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Mariposas nocturnas

Por Deniss Villalobos:

“En ese instante, un ser humano dichoso y agitado, sacudido hasta las entrañas, empieza a intuir por primera vez de qué materia misteriosa, delicada y dúctil está tejida nuestra alma, de suerte que una única vivencia consigue ampliarla hasta abarcar un infinito.”
Stefan Zweig

En A Hat Full of Sky, Terry Pratchett dice que las personas nos vamos de un lugar para volver; para ver el lugar del que venimos con nuevos ojos y percibir los colores más brillantes. También advierte que, cuando volvemos, nosotros mismos somos diferentes para aquellos que se quedaron, y que volver nunca es lo mismo que jamás haberse marchado.

En eso pensé al leer La embriaguez de la metamorfosis, novela inacabada de Stefan Zweig, publicada póstumamente en 1982 y que cuenta la historia de Christine Hoflehner, funcionaria pública que está al frente de la oficina postal en una pequeña localidad no lejos de Viena. En la Austria devastada por la Primera Guerra Mundial, donde la guerra terminó pero la pobreza sigue, Christine tiene que salir cada mañana a trabajar, hacer todos los días las mismas actividades, y volver a casa a cuidar de su madre enferma. Pero, como en toda historia de cambios y mariposas, la suerte de Christine cambia cuando un día su tía, a quien jamás ha visto en persona, le envía un telegrama invitándola a pasar unos días con ella y su marido en un hotel de los Alpes.

Al más puro estilo de Cenicienta, Christine pasa de patito feo a cisne en cuanto su tía, quien emigró a Estados Unidos hace más de dos décadas y se casó con un millonario, comienza a hacerse cargo de su imagen y guardarropa. El primer día Christine llega con un feo vestido y una humilde maleta en la que no lleva más que un par de prendas, para la tercera noche en el hotel, ya ha dado un paseo con un hombre que vive en un castillo y tiene vuelto loco a un general que quiere pasarse el día bailando con ella. La ropa cara, la buena comida, las bebidas espumosas que hacen a Christine sonreír con el mundo y dejarse llevar por ese mundo mágico tan distinto a todo lo que había conocido hasta entonces, parecen un cuento de hadas hasta que, tan rápido como todo comenzó, el sueño de Christine termina.

Más allá del exterior, el cambio que sufrió Christine en ese hotel podría percibirse hasta en sus huesos. En el mundo hay gente maravillosa, elegante, bien educada y que no tiene ninguna preocupación, y esa misma gente consideró a Christine, al menos por un breve momento, alguien que merecía atención y que pertenecía a su grupo. Algo dentro de la chica nació, o acaso despertó, pues después de haber vivido aquello no concibe regresar a la miseria en la que vivía, está segura de no poder volver a esa oficina de correos a servir en lugar de que le sirvan. Después de los bailes, la sensación de embriaguez no a causa del alcohol sino del lujo, los libros, los zapatos, los jardínes, la atención de hombres y mujeres, después de haber vivido como fantasma tanto tiempo para hacerse visible, y sobre todo después de haberse encontrado con esa otra Christine que vivía dentro de ella, es imposible subirse al tren y volver a casa como si nada.

Es ésa la primera parte de la metamorfosis. Quizá Pratchett se equivocó al decir que volvemos para percibir colores más brillantes, pues como Zweig nos muestra, también puedes volver y encontrarte conque todo es ahora más gris. La transformación de Christine es tierna y emocionante, algo tan humano que solo necesitas respirar y tener sangre corriendo por tus venas para poder identificarte con ella, pero también triste y aterradora si piensas que, aunque son hermosas, las mariposas nocturnas, después de la metamorfosis que promete que todo mejorará, siguen condenadas a vivir en la oscuridad.

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