Looking for Something?
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Ni hippie ni chairo

Por Nerea Barón:

Lo reconozco: en otros momentos me he referido a mí misma como hippie. Claro, porque es fácil apelar a la caricatura: es verdad que camino descalza entre la hierba, que participo en fogatas en donde se le canta a Pachamama, que hablo de chakras, que me gustaría diseñar una ecoaldea y creo en el amor como una fuerza regeneradora.

Me he referido a mí misma como hippie porque es más económico recurrir al cliché de fácil evocación que empezar a hablar de lo que a veces ni siquiera para mí es tan claro: los fundamentos de mi espiritualidad. Pero decir hippie, hoy en día, lleva consigo cierta peyoración, pues alude a este personaje que, desde una comodidad ideológica, se desafana del trabajo, niega las reglas operativas de esta sociedad y se dedica a fumar marihuana y a promulgar amor y paz sin un compromiso real con las implicaciones de sus afirmaciones, un poco como J.P. Sears lo satiriza en este video. Seguir leyendo

10 autoras para pensar lo doméstico (primera parte)

Por Alejandra Eme Vázquez:

El espacio doméstico y los trabajos de cuidados que ahí se realizan han sido confinados al ámbito de lo privado y fuera de él, no se habla mucho del asunto. Nos complace ver un plato de comida bien servido, una casa reluciente o un bebé fresquísimo y feliz, pero el enorme trabajo físico y emocional que está detrás de esos resultados se barre de inmediato debajo de la alfombra, donde las visitas no lo vean, porque todo tiene que lucir perfecto pero fácil, inmaculado pero natural. Y justamente estos mecanismos, estructuras y procesos que han sido invisibilizados en la esfera de lo público son los que deben recibir la mayor atención no sólo para poder entender lo humano de manera distinta, sino para crear puentes entre los que somos a puerta cerrada y los que somos hacia afuera, en lo individual y lo colectivo.

Afortunadamente, muchas autoras brillantes ya han dedicado buena parte de su obra a darnos líneas de identificación, discusión y pensamiento desde esta perspectiva. Aquí reunimos a 10 de ellas, en dos entregas, con la intención de que la discusión se nutra, se amplíe y se vigorice para llevarnos a otras formas de estar en el mundo. Seguir leyendo

The Thing About Children’s Books

Por Deniss Villalobos:

There are so many things to be scared of in this world: blooms of jellies. A sixth extinction. A middle school dance. But maybe we can stop feeling so afraid. Maybe instead of feeling like a mote of dust, we can remember that all the creatures on this Earth are made from stardust. And we are the only ones who get to know it.

Ali Benjamin, The Thing About Jellyfish

Me gustan mucho los libros que me hacen pensar “ojalá hubiera leído esto cuando era niña”. Y, siendo honesta, también me ponen un poco triste, porque en serio me hubiera gustado tener esas historias cuando crecía. Claro que tuve la mejor saga que un niño puede encontrarse, pero no recuerdo ningún libro que hablara de los problemas que yo tenía en la vida real. Los libros eran un escape, con magia, elfos, villanos y héroes, que me ayudaban a lidiar con mi vida, pero fue hasta que crecí que empecé a encontrarme con historias que, además de entretenerme, hablaban de cosas que reconocía: depresión, ansiedad, aislamiento, acoso, introversión, no tener amigos o, en algunos casos, perderlos. Seguir leyendo

Robándonos

Por @Bvlxp:

El discurso político en México es un perro que corre frenético en círculos buscando morderse la cola. No parecería haber forma de escapar a nuestro dilema. No existen voces frescas y las voces viejas, las que sólo pueden ofrecer experiencia, parecen no haberse enterado del hartazgo y la sed de cambio. Seguir leyendo

Las viudas de Marx

Por Oscar E. Gastélum:

«Seriously, what are the principles of their theories, on what evidence are they based, what do they explain that wasn’t already obvious, etc? These are fair requests for anyone to make. If they can’t be met, then I’d suggest recourse to Hume’s advice in similar circumstances: to the flames.»

—Noam Chomsky

 

«When some men fail to accomplish what they desire to do they exclaim angrily, “May the whole world perish!”  This repulsive emotion is the pinnacle of envy, whose implication is “If I cannot have something, no one can have anything, no one is to be anything!”»

—Friedrich Nietzsche

La semana pasada escribí sobre los enemigos del mundo moderno (en una columna que usted puede leer aquí) y afirmé que la izquierda posmoderna es muchísimo más peligrosa y sofisticada que la ultraderecha premoderna, y prometí que en mi próxima columna ahondaría en el tema. Habría que empezar por recordar que esa izquierda antiliberal y posmo desciende directamente del marxismo, aunque más que su descendiente pareciera su viuda inconsolable. Y es que a partir de la infausta revolución rusa, la izquierda autoritaria puso toda su fe en el comunismo marxista y su energía en tratar de difundirlo por el mundo promoviendo sus bondades, y cuando éste fracasó estrepitosamente, dejando tras de sí montañas de cadáveres y economías en ruinas, se aferró al nihilismo posmoderno como un náufrago a un trozo de madera. La nueva doctrina no amplió sus horizontes, ni la confrontó con los crímenes de los regímenes marxistas y mucho menos la orilló a hacer un examen de conciencia a fondo que le permitiera trascender sus simpatías autoritarias. Todo lo contrario, pues el posmodernismo le permitió persistir con buena conciencia en su odio contra la democracia liberal y le dio nuevas armas para tratar de destruirla. Seguir leyendo

En el corazón de la falta

Por Nerea Barón:

El problema de la moral es que sabe demasiadas cosas. Como profe estricto, apenas se acerca y sumimos la panza, nos sentamos bien derechitos y tapamos con el brazo nuestros garabatos en el margen del cuaderno. ¿Estamos siendo malos estudiantes? No necesariamente, pero eso no nos deja libres de mácula: si se nos inspecciona, seguramente nos encontrarán algo de reprochable.

Esa conciencia de la mácula, fundamento de la noción cristiana del pecado original, es constructiva a su manera: sólo quien se sabe carente puede estar receptivo a sus propios errores y no devenir un tirano a espaldas de sí mismo. Misma lógica subyace en la famosa frase socrática «yo sólo sé que no sé nada», porque claro, quien sabe ya no necesita preguntarse y, en un santiamén, puede volverse un ignorante. La soberbia del sofista –ilusión de completud– le hace olvidar que la búsqueda del conocimiento no es más que un ejercicio de bordear vacíos y el conocimiento consumado, un punto ciego. Seguir leyendo

Manual de/construcción

Por Alejandra Eme Vázquez:

La primera regla del club de la deconstrucción es que nadie habla del club de la deconstrucción. ¿No les llegó el memo? Primero, el término deconstrucción y sus derivados podrían ser la mayor trampa de nuestro tiempo si les asignamos el poder para cambiarlo todo nada más con pronunciarlos. Y no sólo eso sino pronunciarlos a cada rato, con toda la seguridad del mundo, como si haber encontrado un mecanismo en el que se puede desarmar una idea o una conducta nos confiriera una certificación universal para legitimar y ser legitimados bajo el amparo de repetir, una y otra vez: estoy trabajando en ello, ya me di cuenta, soy una persona nueva, vi la luz. No hay trampa más grande que comprarse el letrero de: “Cuidado, persona en deconstrucción” y quedarse a vivir ahí.

Porque por mucho que seamos capaces de encontrar reversos y apropiaciones a modo, podemos partir de aceptar que deconstruirse y estacionarse no pueden coexistir como parte del mismo proceso. Decir una vez una idea tajante sí es un descubrimiento capaz de parar el mundo, nuestro mundo; sin embargo, cuando se repite ad nauseam no estamos haciendo algo distinto a lo que se supone que estamos evitando. Debajo de cada idea tajante existe un mundo pantanoso en el que cada eureka es puesto en duda casi de inmediato, en el que nada puede endurecerse al punto de la ideología autoconclusiva. Es cierto que podemos decidir no entrarle a ese terreno vulnerable, pero tendríamos por lo menos que cuestionarnos las razones que alguien puede tener para hacer como que dice verdades absolutas y al mismo tiempo hacer como que es una voz autorizada en deconstrucción. Seguir leyendo

Bolsas

Por Deniss Villalobos:

Por más que te aferres a algunos objetos, lugares o personas; a la cama en la que pasaste toda tu adolescencia, bajo la que escondiste una carta que nunca entregaste, un diario en el que realmente nunca escribiste ningún secreto y un CD con canciones que ya no te gustan; el parque en el que aprendiste a andar en bici después de que las rodillas te sangraran veinte veces, en el que te quedaste de ver con tu primer amor, en el que fumaste tu primer y último cigarrillo; la persona con la que creciste, la que viste cada día de tu vida hasta que decidió tomar otro camino, con la que has pasado más tiempo, a veces riendo y otras queriéndose arrancar la cabeza, creyendo que nunca dejaría de ser la más cercana a tu corazón, al final nos alejamos de casi todo y de todos.

Llegará un día en que sientas que esa cama te lastima, y aunque algunas veces lloraste sobre ella escuchando a tu banda favorita y otro día besaste a alguien cuando tus padres no estaban en casa, terminarás cambiándola porque un resorte se te entierra en la espalda. Lo mismo con el parque, porque aunque le tengas algo de cariño el tiempo lo ha cambiado; está sucio, los columpios no sirven, los niños con los que jugaste son ya todos adultos con los que no tienes nada que ver y estar ahí te hace sentir solo: es mejor visitarlo solo de vez en cuando en tu memoria. Y luego están las personas. Aunque pienses que nunca te va a pasar a ti, aunque duele muchísimo cuando te das cuenta, aunque quieras arreglarlo, también te alejarás de ellas. No solo de esas exparejas, o esos amigos y conocidos que después de unos años se convierten solo en un like de Facebook, sino también de las personas más cercanas y con las que más tiempo has pasado en tu vida, incluso si son familia. Seguir leyendo

Adiós a la propaganda hueca

Por Frank Lozano:

La Suprema Corte de Justicia de la Nación ordenó al Congreso legislar en materia de regulación de la propaganda gubernamental. Los gobiernos han hecho del derecho a la información un mecanismo de control tanto de los medios como, indirectamente, de las audiencias.

En nuestro país, el modelo de comunicación predilecto de los gobiernos es el dinero. Solamente el gobierno federal ha gastado a lo largo del sexenio alrededor de 38 mil millones de pesos en promover su imagen. Los gobiernos tienen la obligación de informar y rendir cuentas, pero cuando en aras de esa obligación se convierte el presupuesto en un mecanismo para premiar o castigar medios, se pasa de la información a la manipulación. Seguir leyendo

Efemérides

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