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Museos interiores

Por Deniss Villalobos:

La belleza es un concepto abstracto relacionado principalmente a la estética y no existe una definición única para explicarla, porque depende en gran medida de cada cultura y época. La palabra belleza proviene del latín bellus, que comparte raíces con bonus (bueno). En general creo que la etimología de belleza me decepciona un poco, tal vez porque esperaba algo espectacular de la palabra que usamos para referirnos a aquello que nos gusta o emociona, más allá de cómo se aborde en la filosofía, la historia o la sociología. En las Elegías de Duino Rilke dijo que la belleza es el comienzo de lo terrible que aún somos capaces de soportar.

Terrible es un vocablo que viene de terror y que a su vez viene del verbo terreo, que significa hacer temblar. Tal vez lo bello es todo lo que nos causa un temblor, lo que nos hace sentir escalofríos o “nos pone la piel de gallina”, como dice Fernando Savater en una conferencia citando a Adorno, donde agrega:

¿Por qué son tan malas esas postalitas ingenuas que compra la buena gente para ponerlas en su casa, en el comedor, y tomarse la sopa todos los días mirando a un ciervo que corre por un jardín o bebe en una fuente? Lo que tienen de malo es el hecho de que están intentando representar un mundo plenamente reconciliado, armónico, que no es el mundo real; es decir, el mundo real aún no es así y quizás nunca lo vaya a ser, así que el artista tiene la obligación de representar ese elemento terrible e irreconciliable que hay en la realidad.

En los museos podemos admirar pinturas y esculturas creadas hace unos meses o cientos de años; en el teatro optamos por una representación de Hamlet o apostamos por la última obra de una joven dramaturga; en el ballet nos emocionamos hasta las lágrimas o nos quedamos dormidos a media función, y en nuestras computadoras hay cientos de gigas de música y películas que quizá nunca terminemos de ver y escuchar, y podremos tener largas conversaciones y discusiones en las que hablemos de qué tan bellas son, pero, ¿qué pasa con todas las cosas que, además de no ser convencionalmente hermosas, tampoco son creadas con el objetivo de ser consideradas arte? ¿Qué pasa con todas esas cosas que no estarán en los museos?

Supongo que la mayoría estamos de acuerdo en que las flores, los cachorritos, una nube con forma de barco y un paisaje verde son cosas bellas, pero seguramente cada uno de nosotros podría formar su propio museo, uno que solo exista en nuestro interior, con la colección de cosas que encontramos hermosas y muchos otros consideran simplemente terribles.

Quiero compartir aquí algunas de esas cosas que me hacen temblar, y no estoy segura de hasta qué punto sea porque me causan terror y cuánto porque me parecen bellas:

Huesos

  • Cuando estábamos en preparatoria un amigo tuvo un accidente mientras practicaba skate. No recuerdo nada de aquel día excepto la imagen de su pierna abierta y un hueso blanquísimo que se asomaba entre la carne roja y rosa. No he vuelto a ver nada como eso, no lo provocaría ni buscaría, pero en mi recuerdo de ese accidente el hueso de mi amigo era algo hermoso.
  • Hace no mucho me encontré con una tienda online de joyería en la que una chica crea dijes con esqueletos de aves. No se trata de collares hechos completamente de huesos como se hace en algunas tribus, sino de piezas “normales”, con piedras y cuentas de colores, de las que cuelga un diminuto frasco que dentro lleva la pequeña parte de un pájaro.

Animales muertos

  • El año pasado otro amigo estuvo en Italia y alguna de las noches de su viaje se encontró con un zorro muerto. Después me contó sobre él porque sabe que es uno de mis animales favoritos, y al principio pensar en el animal me hizo sentir mal, pero después, en mi imaginación, saltó una imagen que era más bien agradable: el cadáver del zorro en medio de un bosque, rodeado de árboles y tierra, donde entraría en descomposición y se convertiría en el alimento de algún otro animal que, de una u otra forma, también moriría.
  • Hace unos meses mi gata dejó en la puerta un pájaro que cazó y del que se aburrió después de jugar un rato. Lo recogí para llevarlo a la basura y para mi sorpresa el pájaro lucía como si en cualquier momento fuese a mover las alas y darme un picotazo por haberme atrevido a tocarlo.
  • Encontrar un animal muerto en la tierra me parece mucho más hermoso que usar su piel como material para un abrigo o disecarlo para tenerlo como trofeo en una repisa.

Entrañas

(Del pl. n. lat. interanĕa, intestinos).

  1. f. Cada uno de los órganos contenidos en las principales cavidades del cuerpo humano y de los animales.
  2. f. Parte más íntima o esencial de una cosa o asunto.
  3. f. pl. Cosa más oculta y escondida. Las entrañas de la tierra, de los montes.

arrancársele a alguien las entrañas.

  1. loc. verb. coloq. arrancársele el alma.

Mientras que muchos sienten asco o ganas de vomitar al pensar en las entrañas (las propias o ajenas), a mí me gustaría poder meter la mano en mi estómago y tocarlas. Fantaseo con eso por las noches, cuando el insomnio me obliga a pasar horas viendo el techo, e imagino que puedo jugar un poco con las vísceras que llevo dentro para estar segura de que tengo alma.

Raspones, moretones y enfermedades de la piel

  • Cuando me caigo no me molesta ver mis rodillas sangrando. Los raspones y moretones me gustan. No sé por qué, no intento entenderlo ni darle muchas vueltas, pero me divierte buscarle formas a esas manchas en la piel que van cambiando de tamaño y color con los días, apretar los moretones para que me duelan un poco más y dibujarle caritas felices a las heridas que me quedan para después unir mis cicatrices y encontrar mapas de constelaciones.
  • En The Sick Rose, libro de Richard Barnett, se recogen ilustraciones médicas de finales del siglo XVIII hasta principios del siglo XX. El papel de las ilustraciones era importantísimo en las escuelas de medicina, los dibujos eran la única manera en que los estudiantes podían conocer e identificar enfermedades que después tendrían que tratar en sus pacientes. También se realizaban ilustraciones de diferentes órganos cuando los cadáveres empezaron a abrirse para ser estudiados. Tal vez no podré ver en persona cómo luce la roseóla, la psoriasis o la enfermedad de Lyme, pero están las ilustraciones médicas que, si no tenían como fin terminar en una galería, pueden llegar a ser tan bellas y terribles como Ofelia flotando en un río.

Prípiat

Prípiat es una ciudad fantasma que se encuentra al norte de Ucrania, en la región de Kiev. En 1986 se produjo el peor accidente nuclear cuando el reactor número 4 de la planta central de Chernóbil, que emitió quinientas veces más radiación que la bomba atómica, explotó. Los animales domésticos y el ganado fueron sacrificados después de la evacuación de todos los habitantes y la ciudad fue saqueada hasta que no quedaron objetos de valor en ella. Prípiat no será habitable hasta dentro de varios siglos, pero el acceso no está cerrado y cualquier persona puede entrar bajo su propio riesgo, ya que por la noche hay presencia de animales salvajes como lobos y jabalíes.

A pesar de la historia de esta ciudad hay cierto encanto en ella, una extraña belleza entre los edificios abandonados y derrumbados, entre las calles en las que solo habitan animales y fantasmas, en los árboles que llegan a crecer en los techos y en las casas en las que ya no hay nada además de plutonio. Las imágenes de escuelas, hospitales y ferias de esa ciudad son tan tristes como fascinantes, hermosas postales que tal vez solo se muestran a quienes, como Prípiat, también llevan algo de museo y temblores en su interior.

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