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Libros y mujeres

Por Deniss Villalobos:

Me resisto a pensar que hay una sintaxis y una puntuación propia de las mujeres, ni un recorte específico del lenguaje. ¿Usamos más puntos suspensivos?, ¿más signos de preguntas?, ¿menos palabras con hache intermedia?
Liliana Bodoc

 

No leo libros escritos por mujeres, me dijo un compañero de la universidad hace pocos días. La persona en cuestión me pidió que le recomendara algo, así que le di el título y nombre del autor de uno de los libros que más me ha gustado en lo que va del año. Hasta ahí tendría que haber quedado, ¿no? Alguien pide una recomendación, la recibe, y entonces googlea o busca en la biblioteca para saber si el libro recomendado es de su interés.

Eso suena a nombre de mujer, agregó mi compañero. Le aclaré que el autor era hombre, pero que no me parecía que de ser mujer eso fuera un problema. De inmediato recibí algunas explicaciones que no pedí y no me interesaban, así que intenté zanjar el tema con un “ok”. Mi respuesta pareció enfurecer aún más al muchacho, que continuó con los comentarios fuera de lugar para terminar con un “me aburre la literatura femenina, entablar una cruzada feminista no te servirá de nada conmigo, así que no lo intentes”.

Claro que cualquier persona tiene derecho a decir que algo no le gusta o le aburre, como hizo mi compañero y como me ha tocado escuchar algún par de veces más, pero me parece sorprendente que al tratarse de literatura exista quien mete en la misma bolsa una enorme cantidad de nombres basándose no en su obra sino en lo que hay entre sus piernas.

¿Por qué llamar “literatura femenina” a lo que una mujer escribe cuando no existe algo llamado “literatura masculina”? No se discute como tal en encuentros académicos, no se hacen antologías bajo esa etiqueta y nadie busca en una biblioteca la sección de libros escritos por hombres. Si un hombre escribe algo, es universal: cualquiera puede identificarse o disfrutar con un libro de Dostoievski, Borges o Bernhard. En cambio, si una mujer escribe, su obra se convierte en “literatura femenina”, sin importar el tema que trate o si es un cuento, un ensayo o una novela.

Supongo que, como en el caso de otras etiquetas, mucho tiene que ver el mercado editorial. Crear etiquetas ayuda a vender, y me gustaría pensar que la “literatura femenina” es otro de esos inventos inofensivos que no pasan de los estantes de una librería, pero dudo que sea así. La etiqueta también ayuda a que se relacione la obra de una autora tanto a protagonistas femeninas como a temas específicos (romance, cambios físicos en la adolescencia, el matrimonio y maternidad), dando por hecho que estos tópicos solo le interesan a las mujeres, como autoras y como lectoras.

Siguiendo esa línea, ¿deberíamos clasificar como “literatura femenina” El amor en los tiempos del cólera de García Márquez y El velo pintado de Somerset Maugham? ¿Qué tal Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides con sus adolescentes deprimidas o Desgracia de J.M. Coetzee con un embarazo producto de una violación? ¿Qué haríamos con personajes como Holly Golightly creada por Truman Capote y la Emma Bovary de Flaubert? ¿Es necesario seguir usando esa etiqueta? ¿Y cuánto tiempo más se seguirá pensando que lo que un hombre escriba es universal, pero lo que escriba una mujer necesita un nombre especial para las personas especiales que lo van a leer?

Creo que la “literatura femenina” existe tanto como la “literatura masculina” o la “literatura de pingüinos”, así que estaría bien dejar de dividir tanto y deshacernos de algunos prejuicios. También me gustaría leer reseñas y críticas donde se hable de una obra sin hacer especial énfasis en el género cuando se trata de un libro publicado por una mujer. Después de todo, si algo no nos gusta, terminará en el mismo lugar, y todavía no me ha tocado ver un bote de basura con una división azul y una rosa.

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