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No superarás

Por Alejandra Eme Vázquez:

Estudié Letras Hispánicas y crecí profesionalmente alimentando la idea de que no toda la literatura es buena y aún más, de que hay literatura que debería irse directo a la basura. Luego, ejerciendo la docencia, esa idea comenzó a ponerse en duda y preferí dejar de tener prejuicios o hacerlos a un lado con la idea de que cualquier creación puede ser una puerta de entrada al universo literario, que tantos sabemos maravilloso y alejado de cualquier tipo de prejuicio; pero la verdad es que nunca me había acercado a leer aquello que criticaba a ciegas. Por eso es que un buen día de estos me decidí a entrarle, para empezar, al mundo de la 'superación personal' o 'autoayuda'.

El proyecto de leer textos de este tipo era más bien personal, sólo para usar la técnica de mi abuelo con la comida: si no había probado algo, lo cataba nada más para ver “a qué sabía”. Yo quería conocer a qué sabía la superación personal y si acaso ampliar mi horizonte; sin embargo, en el ínter de estar leyendo y analizando el discurso de estos ejemplares tan peculiares, el mundo que ocurre fuera de las letras se cimbró con dos acontecimientos: la muerte de Roberto Gómez Bolaños y la desafortunada declaración del presidente Peña Nieto al invitar en un discurso a “superar esta etapa” en referencia a dolorosa desaparición de 43 normalistas en Ayotzinapa y todo lo que esto detonó, que se encuentra muy lejos de ser una simple “etapa”.

Ambos sucesos tienen mucho en común entre sí por el lugar desde donde hablan estos personajes y por la forma en que configuran un espectador u oyente ideal para el discurso que quieren entregar. Mientras que el famoso “Chespirito” delinea un mundo en el que “el jodido” (como llamó el Tigre Azcárraga a sus televidentes) es feliz porque tiene amigos y las peripecias que padece para buscar mejorar su nivel de vida se convierten en aventuras que culminan siempre en el mismo lugar jodido en que comenzaron, pero con risas de por medio, el presidente convoca a cerrar un capítulo de violencia y decepción regresándonos al punto de partida y sin que haya pasado realmente nada en medio, sólo que en vez de risas grabadas adereza su discurso con los leales aplausos de quienes siempre lo vitorearán en el momento y tono preciso.

Y entonces lo vi: eso es justamente lo que hace la superación personal. Lo primero que llama la atención es que cualquier libro o texto de este tipo se dirige a un ‘tú’ que es todo menos estable. En realidad, cualquiera que abra sus páginas se convierte automáticamente en el prototipo que ahí se plantea y lo curioso del asunto es que ese ‘tú' siempre está bien, siempre está en lo cierto, es bueno, trabajador y sobre todo, quiere mejorar sus condiciones de vida. ‘Tú eres el placebo’, dicta una de las tapas de uno de tantos libros que estuve estudiando concienzudamente. Tú, tú tienes en tus manos el poder de cambiar, tú puedes modificar tu entorno a través de tu actitud como lo hace el Chavo del Ocho y como lo hacen todos los mexicanos dispuestos a dar vuelta a la página en esa “etapa” de desapariciones forzadas y brutalidad policiaca que no se ha garantizado resolver.

Y si tú tienes en tus manos el poder de cambiar, dicen estos libros, es porque el cambio viene de adentro. Valora tus privilegios, a tu familia, el amor que recibes, ¿qué, no es suficiente? ¿Qué, no eres afortunado a comparación de otros? Y así es como la superación personal cumple su cuota de generar culpa. La misma culpa cuyo mecanismo funciona tan bien en el humorismo ausente de crítica y repetidor de fórmulas (“¿ven cómo no hay que subvertir para divertirse, ven qué fácil y poco exigente es reírse cuando se lo proponen?”) y en los discursos políticos que satanizan al mexicano que no representa los valores deseados por la jerarquía (“¿ven qué bonitos cuando marchan sin molestarnos y hasta les ponemos escoltas, y no nos obligan a usar la fuerza pública?”).

Una vez que se ha generado suficiente culpa como para sentirse ansioso por hacer lo correcto, aparece ese otro elemento de la autoayuda: la adversidad. Siempre habrá alguien que quiera verte mal, dicen. Siempre habrá seres tóxicos que no soporten la felicidad ajena y también obstáculos que parecen pedirte que te rindas. Pero tú no te vas a rendir, porque sabes que al final del camino todo se verá recompensado y al mismo tiempo, tu idea de recompensa terminará siendo cualquier cosa que no te haga daño: un atardecer, una sonrisa, una palabra de aliento, una torta de jamón, una ley que diga que hay que respetar la ley. Entonces, la adversidad es necesaria, te dicen: agradécela. La superación personal está, entonces, en todo aquel discurso que te inyecta una falsa energía para llevarte por un camino de aparentes logros, que conseguirás sólo si cumples con tu función de aceptar que el cambio es sólo de actitud, y al final te deja justo en donde comenzaste, pero con la idea de que todo debe ser como es y que el que debe buscar el lado bello eres tú. Y sólo tú.

Seguro que hay mucho más que decir sobre esto y ojalá que se diga, porque ningún punto de vista es absoluto. Lo que me queda claro es que si bien muchos disfrutan leer autoayuda, así como muchos disfrutan ver a Chespirito en acción y otros, quizá, sientan confianza en el presidente de nuestro país, el discurso de superación personal no es admisible por dos cosas: primero, porque contraviene demasiado esa línea ética en la que el autor de un texto sabe que no posee verdades, sino propuestas, y se vale de muchos recursos para configurar una voz que parecería infalible cuando ella misma sabe que no lo es; y segundo, porque no considera lo que sucede de la página hacia adentro, en esa jerarquía cómoda desde donde se nos está diciendo cómo comportarnos.

La autoayuda no es autocrítica, no habla de cómo su propio lenguaje busca alienarnos y uniformarnos para que no podamos quejarnos porque así visto, desde su óptica, todo es hermoso. Hasta lo terrible, porque estamos vivos. Pero quien escribe, quien modela un mundo de idealización de la pobreza o quien llama a una profunda crisis de Estado una "etapa", ellos no meten las manos en el agua que quieren calmar, desde lo lejos. Sea como sea, así no puede funcionar la superación personal en ningún discurso y hay que suspenderla. Porque no nos basta la autoayuda. No en este mundo, no ahora. No cuando hay que decidir qué cosas no deben ser superadas.

 

Feedback

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  • Adriana

    Ale tienes mucha razon siempre nos quieren pintar el firmamento a su propia conveniencia, pero creo que ya es hora de que cada persona desde su interior despierte y cambie primeramente en su actitud y aptitud; y despues solidarizandose con otros para ayudar a esta gran y necesaria autosuperacion personal………..

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