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Mantra

Por Deniss Villalobos:

Las ballenas existen más allá de lo normal,
si no se movieran, sería difícil creer que de verdad existen.

Philip Hoare

 

Dice Roberto Juarroz que mientras haces cualquier cosa, alguien está muriendo. “Mientras te lustras los zapatos, mientras odias, mientras le escribes una carta prolija a tu amor único o no único”, incluso cuando tú estés muriendo alguien más estará muriendo. No sé si esta verdad me calma, aunque me hace sentir menos miedo. No quiero exclusividad en la muerte y me reconforta saber que cuando deje de respirar otros dejarán de respirar conmigo. Pero otras cosas pasan mientras algunos mueren. Me gusta, en especial, pensar en aquellas que suceden bajo el agua.

En sánscrito la palabra mantra se refiere a los sonidos que tienen algún tipo de poder espiritual y su traducción literal sería “instrumento mental”. La repetición de un mantra durante la meditación ayuda a que una persona alcance un estado de concentración profunda. Pero yo no practico ninguna religión en la que existan mantras en sánscrito, no hay una palabra que me ayude a concentrarme y creo que nunca en mi vida he logrado meditar, aunque si tengo que pensar en un instrumento mental que me ayude a respirar con más tranquilidad cuando lo necesito, entonces solo viene a mi cabeza el mar.

Pienso en que cientos de especies marinas no han sido ni serán descubiertas por el hombre, en que hay fletanes más grandes que un oso polar y en que, por extraño que parezca, hay ríos y lagos bajo el mar. Pienso en los peces que podrían protagonizar su propia película de terror, los pulpos que nunca han escuchado a Johnny Cash y los tiburones pequeños que tienen que defenderse de otras maneras porque no causan miedo, en las cascadas submarinas de Mauricio, en el fondo del mar, que no es realmente el fondo, y los barcos que descansan ahí, en los que habitan moluscos, algas y fantasmas.

Pero lo que más seguido viene a mi memoria es que, mientras hago cualquier cosa, el cuerpo enorme de una ballena muerta comienza a descender en el agua y se convierte en la cena de tiburones, pequeños peces y cangrejos que por casi cien años se alimentarán de él. En Cartas a Poseidón, Cees Nooteboom describe ese banquete de forma bellísima, y en este video se explica con una animación. Desde luego también pienso en ballenas vivas, pero es en una que ya no puede moverse a voluntad que pienso siempre que necesito calmarme. Cualquier cosa que me cause ansiedad se vuelve pequeñísima al lado de un cetáceo, inmóvil por un siglo, nutriendo a cientos de criaturas que se irán reproduciendo y muriendo antes de que solo queden huesos en el plato.

Mientras hago cualquier cosa, mientras vivo mi vida entera, una ballena muerta y quienes se alimenten de ella existen bajo el agua, indiferentes a mí y al universo entero. Si puedo llamarlo así, el mar y lo que pasa en él es mi mantra. Lo que sé y lo que ignoro. Y si tiene que ser un sonido, sería el último canto de una ballena y su descenso hacia las profundidades.

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