Looking for Something?
Menu

Los padres de México

Por Alejandra Eme Vázquez:

«Mi nombre es Carmen Mendoza, soy mamá de Jorge Aníbal Cruz Mendoza. Yo también quiero decirle a este gobierno que el que ya se haya acostumbrado a matar y a desaparecer a cualquier persona no quiere decir que va a hacer lo mismo con nosotros». Habla la rabia en pie de lucha y habla la determinación, pero sobre todo habla la dignidad: los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos durante el 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, tienen intacta en su voz la memoria y eso quiere decir que traen consigo certezas y oportunidad de cambio. Cada vez que los escuchamos, sabemos que nos necesitamos a todos para no permitir que los responsables de protegernos sean nuestros verdugos.

Es tan frágil la noción de verdad, que basta afirmar cualquier cosa para aparentarla, para jaquearla. Por eso es que cuando Jesús Murillo Karam dio a conocer eso que llamó la «verdad histórica» en enero de 2015, queriendo dar carpetazo a un episodio que demuestra lo peor de estos gobiernos que ya olvidaron a quién se deben, todos supimos que detrás de sus declaraciones estaba la intención de desactivar la búsqueda por la justicia. Invocó a La Verdad con la pretensión de que diéramos vuelta a la página, basado en información que organismos internacionales ya han calificado de manipulada. En representación del Estado, el entonces «procurador de justicia» (otro nombre vacío) actuó como si poseyera lo verdadero, en esa terrible tradición que dicta que los vencedores imponen lo que ha de contarse. Sólo que en esta ocasión, un poder corrompido se proclamó vencedor antes de tiempo.

La diferencia la han hecho los padres de estos jóvenes desaparecidos, que han emprendido un acto de amor sin precedentes a partir de su dolor, pero además han llamado a la conformación de un frente común con una postura crítica y cada vez más informada. Apenas el 1º de septiembre, publicaron un Contrainforme de Gobierno en el que afirmaban: «Sin dudar de la responsabilidad principal del Estado Mexicano, el exgobernador de Guerrero y el 27 batallón de infantería del ejército tienen muchas cosas que decir por sus acciones de comisión y omisión. El día de hoy ya nadie cree en la versión oficial de la supuesta ‘verdad histórica’ de la PGR que intenta convencernos de que la narcodelincuencia fue la responsable de todo y que ya hay que dar vuelta a la página. No, de ninguna manera, los padres y madres de los 43 continuarán su lucha hasta encontrarlos».

Les han dicho que se conformen, que ya no busquen, que «obviamente» sus hijos están muertos; pero ellos continúan, han dejado todo para propagar el grito que los ha hecho fuertes y no cesan de invitarnos a unirnos a él: porque vivos se los llevaron, vivos los queremos. A pesar de que el desencanto general a veces nos hace verlos con la incredulidad de quien preferiría vivir sin mirar lo que le rebasa, los padres y las madres, los amigos y compañeros de los 43 han hecho de su causa un cauce, llevando más allá de sí mismos su exigencia de justicia y su urgencia de creer no en la autoridad impuesta por estructuras vacías sino en ellos, en nosotros, que tenemos el poder de revolucionar.

Acostumbrados a descreer como estamos, observamos a este colectivo incansable y todo el escepticismo deja de tener razón de ser. Si vamos a elegir en qué creer y en qué no, ¿por qué optaríamos por respaldar con indiferencia la postura de una autoridad que prefiere tenernos tranquilos, que es decir callados, en lugar de dar nuestra simpatía a la representación de quienes han convertido su necesidad de saber en necesidad de luchar? Como ha dicho en su más reciente conferencia de prensa don Epifanio Álvarez, papá de Jorge Álvarez Nava: «Que sepa el gobierno que estamos juntos; que nos mire, que no somos diez, que no somos veinte: somos todos, unidos, aunque ha sido difícil llevar esta lucha […] Aunque sea pobres, humildes, pero vivíamos felices; ahora hemos pasado a otro mundo, estamos viviendo otra vida». Y ya no podemos ignorarlo. Ellos mismos admiten la certeza de que las autoridades no cumplen, pero saben que obligarlas a comprometerse es recordarles que el verdadero poder está de nuestro lado.

Los gobiernos autoritarios se caracterizan por secuestrar términos que pertenecen al pueblo y tomarlos como rehenes para quitarles significado: se quedan con ciudadanía, se quedan con unión, se quedan con justicia, se quedan con país. No lo permitamos. Éste es el mes en que se recuerda que hace dos siglos una nación se originaba y hoy sabemos que México no es todavía un acto concluido: he aquí a sus padres, los padres de 43 jóvenes cuya desaparición revela lo peor de un gobierno descompuesto; los que piden no dejarlos solos, continuar escuchándolos, acompañándolos, confiando en su voz que es nuestra de tantas maneras. Y sumarnos.

La esperanza no es un cuento de hadas, sino una construcción que forjamos entre todos para hacer algo con este mundo que hemos recibido en las manos y que hemos de habitar de la mejor manera para entregarlo a nuestra vez cuando llegue el tiempo. Los padres de los 43 son voceros de esta construcción y nos invitan a unirnos, a cuestionar y proponer, a replantearnos qué significa estar en este país y qué deseamos para aquellos que vienen después que nosotros. Una vez confirmado que aquella «verdad histórica» no tenía de ello más que el nombre, estos hombres y mujeres nos muestran que podemos desmontar las mentiras históricas y tener un horizonte distinto. De todas sus posibilidades, eligieron devolvernos la dignidad en un país que unos pocos han tomado como rehén pero que es nuestro, y nos convocan a ser, cada quien a su modo, la chispa que incendie la pradera.

Deja un comentario

Efemérides

uncached

Twitter