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Los justos

Por Deniss Villalobos:

En 1981, Borges publicó La cifra, una antología donde aparece uno de mis poemas favoritos, «Los justos»: "Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire./ El que agradece que en la tierra haya música./ El que descubre con placer una etimología./ Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez./ El ceramista que premedita un color y una forma./ El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada./ Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto./ El que acaricia a un animal dormido./ El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho./ El que agradece que en la tierra haya Stevenson./ El que prefiere que los otros tengan razón./ Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo." 

Vuelvo a él cada tanto, porque necesito recordar que, a pesar de todo lo horrible que pasa, también hay razones para salir de la cama y asomarse por la ventana. Hay que pensar más a menudo en esos seres gentiles que aprecian la naturaleza o el arte, en los que tienen paciencia y tiempo para hacer algo como acariciar a un animal o crear un pieza de cerámica, hay que pensar en los que están haciendo cualquier cosa, esos que sin brillar demasiado son también una estrella.

La mayoría de las veces señalamos a aquellos que hacen lo correcto, porque es algo poco común, y los engrandecemos hasta convertirlos en gigantes. «Un hombre encontró fajo de billetes tirado en el banco y lo devolvió», decía una noticia que leí hace poco, en la que mucha gente comentaba lo honesto y bueno que era ese hombre. Está muy bien; ese hombre hizo lo correcto. Pero entonces comienzo a hacerme varias preguntas, porque creo que noticias como «anciano cultiva una cebolla gigante» o «niña gana concurso de ajedrez» son igual de importantes.

¿No sería fantástico que ayudar a quien lo necesita o devolver algo que no es nuestro dejaran de ser noticias sorprendentes y se convirtieran en actos cotidianos? ¿Y si dejáramos de pensar que un presidente honesto es casi un ser mitológico? ¿Qué pasaría si empezáramos a creer que un político que gobierna por el bienestar del pueblo y no solo por el de sí mismo es alguien cumpliendo con su obligación y no un ser virtuoso y rarísimo al que hay que adorar? ¿No estaría bien que consideráramos héroes y justos a las personas que, desde su pequeñez y simpleza, también contribuyen a que el mundo sea un lugar bello y pacífico?

No quiero decir que dejemos de apreciar el valor de hacer lo correcto. Hoy en día, los verdaderos rebeldes son los que se guían con rectitud, esos que no toman los caminos fáciles para conseguir lo que quieren, y son personas a las que aprecio sin necesidad de conocer de frente, me basta con saber que existen. Pero también quiero que exista un mundo en el que las noticias positivas hablen más de personas como las del poema de Borges, y un poco menos sobre personas haciendo lo correcto, pues eso querrá decir que conseguimos hacer de lo correcto algo normal y no un suceso tan raro como un eclipse o una nueva especie descubierta en la selva; que por fin vivimos en un mundo lleno de gente en la que podemos confiar.

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