinta… Faltaba todo”. Al poco tiempo, Rojas Hidalgo también fue removido.

El régimen de ingobernabilidad se prolongó durante toda la década de los veinte. En febrero de 1926, Paz fue considerado en la terna para ocupar uno los interinatos, aunque no resultó vencedor. Los saldos de este proceso concluyeron con la extinción del Partido Nacional Agrarista.

NOTA: Una primera versión de este texto se publicó en Letras Libres

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