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Mujeres y Revolución

Por Alejandra Eme Vázquez:

Hagamos el ejercicio de cerrar los ojos y dejar que fluya el pensamiento para descubrir cuál es la primera imagen que viene a nuestra mente cuando nos dicen “Revolución Mexicana”. ¿Hombres armados? ¿Ejércitos? ¿Francisco I. Madero, Emiliano Zapata, Francisco Villa? En un periodo histórico marcado como “cuna de caudillos” desde la narrativa y la iconografía, intentar imaginar a mujeres al frente resulta extraño, pero necesario: resulta que si rascamos un poquito en los archivos, nos encontraremos con que la participación activa de las mujeres fue un eje fundamental para que la lucha revolucionara tuviera cauce.

El lunes 28 de noviembre de 2016, Twitter fue testigo del lanzamiento del proyecto Mujeres y Revolución que coordina Yelitza Ruiz, abogada y activista que sin planearlo al inicio, fue encontrando en otro hilo de investigación datos sobre las mujeres que participaron en la fundamentación ideológica de la Revolución Mexicana. El proyecto en Twitter tuvo tan buena recepción, que Yelitza abrió la página de Facebook en 2017 y después, el 8 de marzo de este mismo año, se inauguró el blog que recupera y archiva toda la información que se va difundiendo en redes sociales.

Con el entusiasmo de quien descubre una pieza de rompecabezas que da un nuevo y necesario sentido al panorama, platiqué con Yelitza sobre este proyecto y esto fue lo que compartió:

El origen de Mujeres y Revolución

«Fue muy casual cómo se fue generando todo eso. Estaba el interés por el Partido Liberal Mexicano (PLM), desde muchísimo tiempo, te estoy hablando de unos cinco años; tuvimos acceso a los archivos y hay una genealogía de las mujeres que participaron activamente en ese partido. Entonces fui recopilando algunos nombres; algunos sí eran conocidos dentro de la historia porque, bueno, pero por nuestra educación cívica e histórica nos enseñan una trama de héroes y villanos. Entonces, si ni siquiera tocan de forma medular el PLM y a los Flores Magón, mucho menos a todos los rostros de estas mujeres que nos han pintado sólo como las adelitas o las soldaderas, conocidas por corridos revolucionarios.

«Nunca hubo intención de hacer Mujeres y Revolución como tal, la idea era trabajar una línea de investigación que tuviera que ver con el PLM, que fue la primera agrupación que toma en cuenta a las mujeres no como cuota, sino que trabajaban en igualdad de circunstancias, una cosa rarísima para unos machos mexicanos de inicios del siglo XX. No es el hilo negro, hay varios investigadores también trabajando en este asunto, pero se tiene que difundir y decidí hacerlo por Twitter, luego una página de Facebook y luego el blog, para contribuir a cambiar este discurso de que la igualdad es un asunto nuevo o que es lógico que se tarde, porque estas mujeres ya estaban postulándola desde entonces con mucha claridad».

De esta manera surge este proyecto que considera tres etapas en la participación de las mujeres: las pre-revolucionarias o precursoras, las anti-reeleccionistas y las posrevolucionarias: «No es malo decir que una persona se dedicara exclusivamente a cocinar o a poner el hombro para que llorara el caudillo porque había perdido esa batalla, no, pero en realidad estas mujeres lo que hacían era mucho más que eso: es increíble cómo se las ha tenido tan invisibilizadas cuando en realidad fueron el sostén ideológico de la Revolución. Fueron las precursoras y forjadoras ideológicas de lo que consideramos la nación mexicana del siglo XX, últimos años del XIX y principios del XX. Entonces me parece atroz que sigamos enseñando historia de México o educación cívica con cuestiones solamente que aparecen en los libros de texto gratuito».

El trabajo en archivo es arduo y desgastante. Yelitza platica de cómo muchas veces no hay una imagen que identifique a las mujeres en cuestión o los datos mínimos de nacimiento y muerte; pero también es una oportunidad de sacar el detective interior e ir conectando datos que se convierten en pistas, hasta hallar la nota, el artículo o la correspondencia que pone en el mapa histórico a una mujer que luchó por los derechos básicos que otros países ya habían conquistado para esos tiempos, a saber: educación, jornada laboral de ocho horas, salario mínimo, prohibición total del trabajo infantil, libertad de expresión, libertad de agrupación e igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Sí, desde entonces lo tenían tan claro.

Las señoritas no pelean

¿Cómo accedieron estas mujeres a este espacio de poder, impensable en muchos contextos aún hoy, en ese tiempo?, le pregunté a Yelitza con toda mi curiosidad. La respuesta me pareció brillante de tan aparentemente evidente: «Viene de un prejuicio patriarcal muy fuerte, que es que a las señoritas bien, a las mujeres en general no las esculcaban, no podían ser perseguidas por los polizontes. Si una señorita iba con su rebozo ya muy tarde era porque iba a la misa, al rosario, por la leche… Todas esas justificaciones que se decían tan naturalmente eran la forma de hacer difusión, porque ellas empezaron haciendo propaganda y difusión: ellas pegaban los anuncios de No Reelección, de Tierra y Libertad, entonces ellas eran el blanco ideal al principio.

«Nadie creía que una mujer podía tener ideas progresistas, por lo tanto podías repartir un volante sin tener el miedo de que el policía te iba a cachar porque estabas difundiendo que no tenía que existir la reelección. Una señorita, decían, no podía estar en contra de la dictadura porque no la comprendía, no porque no le perjudicara sino porque no era capaz de entender. Por eso es que ellas, a diferencia de lo que sucedió en el movimiento independentista, toman ventaja y toman participación activa.

«¿A quiénes no iban a atacar? A las mujeres. Por eso ellas tomaron una posición muy importante en la revolución ideológica de esa etapa histórica, porque no las consideraban; ya después fue distinto por lo que sucede con las mártires de Puebla, Carmen y Natalia Serdán, que eran niñas bien y que cuando iban al mercado ponían la pólvora abajo del mandado, en los huacales iban las armas y nadie se iba a imaginar que las señoras estaban haciendo acopio de armas para que el Partido Antirreeleccionista tuviera con qué defenderse del ejército de Porfirio Díaz. Ahí fue que empezaron a participar más activamente, y de todos los estratos sociales; claro es que las mujeres que habían tenido acceso a educación y sabían leer y escribir formaban los clubes liberales, pero en las que no había instrucción por circunstancias de la vida y del régimen, lo hacían con la fuerza de reclutamiento, propaganda y difusión. Y se enseñaban entre ellas a leer y escribir».

Lo personal es revolucionario

A partir de la anécdota de la correspondencia entre María Talavera y Ricardo Flores Magón, en la que los roles tradicionales del amor romántico se invierten, puede verse cómo al establecer una relación horizontal entre hombres y mujeres todo se va transformando, incluida la masculinidad de un Flores Magón que se deja ser vulnerable. Es como si el PLM hubiera sido un espacio utópico en el que se ve claramente que sí se hace una enorme diferencia cuando se deconstruye la verticalidad por género: «Nos han enseñado tanto que nosotras somos las expuestas y las vulnerables a que nos violen, a que nos maten, se normalizan tanto esos abusos, que cuando vemos en el hombre esta vulnerabilidad es sorprendente. Es la parte más importante que me ha dejado esta investigación, que la condición humana nos expone y nos hace necesitar de las otras y los otros. Saber que el dolor no nos es ajeno es tan reconfortante como cuando dices ‘no sé’, ‘no puedo’, ‘me caí’, ‘quiero llorar’, en un entorno que nos exige tener poder, éxito, logro, perfección. Pero la verdad es que nos necesitamos.

«De ahí viene el eslogan de Mujeres y Revolución: ‘Juntas hacemos comunidad’. ‘Juntas’ no porque excluya a los hombres, sino porque todo siempre es en masculino y acá es en femenino pero igual de incluyente. Esto es una forma distinta de entender la Revolución Mexicana y de entender lo que nos han contado. Queremos ir borrando un poco estos estereotipos y relajar estas concepciones para permitirnos ser de muchos modos, reconocer que nos han heteronormado todo el tiempo, que 100 años antes ya hubo hombres que se transformaron a partir de su relación horizontal con mujeres que no querían que se normalizara violencia de su tiempo y que nuestras voces no son tan distintas a pesar de los años que hay en medio».

Ejes de Mujeres y Revolución

El proyecto es ya emocionante si pensamos en que va difundiendo en plataformas accesibles un trabajo de archivo histórico metodológicamente impecable, con fuentes válidas y con una repercusión clarísima en el entorno actual. Pero no es lo único que ofrece Mujeres y Revolución, pues también tiene un programa de asesoría legal gratuita en la que orienta a mujeres para que tengan alternativas claras al enfrentarse a un proceso legal, en el que muchas veces se va a ciegas. Esta asesoría puede pedirse directamente al correo electrónico [email protected] o por mensaje directo en la página de Facebook.

Asimismo, hay planes de generar más documentos con la premisa de que la revolución es un trabajo en proceso y las mujeres de hoy también están contribuyendo: «Las mujeres y revolución también están ahorita: pienso en muchas de las mujeres que están haciendo la revolución con su labor diaria, que nos revolucionan muchos sistemas dogmáticos y hegemónicos. Queremos recuperar esos rostros y hacer videos, documentar a todas estas mujeres que están haciendo comunidad desde su chamba, desde su lugar; es decir, saber que la revolución no se acabó en 1917 sino que es la construcción de todos los días». A esto se suma un naciente proyecto para conformar un laboratorio de acoso callejero y la presentación de iniciativas de ley que estarán documentándose para ser replicadas en distintos lugares.

Por todas estas razones es que hay que acercarse a Mujeres y Revolución, para ser conscientes de nuestra participación en la historia y reconocer qué podemos sumar a ella. Es muy claro cuando una escucha a Yelitza Ruiz hablar con tanta convicción de un proyecto con el que está comprometida desde hace años y que de verdad desea formar vínculos y redes trascendentales; y es más claro, y más entrañable, cuando concluye de esta manera:

«Esto es historia porque está pasando, así que hay que tener un registro. La idea es que se sumen, hacer comunidad con las ideas que se plantean. El chiste es irlo construyendo, la idea es que Mujeres y Revolución sea de la comunidad. No hay patentes, no hay ideas exclusivas, porque no se puede hacer en soledad y esta cosa de mujeres maravillas no se puede, sería un error comprarnos esa idea como lo ha sido para los hombres ponerse esa armadura de virilidad aprendida. Hay que saber decir ‘no puedo con todo’ y ‘te necesito’. La información es de todos y se puede ampliar o revisar en comunidad, se trata de inclusión constante, construcción constante, como la propia vida y la propia revolución».

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