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Para chicos y grandes

Por Deniss Villalobos:

No son pocas las veces que en este espacio se ha hablado de literatura infantil y juvenil, y de cómo los libros que llevan esa etiqueta no son exclusivos para niños ni son “menores” por estar pensados para ciertos lectores. Mi ejemplo favorito es este texto a propósito de la FILIJ del año pasado de Alejandra Eme Vázquez al que no hay que dejar de echarle un ojo.

En mi caso, he hablado de autores que leí cuando era niña y otros que descubrí siendo adulta, pero la mayoría de ellos escriben o escribían en inglés. Eso no significa, desde luego, que sean automáticamente buenos o malos, o que mi experiencia al leerlos sea “menor” a la de una persona que tiene como lengua materna el inglés, pues para quien no pueda leer en ese idioma existen las traducciones y asunto arreglado. Pero lo que sí descubrí, especialmente en los últimos dos años, es que leer autores con los que comparto idioma, y más aún nacionalidad, es una experiencia… peculiar y refrescante. Puedo leer a J.K. Rowling y sentirme en Hogwarts sin problema alguno, pero leer a, por ejemplo, Francisco Hinojosa, autor mexicano de varios libros infantiles, se siente a veces mucho más cercano. Es agradable reconocer expresiones y poder seguir el ritmo sin sentir que no es el tuyo. Leer, por ejemplo, “malas calificaciones” en lugar de “malas notas”, que entiendes perfecto pero no es lo que diría tu mamá o tu maestra.

Pero, además de esa cercanía por el idioma y la geografía, la razón más importante por la que he estado leyendo autores mexicanos de LIJ es porque son endiabladamente buenos. Y es que me río, me asusto, lloro y en especial me sorprendo. Unos me dejan con la boca abierta y los ojos como plato, otros con un remolino de emociones en la panza que de inmediato trato de controlar recomendándole a todo mundo que lean lo mismo que a mí me hizo temblar, y otros que son como estar nadando en un vaso de refresco y sentir cosquillas por tanta burbuja.

Por eso traigo ahora cinco recomendaciones de libros que leí, y que luego leyó mi prima de once años, y luego mi papá de cincuenta, y que todos disfrutamos enormemente:

Adonde no conozco nada, de Antonio Malpica

Sobre Toño y su Libro de los héroes ya escribió antes Alejandra, pero es sobre una novela muy cortita de la que quiero hablar. Adonde no conozco nada cuenta la historia de Filip, un adolescente inglés que se la pasa peleando con todo mundo, y sobre cómo termina en una ciudad de Dinamarca en la que un gordo entrañable obsesionado con el clima, una baronesa loca que puede encontrar diez tréboles de cuatro hojas en unos minutos (que además le presta un libro de Dinesen) y la chica más hermosa del mundo le cambian la vida.

Después de leer ese libro la vida también me cambió un poquito a mí, así que me gustaría que ustedes se dejen cambiar o al menos terminen con ganas de dar una vuelta en bici y sonreír.

Trenes, de Ana Romero

Hace unas semanas no me sentía muy bien, estaba medio triste y el día soleado no ayudaba porque el calor me pone siempre de mal humor, entonces fui a mi cuarto y leí Trenes de Ana Romero, un libro de poemas para niños (y para adultos que se sienten tristes en días soleados). Y de ir de vagón en vagón empecé a sentirme mejor, porque esos poemas me hicieron recordar que existen la risa, los amigos y las cosas que aún no invento. Seguro en cualquier momento me vuelvo a subir al tren del miedo o al de las lágrimas, pero la próxima vez estaré atenta a lo que hay al otro lado de la ventana para contarle a quien me espere en el andén cómo es el paisaje desde cada uno de mis trenes.

Recomiendo la lectura de este libro para cualquier persona que quiera viajar sin moverse de la cama.

Llaves a otros mundos, Pablo Mata Olay

Al principio esta novela parece una mezcla de varias historias famosas que ya conocemos, porque hay magia y misterios y una niña tratando de salvar al mundo, pero casi de inmediato te das cuenta de algo más: este libro es una pequeña joya entre todas las obras de fantasía que puedan compartir esas características. Ana y su madre acaban de mudarse, y en medio de lo que parece una típica historia de padres separados la magia comienza a aparecer en forma de rana.

Un libro que te hará llorar, gritar y correr pero también abrazar a alguien que quieres, sentarte a tomar un atole de guayaba para recuperar fuerzas y buscar la mochila más cool del mundo.

Buenas noches, Laika, de Martha Riva Palacio

Martha es ya una de mis autoras favoritas del mundo. Después de leer Lunática, un precioso poemario que me hizo aullar de felicidad, pensé que nada de esta autora podría ser mejor, pero oh-oh, estaba equivocada. Buenas noches, Laika, es una de las novelas más hermosas y melancólicas que he leído en mi vida. Sebastián quiere saber qué pasó con Marina y por qué no ha ido a la escuela. Quiere saber si Laika, la perrita que fue al espacio, tiene ventanas para contemplar el estrellado paisaje, y quiere saber por qué los adultos le ocultan la verdad a los niños.

En algún lado leí una reseña en la que decían que este libro es tan “sabio y profundo” que aquel lector no lo consideraba “para niños”. Y solo me quedó reírme, porque todos mis libros favoritos para niños son sabios como un anciano de larga barba y profundos como el océano. Son libros como éste.

El Club de la Salamandra, Jaime Alfonso Sandoval

Ciencia, anticiencia, científicos locos, sociedades secretas, un héroe, romance, la Tierra siendo en realidad un huevo y una salamandra que saldrá de ella. Todo gracias a una lata de puré de tomate y Rudolph Green, un traductor que, como muchos de nosotros con trabajos normales y nada arriesgados, sueña con irse de expedición alrededor del mundo.

El libro perfecto para un explorador/científico/detective que quiera sumergirse en un mundo submarino y leer esto dentro de una anémona.

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