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Octavio Paz y los 80 años de la Guerra Civil Española

Por Ángel Gilberto Adame:

Octavio Paz dejó de publicar entre 1934 y 1936. Durante ese periodo vivió conflictos familiares que llegaron a su punto más álgido con el fallecimiento de su padre el 10 de marzo de 1935; cursaba una licenciatura que no le satisfacía e iniciaba una relación tormentosa con Elena Garro. A pesar de estos factores, su avidez lectora se mantuvo intacta, lo que le permitió estar al tanto de los acontecimientos que derivaron en la Guerra Civil española.

En julio de 1936 el joven Paz supo del discurso pronunciado por Dolores Ibárruri, “La pasionaria”, en el fervor provocado por el fallido golpe de Estado encabezado por Francisco Franco contra la Segunda República. A dicha arenga se le bautizó popularmente con el título ¡No pasarán!. En ella, la militante incitó a la población a participar en la defensa de la democracia republicana en contra del fascismo. Su intervención tuvo tal resonancia internacional que se convirtió en un documento moral que atrajo el interés y la simpatía de gran número de intelectuales.

Paz, deseoso de participar en el debate ideológico que oponía al comunismo y al fascismo, escribió tres poemas al respecto: ¡No pasarán!, Oda a España y Elegía a un joven muerto en el frente de Aragón. El primero de ellos significó para él una renovación lírica y personal, pues le permitió descubrir la veta social de la poesía y le dio la oportunidad de figurar en la primera línea de la literatura latinoamericana. ¡No pasarán! se publicó en México por Talleres Gráficos de la Nación[1] bajo el sello de Simbad[2] el 30 de septiembre de 1936, con un tiraje inusitado de 3500 ejemplares. La edición constó de ocho páginas, incluyó un epígrafe del historiador francés Élie Faure[3] y una nota final en la que especificaba que las ganancias se donarían al Frente Popular Español.

Es probable que para la impresión, Paz contara con el apoyo de Vicente Lombardo Toledano, máximo representante de la izquierda durante el cardenismo y mentor de Octavio Novaro —fundador de Simbad— y de Enrique Ramírez y Ramírez, por aquellas fechas amigos íntimos del poeta.

La recepción del poema fue sorpresiva, pues provocó una discusión sobre las fronteras entre las formas estéticas y la propaganda ideológica. Aunque algunos otros siguieron un proceder similar al de Paz e intentaron vincular su quehacer artístico con la guerra de España, ningún trabajo causó tantas reacciones como ¡No pasarán!. Incluso El Nacional[4], el periódico oficial del gobierno, lo incluyó en su suplemento dominical de 4 de octubre.

Una primera reseña apareció el 15 de octubre en El Porvenir, diario regiomontano. En ella se criticó que los Talleres Gráficos invirtieran su presupuesto en difundir poesía “de propaganda” mientras descuidaban los libros de texto. Se acusó al autor de pertenecer a la corriente estridentista y al poema se le describió como un folletín comunista[5].

El 31 de octubre el poema apareció en la portada de la revista costarricense Repertorio Americano acompañada de una ilustración antifascista de William Gropper, la cual fue remitida por el propio Paz. El editor jefe de la publicación era Juan García Monge, quien impulsó su amplia difusión a nivel continental.

Rubén Salazar Mallén escribió, el 12 de noviembre, una nota para El Universal que incluyó una serie de descalificaciones dirigidas a la poesía joven que se escribía en México: “La juventud, inepta unas veces y otras veces ávida, dejó de servir a la poesía para servirse de ella […] y brotaron, irrumpieron en el mercado literario esos versos con voluntad de cartel antes que de poesía”[6]. En respuesta, Futuro, dirigida por Lombardo Toledano publicó en su número de diciembre un artículo en apoyo de los poetas jóvenes y en particular de Paz. En la nota se lee: “Rubén Salazar, no pasarán tus diatribas torpes al nuevo arte, la repugnancia de las intelectualidades sensatas del presente, como no pasarán a la historia de la literatura esos poetas de poesía decadente en que te atrincheras”[7].

El 15 de enero del año siguiente Bernardo Ortiz de Montellano, firmando bajo el seudónimo Marcial Rojas, escribió para Letras de México un artículo que tituló Poesía y Retórica. En su texto “cita los versos iniciales de ¡No pasarán! para compararlos desfavorablemente con el comienzo de «Galope muerto», poema inaugural de Residencia en la tierra, el gran libro de Neruda que crea escuela a partir de su edición madrileña de 1935. Sin citar autores ni títulos, el crítico ve en los versos de Paz una superficial imitación retórica de la poesía auténtica del chileno”[8].

Efraín Huerta escribió en El Nacional —dos días después del ataque de Montellano— un elogioso comentario al poema, argumentando que su valía radicaba en explorar nuevos senderos de la poesía rompiendo con las trilladas formas del modernismo. También aseguró que el texto de Paz había sido “producto de una decidida intervención con la sangre, las vísceras y el cerebro en la lucha social”[9].

Salazar Mallén retomó la discusión el 21 de enero a través de un artículo en el que insistió en su opiniones adversas a ¡No pasarán!: “El poema era una caja de palabras completamente vacía, era un aspaviento demagógico para ignorantes de la poesía. Lo que hubiera podido aprovecharse para forrar ideas poéticas, no forraba sino las más vulgares ideas políticas”. Sin embargo, fue generoso en sus palabras sobre Raíz del hombre, “un poema nuevo […] en que la lejanía de la política es cabal, en que se busca un camino de libertad por la poesía” lo que volvía este libro un proyecto mejor y “verdadero”[10].

Ramírez y Ramírez se sumó al debate sobre la legitimidad de la poesía social y señaló: “El estupor producido por ¡No pasarán! reside, en gran parte, en la equivocada credulidad de quienes piensan que la poesía, para ser tal, debe referirse exclusivamente al misterio de las palabras entrelazadas cabalísticamente”[11]. También se refirió a Paz como un poeta versátil capaz de escribir con la misma intensidad sobre la tragedia de España que sobre tópicos como la soledad y el amor.

La relevancia de ¡No pasarán!, entre otras circunstancias, le ganó a Paz una invitación al Segundo Congreso de Escritores Antifascistas en Defensa de la Cultura que inició en julio de 1937 y tuvo como sedes las ciudades de Valencia, Madrid, Barcelona y París.

Durante el evento y en las semanas posteriores, Paz participó en veladas poéticas con la lectura de ¡No pasarán!, de ello resultó que Manuel Altolaguirre lo incluyera en Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España, un pequeño libro dividido en tres secciones: “Bajo tu clara sombra”, “Raíz del hombre” y “Cantos españoles”. El volumen se publicó en Valencia el 31 de agosto, como parte de la Nueva Colección Héroe[12].

Mientras tanto, Salazar Mallén arremetió en contra de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios convencido de que a sus miembros los guiaba un sectarismo que atentaba contra el albedrío de la creación artística y sus medios de difusión. Desde su punto de vista, fue esta asociación la que motivó a Paz a escribir ¡No pasarán! y la que promovió su invitación a España: “Había que verlo a él, el auténtico poeta de Raíz del hombre, a la zaga de tipos sin valor artístico, sumido en una servidumbre humillante”[13].

El 26 de noviembre Salazar Mallén dio a conocer una carta de Paz compuesta por una serie de aclaraciones y respuestas a las críticas que éste había hecho en su contra:

Por lo que se refiere al «inmundo halago» de mi poema ¡No pasarán!, quiero decirte, por última vez y contigo a todos los que están detrás de ti o a tu lado, moral o ideológicamente, con la sospecha, el silencio o la mentira, que cuando publiqué ese poema no lo hice con ánimo venal o servil (servil: ¿a quién?) y que hasta la fecha no he obtenido, ni pretendido, ventaja material o espiritual de gobiernos, organizaciones o personas. No lo hice con ánimo de lucro y aclaro nuevamente, ni siquiera la invitación al Congreso de Escritores —invitación que, además humana y verosímilmente yo no podía suponer o calcular— partió, no del conocimiento de mi poema, sino del de mi libro Raíz del hombre, que, como sabes y lo has juzgado, no es un libro «político», dotando a la palabra de la crueldad y rigidez que ustedes le otorgan en las ideas y en la práctica.

La misiva mereció un extenso comentario de Salazar Mallén. Sobre su invitación al Congreso especificó: “La invitación la ganó con ¡No pasarán!, con esa pobre cosa demagógica, sin valor poético, como él mismo, Octavio, lo reconoció una tarde”. También afirmó que sus vínculos con la gente de la Liga de Escritores eran evidentes. Concluyó atribuyendo los reclamos de Paz a su edad y a su inocencia, pues según él no era consciente de los intereses que lo utilizaban[14]. Quizá Salazar Mallén sí tenía clara la facción de la que era portavoz, la de los partidarios de una sensibilidad estética inmanentista que perdía vigencia y sus consiguientes privilegios.

A finales de año, habiendo concluido la estancia de Paz en España, César Ortiz escribió un artículo para El Machete que tituló “Octavio Paz, esperanza de la poesía mexicana”, en el que exaltaba la imagen de la literatura nacional que el joven poeta había representado con éxito en el extranjero y frente a algunos de los escritores más importantes del mundo[15].

De las sucesivas recopilaciones de su obra poética, Paz excluyó ¡No pasarán! Las razones que conjuró para esa ausencia fueron más bien de carácter estético. El poema apareció nuevamente en el tomo trece de sus Obras completas como un testimonio cabal de su trayectoria, con una lacónica advertencia que fue un texto que nunca lo dejó satisfecho.

[1] Gustavo Ortiz Herón era el director de Talleres Gráficos de la Nación a la fecha de publicación del poema.

[2] Además de ¡No pasarán!, Simbad editó otros tres títulos: Raíz del hombre (1937), también de Octavio Paz, y Canciones para mujeres (1936) y Palomas al oído (1937) de Octavio Novaro. Se proponía “hacer ediciones modestas, sin llegar a indigentes, de obras al alcance de todas las fortunas, incluso intelectualmente hablando”. Segundo Taller Poético, noviembre de 1936, p. 49.

[3] “España es la realidad y la conciencia del mundo”.

[4] El director del diario a esas fechas era Froylán C. Manjarrez.

[5] “Circula en Monterrey propaganda comunista”, El Porvenir, 15 de octubre de 1936, p. 4.

[6] Salazar Mallén, Ruben, “Poesía y juventud”, El Universal, 12 de noviembre de 1936.

[7] “Juventud, poesía…y fachismo”, Futuro, diciembre de 1936.

[8] Stanton, Anthony, “La poesía de Octavio Paz durante la guerra civil de España”, Actas XIV Congreso AIH (Vol. IV), El Colegio de México.

[9] Huerta, Efraín, “El problema de la poesía”, El Nacional, 17 de enero de 1937.

[10] Salazar Mallén, Rubén, “Raíz del hombre”, El Universal, 21 de enero de 1937.

[11] Ramírez y Ramírez, Enrique, “La juventud de la poesía mexicana”, El Nacional, 9 de febrero de 1937.

[12] Altolaguirre escribió en su nota introductoria: “Esta vez le ha tocado en suerte a la poesía, al volver su rostro adolescente, el encontrarse con que Octavio Paz, su poeta, tiene sus mismos años, más o menos. Los dos juntos, tan jóvenes, el poeta y la poesía, la vida y el arte en este caso, llegaron a España para cantar a nuestro pueblo en guerra. Los cantos españoles de Octavio Paz, bajo una clara sombra helénica, salen hoy a la luz, a todos los vientos, para que sean repetidos con fervor por nuestros valerosos combatientes”.

[13] Salazar Mallén, Rubén, “Cambio de táctica”, El Universal, 26 de agosto de 1937.

[14] Salazar Mallén, Rubén, “Correspondencia”, El Universal, 26 de noviembre de 1937.

[15] Ortiz, César, “Octavio Paz, Esperanza de nuestra generación”, El Machete, 4 de diciembre de 1937.

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  • Juan Moran

    Publicar el valor de las ideas plasmadas en poesía es como soltar un diente de león al capricho del viento. Nunca se sabe la altura que pueda alcanzar, ni hasta dónde pueda llegar. Lo que inició como una renovación lírica y personal,, lo catapultó en figurar en la primera línea de la literatura latinoamericana y a una invitación al Segundo Congreso de Escritores Antifascistas en Defensa de la Cultura..
    Leyendo este artículo me recuerda otro episodio literario en la figura de Salman Rushdie y “Los versos satánicos”. La crítica política e ideológica desvirtuó a la estética y literaria, como una bifurcación que parte un río en dos.

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