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Mensajes y cometas

Por Deniss Villalobos:

“Quizá soy una sirena. No le temo a las profundidades y me aterra llevar una vida superficial.”

Anaïs Nin

“Tengo suficiente espuma de mar en mis venas como para entender el lenguaje de las olas.”

Jean Cocteau

Lo que más me gusta de las sirenas es su pelo. Sé que estás pensando “oye, las sirenas tienen otras características geniales”, como su bonita cola, la cintura de estrella de Hollywood y la voz con la que atraen a marineros incautos, pero si yo viviera bajo el mar me sentiría feliz siendo una ballena enorme, un pez sin una gran cola o hablando un idioma tan feo que ni siquiera un biólogo marino tenga ganas de estudiar.

Lo único que extrañaría terriblemente sería mi pelo y por eso, de vivir bajo el mar, elegiría hacerlo como sirena. Me gusta cepillarlo, trenzarlo, olerlo y cuando estoy nerviosa he llegado a comérmelo. Me causa mucha curiosidad la gente para la que su pelo no es importante. Y no hablo de tener una cabellera kilométrica ni nada por el estilo (en estos momentos mi pelo es cortísimo), tampoco de cuidarlo obsesivamente usando caros tratamientos. Hablo de, ya sabes, echarlo de menos si se te llega a caer más de lo normal, o hablarle de vez en cuando y pasar tus dedos con cariño para desenredarlo. Esas cosas. Contarle alguna historia, quizá.

¿Tu pelo sabe algo sobre la cabellera de Berenice y Cipris? ¿O le has contado de cómo la Tierra ayudó a Buda a derrotar a Mara sacando de entre su cabellera un océano? ¿Y qué tal el cuento de Rapunzel o el mito de Sansón? Otro ejemplo: la palabra cometa procede del latín comēta, la cual a su vez procede del griego κομήτης, de κόμη, que significa cabellera. Cualquier persona (o ser mitológico) que tenga pelo, lleva un cuerpo celeste sobre la cabeza. Tomando eso en cuenta, somos un poquito más que polvo estelar. Ahora que recuerdo, en la versión rusa de la Sirenita, Rusalochka le pide ayuda a las estrellas para enamorar a su querido humano. Tal vez era una forma poética de decir “piensa, la respuesta está en tu cabeza”.

Por eso creo que lo más especial de una sirena es cada una de las raíces y de los tallos formados en los folículos pilosos de su cabeza, esa mata que en conjunto, bajo el agua, parece un fantasma o una mancha de pintura que tiene vida. Es casi otra criatura, con su propio lenguaje de ondas y figuras que se forman a su antojo, con su propia historia y hasta una constelación.

Así que, si un día me vuelvo parte de un cuento de hadas invertido y llega el día en que una bruja me pida mi cabellera a cambio de darme cola y bronquios para estar al lado de un príncipe tritón, definitivamente propondré una relación a larga distancia antes de convertirme en la primera sirena calva, y me conformaré con mensajes en una botella o barquitos de papel que me lleguen gracias a las olas hasta la orilla del mar.

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