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Masha y Misail

Por Deniss Villalbos

I have scars on my hands from touching certain people.
J.D. Salinger

 

Hace algunos días me pasó algo muy especial con mi sobrina. Su nombre es Elena, y aunque tiene solo seis meses, ya es una de las personas más importantes en mi vida. Esa mañana mi hermana la llevó a mi habitación para despertarme, y estuvimos jugando un rato en mi cama. En cierto momento, Elena puso su mano sobre mi rostro y la dejó ahí unos segundos. Fue un movimiento como cualquier otro, pero la sensación de su mano en mi mejilla permaneció en mí por mucho tiempo. El mismo día, por la noche, estuve pensando en lo curioso que era eso: todo nos deja marcas.

No hablo de cicatrices en la piel, claro, sino de aquellas que están debajo, en alguna parte del interior de nuestro cuerpo o en la memoria. La sensación de acariciar al gato que teníamos cuando niños puede volver a nosotros muchos años después, como un cosquilleo en los dedos que se extiende por la palma de las manos; un olor puede revivir miles de sensaciones que no recordábamos, pero que estaban sepultadas en algún lugar de nuestro subconsciente; lo que sentimos al besar a una persona puede permanecer por años en nuestros labios, como una cicatriz bajo la piel, que no podemos ver pero sí sentir con intensidad.

En «Historia de mi vida», Chéjov nos muestra dos ideas que yo relaciono a este tema. Masha, una mujer de clase alta que decide viajar y divertirse, le envía una carta a su esposo —a quien, a pesar de ser un buen hombre, ha abandonado desde hace tiempo— pidiendo que acceda a divorciarse, justificando su abandono al narrarle una anécdota sobre el rey David en la que éste, como ella misma ha hecho, se manda grabar un anillo con la inscripción «Todo pasa», como recordatorio de que, alegrías o tristezas, son solo pasajeras, y que no deberíamos darle importancia a ninguna de ellas. Más adelante Misail, protagonista de la historia y esposo de Masha, reflexiona sobre el tema:

"Si yo hubiese tenido el deseo de mandarme hacer una sortija, le habría hecho grabar esta inscripción: «Nada pasa.» Sí; estoy convencido que nada pasa sin dejar una huella tras nosotros, y que cada acto nuestro, incluso el más insignificante, ejerce determinada influencia en nuestra vida presente y futura."

Puede pasar con pequeñas cosas como las que mencioné al principio, y también con acontecimientos muy fuertes que tuvimos que vivir. La muerte de un amigo, una relación que duró años, un trabajo que detestamos o que consideramos el mejor de nuestra vida; un montón de cosas que se van acumulando con el paso del tiempo y que, aunque no nos demos cuenta de inmediato, van dejando una huella aquí y allá, como pequeños pasos sobre el mapa que somos.

Así que yo estoy con Misail, porque creo que todo deja en nosotros una marca; algo que, de una u otra forma, tiene una relación directa con lo que somos y lo que seremos. No se trata de cargar con todo el pasado en tus hombros, como si fuera un costal lleno de basura que te rehúsas a tirar, sino de llevar contigo todo aquello que te ha marcado, para bien o para mal, como si fuera un pequeño museo dedicado a lo que has vivido y las personas que has conocido. En resumen: cargar con orgullo todas las cicatrices que llevas dentro, pues en algún momento, lo que las causó y que vive en ti, también marcará a alguien más. 

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  • Santos Degollado Satow

    Me gustan sus relatos, son de verdad agradables para empezar el día, para pasar bien la mañana o tarde, o para concluir el día.

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