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País enfermo

Por Frank Lozano:

El sismo del 19 de septiembre sirvió de pretexto para realizar un ajuste de cuentas con los partidos políticos y por ende, con la clase política nacional. El blanco de las demandas sociales es el financiamiento público de los partidos y el costo de las elecciones. En términos llanos, dicho ajuste de cuentas suena a más a una revancha que a una medida bien pensada.

El enojo se entiende, se explica y además, está plenamente sustentado. La friolera de recursos públicos que reciben los partidos para sostener sus burocracias y para financiar las campañas políticas es exorbitante; la corrupción de todos y en todos los niveles; el incumplimiento sistemático de compromisos y un largo etcétera. No obstante, dados los antecedentes de nuestro país, debemos formular una serie de preguntas obligadas: ¿retirar el financiamiento público revertirá la mala calidad democrática que tenemos, garantizará la creación de una nueva clase política, traerá procesos electorales limpios, dignificará la función pública, mejorará la representación social, fortalecerá la cultura política nacional o por el contrario, será una medida que debilitará la calidad democrática, privatizará a los partidos políticos, convertirá las campañas en casas de bolsa donde, el mejor postor invierta para, posteriormente, pasar a recuperar su inversión, la medida permite que agendas minoritarias prosperen? La respuesta no es sencilla. Seguir leyendo

Las cosas que dicen las cosas

Por Nerea Barón:

I.

C. sólo tuvo unos minutos para desalojar su edificio cuando, tras el temblor, lo clausuraron por daños estructurales. Sacó lo que pudo. No puedo ni imaginar la mezcla de emociones y pensamientos cruzados que pasaron por ella mientras hacía una somera maleta a contrarreloj. ¿Qué empacas cuando existe la posibilidad de nunca regresar? He perfeccionado mi respuesta a lo largo de estos días: es importante sacar papeles, por ejemplo, además de la computadora y toda la ropa que se pueda.

Sin embargo, yo me imagino queriéndome llevar también mi guitarra y algunas otras cosas que no son tan importantes salvo porque lo son. ¿Habría sobrevivido Tom Hanks en Cast Away sin la foto de su esposa? ¿Sin el paquete de FedEx al que se aferró como a su vida, símbolo quizá de su vida en la civilización, del compromiso con su oficio? Las cosas no son sólo cosas, son también ataduras imaginarias con lo que somos y a veces, cuando se cae un librero, se cae mucho más que eso. Seguir leyendo

(No) (se) (olvida)

Por Alejandra Eme Vázquez:

 

Nací un viernes de 1980, en el hospital “Darío Fernández” de Barranca del Muerto. Una vez que al fin vi la luz del mundo y lloré, como lloramos todos porque desde ese momento cualquier tiempo pasado ya es mejor, el médico le dijo a mi mamá con dicharachero acento norteño: “¡Es una vieja, y por poquito le sale revoltosa!”. Se refería a que por cincuenta minutos, “me salvé” de nacer en 2 de octubre. Por poquito me toca que algún humorista negro me preguntara a cada vuelta al sol que si el “no se olvida” era por mi cumpleaños y por poquito adorno mi pastel con los versos de Vallejo: yo nací un día que Dios estuvo enfermo, grave.

Como sea, crecí celebrando el día después, en el aniversario de barrer los cuerpos y encabezar los periódicos con un “aquí no ha pasado nada”. Supongo que también crecí, como muchos de mi generación nacidos otros días y otros meses, sabiendo que era necesario pasar la estafeta de esa memoria heredada a los más jóvenes y quizá por ello, mientras di clases de español en secundaria no había manera de que octubre no comenzara con la lectura de Rosario Castellanos, de Juan Villoro, de Elena Poniatowska, porque sólo tenemos acceso a la experiencia ajena y con eso nos tenemos que construir conciencia. “Para no estar condenados a repetirlo”, dicen, y de pronto nuestra frágil y engañosa memoria adquiere una responsabilidad que la rebasa: ¿cómo se transmite un recuerdo que es más bien un vacío, una mutilación? Seguir leyendo

La criatura que habitamos

Por Deniss Villalobos:

En Japón se creía que los terremotos eran causados por un pez gato gigante llamado Namazu que vive en el centro de la Tierra; el pez movía tanto la cola que eso causaba movimientos demasiado intensos para los hombres, así que la tarea de mantener a Namazu quieto fue asignada a Kashima, un semidiós que con ayuda de una roca sagrada y su fuerza se encarga de evitar que el pez cause destrucción, aunque de vez en cuando Kashima necesita descansar y es entonces cuando Namazu comienza a moverse.

En el Noroeste del Pacífico, en los Estados Unidos, los nativos americanos contaban una historia diferente: mientras una ballena privaba al pueblo Quileute de comida y aceite, un ser sobrenatural benévolo, el ave del trueno, se lanzó al mar para detener al monstruo. Durante las peleas un gran número de olas y movimientos se generaron, causando la muerte de muchas personas, hasta que finalmente el ave ganó y logró sacar a la ballena del mar arrastrándola hasta la orilla. Seguir leyendo

El sismo: lo mejor y lo peor

Por @Bvlxp:

Siempre sucede que el mexicano está muy convencido de su propia excepcionalidad. Los mexicanos somos chingones, Mexico is the shit y demás. Los días posteriores al sismo han reafirmado esta autopercepción y no sin falta de razón: las muestras de solidaridad con los damnificados por el sismo del 19/S son abrumadoras y conmovedoras y han suscitado la admiración mundial. Son muy comunes las escenas de ayuda súbita y desinteresada cuando una catástrofe nos azota, protagonizadas por personas que corren inmediatamente al auxilio de su prójimo. Fuimos por primera vez muy conscientes de nuestro espíritu solidario en el terremoto de 1985, y la respuesta se replicó 32 años después. Soy un poco escéptico de que se trate de una característica consustancial del mexicano y no una respuesta profundamente humana ante la desgracia del prójimo. Siempre desconfío del patrioterismo y el nacionalismo como expresiones tan cursis como peligrosas y tiendo a alejarme lo más pronto que pueda de ellas. Como sea, esta nueva catástrofe ha probado los alcances de nuestra bondad.

Como toda tragedia, la solidaridad empieza por ser conmovedora y sincera, pero pronto comienza a mostrar sus grietas. Igual que en 1985, cuando la respuesta social al sismo fue cooptada por organizaciones clientelares que al día de hoy siguen medrando de la política, ejerciendo y aspirando a cargos de alta responsabilidad (René Bejarano, Dolores Padierna, Martí Batres, Claudia Sheinbaum et al.), la respuesta del 19/S puso de manifiesto lo mejor de nosotros, pero también lo peor. Es preciso deslavar el aura de santidad y las loas autocongratulatorias de la respuesta social para entenderla y no tomarla por algo que no es. Hubo mucho de solidaridad; hubo tanto de otras cosas también. Seguir leyendo

De Perros y Niños Héroes…

Por Oscar E. Gastélum:

“Dogs are our link to paradise. They don’t know evil or jealousy or discontent. To sit with a dog on a hillside on a glorious afternoon is to be back in Eden, where doing nothing was not boring–it was peace.”

― Milan Kundera

Tras una semana como la que hemos vivido, es difícil distinguir el cansancio físico del emocional. Los brazos, y todos los músculos del cuerpo, duelen más que la primera vez que fuimos a un gimnasio, y el duelo y la indignación conviven en nuestro interior con el orgullo y la esperanza. Por si esto fuera poco, la falta de sueño altera nuestra percepción y agudiza todo lo que experimentamos o sentimos. En estas circunstancias resulta difícil sentarse a escribir una columna, e imposible hacerlo sobre cualquier otro tema que no esté relacionado con el terremoto y sus secuelas. Por ello, en esta ocasión preferí redactar un recuento, a manera de agradecimiento, de todos los actos heroicos que atestiguamos en los últimos días, y que nos devolvieron un poco de la fe en nuestro país, y en la humanidad entera, que habíamos perdido en los últimos años. Seguir leyendo

Reconstrucción del nosotros

Por Nerea Barón:

I.

Muchos son los voluntarios que desde el terremoto del pasado martes 19 de septiembre han estado en albergues, centros de acopio y zonas de desastre intentando ayudar. Muchos son también los que, en medio del caos, se han sentido incompetentes, sea porque no traen botas de casquillo ­­–requisito obligatorio para participar de la remoción de escombros–, sea porque se quedan esperando horas y horas en la fila de voluntarios para que al final les digan que en realidad no hace falta su ayuda, o simplemente porque andan extraviados, moviéndose de un sitio a otro, sin misión clara y con información siempre cambiante.

A ellos gracias. Gracias, gracias. No se dejen engañar: la disponibilidad es un bien en sí mismo. No hay tarea pequeña: ni la de preparar comida, ni la de distribuir información confiable en redes o hacer conexiones entre personas, ni la tarea de esperar, de ofrecer ayuda sea o no recibida, de cuidar a los que trabajan, de estar en las calles. No estamos tanto para salvar a alguien desde la verticalidad narrativa del superhéroe como para estar, así, simplemente, para ser esa sociedad que acoge, que amortigua, que decide quedarse, que se involucra. Seguir leyendo

Epicentros

Por Alejandra Eme Vázquez:

*

La emergencia es un estado, leo. Un estado con ríos, cordilleras y sitios turísticos, con capital y ayuntamientos, supongo. Estar en emergencia es saber que pasa algo que mayormente no ves, intentar armar en la cabeza y hasta en un croquis los pedazos de vida dislocada que nos ofrece la inmediatez. A veces la emergencia también es caminar por la calle y que nada parezca fuera de lo normal, pero recordar que es sólo una ilusión, que a pocos kilómetros hay una familia que lo ha perdido todo y que más allá están rescatando a alguien con vida de lo que antes era un condominio. Y hay momentos también en los que una ya está muy relajada, haciendo planes e inventarios, cuando llega Emergencia a tocarte el hombro: tú la traes.

**

Tembló. El mismo puto año de hace cien putos años, Kevin dixit, tembló. Ahí vamos contándonos las historias de cómo cada quien ha vivido estos días caóticos en los que la noción de tiempo es surreal y también vamos encontrando cómo restituir nuestro sitio en la tierra, que nos fue arrancado y que encontramos por allá tirado, a veces roto, a veces intacto, pero frágil. Tembló y vimos bandadas de pájaros cruzar el cielo imposiblemente azul, y supimos que justo en ese momento algo estaba derrumbándose, y nos sentimos culpables por desear que no fuera nada querido. Tembló y no pudimos comunicarnos, en la era de la sobrecomunicación. Tembló y todos fuimos niños de cinco años, otra vez, como aquel jueves. Seguir leyendo

Un gran abrazo

Por Deniss Villalobos:

Mi mamá me ha contado muchas veces esa historia y confieso que a veces la encontraba emocionante, como si fuera un cuento y no una historia real. Me gustaba imaginar a mi mamá, cuando aún no era mi mamá sino una muchacha de quince años camino a la escuela, sobreviviendo en la Ciudad de México durante el terremoto del 85. Sé cuánta gente murió, he visto imágenes espeluznantes, y aun así me costaba mucho trabajo pensar en aquel día como algo que pasó realmente; en mi mente era la película sobre el fin del mundo que alguien me contó porque sucedió antes de que yo existiera.

Hoy escribo esto con el corazón apachurrado y un nudo en la garganta, después de pasar horas entre llanto, sollozos, ansiedad y terror. Hace dos días estaba sentada en la sala de mi casa junto a mi mamá, treinta y dos años después del día en que pudo haber muerto, cuando todo empezó a sacudirse. Salimos corriendo, yo sin zapatos, ella en pijama porque era su día de descanso, para ver cómo nuestra casa se movía de un lado a otro sin entender lo que pasaba. Todos los vecinos observábamos con terror nuestras casas esperando que cayeran.

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El país posible

Por Frank Lozano:

Nuevamente ocurrió un 19 de septiembre, luego de 32 años. Las escenas de angustia, el dolor compartido, las imágenes yendo y viniendo, montadas a todo color en el código predilecto de la era; las redes explotando: mensajes, videos, fotografías y textos documentando en tiempo real la tragedia; la cascada de reproducciones y la mirada atónita del espectador detrás de la pantalla, perdida en el loop de un edificio contorsionándose o de otro cayendo. Gritos, llanto, gente inundando las calles. Más noticias, ahora de Puebla y de Morelos. Las mismas imágenes, el mismo sentimiento: impotencia. El país entero entrando en shock, este país al que aún le duele el horrendo asesinato de Mara, que aún no se reponía de la tragedia en curso en Oaxaca y Chiapas. El país que nuevamente estaba por despertar.

A los pocos minutos de terminado el sismo comenzó la acción. Las víctimas se fueron transformando en héroes. Del miedo pasaron a la solidaridad. De pensar en sí mismos, comenzaron a pensar en otros. Los rostros aterrados adquirieron un gesto valiente. La prisa de salir de un edificio se convirtió en la urgencia de ayudar a otros. Como si los mexicanos tuviéramos un gen secreto, de manera espontánea se comenzaron a formar cadenas humanas. Seguir leyendo

Efemérides

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