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Libros que son héroes

Por Alejandra Eme Vázquez:

Though nothing will drive them away

we can beat them, just for one day

We can be heroes,

just for one day

Los demonios fueron personas, pero con sus elecciones deliberadas perdieron poco a poco la humanidad y por eso es que pueden adoptar formas monstruosas que desestabilizan por completo y ponen en riesgo toda integridad; los héroes, en cambio, hacen sentir bienestar y fortaleza apenas aparecen, incluso en palabras. Ésa fue la certeza que me iluminó, clarísima, en algún momento de leer Nocturno Belfegor, la segunda entrega de la saga de El Libro de los Héroes, del escritor mexicano Antonio Malpica; así, de pronto, pasé del nerviosismo que logra sembrar la narración extraordinariamente sostenida a la reflexión sobre mis propias experiencias con la inhumanidad y al hallazgo feliz de que es verdad que hay personas capaces de aliviarlo todo con su sola presencia.

Y entonces ocurrió el hecho entrañable de la lectura como triangulación entre lo escrito, el lector y un tercer elemento, distinto cada vez, que los une sin remedio y que hace que el disfrute de la experiencia crezca exponencialmente. No es que me haya identificado en los mismos términos con el terror de Sergio Mendhoza, el protagonista de la saga, ni que cayera en la paranoia de que había demonios acechándome, pero sí pude reconocer la deshumanización como causa de los daños que nos hacemos unos a otros bajo el influjo de fuerzas muy potentes entre sistemas y estereotipos, y de ahí logré dar un giro distinto a la manera de contarme mis propias historias. Yo, que jamás había leído una sola saga, de pronto comprendí por qué la fascinación hacia ellas, que ofrecen un viaje por estaciones en el que se va creciendo junto con la trama: después de devorar el primer y segundo volúmenes de El Libro de los Héroes, no pude dejar pasar ni un día para hacerme de El llamado de la estirpe, último publicado hasta ahora.

Le digo “Toño Malpica” como si lo conociera de siempre, pero es que si ya desde Querido Tigre Quezada y #MásGordoElAmor cubrió una necesidad que yo ni siquiera sabía que tenía con sus decisiones y recursos narrativos, mi admiración no ha hecho más que crecer a alturas insospechadas porque lo mismo leo sus publicaciones de Facebook en estado de iluminación o me sorprende su calidez humana en charlas con público, entrevistas y firmas de libros. Y ahora, después de leer los títulos del que es quizá su proyecto actual más ambicioso, puedo decir que lo que ha hecho Don Toño Malpica en El Libro de los Héroes resulta asombroso tanto por la calidad narrativa como por el público al que va dirigido en primera instancia y el género-terror tan maravillosamente asumido y ejecutado, como pocas veces en la literatura mexicana.

Por supuesto que todo lo que actualmente se escribe para jóvenes no está interesado en dar moralejas simplonas sobre cómo deben enfrentarse los individuos a este mundo complejo, pero también sería absurdo deslindarse por completo del asunto, porque es verdad que interpretar los textos que leemos nos transforma de una u otra manera; sea por breve tiempo o permanentemente, esa estructura que se nos ha revelado se incorpora a nuestro universo y seguro que hay huellas de cada interpretación que hemos hecho en el camino que somos, y más si nos marcaron en edades tempranas. Por eso es que como adulta, como profesora y como mediadora, agradezco a Toño Malpica que su prosa desborde en recursos narrativos y que no escatime en inteligencia para enriquecer ese mundo en el que habitan Sergio, Brianda, Jop, el teniente Guillén, Alicia, Farkas, Julio, Phil y todos los innombrables demonios a los que hay que vencer porque se puede, aunque cueste odiseas. Porque habrá héroes y habrá mediadores mientras no se renuncie a creer en escenarios posibles sin violencia ni horror. Es cuestión de ubicar al miedo, y a la dicha, y a la posibilidad.

«Hay gente que se dedica a leer sagas. Les gusta leer-las-sagas, así, juntito. Pero los que no tenemos ese tipo de alimentación y leemos lo que se dice de todo, podemos engancharnos con una sola saga. Una. Leer varias, quizá, pero nuestro corazón le pertenecerá a una, porque es una cosa cansada comprometerse con esas lecturas»: tal es la teoría de Jimena Eme Vázquez, quien resulta ser mi hermana pero también una gran estudiosa de la literatura escrita para niños y jóvenes. Y ahora que he vivido el viaje de El Libro de los Héroes, aventuro que ésta puede ser mi saga porque incluso cuando no fue escrita “expresamente” para mi edad, es una lectura que se me ha ido revelando imprescindible. Siete esqueletos decapitados, Nocturno Belfegor y El llamado de la estirpe son libros que en más de un sentido y sin saberlo previamente, esperaba y necesitaba leer para mucho más que recomendarlos a mis alumnos, amigos o a quienes leen esta columna.

Y la maravilla es que sé que no soy la única a la que le ha sucedido este encantamiento, ya que la saga en ciernes ha tenido un éxito inusitado entre lectores de todas las edades y eso infunde una gran esperanza en el mundo porque algo muy bueno tiene que pasarle dentro a quien conoce a Sergio Mendhoza y compañía. Así que es un honor sumarme a la horda de lectores que con música de Zeppelin y Liszt como fondo, esperamos ávidos el muy próximo “estreno” del cuarto libro, cuyo título se ha guardado con recelo para conservar la sorpresa, pero que ya está presto a salir a la luz; y seguramente con el mismo júbilo recibiremos, tal vez en 2017 si bien nos va, la quinta y última entrega de esta saga en la que el heroico Toño Malpica nos invita a tener y retener el miedo para vivir, para robarnos el tiempo y vencer. Un día a la vez.

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