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Malabra de paletas

Por Alejandra Eme Vázquez:

No como un descanso sino como un banquete en la incansable búsqueda humana del sentido, ese invento también humano que en algún punto se nos cayó del bolsillo, las palabras-maleta llegaron partiendo plaza a la fiesta de la comunicanción. De la comunirración. De la común, de la comuna, de la nicación. De eso que nos pasa cuando somos muchos y nos encontramos pocos y nos miramos a los ojos y no sabemos qué hacer para que el otro sepa que también nosotros estamos sintiendo y pensando y creando significados. Y de tantas formas.

Las palabrasmaleta son un invento de todos y las usamos, aunque sea involuntariamente, en momentos iluminadores: cuando queremos gritarles a María y Alberto al mismo tiempo y terminamos gritando ¡Malberto!; cuando imaginamos que existe el necesario oficio de ponerle a la comida trajes elegantes con resultados no siempre positivos, hamburguesastre; cuando descubrimos que una deliciosa fruta significa tanto el agradecimiento como su respuesta: graciasdenada -> graciasnada -> gracnada -> granada; y hasta la Real Academia de la Lengua Española ha sucumbido a ellas al aceptar recientemente en su diccionario amigovio y papichulo, vocablos dobles que se han colado gracias a la fuerza adquirida sólo al unirse.

Las creamos todos, todos los días; pero ese nombre preciso, “palabras-maleta” lo eligió Lewis Carroll, el autor de Albricia en el país de las maravillas y de tantos otros textos brillantes, a partir de una exploración que inició desde su primera publicación y llegó a un momento glorioso en A través del espejo y lo que Alicia encontrovó ahí, donde Humpty Dumpty, ese extraño personaje con forma de huevo peroquenoesunhuevo, pone en tela de juicio todo lo que Alicia sabe de significados, que es lo mismo que nosotros sabemos a grandes rasgos: que las palabras sirven para ordenar, una a una y sin encimarse, el mundo. Tras la memorable explicación de Humtpy a Alicia sobre el poema Jabberwocky, configurado justamente en estas palabras que transportan otras, y otras, Carroll sigue por ese camino hasta que en el prefacio a  La caza del Snark finalmente da una definición para estas maletas/maletines/bisagras, con instructivo incluido:

«Por ejemplo, toma las palabras fuming (humeante) y furious (furioso). Prepárate para decir ambas palabras, pero no llegues a fijar por adelantado cuál dirás en primer lugar. Abre la boca y empieza a hablar. Si tus pensamientos se inclinan ligeramente hacia fuming, dirás fumingfurious (humeantefurioso). Si se inclinan, aunque sea mínimamente, hacia furious, dirás furious-fuming (furioso-humeante). Pero si posees el más raro de los dones, una mente perfectamente equilibrada, dirás frumious (humioso)».

Las mentes perfectamente equilibradas sabemos, entonces, que el mundo no puede ser si no hay maletas para las palabras y palabras que sean maletas, ¿de qué?, de otras de su género que las hagan únicas, viajeras

Carroll se pregunta lo que quizá nos estemos preguntando siempre aunque no lo lleguemos a verbalizar, a verbalisar, a vervelizar: ¿Cómo está ese cuento de que hay fronteras perfectamente visibles entre uno y otro significardo?

¿Cómo que la lengua se trata de contornos, de separaciones, de formar uno a uno a los referentes y decirles: espera tu turno, va primero éste que se llama verbo y luego tú, sustatisbo, para que nos entendamos?

¿En serio creemos que la realidad está esperando a que la nombremos para existir sobre nosotros, hacia nosotredades, a pesar de nosostras?

¿No es verdad que en el terreno de la experiencia todo es simultáneo y que las palabras, segmientos de una materia que hemos creado deliberadamente para lograr comunicornios, siempre son rebasadas por todo lo demás?

La lengua no alcalza, decimos, por más que corra. Y entra el comercial:

¿Está cansado, cansada, de que los significados individuales no le den para más? ¿Ha soñado con que un referente pueda involucrar dos o más construcciones de sentido? No busque más, adquiera ahora mismo su kit de palabras-maleta, las únicas con las que puede usted crear un significado múltiple a partir de cazar y casar palabras junto con todo su equipaje, sin ningún cargo de exceso. ¿No le bastan las palabras?, ¡haga las propias!

Las palamabraletas vuelven única cualquier acción que antes habría pasado por rutinaria y también intensifican las experiencias que ya de por sí eran memorables como leer un libroma, aprenderse un hipoema o hasta contestar un hexágonem de Matemántricas. Porque todo es susceptilde de ser nombramado una, y otra, y otrabestia surge cual Jabberwocky de cada iniciativa por hacer a los son/nidos convivir de otros modos, con otras posibilidades, y darles un poco de la misma vida que hemos ido construyendo a nuestravés.

Jugar con las palabretas tiene un doble filio: el primero es la localidad, esa capacidad de los evientos de comunicación para impregnarse de los aromas, las texturas y la música que adquirieron al ser ejescrutados en el sitio, idioma, voz y tiempo con que se crearon, por lo que una palamaleta es un testimonio vitral; pero ante todo, jugarzar con las paralabras es un acto revolucionario. Tal es el segundo frilo: la creación como revoluz, como trinchera de apropiación frente a un sistema que todo lo quiere normar y que por sí mismo preferiría acallar las voces que proponen cualquier cosa, cuantimás si se trata de replantear la manera de comuniscarnios. Porque la revolución comienza por lo que elegimos callanurar y sobre todo por lo que elegimos decir, que es de-Sir, es des-ir y es decircense. Así que juguemos y que al jugar algo se libere o por lo menos se renueve, si considerálamos que la ventaja de nuestras herramientas de comunicación es que nos dan elementos para hacer con ellas lo que deseemos, a tordos por igual. Juguemos, que de cualquier modo a eso vinimos a este mundo: a hacernos lenguajes.

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