Looking for Something?
Menu

Ni piedras, ni flores

Por Alejandra Eme Vázquez

Si pensamos en mujeres lapidadas, en niñas que sufren mutilación genital, en violaciones multitudinarias, en feminicidios, en torturas por razón de género y en otros escenarios donde se despliegue violencia con descaro, cualquiera en su sano juicio puede reconocer la atrocidad, condenarla firmemente y manifestar empatía con las víctimas. Podría asegurar que para todos nosotros son dolorosas las noticias que aparecen diariamente sobre mujeres que sufren abuso, que son restringidas por las instituciones de maneras incomprensibles o agredidas por defender su integridad; en términos de violencia de género, no es ahí donde está la polémica ni el punto de desacuerdo. El problema aparece cuando queremos ponernos de acuerdo en la identificación de lo que es o no discriminatorio y abusivo en el día a día, y en las muy distintas posturas que pueden tomarse al respecto.

En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, designado desde 1999 por la ONU para conmemorarse cada 25 de noviembre, la popular e influyente marca Benetton dio a conocer un video en el que se suma a la voz que condena la violencia hacia las mujeres como parte de su fundación Unhate, dedicada a revertir discursos de odio mediante la publicidad. El video muestra un sitio desértico en el que siete hombres rodean a una mujer arrodillada que a simple vista se ve vulnerable y temerosa; los varones, de pie, tienen una dura expresión en el rostro y la cámara enfoca insistentemente a las piedras del suelo, lo que activa el referente de la lapidación, condena común en ciertas regiones. Después de unos segundos de tensión los hombres comienzan a lanzar hacia la mujer, con expresión furiosa y enérgica, algo que los espectadores no vemos; la percepción sigue siendo que la están lapidando, hasta que la toma se abre y descubrimos que son pétalos de flores en grandes cantidades. Finalmente, la cámara se enfoca en el rostro de la mujer, que sigue arrodillada pero ha cambiado su expresión temerosa para sonreír, satisfecha.

En palabras de los voceros de Benetton en español, el discurso implícito sí es cambiar las piedras por flores, con todo y que la metáfora parece perpetuar la cultura del piropo y la idealización; en este sentido, lo que veríamos es a un grupo de hombres que de entre dos opciones decide lanzar lo que no daña, para beneplácito de la mujer. La campaña también podría entenderse desde el punto de vista del empoderamiento femenino, capaz de transformar con la sola actitud una manifestación violenta en algo positivo; pero cualquiera de estas perspectivas mueve a la reflexión. Decir que estos mensajes muestran a las mujeres como objetos debe entenderse más en el sentido gramatical que existencial, es decir, no como cosas inanimadas y sin importancia sino como receptores necesarios pero eminentemente pasivos, a merced de una acción que alguien más decide depositar en ellos, de modo que sólo cabe esperar que el otro no elija hacer algo perjudicial, incómodo ni riesgoso. Así visto, la inequidad es el resultado irremediable: o se acepta la acción sin más o se opone resistencia, pero desde esta propuesta hay desventaja en cualquier caso.

Se entiende que el discurso de Benetton llama a los varones a reconocer el impulso culturalmente impuesto de violentar y lograr controlarlo para convertirlo en lanzar algo “bonito”, en términos del estereotipo femenino. Se entiende también que cualquier persona preferiría recibir un golpe de flor a uno de piedra y que si nos hemos expuesto lo suficiente a manifestaciones culturales que reproduzcan rituales de cortejo y amor romántico, quizá hasta en ocasiones estas demostraciones podrían provocar una sonrisa satisfecha como la de la modelo. También es cierto que la marca se caracteriza por sus campañas polémicas, por lo que hay que tomarlas con reservas y como un ejemplo entre muchos otros, pero la avalancha de comentarios tan halagadores al video podría hacer pensar que para una parte de la población esta perspectiva resuelve el conflicto. Y eso hay que ponerlo en duda.

En lo personal me he preguntado mucho, también, dónde queda (entre todo el reacomodo de roles y valores) ese resquicio abierto de excepción en el que a veces las mujeres sí podemos apreciar que nos lancen flores, mantenemos abierta la esperanza de encontrar el amor romántico o decidimos participar de roles identificados como machistas. Creo necesario pensar en esto, sobre todo porque tal ha sido uno de los mayores argumentos para incomprender el enfoque de género aludiendo a que no incluye a todas las mujeres, que se está extralimitando, que sólo busca ponerle ‘peros’ a todo o que exige demasiado y de mala manera; así es como se llega a veces al revanchismo de reproducir discursos de odio, incluso para molestar, y se cierran los oídos al siempre provechoso ejercicio de análisis. Respecto a que cada mujer y varón va a decidir con qué marco quedarse de entre muchas alternativas, es cierto; pero la gran ventaja es que la crítica y la reflexión ensanchan las alternativas y transforman las elecciones. En realidad, la verdadera lucha es por detener la tendencia a generalizar irresponsablemente, en discurso y acción.

Creo que si concedemos que aportaciones como la de Benetton poseen buenas intenciones, que se enfocan en cambiar la conducta agresora y que pueden tener más de una lectura, es para atender lo más urgente: detener de tajo los abusos. Ya que es un hecho que muchos escenarios están hoy dominados por varones, y además por varones que no tienen apertura para escuchar otros puntos de vista, se comprende que la decisión inmediata sea enviar el mensaje de cambiar las piedras por flores, porque mantiene el impulso de ostentar jerarquía y hasta parece, sólo parece, un acto de generosidad y consideración. Como en cualquier rehabilitación, suplir una conducta nociva por otra muy similar pero inocua es una forma efectiva de parar en seco, por lo pronto, un comportamiento perjudicial. Pero en ningún caso podemos apostar a que estas acciones e ideas queden cómodamente establecidas como status quo, porque bajo ese punto de vista la mujer sigue estando a merced de las acciones masculinas, ya sea de reprobación o de aprobación, y el varón es libre de seguir considerando que su gesto debe recibir gratitud a cambio. Esa no puede ser la meta.

No aspiramos a un mundo en el que la responsabilidad de los hombres sea lanzar cosas lindas a las mujeres ni la de las mujeres sea resistir y revertir, mediante un empoderamiento perenne y hasta agotador, los lanzamientos fallidos y la exigencia de responder únicamente de ciertas formas. Necesitamos pensar en cada acción como un paso provisional que deba llevarnos a reconocernos todos como individuos distintos con acceso libre a tomar o construir alternativas, y a que las dinámicas de cacería o tiro al blanco desaparezcan para dar lugar al ejercicio de proponer en horizontalidad escuchando y respetando la respuesta del prójimo, agudizar la percepción del entorno para no caer en la imposición, no dar ningún escenario por hecho, compartir en libertad y ante todo, dejar ser. Así, de sujeto a sujeto, sin piedras ni pétalos.

Aquí el video aludido:  http://youtu.be/_lDncgUwor4

Puede interesarte

Virgencita, plis
Bergoglio mediador
La paz vergonzosa
No superarás

Deja un comentario

Efemérides

uncached

Twitter