Looking for Something?
Menu

Lo profundo de lo rosa

Por Nerea Barón:

Durante los años que trabajé en una editorial comercial me tocó revisar muchos libros de superación personal, y en consecuencia me tocó también escuchar toda clase de comentarios despectivos de escritores y filósofos —muchos de ellos amigos míos— sobre por qué la superación personal era reprobable, una infamia absoluta, un insulto a las letras y a las mentes, etcétera.

La verdad es que yo disfrutaba mucho revisar esos textos, tal vez de la misma forma en la que cada tanto se disfruta una telenovela con actores de gestos almidonados y reacciones desproporcionadas, cómicas caricaturas de sí mismos. Pero no era sólo eso. La verdad es que siempre he tenido cierta fascinación por presenciar el avance intuitivo de alguien respecto a una materia en específico, sin importar si ese avance no es más que la burda mimesis de una ideología en decadencia.

Entre mis compañeros de la editorial yo era considerada la ingenua, porque no conforme con disfrutar meterle mano a un texto rosa, no era poco frecuente que hablara de él por días, de lo que funcionaba y lo que no, de lo que le cambiaría y, de pasada, de lo que yo diría si escribiera mi propio libro de superación. “Entre la ingenuidad y la filosofía hay un solo paso”, solía responderles. La mayor virtud de Sócrates residía en saber moverse por el mundo como un ignorante.

Sigo sosteniendo mi defensa de entonces, ¿por qué considerar tabú las grandes preguntas sobre el dolor o la felicidad, como si no nos atañeran a todos?, ¿por qué no darse permiso de responderlas y compartir reflexiones personales en torno suyo? Parece que las mentes más desarrolladas reprueban todo lo que pueda ser entendido o experimentado por la generalidad, pero yo, que soy profesora de preparatoria, no puedo sino diferir. Mi trabajo consiste en traducir de un idioma culto a uno coloquial y me parece que no es un trabajo menor.

No obstante, recientemente comprendí desde un nuevo ángulo lo reprochable del género: intentaba compartirle a alguien una experiencia mística, pero conforme hablaba adquiría conciencia de que todo lo que decía parecía vacunado contra la comprensión real y profunda del otro. Eran palabras planas, pero lo más grave es que eran palabras que el otro creía entender y yo no podía explicarle que en realidad no estaba comprendiendo, que esas palabras eran la sombra de aquellas palabras hipotéticas que le podrían hacer justicia a mi experiencia.

Tal vez el único remedio —pensé— sea escribir una novela en la que me olvide de explicar y más bien haga un retrato lírico de mi interioridad. Tal vez. Pero en cualquier caso algo me quedó claro en aquella ocasión: no hay peor mal que le puedas hacer al otro que hacerlo creer que entiende cuando él mismo no ha atravesado el camino de lágrimas, vaivenes, reflexiones, horas de análisis, errores, desesperaciones o lo que sea que se necesite para entender. Nunca es fácil enfrentarse con uno mismo y quien quiera pintarlo como fácil, sin lugar a dudas miente.

Pese a ello creo que seguiré resistiendo la tentación de reírme de las personas que encuentran consuelo o respuesta en los libros de superación, porque más allá de las generalizaciones rosas, alguien tiene que hacer las preguntas y, quizá con suficiente trabajo, el género de superación pueda ayudar a que sus lectores comiencen a formularse sus propias respuestas.

Feedback

1
  • Luis

    Es deseable ir más allá del pensamiento crítico. Se debe llegar a realizar una propuesta superior a aquello que sólo se comenta. ¿Cuál es la opción superior? ¿Qué significa el impulso que se pretende brindar por la motivación y cómo se supera de manera masiva? Decía la maestra Martínez de la Escalera que se debe perder la inocencia, ciertamente, pero ¿quién puede?

Deja un comentario

Efemérides

uncached

Twitter